jueves, 22 de octubre de 2026

LAS COMPARACIONES EN LA ÉPICA GRIEGA: SU FUNCIÓN

 


Decíamos ayer (dicebamus in hesterna die, que dijo Fray Luis de Léon) la manera que tiene el griego clásico de componer esas comparaciones, pero  dejamos para hoy el tratar de su función. Los gramáticos o viri docti, como decía Agustín García Calvo, ven en ellas las que siguen:

  • Pausan la violencia: Ofrecen al oyente o lector un respiro visual y poético frente a la crudeza de la lucha. Así también en las obras de teatro o en las películas de acción, hay estos momentos de distensión.
  • Humanizan y engrandecen: Contrastan la mitológica y aterradora escala de la guerra con escenas cotidianas y reconocibles del mundo agrario, marítimo o animal de la antigua Grecia.

Para Robin Lane Fox, con quien me he pasado el verano leyendo su magnífico libro sobre la Ilíada, el texto homérico tendría dos planos:

  • El plano heroico: Es en donde acontecen las gestas de los héroes en las batallas.
  • El plano “doméstico” o de la vida cotidiana que es el que nos ofrecen las comparaciones.

Dicho de otra manera, estas comparaciones nos introducen en un mundo, el de la vida cotidiana o doméstica, que, de otra manera, hubiera sido imposible sacar a colación en un poema épico en donde, como es lógico, prima lo heroico.

Vamos a ver un ejemplo con un texto de la Ilíada em la magistral traducción de Luis Segála Estalella, pero antes os pongo el texto griego.

θῦνε γὰρ ἂμ πεδίον ποταμῷ πλήθοντι ἐοικὼς
χειμά
ῤῥῳ, ὅς τ’ ὦκα ῥέων ἐκέδασσε γεφύρας·
τ
ὸν δ’ οὔτ’ ἄρ τε γέφυραι ἐεργμέναι ἰσχανόωσιν,
ο
ὔτ’ ἄρα ἕρκεα ἴσχει ἀλωάων ἐριθηλέων
ἐλθόντ’ ἐξαπίνης ὅτ’ ἐπιβρίσῃ Διὸς ὄμβρος·
πολλ
ὰ δ’ ὑπ’ αὐτοῦ ἔργα κατήριπε κάλ’ αἰζηῶν·
ὣς ὑπὸ Τυδεΐδῃ πυκιναὶ κλονέοντο φάλαγγες
Τρώων, ο
ὐδ’ ἄρα μιν μίμνον πολέες περ ἐόντες.

 

Andaba furioso por la llanura cual hinchado torrente que en su rápido curso derriba puentes, y anegando de pronto—cuando cae en abundancia la lluvia de Júpiter—los verdes campos, sin que puedan contenerle diques ni setos, destruye muchas hermosas labores de los jóvenes; tal tumulto promovía el hijo de Tideo en las densas falanges teucras que, con ser tan numerosas, no se atrevían a resistirle.        

 

COMENTARIO

         Podéis comprobar en el texto griego que os he señalado el comienzo de la prótesis y el de la apódosis y me podéis decir que la prótesis no comienza de la manera como yo os había dicho. No pasa nada, amigos. El griego tiene otra forma de introducir estas apódosis que es la que sigue:

ἐοικὼς + dativo : semejante a (dativo)

ἐοικὼς  es el participio del verbo εἴκω que tiene el significado de “parecer”.

         Así pues, si nos cogemos el primer verso que tenemos, lo analizamos así desde el punto de vista de la comparación:

θῦνε γὰρ ἂμ πεδίον ποταμῷ πλήθοντι ἐοικὼς

χειμάῤῥῳ (…)

Avanzaba, pues, por la llanura semejante a un río hinchado

por la lluvia del invierno (…) (Traducción literal)

No puedo pasar por alto el hermoso encabalgamiento, tan abundantes en Homero, en el segundo verso.

