sábado, 4 de abril de 2026

JESÚS EN BETANIA

 


 

Resulta que hoy es Sábado Santo en las Españas y que el domingo pasado fue Domingo de Ramos. Me diréis que a qué viene este volver atrás en el calendario y yo, gustoso, os respondo.

         Cuando se lee el primer Evangelio del Domingo de Ramos (el de la bendición de las palmas) parece que Jesús se queda en Jerusalén, pero nada más lejos de la realidad.  Del domingo al jueves, Jesús se retiró a Betania y regresó varias veces a Jerusalén. Así se nos dice en el Evangelio de Marcos que Jesús “salió para Bethania con los doce”.

         En los días que van hasta el jueves, Jesús maldice la higuera, expulsa a los mercaderes del templo, pronuncia la parábola de la viña y dice aquello de “al César lo que es del César”. No es hasta el jueves cuando envía a un discípulo a la casa de Simón el leproso para que le diga dónde van a celebrar la Pascua. El Jueves Santo, Jesús se queda en Jerusalén porque esa tarde, será su prendimiento y, en los días siguientes, su Pasión y su muerte en la Cruz. Todo muy lógico.

         Creo que os voy a poner el texto de Marcos que siempre ayuda.

Κα εσλθεν ες εροσλυμα ες τ ερν· κα περιβλεψμενος πντα, ψας δη οσης τς ρας, ξλθεν ες Βηθαναν μετ τν δδεκα. Marcos, 11,11

Y entró al templo de Jerusalén y tras mirar a todos, al hacerse ya de noche,  partió a  Betania con los doce.

Κα τ παριον ξελθντων ατν π Βηθανας πενασεν. Marcos11,12.

 Al día siguiente, cuando salían de Betania, tuvo hambre (Jesús).

Κα ντος ατο ν Βηθανίᾳ ν τ οκίᾳ Σμωνος το λεπρο κατακειμνου ατο λθεν γυν χουσα λβαστρον μρου νρδου πιστικς πολυτελος· συντρψασα τν λβαστρον κατχεεν ατο τς κεφαλς. Marcos 14.3

Y estando en Betania en la casa de Simón, el leproso, llegó una mujer que llevaba un pomo de perfume y, rompiéndolo, se lo esparció por la cabeza.

         Espero que, con estas modestas explicaciones, entendáis mejor el texto de San Marcos.

IN PÚRIBUS

 

Casi todos conocemos la expresión IN PURIBUS, pero, tal y como está expresada, no responde a la estructura del adjetivo latino PURUS – A-UM que, en su género masculino y neutro va por la segunda declinación y que, en su parte femenina, va por la primera. La forma debería ser IN PURIS. ¿Por qué entonces IN PÚRIBUS? Nos tenemos que ir al sintagma IN PURIS NATURALIBUS en donde encontramos el ya mencionado adjetivo PURUS-A-UM  en ablativo regido por la preposición IN + el adjetivo de la tercera NATURALIS (m/f) – NATURALE (n). La expresión debería ser tal y como la hemos analizado: IN PURIS NATURALIBUS que significa “en estado de pura naturaleza”. Sin embargo, el uso de la expresión llevó a que padeciera una alteración y se acabó pronunciando y escribiendo IN PURIBUS. Hay otros que, en un latín macarrónico, dicen IN PURIS PELOTIS, pero, de las pelotas, os voy a hablar en otra entrada. El lenguaje y sus retruécanos nos hacen pasar muy buenos ratos, como cuando echamos pan a los patos.

viernes, 3 de abril de 2026

A POSTERIORI

 


 

A priori, sé que todos sabéis que significa a priori; y lo mismo a posteriori, a fortiori y otras expresiones latinas que tienen como base el comparativo de superioridad en latín. Por si tenéis dudas, os lo explico:

A POSTERIORI  está formado por la preposición A + EL ABLATIVO DE POSTERUS –A – UM, adjetivo de tres terminaciones para masculino, femenino y neutro. A la raíz POSTER- le añado el sufijo –IOR (m/f) o –IUS (neutro) y me resulta POSTERIOR – POSTERIUS. Seguro que me vais entendiendo.

         El problema es que, tal y como dice Torrent en su maravilloso libro de latín, libro en el que hemos estudiado muchas generaciones de latinistas, el ablativo de los comparativos de superioridad es en –e porque el adjetivo formado a partir de la raíz es un tema en consonante que tiene que hacer el ablativo en –e. Más claro, que la expresión A POSTERIORI debería ser A POSTERIORE.

         Me preguntaréis: ¿Por qué usamos POSTERIORI que se corresponde con el dativo?

         Os respondo que llevo más de treinta años buscando la razón y que ahora que tengo más tiempo libre voy a dedicarme a buscar la causa. En la Facultad, hace muchos años, mi gran amigo Vicente Calvo, cuya tesis doctoral versa sobre la Grammatica Proverbiandi y que es profesor en la Universidad Rey Juan Carlos (con perdón), me dijo que era una expresión tomada del latín medieval. No tengo por qué dudar de un señor profesor de la Rey Juan Carlos (de nuevo, perdón), pero os juro y perjuro que quiero preguntar a tantos doctores como tiene el latín para conocer la razón de esta –i en lugar de la –e que le correspondería por caso.

