miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL VINO TINTA FEMIA DE CELA

 


Voy a hablaros de un vino que para mí tiene un carácter especial porque por aquellas tierras pasé muchos años disfrutando de sus paisajes y de sus gentes. Me estoy refiriendo al Tinta Femia de la parroquia buenense de Cela.  Lo primero que hay que decir es que este vino se elabora con una uva que proviene, a su vez, del Caíño tinto, una cepa autóctona de Galicia que en Portugal, en la zona del Miño, recibe el nombre de Borraçal. Yo no puedo ser objetivo con este vino porque recuerdo su sangre en las cuncas, su punto ácido en la boca, su baja graduación alcohólica y me convierto de nuevo en un niño que llegaba a Lapamán con un colchón hinchable y que, desde el camino que bordeaba el aparcamiento de Lola, escuchaba las roncas olas en aquella playa que pisó el pie de don Tristán en su busca de su Iseo. No puedo ser objetivo porque se me viene a las mentes a Agustín Entenza, que tanto había navegado, abriendo una botella de aquel vino que guardaba en su casa como una joya granate. Aquel vino era la “sangre de un gigante”, el regalo de unas cepas que reciben cada día el arrullo del mar, de una tierra cuyas aldeas se construían en lo alto para poder defenderse de los normandos.

            Sin embargo, había una cosa que no sabía de este vino: su etimología. ¡Ya veis, un servidor, filólogo de profesión y de afición, no sabía por qué el Tinta Femia se llamaba así!

            Por eso – y tras haber leído un interesante artículo en la La Voz de Galicia en donde se me da luz sobre su etimología- me atrevo a contaros la razón de su nombre. Y lo hago como un homenaje a tantos colleiteiros de Cela que, tras dejar la mar, trabajaban, como Laertes, el padre de Ulises, en la viña que habían plantado para el vino de casa, ése que se bebía en la comidas con aquellas sardiñas que el ya mencionado Agustín Entenza asaba con maestría . Siempre fue un vino del pueblo, das xentes da aldea; nunca estuvo en las mesas de los ricos, pero se disfrutaba en las casas y en los furanchos. Perdonad. Vamos a la etimología.

            Me dicen que Femia viene del latín femina, “mujer” porque eran las mujeres las que, mientras los hombres estaban en  la mar, cuidaban de aquellas viñas centenarias que recibían cada atardecer la luz del poniente que las iba pintando al tiempo que el gigante les iba dando su sangre. Desde aquellas viñas se ve el mar y el mar mira las viñas y es así como ambos acaban unidos en ese matrimonio secular que otorga a este vino del Morrazo la frescura del mar y la fuerza de las laderas que suben desde las playas hasta los montes de Pastoriza. ¡Ay, mi Tinta Femia, ese vino que miman manos de mujeres como Elvira, la mujer de Agustín! Aquellas mujeres llevaban as hortas, cuidaban de las viñas y del ganado. Aquellas mujeres no eran feministas, pero elevaron el ser mujer a una categoría insuperable.

            Polos colleiteiros, polas mulleres de Cela, vou descorchar unha botella que me regalou Agustín Entenza “fillo” e brindarei polos seus pais e pola sua irmá, Carmen, muller, nai e aboa coraxe. ¡Vai por eles!

miércoles, 12 de agosto de 2026

LAS HERMOSAS PALABRAS DE ALCÍNOO A ULISES

Alaba el maestro García Gual estas palabras de Alcínoo a Odiseo Y nos dice el profesor Gual que merece la pena recordarlas por el cordial afecto con el que el rey de los feacios alaba su modo de contar y su sinceridad. Copio la magnífica traducción de García Gual sin tocar ni una coma. Non dignus sum.

 


δυσε, τ μν ο τ σ ἐίσκομεν εσορωντες,

περοπά τ μεν κα πκλοπον, οἷά τε πολλος

βσκει γαα μλαινα πολυσπερας νθρπους,

ψεδε τ ρτνοντας θεν κ τις οδ δοιτο·

σο δ πι μν μορφ πων, νι δ φρνες σθλα.

μθον δ ς τ οιδς πισταμνως κατλεξας,

πντων τ ργεων σο τ ατο κδεα λυγρ.

 

"Odiseo, de ningún modo al verte te imaginamos como un charlatán o un farsante, como hay tantos criados por la negra tierra, vagabundos enredadores y forjadores de patrañas que nadie podría constatar. Hay belleza en tus palabras y noble es tu pensar y, en cuanto a tu relato, has narrado de modo tan experto como un aedo las desdichas funestas de todos los argivos y las tuyas".