Bien, ya tenemos la prótesis; vayamos ahora a la apódosis:

ὣς ὑπὸ Τυδεΐδῃ πυκιναὶ κλονέοντο φάλαγγες
Τρώων, ο
ὐδ’ ἄρα μιν μίμνον πολέες περ ἐόντες.

         Veis que está introducida canónicamente por el ὣς y su traducción literal es como sigue:

Como por el hijo de Tideo (Diomedes) son agitadas las prietas falanges (…)

         En fin, que Homero “aprovecha” la comparación para hablarnos de los torrentes invernales que rompen los puentes y, saltándose setos y tapiales, anegan los campos de los agricultores. Una escena de la vida cotidiana que compara con Diomedes que va causando el terror entre las prietas filas de los troyanos que aquí son denominados teucros no por mi querido Teucro, héroe griego pero que era , a su vez, primo de Héctor y de Paris al ser sobrino del rey Príamo y que luchó con los griegos porque era hijo de Telamón y de su segunda esposa Hesíone y, por tanto, era hermanastro de Áyax (en fin, un lío de padre , hijo y muy señor mío), sino por el rey troyano Teucro, hijo del río Escamandro y de la ninfa Idea.

         Espero y deseo que esta entrada os haya aclarado la función que tenían las comparaciones en Homero, comparaciones que después fueron usadas, con las lógicas variaciones, por el resto de poetas épicos.

 

 

        

miércoles, 21 de octubre de 2026

LAS COMPARACIONES EN HOMERO: ESTRUCTURA SINTÁCTICA

 


Ya puestos en materia o metidos en harina, vamos a seguir con Homero. Vamos a cogernos un trocito de la Ilíada (que nadie se me asuste, por favor) y elijo uno de los pasajes más conocidos:

"Cual la generación de las hojas, tal es la de los hombres. El viento tira las hojas al suelo, pero la selva florece de nuevo y produce otras cuando llega la primavera. De igual manera, una generación de hombres nace mientras otra desaparece."

Así en el griego original:



οἵηπερ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν.
φύλλα τὰ μέν τ’ ἄνεμος χαμάδις χέει, ἄλλα δέ θ’ ὕλη
τηλεθόωσα φύει, ἔαρος δ’ ἐπιγίγνεται ὥρη·
ὣς ἀνδρῶν γενεὴ ἣ μὲν φύει ἣ δ’ ἀπολήγει.

Como veis, os he señalado la introducción de la prótesis y de la apódosis en negrita. Vamos a ver eso con más detalle:

Un símil homérico largo se divide estructuralmente en dos partes introducidas por partículas correlativas específicas:

Prótesis : Es la escena que sirve para comparar que en este caso son las hojas φύλλων γενεὴ, es decir, la generación de las hojas.  Se introduce habitualmente con palabras que significan "como", "tal como" o "cuando":

·        ὡς o ὥς τε: Como / Al igual que.

·        ἠύτε: Tal como / Como cuando.

·        ὡς ὅτe: Como cuando.

·        οἷόσ-περ – οἷά- περ – οἷόν-περ: Es un relativo reforzado por la partícula περ y lo podríamos traducir por “cual precisamente” aunque, todo hay que decirlo, quede un poco retórico. Esta es la forma que usa Homero en el texto.

Apótesis o apódosis : Es el cierre que reconecta la comparación con lo comparado. Suele comenzar con:

·        ὣς: Así / De igual manera.

·        τοῖος o τόσος : Tal / Tan grande

En el texto que nos está sirviendo de ejemplo tenemos ἀνδρῶν γενεὴ que es una estructura sintáctica calcada de la anterior: genitivo + nominativo = generación de los hombres.

En latín, encontramos también comparaciones, sin ir más lejos, en Virgilio cuya Eneida no es sino un bellísimo pastiche de la Ilíada y de la Odisea (Agustín García Calvo, que hubiera cumplido cien años hace unos días, dixit). Así Sic … ut suele ser la más habitual manera de introducir comparaciones en el vate de Mantua.