         Cuando el diablo no tiene que hacer, mata moscas con el rabo (con perdón, por supuesto)

miércoles, 11 de marzo de 2026

OURENSE, UNA GASOLINERA HACIA MADRID

 


 

Fue hace ya muchos años, en la muy recordada librería Michelena de Pontevedra, unos jóvenes poetas,- todo éramos jóvenes entonces- recitaban sus poemas. Uno de aquellos poetas leyó un poema sobre Ourense en el que decía: Ourense é unha gasoliñeira hacia Madrid. Se me quedó este verso porque era una gran verdad: nadie reparaba en Ourense, una ciudad “de paso” que no merecía para los fodechinchos, ansiosos do viño do país, pulpo e mariscadas,  ni siquiera una parada. Cuando un servidor se presentó a las oposiciones a la Xunta de Galicia en la ciudad que baña el Miño, recuerdo que hablé con un buen amigo de Verín, Enrique, ya por desgracia fallecido, dueño de ese maravilloso restaurante que se llama La Paella y que está en lo alto das Estivadas, un galego que gañou os cartos en Andorra, y que me abrió los ojos a las maravillas de Ourense. Pasé más de veinte días en la ciudad y tuve la ocasión de comprobar que Enrique tenía razón. No voy a intentar recoger en esta entrada de blog todas las bellezas de Ourense, pero tan sólo deciros que, si vais a Santiago a ver el Pórtico de la Gloria, paréis en Ourense para ver el Pórtico del Paraíso , tan hermoso como el primero, pero mucho menos conocido; que, cuando llegue la noche, os toméis un viño polas suas rúas; que paseéis por la Rúa do Comercio desde el parque de San Lázaro al del Possío pasando por el Instituto dedicado a don Ramón Otero Pedrayo, gran escritor y geógrafo ourensán; que no os perdáis el Ponte  Vello y tampoco el Ponte Novo y si ya lo queréis bordar, subíos a Trasalba, aldea del municipio de Amoeiro, en donde está la casa natal de don Ramón Otero Pedrayo que, para quien no lo sepa, fue el primero que tradujo un fragmento del Ulises de Joyce, esa obra que tenemos todos apuntada , pero que no acabamos nunca de leer,  y también fue el autor de una extensa obra literaria en gallego.

         Podría contaros muchas cosas de tan hermosa ciudad, pero prefiero que la visitéis. Os dejo una fotografía del Pórtico del Paraíso y una cantiga popular sobre el famoso Cristo:

 

Se non viches o Cristo,

no fales de arte

que o Cristo de Ourense

é cousa aparte.

 

Pues eso, que Ourense, como su Cristo é cousa aparte.

viernes, 6 de febrero de 2026

CONSTANTINO MOLINA, UN PANDORINO Y LEO SPITZER

 


 

Me gusta mucho Constantino Molina Monteagudo, tanto si escribe poesía como si escribe prosa. Es alguien que conoce el campo, lo bueno y lo malo, y tiene del mundo rural la visión justa del que lo conoce por experiencia propia, no del que habla de oídas y se cree que el campo es un mundo idílico en donde los agricultores y ganaderos se pasan el día leyendo a Virgilio en sus Geórgicas y en sus Bucólicas. Pero no es de esto de los que quiero hablaros, sino de otra cosa más banal, pero de gran interés.

         El otro día, entré en el Alimerka y descubrí un Pandorino. Yo no lo había visto nunca y lo compré inmediatamente. No resistió mi deseo ni siquiera llegar al coche y, antes de abrir la puerta del conductor, ya le había quitado el celofán y me lo había llevado a la boca. Dios mío, ¿será el Pandorino como dice Constantino Molina? ¡Efectivamente! En ese Pandorino, el chocolate formaba un núcleo dulce casi en el centro. Efectivamente, como dice el poeta en ese libro maravilloso que es Niño parabólico y que, sin duda,  es de lo mejor que leí el pasado año, el Pandorino es “materia gastronómica trasmutada en cosa lírica”.

         Feliz por mi hallazgo, llegué a casa con la alegría de haber comido un Pandorino  e, inocente de mí, se lo ofrecí a  mis hijos que, adolescentes arrebatados por las modernidades de las redes sociales, lo rechazaron. Son paganos, Constantino, que no saben que el mundo sólo se puede interpretar si te has comido alguna vez un Pandorino.

         Constantino, como buen poeta, es también profeta, y en su libro maravilloso Premio cervantes  profetiza sobre el Albacete antes de que le ganara al Madrid. ¿Cómo puede ser esto? Pues porque un poeta es un vate, alguien que recibe de los dioses los sucesos futuros. Y se puede ser poeta en Albacete, en Madrid o en donde Cristo dio la última voz.