No se puede traducir mejor. No en vano, Gual ha sido premio de traducción Fray Luis de León. Who else?
 

lunes, 27 de julio de 2026

DE LOS FAROLILLOS ROJOS Y DE LOS CUATRO ÚLTIMOS VERSOS DE LA ILÍADA

 


De sobra nos son conocidos los primeros versos de la Ilíada, aquellos en los que Homero le pide a la musa que cante la cólera del Pelida Aquiles, pero ¿alguien nos ha hablado de los últimos? Desde pequeño, he sentido curiosidad y afecto por los que se quedan los últimos (que serán los primeros en el Reino de Dios) en numerosas facetas de la vida: el último del Tour de Francia,  de la Vuelta a España o del Giro; el último en una carrera de atletismo; el último en unas oposiciones que, aunque se quede sin plaza, trabajará ese curso en la capital de la provincia mientras el número uno de la convocatoria se tendrá que ir a donde Cristo perdió la alpargata; el último del Mundial de fútbol que debería haber sido Argentina, - si no hubiera contado con la ayuda del Infantino y de la “mano de Dios” desde la Pampa- , y así un largo etcétera. Ser el último, ser el farolillo rojo del tren que tanto le gustaba a mi muy querido Azorín tiene también su encanto aunque no soy partidario de la bondad del bando de los perdedores (que Humphrey Bogart me perdone) porque en ocasiones o,  casi siempre,  suelen ser unos resentidos. Pero vamos a los que vamos: a los cuatro últimos versos de la Ilíada.

χεύαντες δὲ τὸ σῆμα πάλιν κίον· αὐτὰρ ἔπειτα

εὖ συναγειρόμενοι δαίνυντ᾽ ἐρικυδέα δαῖτα

δώμασιν ἐν Πριάμοιο διοτρεφέος βασιλῆος.

ὣς οἵ γ᾽ ἀμφίεπον τάφον Ἕκτορος ἱπποδάμοιο.

Así dicen  los hexámetros de griego homérico y así os los he traducido aunque ya la máquina de las traducciones homéricas estuviera un poco oxidada y le haya tenido que aplicar “tres en uno”.

 

Formando el montón del túmulo, de nuevo se marcharon; después

se juntaron y participaron del eximio banquete fúnebre

en las moradas de Príamo, el rey al que Zeus crio.

Así celebraron los funerales de Héctor, domador de caballos.

 

Ahí os lo dejo. Espero que os gusten.

jueves, 2 de julio de 2026

OTRA VEZ A VUELTAS CON LA SIESTA Y CON MI ABUELO LUIS

 


Creo que ya os he contado en alguna ocasión que mi abuelo Luis decía que la siesta era sagrada y cómo el final de la Guerra Civil lo pilló echándose la siesta en la trinchera de la Ciudad Universitaria. Sin embargo, él nunca decía (o pocas veces) que se iba a echar la siesta, sino que utilizaba otras curiosas expresiones que no eran, sino eufemismos. Veámoslas:

a) Echar una camorrada. La palabra “camorrada” no es palabra que aparezca en el diccionario de la RAE, pero parece ser que se hace referencia con ella , en algunas zonas de España, en especial en Castilla y León, a una siesta breve que puede durar entre 10 o 20 minutos. Ya veremos más adelante qué ocurre cuando nos pasamos de ese tiempo.

b) Echar o dar una cabezada: La RAE sí que recoge, en la acepción segunda de cabezada, esta expresión como “sueño corto y ligero”.

c)Quedarse traspuesto: También la recoge la RAE en su Diccionario en la sexta acepción de Trasponer < transponere: poner al otro lado. Vemos cómo el grupo consonántico “ns” aquí pasa a “s” cosa que no ocurre, por ejemplo, con transporte. Con razón este grupo “ns” vuelve locos a los estudiantes.

d)Fijarse. En ocasiones, mi abuelo decía “voy a fijarme un poco” para decir que iba a dormir un rato.

En fin, ya veis que el tema de la siesta da para mucho.

Sin embargo, dejadme que añada algo más. Dice mi gran amigo y lector Eduardo Rodríguez-Monsalve, psicólogo de Valladolid-Valladolid y hombre culto, que los americanos poco pueden saber de siesta. Le doy la razón porque, para saber de algo, hay que practicarlo; sin embargo, a veces, desde fuera, las cosas se ven de manera que no podemos apreciar los que vivimos desde pequeño en el mundo del siesteo. Verbi gratia, las monjas de clausura, en contra de lo que se podría pensar, tienen una visión maravillosamente lúcida del mundo actual tal y como compruebo cuando visito a mis monjitas de San Andrés de Arroyo en Palencia. Y es que la distancia, casi siempre, nos da la justa medida para apreciar el paisaje y el paisanaje. Además, caro Eduardo, que la Clínica Mayo neoyorquina le dedique estudios a la siesta me parece todo un honor.

