Hace
algunos años que había leído una antología poética de Aquilino Duque cuyo
nombre es Reloj de Arena. Me había
gustado este poeta sevillano nacido en 1931, pero desconocía su faceta de
novelista. Pese a que me dan un poco de miedo las novelas de poeta, me he
adentrado en El mono azul, novela
sobre la Guerra Civil en Andalucía y el resultado ha sido altamente satisfactorio,
que diría un médico del Clínico de Valladolid. Ignacio es un señorito que se va
a la guerra y en ella comprueba, una vez más, que los malos pueden ser buenos y
viceversa. No sé si los chicos de Podemos han leído a Duque, pero lo dudo
porque a ellos los de los pueblos “se la pelan”
(sic dixit quidam podemita), pero tendrían que hacer una lectura pausada
de este libro y no leer tanto a Gramsci, que están intoxicados de tanto
marxismo de salón. Esta novela está muy bien escrita y Duque se revela como un
buen novelista además de un gran poeta. El
mono azul es esa prenda que se ponían tanto unos como otros; la prenda que
hacía que dejaran de ser personas y se convirtieran en combatientes; la prenda
que los igualaba en el odio, en la venganza y en la rabia; la prenda que parece
que también, a día de hoy, quieren que nos volvamos a poner. Por cierto, que en
este libro se habla de un favor, pero no lo voy a revelar porque para otra
entrada quiero escribir sobre este favor. Y que nadie se suponga cosas raras.
domingo, 13 de marzo de 2016
jueves, 3 de marzo de 2016
UNA HISTORIA CREPUSCULAR
Stefan
Zweig ha sido para mí un escritor de culto y lo ha sido hasta el punto de que
en mi destierro abulense, coloqué una foto suya en mi habitación y la poca
gente que me visitaba en aquella fría celda monacal pensaba que era mi padre. Y
en cierta manera, don Stefan lo era porque, desde que leí Una partida de ajedrez, me convertí en su hijo adoptivo literario.
En este relato breve, Una historia
crepuscular, Zweig nos cuenta una historia al caer la tarde y en ella nos
habla de un joven que se equivoca en el amor por un pequeño detalle. Todo
ambientado en un castillo escocés con fantasma y todo (como debe ser). No os
perdáis este pequeño libro en el tamaño, pero grande en su contenido de
literatura de primera calidad que los progres de siempre condenaban en España a
los quioscos porque era demasiado elegante su escritura para su estética de
garbanzo y eructo. Si por una cosa me cae mal el tipo aquél del bigote, además
de por ser un criminal, es porque hizo que Zweig se marchara de Austria y terminara
suicidándose en Brasil. Aquel hombre, que había sido libretista de Strauss en La mujer silenciosa ( una contradictio in terminis, pero no voy a
entrar en detalles) no aguantó la idea de que el dictador siguiera haciendo
barbaridades muy bárbaras en el mundo. ¡Qué pena, si se hubiera esperado un
poco, habría visto la caída del nazismo! A veces, hay que tener paciencia, mein
Vater!
GIOVANNI STUPARICH
Me gusta
Trieste, ciudad que siempre me ha sonado mucho porque mi padre trabajó en el
edificio Trieste, en la madrileña calle
de O’Donell y porque en ella nació Claudio Magris, ese que se recorrió el
Danubio y que lo contó en un libro y que, llegando a Bratislava, tuvo el deseo
de beberse una cerveza como un servidor tuvo el deseo de tomarse un poco de
mantequilla en Soria y el deseo se convirtió en oscuro objeto. Pues en Trieste,
el puerto del imperio austro – húngaro, que se asomaba al mar por esta ciudad
istriana, nació este escritor, Giovanni Stuparich, del que me he leído Un año de escuela en Trieste, la
historia de una chica en el Instituto de la ciudad, que está bien contada. No se
acaba la literatura italiana en la Divina Comedia, como decía Borges con mala
leche de vacas argentinas, sino que sigue pujante en el siglo XX. Es cierto que
el libro de Magris se pone algo pesado, pero eso ya es otra historia.