         Un día que baje a Madrid me acercaré hasta el Museo Thyssen, lugar de trabajo del poeta, y le daré un abrazo por haberme hecho conocer el mundo a través de un Pandorino y por haber vaticinado que el Albacete tenía sus momentos buenos y malos como toda pareja ya sea de hecho, de deshecho, o tan sólo desechos de pareja. Constantino sabe que practica eso que Leo Spitzer denominó “enumeración caótica”, pero él la usa con la misma tranquilidad que visita una tienda Gucci en la calle Serrano matritense o las uralitas de la Cañada Real; visita el Casa Gala para tomarse un Carlos III o entra en el Carrefour para comprarse un Pandorino.

Espero que el día que nos conozcamos me lleve a ese edificio que es la “proa de Madrid” y que desde la terraza de esa señora que tiene la suerte de habitarlo, nos tomemos unos  Pandorinos con ese  Carlos III que se guarda Salvador, ese nonagenario sabio, dueño de Casa Gala. Puede que sea una mezcla explosiva, pero los anaranjados de la tarde madrileña cobrarán tonalidades insospechadas con tan singular mezcla.

La verdad, Constantino,  el mundo es otro desde que encontré, en el Alimerka, ese bollo con corazón de chocolate que se llama Pandorino y también es otro desde que tengo la suerte de leerte. Como decía mi abuela Patro, que era de  Chamberí: ¡Por muchos años!

jueves, 15 de enero de 2026

LOS ALUMNOS DISRUPTIVOS EN TIEMPOS DE BACH O LA VIDA DEL VIEJO PELUCA (II)

 

  

 

Estoy en deuda con vosotros porque no os he contado todavía cómo eran los estudiantes de aquella época. Os lo cuento para que veáis que en todas las épocas ha habido alumnos “disruptivos”, pero, a mi modo de ver, estos más que disruptivos eran, con perdón, unos cabroncetes desalmados y a punto ser enviados al reformatorio.

         Os copio la queja que los profesores pusieron ante el Ayuntamiento por el mal comportamiento de esos “angelitos”:

No temen a sus profesores y se pelean incluso en su presencia y les responden de la manera más ofensiva. Llevan sus espadas no sólo en las calles, sino también en el colegio; juegan a la pelota durante los servicios religiosos y también en clase. Y frecuentan lugares de dudosa reputación.

         ¡Madre mía”! Y nos quejábamos en Olmedo de aquel curso de Diver que nos agotó la paciencia como bien sabe mi buen amigo Eduardo Rodríguez – Monsalve, orientador en el Alfonso VI por aquellos años. Aquellos chavales olmedanos eran monjitas de la Caridad en comparación con estos zangolotinos alemanes que insultaban a los profesores, llevaban espada, fastidiaban los cultos religiosos jugando a la pelota y hasta practicaban en la misma clase pases de balón para ser unos Cristianos Ronaldo cualquiera.

         Por lo que se ve, eso de ser disruptivo es tan viejo como el que haya escuelas, profesores y alumnos. Lo malo es lo que tendré a bien contaros en la siguiente entrada porque, según Gardiner, no se sabe a ciencia cierta si el maestro Bach, en su época estudiantil, fue un modelo o, por el contrario, un pandillero de mucho cuidado. Ya ni de Bach te puedes fiar.

EL FINO ESPADÍN DE BACH O LA VIDA DEL "VIEJO PELUCA" (I)

 

Me he terminado de leer el maravilloso libro de John Eliot Gardiner, conocido director de orquesta británico y uno de los mayores especialistas en Bach que en el mundo hay, que lleva por título La música en el castillo del cielo- Un retrato de Johann Sebastian Bach y quiero deciros, en ésta y en posteriores entradas, cómo fue la vida y la obra de mi muy querido Bach. En la página 273 (el mamotreto casi alcanza las novecientas páginas), Gardiner nos cuenta del enfado que Bach tuvo con un fagotista en Leizpig al que llamó zippel Fagottist que Gardiner nos cuenta que significa “pardillo”, “tunante” o, de manera más literal, “fagotista gilipollas”. Como es normal, el fagotista, que se llamaba Johann Heinrich Geyersbach, se cabreó un montón con su director y el 4 de agosto de 1705, le esperó en la plaza del mercado. Le pide explicaciones por su insulto y, finalmente, le sacude un tortazo. Bach, lejos de poner la otra mejilla, sacó su espada. Un grupo de estudiantes puso fin a la pelea y Bach se alejó del lugar sacudiéndose el polvo. Eso sí, denunció al fagotista que, a su vez, enseñó sus chaqueta agujereada por el espadín de Bach. Al final, el consistorio amonestó al tal  Geyersbach, pero también castigó a Bach llevándole a una iglesia “de segunda”. Y es que el maestro Bach no tenía buena fama en lo que respecta a su trato con los estudiantes aunque en la próxima entrada os contaré que los estudiantes eran algo más que “disruptivos”.

         Ya veis, hasta el padre de la música perdió los nervios por un estudiante. ¿Qué no nos va a pasar a los demás?