         Hasta aquí la estructura de la comparación en la épica, pero ¿cuál era su función? Lo vemos en la entrada siguiente.

 

 

        

SAMUEL BUTLER Y LA ODISEA COMO OBRA DE UNA MUJER

 


Es menester aclarar, para aquellos que andan flojos de lecturas,  que nada tiene que ver este Butler con Rhett Butler de Lo que el viento se llevó, un sudista que vivía según le venía en gana pasándose las convenciones sociales sureñas, que eran muchas, por donde os podéis imaginar y que era jugador, mujeriego, bebedor y traidor a la Causa del Sur hasta que conoce a Scarlett O’Hara , de quien podría ser padre, y se enamora hasta las trancas aunque la dama siempre se mantuvo  enamorada de su Ashley Wilkes. Bueno, vamos a ver, que me salgo del tema.

         Como os iba contando, este tal Butler, de nombre Samuel y británico pero no sureño, pensó que, ya que las mujeres son tan protagonistas en la Odisea, pues que la inmortal obra la había escrito una mujer. No contento con esto (que ya es), don Samuel se empeñó en contarnos que era una joven soltera de la Grecia más aristocrática; que redactó la obra en la costa oeste de Sicilia, más en concreto en Trapani; que la chica no es otra que la mismísima Nausícaa que se retrató en la obra. También argumentó que la Odisea recogía la vida doméstica como sólo una mujer podía conocer (feministas, no leáis esto último, por favor, ni tampoco lo que sigue) y argumentó en favor de su tesis que sólo una autora podía describir de manera tan minuciosa las tareas del hogar, en especial, el hilado y el tejido. Algo de razón tiene Butler pues la mujer en Grecia vivía en el gineceo a donde el hombre tenía vetada la entrada. Cómo consiguió Homero, según la versión tradicional de la autoría, describir con tanto acierto estas escenas de la vida cotidiana, no deja de ser un arcano.

         Butler había traducido la Ilíada y la Odisea al inglés y fue de esas lecturas apasionadas (toda traducción lo es) de donde se sacó esta teoría que el mundo universitario rechazó. Que yo sepa, Lesky, en su Historia de la literatura griega, que ni se entiende en alemán ni en castellano, no le dedica a Butler ni una palabra. Sin embargo, hete aquí que llegan tres grandes escritores, a saber: Jorge Luis Borges que no era británico, pero como si lo “seriese” que dicen los calós; Robert Graves que sí que recorrió el mundo de la mitología y que, sobre el tema que nos ocupa, dejó una hermosa novela: La hija de Homero y don Italo Calvino, ese autor que me ha hecho pasar tan buenos ratos como lector,  y le dan bola a Butler. Por cierto, también Roberto Calasso, experto en mitología como podemos ver en Las bodas de Cadmo y Harmonía, se apuntó a esta teoría.

                   Yo, en este tema, ni entro ni salgo, pero sí recuerdo a una alumna de Olmedo que, tras haber explicado un servidor la cuestión homérica según el ya citado Albin Lesky, al sugerirle la posibilidad de que la autora fuera una mujer, no sintió el gozo femenino de que tan magna obra hubiera sido obra de una fémina, sino que le dio un pasmo pensando que, para la PAU, EBAU, PREPAU, EBAUPAU y otras mil definiciones estúpidas de una prueba que aprueba hasta el Titi de Cádiz, había que meter más carga. Supongo que ya se haya recuperado del susto. No somos nadie.

martes, 20 de octubre de 2026

LAS MUJERES EN LA ILÍADA Y LA ODISEA

 