A ver si Trump se echa una buena siesta con la Melania y gasta sus escasas fuerzas otoñales  jodiendo en casa y no jodiendo a todo bicho viviente. Otro tanto le recomiendo al genocida de Israel ( poner su nombre mancha este escrito) y a todos los tiranos que por el mundo ha habido. Como dijo un chaval en el un Instituto donde trabajé: “Regañáis mucho porque folláis poco”. Amén.

miércoles, 1 de julio de 2026

ACTEÓN EN CÁDIZ

 


Un servidor, después de un viaje a la luz de Cádiz, también escribió un soneto de parecido tema al de la entrada anterior. Uno se llega a la playa gaditana y una moza fermosa se mete en el agua del Atlántico, sino corita, al menos con sus globos de nata al viento de la bahía. ¿Estará uno libre de ser convertido en ciervo y devorado por tus propios perros? Pues en el soneto os lo cuento:


ACTEÓN EN CÁDIZ       

Tiernos globos de nieve recogida

llegáronse hasta el mar en derechura,

cortando de bañistas la espesura,

dejando aquella playa estremecida.

 

Y toda aquella nieve que escondida

moraba en los sostenes con presura

soltose ante Acteón en nata pura,

en astas de muy recia acometida.

 

Quedose aquel pastor muy atribulado

no fuera por desgracia la bañista

la diosa cazadora por mal hado.

 

Y, con gozo de globos en su vista,

se vuelve hacia la playa entusiasmado

sabiendo que su diosa era turista.

 

ACTEÓN Y DIANA EN LA CASA DE CAMPO MADRILEÑA (SIN IR MÁS LEJOS)

 


Recuerdo que este poema de Jorge Guillén le encantaba a Vicente Cristóbal, mi querido profesor en la Complutense. Trata de Acteón y de cómo nuestra sociedad ha cambiado tanto que, si ahora vamos por el campo y vemos unas mozas coritas en una fuente, puede que no fueran diosas, sino unas rapazas nudistas. Los dioses necesitan de un marco mágico en donde realizar su epifanía, pero en esta sociedad nuestra tan prosaica, chabacana y barriobajera, se ha perdido la magia. Os dejo que disfrutéis con el magnífico poema del poeta vallisoletano:

Acteón que se salva

Se llamaba Acteón, tan culto era el linaje
De aquel hombre perdido
–Sin riesgo– por campiña urbanizada,
Mensaje
De ciudad no remota.
¿Lo rústico en olvido?
Agrada
La maleza que brota
Como una incitación a rutas imprevistas.
El extraviado errante,
De pronto y sin querer, se descubre delante
De un campo de nudistas.
Oh, todos son correctos,
Acteón ve a una dama.
“Good morning” Acteón se figura que exclama.
¿Quizá “Lovely day”? Sin faunos, sin insectos,
Naturaleza aséptica no ofrece más que flor
Sin caricia de olor.
La gente charla. Nadie a nadie ve.
Los desnudos anulan sus desnudos,
Escudos
Contra las tentaciones. ¿Y la fe,
Bajo la luz del sol, en ti, Naturaleza?
Sin ninfas ni deidad, sin amor la belleza,
Acteón se va en busca de una casa de té.

 

VIRGILIO Y CAMÔES

Os había dicho que iba a publicar una entrada de blog sobre el locus amoenus y ya lo he hecho. Espero que os haya servido para encontrar el locus amoenus que necesitamos todos para refugiarnos de estar sociedad neurótica.  Vamos a ver un ejemplo de “locus” que parte de Virgilio en sus Bucólicas y que llega hasta Camões. Velay.

En el latín de Virgilio suena así:

tu, Tityre, lentus in umbra
formosam resonare doces Amaryllida silvas.     

En mi humilde traducción, viene a decir lo que sigue:

 

tú, Titiro, sosegado en la sombra

enseñas a los bosques a repetir el nombre de la hermosa Amarilis.

 

Fijaos ahora. Llega don Luis de Camões, muy leído en Coimbra de las obras deVirgilio, y lo dice así en As Lusiadas:

«Estavas, linda Inês, posta em sossego,
De teus anos colhendo doce fruto,
Naquele engano da alma, ledo e cego,
Que a Fortuna não deixa durar muito,
Nos saüdosos campos do Mondego,
De teus fermosos olhos nunca enxuto,
Aos montes ensinando e às ervinhas
O nome que no peito escrito tinhas.

¡Espectacular esta octava real del vate portugués!

Pues ya veis de qué manera tan hermosa podemos decir que Virgilio vivió también en el gran vate portugués.