martes, 23 de junio de 2026

LAS LÁGRIMAS DE AQUILES

 


LAS LÁGRIMAS DE AQUILES

Ya hemos visto en este blog algunos pasajes de la Ilíada que están cargados de emoción y de poesía. Se me vienen a las mientes dos: cuando Aquiles y Héctor ven los lavaderos de Troya y también cuando Homero saca a colación el cabrahigo, que quedamos en que es una higuera que sólo produce flores masculinas y que, por lo tanto, su función es polinizar las higueras hembras. Como podéis suponer, el cabrahigo no da fruto.  También hemos hablado de ese pasaje insuperable del que decía mi viejo profesor don Carlos García Gual que era el comienzo del humanismo en la literatura cuando Príamo, rey de Troya, va a visitar a Aquiles para pedirle el cadáver de su hijo Héctor y el guerrero aqueo, acordándose de su anciano padre, se echa a llorar y se lo entrega. Como bien dice Simone Weil en su libro admirable La Ilíada o el poema de la fuerza, del que ya os contaré en otra entrada pues, pese a ser un libro pequeño, es una verdadera joyita, “todo los que está ausente de la guerra, todo lo que la guerra destruye y amenaza, está envuelto en poesía en la Ilíada, nunca los hechos de guerra”. Me he permitido poner en negrita esta línea porque son las palabras que contiene de las más acertadas en el acercamiento a la Ilíada que he leído nunca. Simone Weil se ve de forma  palmaria que era una excelente y apasionada lectora del texto clásico. Pero vamos a los hechos:

         Briseida era la esclava favorita de Aquiles y, cuando Agamenón, en el canto primero, se la arrebata puesto que él ha perdido a Criseida, el gran guerrero, hijo de Tetis y Peleo, se va la orilla del mar a llorar amargamente por la esclava que le arrebatan. Son versos hermosos que llenan de humanidad la estupidez de la guerra pues toda guerra es estúpida, pero necesaria  para el ser humano. Sin embargo, en esto último, en cómo sublimamos esa pulsión bélica en la actualidad ( no del todo, pues ahí siguen) ya os lo contaré en otra entrada. Muchas entradas estoy prometiendo como si fuera un político.

 

ς φάτο, Πάτροκλος δ φίλ πεπείθεθ’ ταίρ,
κ δ’ γαγε κλισίης Βρισηΐδα καλλιπάρον,
δ
κε δ’ γειν· τ δ’ ατις την παρ νας χαιν·
δ’ έκουσ’ μα τοσι γυν κίεν· ατρ χιλλες
δακρύσας
τάρων φαρ ζετο νόσφι λιασθείς,
θ
ν’ φ’ λς πολις, ρόων π’ πείρονα πόντον·

 

Ya veis,  seis hexámetros que nos pueden llevar al delirio:

Así habló. Patroclo, obedeciendo a su amigo,

sacó a Briseida, la de hermosas mejillas, de la tienda,

y, para que se la llevaran , la entregó

e iba con ellos la mujer mal de su grado. Pero Aquiles,

llorando, se alejó de los compañeros y, sentándose a orillas

del mar espumoso, miraba al ponto inmenso.

 

Os pido que imaginéis la escena de Aquiles llorando a la orilla del mar, del vinoso mar que dice Homero, acordándose se su Briseida. Aquellos guerreros sí que tenían alma. Perdonad las muchas faltas de mi traducción que, como todo lo que hago y escribo, está escrito en zapatillas. O en chanclas si nos conformamos al terrible calor que estamos sufriendo en las Españas.

 

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