Aun en esto tiempos de franca incultura y de abierta y extensa zafiedad, hay personas que le dedican parte de su tiempo a leer a Homero, padre de la literatura occidental, y no pierden el tiempo leyendo con avidez a Juan del Val, la Megan Maxwell, Juan López-Jurado o Sonsoles Ónega. Yo no escribo para estos “lectores” que, en muchas ocasiones, compran el ¿libro? no para leerlo, sino para que el autor se lo firme en alguna feria pagada por las grandes editoriales y, a continuación, guardarlo en los anaqueles de una exigua biblioteca que apesta a best sellers de la misma calaña. Un servidor escribe para los que creen que la escritura es un acto casi mágico que brotó en el corazón de un homo sapiens hace algunos miles de años. A lo que vamos.

         Para cualquier lector de Homero, no se le puede escapar que no tienen el mismo trato las mujeres en la Ilíada que en la Odisea. De eso ya hablamos en una entrada anterior, pero creo que no lo expliqué de manera clara y concisa como corresponde a un viejo profesor de lenguas muertas. En la primera obra, las mujeres son “secundarias” cuyos perfiles no están del todo dibujados por el vate de Quíos. Andrómaca está simplemente esbozada: sabemos que era buena madre, buena esposa y buena viuda, pero poco más. Esto ocurre, en primer lugar, porque la etopeya y la prosopopeya no se practicaron en literatura hasta más tarde. Por ejemplo, en los Evangelios no hay “retratos” de Cristo porque la prosopopeya era por aquellos años una técnica oratoria al igual que la etopeya. Para los que no hayan cursado el Bachillerato de la Ley Villar, recordaré que la etopeya es el retrato anímico de un personaje y la prosopopeya es el retrato físico. No sería hasta el Renacimiento y el Barroco que ambas se hicieran habituales en los textos literarios.

         Siento este excursus, pero era necesario. Vamos a seguir con el tema. Sin embargo, si nos cogemos la Odisea, vemos que ahí hay “mujeres protagonistas”: Penélope, Circe, Calipso, Nausícaa y hasta el ama de Odiseo, Euriclea, se nos aparecen como personajes que tienen un peso, que tienen “algo que decir”.

         Esto, que se viene observando desde hace siglos, le llevó a un tal Butler, - del que ya os hablé en una entrada anterior pero tan sólo con un esbozo- ,  a su teoría de que la Odisea la escribió una mujer. Lo vemos en la siguiente entrad a si ése es vuestro deseo.


lunes, 19 de octubre de 2026

CARLOS DEZA FONTÁN, EL POETA DE LALÍN

 


Carlos Deza Fontán es un poeta galego cuya lectura me ha gustado desde que Juan y Merce tenían aquel estanco- librería en el Marín de los ochenta. Según entrabas, a mano derecha, había unos anaqueles con libros en los que yo me quedaba mientras que abuelo Luis compraba su paquete de BN y La Voz de Galicia. En esos anaqueles, conocí a Ramón Cabanillas, a Neira Vilas, a Curros Enríquez y, sin querer aburriros, también me compró mi abuelo algunos libros del gran Otero Pedrayo. Entre aquellos libros, recuerdo hoy una antología de un poeta popular, nacido en las tierras hermosas de Lalín, que se llamaba Carlos Deza Fontán. Poeta popular, lleno de musicalidad, Deza me hizo pasar muy buenas tardes en Lapamán. Os dejo un poema suyo que, de seguro, os va a encantar. Leedlo dejándoos arrastrar por su ritmo y, a diferencia de la novia castellana de la que habla el poeta, acabaréis abalando. Os lo juro.

A NOIVA CASTELÁ

 

Teño una noiva que veu de Castela,

teño miña noiva que é castelá,

teño unha noiva que pensa que os niños

son os cativos que queren xogar.

 

Non sabe de rulas, non sabe de xoubas,

non entende de dornas, xamais viu o mar.

Non baila a muiñeira, nin toca o pandeiro

e pensa que o polvo o ten que limpar.

