Aun
en esto tiempos de franca incultura y de abierta y extensa zafiedad, hay
personas que le dedican parte de su tiempo a leer a Homero, padre de la
literatura occidental, y no pierden el tiempo leyendo con avidez a Juan del Val,
la Megan Maxwell, Juan López-Jurado o Sonsoles Ónega. Yo no escribo para estos
“lectores” que, en muchas ocasiones, compran el ¿libro? no para leerlo, sino
para que el autor se lo firme en alguna feria pagada por las grandes
editoriales y, a continuación, guardarlo en los anaqueles de una exigua
biblioteca que apesta a best sellers de la misma calaña. Un servidor
escribe para los que creen que la escritura es un acto casi mágico que brotó en
el corazón de un homo sapiens hace algunos miles de años. A lo que vamos.
Para cualquier lector de Homero, no se le puede escapar que
no tienen el mismo trato las mujeres en la Ilíada que en la Odisea. De eso ya
hablamos en una entrada anterior, pero creo que no lo expliqué de manera clara
y concisa como corresponde a un viejo profesor de lenguas muertas. En la primera
obra, las mujeres son “secundarias” cuyos perfiles no están del todo dibujados
por el vate de Quíos. Andrómaca está simplemente esbozada: sabemos que era
buena madre, buena esposa y buena viuda, pero poco más. Esto ocurre, en primer
lugar, porque la etopeya y la prosopopeya no se practicaron en literatura hasta
más tarde. Por ejemplo, en los Evangelios no hay “retratos” de Cristo porque la
prosopopeya era por aquellos años una técnica oratoria al igual que la etopeya.
Para los que no hayan cursado el Bachillerato de la Ley Villar, recordaré que
la etopeya es el retrato anímico de un personaje y la prosopopeya es el retrato
físico. No sería hasta el Renacimiento y el Barroco que ambas se hicieran
habituales en los textos literarios.
Siento este excursus, pero era necesario. Vamos a
seguir con el tema. Sin embargo, si nos cogemos la Odisea, vemos que ahí hay
“mujeres protagonistas”: Penélope, Circe, Calipso, Nausícaa y hasta el ama de
Odiseo, Euriclea, se nos aparecen como personajes que tienen un peso, que
tienen “algo que decir”.
Esto, que se viene observando desde hace siglos, le llevó a
un tal Butler, - del que ya os hablé en una entrada anterior pero tan sólo con
un esbozo- , a su teoría de que la
Odisea la escribió una mujer. Lo vemos en la siguiente entrad a si ése es
vuestro deseo.

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