Recuerdo que, en mi infancia, mi abuelo Luis recordaba una obra que se titulaba La manta del caballo porque en esta obra había una enseñanza moral por parte de un niño que le da la manta al abuelo . Os copio el fragmento:
ALFONSO. Pártemela en dos mitades
para darle una a abuelito.
LEONARDO. ¡Darle a él! (Como aterrado)
ALFONSO. Para la nieve.
MARTA. ¡Alfonso!
GUILLERMO. ¡Dios de piedad!
ALFONSO. Si no es más que la mitad, no temas, padre.
CATALINA. (¡Y se atreve!)
ALGONSO. Si la otra mitad que dejo...
MARTA. ¿La quieres tú?
LEONARDO. ¿Para qué?
ALFONSO. La otra me la guardaré
para ti cuando seas viejo.
Este es el texto de la obra en la que Alfonso, un niño con seny, les da una lección moral a los mayores al darle a su padre la mitad de la manta para cuando sea viejo y se vea en la misma situación que su padre que ha sido expulsado de la casa por Leonardo y por Marta, padres de Alfonso e hijo y nuera respectivamente de Don Guillermo de Orellana.
Lo que a mí me llama la atención es dónde pudo ver mi abuelo Luis esta obra de teatro cuyo autor, Pedro de Novo y Colson, es un absoluto desconocido. La Wikipedia nos cuenta que nació en Cádiz en 1846, que fue marino, que fue académico de Historia y también de la Real Academia de la Lengua; que escribió obras dramáticas de las cuales elogia como las mejores a Un archimillonario (1886) y La bofetada (1890). Ni Pamplona de La manta del caballo. Como curiosidad, diré que llegó a ser diputado a cortes por el distrito cubano de Manzanillo y que falleció en Madrid un 17 de febrero de 1931, a los ochenta y cinco años, ahorrándose de ver la proclamación de la Segunda República en abril de ese mismo año. Sin embargo, ahí sigue la pregunta: ¿dónde vio mi abuelo Luis esa obra?
Pues lo único que se me ocurre es que la viera representada por unos cómicos de la legua en Boecillo, ya sabéis, aquellos cómicos que iba por los pueblos “echando” obras de teatro y que tan bien retrata Fernando Fernán Gómez en esa magistral película suya que lleva por título El viaje a ninguna parte. Seguro que me mi abuelo Luis era pequeño y aquella enseñanza moral de la obra del gaditano se le quedó grabada de por vida.
Os la recomiendo leer. Está en verso y esa muestra de cariño del nieto hacia su abuelo sigue haciendo falta, quizás más que nunca, a día de hoy. Yo se la recomendé en su día a mi buen amigo y compañero Jesús Sanz Rioja y le encantó. Con eso ya os digo todo.

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