 

Non sabe galego, nin canta  cantigas,

nin canta foliadas que é ledo cantar;

non sabe de luares, nin fai o magosto

nin sabe do vento co seu doce cantar.

 

De ferro parecen as súas duras palabras;

non canta como nós si me ven a falar;

é lanzal a rapaza e de ollos verdiños,

mais xamais nas festas viuna abalar.

 

Se un día con ela, con ela me caso

¡ay, niña rula, cómo imos disfrutar

pois ten “calidades” que debo decilas,

pois ten “calidades” que vos debo contar.

 

E son que no inverno, no tempo da lume,

xa non me sinto a beira do lar

que prefiro as suas mans apretadas nas miñas

que prefiro, sin duda, o seu corpo lanzal.

 

¡Qué me dá que non saiba de rulas,

qué me dá que non saiba cantar,

qué me dá que non abale a muiñeira

se xunto dela  síntome queimar!

 

Teño unha noiva que veu de Castela,

teño unha noiva que é castelá,

teño unha noiva que moito a quero

coa que cedo, cediño, me queiro casar.

 

 


miércoles, 7 de octubre de 2026

DE CÓMO EL VIAJERO REGRESA A CUÉLLAR Y DE LAS COSAS QUE VIO EN ELLA, EN ESPECIAL, UNOS MIGUELITOS DE LA RODA, PROVINCIA DE ALBACETE

 

Cuando el viajero llega a la Villa, ésta duerme agotada por sus fiestas patronales en las que no han faltado los toros, las dulzainas, las limonadas y los bailables de otras épocas. Por esa razón, porque la Villa, aun siendo la Villa, también se agota, está todo el comercio cerrado y, cosa insólita, hasta los bares. El viajero se mete en el primero que pilla y se toma un café con leche. Luego bajará por su calle en cuesta a la que llaman de la Morería (por algo será) y verá esa fuentecica - que mana y corre aun sin ser de noche siempre que se la accione en el grifo - a la derecha según se baja hacia la plaza Mayor. El viajero cruza la solitaria plaza y sigue por la calle de Santa Cruz allí donde sigue mirando al mundo el palacio de don Pedro I, el Cruel, porque en estas villas castellanas los reyes de Castilla tenían sus palacios y hasta venían al mundo cuando esta tierra daba capitanes y no tristes ganapanes (Machado dixit). En este palacio, que es en realidad el palacio de los Velázquez de Cuéllar, celebró don Pedro su boda con doña Juana de Castro en 1374. La tal doña Juana da para una entrada que, tan pronto como el viajero, ya en su morada, deje de tocar a Chopin, os escribirá. Ha dicho el veredero que da para una entrada y se ha quedado corto pues Juana era medio hermana de doña Inés de Castro, la Inês colo de garça de nuestros hermanos pοrtugueses, la que tuvo amores con Pedro de Portugal y a la que canta don Luis de Camões en Os Lusiadas, la magna obra del poeta de Coimbra. Parece que la desgracia recorría esta familia pues Juana  acabó sus días en el castillo de Dueñas, eso sí, proclamándose siempre reina de Castilla y Léon. La boda – se le había olvidado al veredero que se enrolla con sus amigos portugueses recordando aquel viaje que hizo hace ya unos años - se había oficiado en la iglesia de San Martín de Cuéllar. Ya os contará el senderista (así se le puede llamar ahora sin temor a ruborizarse aunque para serlo entiende el caminante que debe llevar unas botas de un precio superior a los doscientos euros, cosa que no es el caso), cuando deje el piano,  cómo y con cuántos “trabajos” llegaron Juana y Pedro a la boda.

El viajero va a pasar por alto- porque ya lo ha dicho muchas veces- que su tía Julita vivió en la calle Carchena esquina a la calle de santa Cruz y sigue hasta que le llama la atención una tienda que no había visto hacía unos meses cuando anduvo por la Villa y que tiene lleno el escaparate de Miguelitos de La Roda, pueblo de Albacete. ¿Qué hacen los Miguelitos en la Villa? – se pregunta el viajero. Para saber algo más penetra en la tienda en donde comprueba que el señor o es búlgaro o de algún otro país, pero que de ninguna manera es albaceteño. También comprueba que tiene todas las variedades de Miguelitos, pero ni los compra ni pregunta por la razón de esa afición desmedida del dueño por los dulces manchegos. ¿Será que llegó a España por el sur, se llegó a La Roda, los probó, le gustaron y decidió convertirse en embajador de los pastelillos en castellanas tierras?  El viajero, aunque había entrado a la tienda lleno de curiosidad,  no lo quiere saber porque, como Azorín con sus tres pastillas, prefiere que su imaginación fabule una posible razón para esa proliferación exagerada de pastelería albaceteña a saber la verdad que, en ocasiones, defrauda. ¿Por qué no fabular que el extranjero tiene una novia en aquel pueblo manchego? ¿Por qué no imaginar que como Tristán andaba buscando una Iseo y la encontró en la Roda como contaba don Álvaro Cunqueiro de aquel soldado gallego que encontró a su Isolda en la estación de Venta de Baños? ¿Acaso hay alguna ley o decreto que prohíba el amor  con una rodeña? Pensando en esto, el viajero coge fuerzas para subir la Morería, pasa por la fuente y las Paneras del rey y cruza el arco. A su espalda queda la Villa, la hermosa Villa que a un palacio renacentista llama castillo al igual que nuestros vecinos franceses - que tienen una expresión para formular proyectos ilusorios y que, si no mal recuerdo, dice así: bâtir des châteaux en Espagne. Sí, porque un castillo para un francés es un palacio para nosotros, salvo en Cuéllar en donde al palacio también los llaman castillo. Cosas de los cuellaranos que son hijos de tan hermosa Villa.

El viajero, prometiendo volver a Cuéllar por las fiestas próximas del Henar, se despide de La Villa y de su Tierra divida en sexmos, sexmos que se reparten entre Segovia y Valladolid pues el muy hermoso pueblo de Montemayor de Pililla pertenece a la Villa y se honran sus habitantes cuando los visitan los señores de Cuéllar. De Montemayor de Pililla hablará el viajero otro día cuando, tras una mañana buscando níscalos, se llegue a donde La Martina para deleitarse con las setas que preparan. Pero dejemos que cada día tenga su historia y no adelantemos los acontecimientos.

viernes, 2 de octubre de 2026

LAS MUJERES EN HOMERO

 


Espero y deseo que todos los que me lean hayan leído la Ilíada y la Odisea, al menos, una vez en su vida. Si no es así, veo difícil que se aclaren con lo que les voy a contar.

         De todas formas, llevo muchos años intentando explicar a mis alumnos estas historias “griegas” y creo que se me va a entender.

         En la Ilíada, las mujeres tienen papeles secundarios. Así Andrómaca, Hécuba y hasta la mismísima Helena no son protagonistas y sus personajes apenas están dibujados. Sin embargo, en la Odisea, las mujeres cobran un gran protagonismo y en ella encontramos mujeres que son casi tan protagonistas como Odiseo. Os recuerdo algunas: Penélope (coprotagonista), Circe, Calipso, Euriclea y algunas otras que se me quedan en el tintero sin olvidarnos de las cantarinas Sirenas.

         Esta presencia de mujeres le llevó a Samuel Butler, traductor de Homero al inglés y muy admirado por Jorge Luis Borges, a decir que  la Odisea la había escrito una mujer.  Butler era un victoriano que tampoco tiene una obra muy amplia y , que yo sepa, ninguna entidad de corte feminista le pagó o le sugirió esta idea. Vamos, que se le ocurrió a él solito.  En fin, el tema es tan curioso que os lo cuento en otra entrada.