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
He tardado muchos años en leer a
Sor Juana Inés de la Cruz y, la verdad, ahora que la he leído, siento no
haberlo hecho antes. Escribía muy bien esta monja a la que tenía a la espera de
mi atención. Amor humano y amor divino se mezclan en sus poemas como era costumbre
en el barroco con los tonos divinos y los tonos humanos sin que unos les
impidieran a los otros ni los estorbaran. No descubro nada si os digo que
estamos ante una poesía de altísima calidad. Y es que ya con llamarse como
nombre de religión, de la Cruz es un grado en poesía. Leed este poema y me lo
contáis.
A una Rosa
Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.
Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.
De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.
Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.
Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.
De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.
martes, 23 de febrero de 2016
EL SOL DE LOS MUERTOS
Manuel
Llano ya ocupó una entrada de blog en algún mes pasado y vuelve con todo
derecho pues en febrero – en el que dicen que ya busca la sombra el perro – me
he leído El sol de los muertos, una
bonita novela de amor y de indiano que está ambientada en Cantabria (cómo no).
La trama es sencilla con el mayorazgo indinu y el ovejeru bueno junto a la rapazuca
buena a la que engaña el señorito. Llano lo cuenta bien y cuenta entre medias
historias de Anjanas y leyendas populares y a cada personaje le pone con su
decoro, es decir, a los del pueblo les pone hablando en cantabru y los ricos en
castellano. En ocasiones, tal y como dice Miguel Artigas en el prólogo de Brañaflor, obra del primer tomo de sus
obras completas en la versión de Alianza, edición que estamos manejando, el folklorista puede al poeta y ése es, a mi
manera de ver, el gran error de Llano, que sacrifica sus buenas dotes de
escritor a su gusto por la recopilación folklorista y su uso del dialecto de la
montaña occidental. Se es buen escritor
en la lengua que se escriba y con referencia a esto recuerdo siempre a aquel
chico que, en unas oposiciones en Orense, tradujo y expuso en gallego pensando
que iba a llegar al corazón del tribunal. Pero el tribunal valoró los conocimientos
del opositor no el manejo de la lengua gallega, sino en el manejo del latín. El
que tenga oídos para oír que oiga.
LA BOFETADA
En un
café de la Barcelona de los años treinta, está un general de caballería
acompañado por algunos amigos. De repente, entran en el local dos hermanos y
sus acompañantes. Los dos hermanos, que son jóvenes e hijos del que había sido
Capitán General de Cataluña y dictador con el beneplácito del rey Alfonso XIII,
se dirigen hacia la mesa en la que está sentado el sexagenario general. Uno de
los hermanos, moreno y peinado con el pelo hacia atrás, sin mediar palabra,
sacude un tremendo puñetazo al mando militar que, a efectos de la agresión, cae
al suelo invocando su condición sexagenaria. Los dos grupos de enzarzan en una
pelea mientras algunos levantan al militar caído. El joven agresor, que es
alférez de caballería, perderá su grado por este ataque motivado por las
palabras injuriosas que el general agredido había vertido contra su padre. El
militar al que, algo aturdido por el puñetazo sientan en una silla, había sido
amigo del padre del oficial, pero, una vez destituido de su dictadura,
aprovechó para hacer leña del árbol caído y había arremetido contra él. Los
hermanos, dolidos por los insultos a su padre, habían ido hasta el café en
donde paraba el militar para tomarse venganza. Años más tarde, aquel general
agredido intentaría evitar el fusilamiento del alférez, pero nunca comulgó con
el partido que fundaría el joven oficial de caballería. Ambos, el alférez y el
general, están en la historia de España: son el general Queipo de Llano y José
Antonio Primo de Rivera.
domingo, 21 de febrero de 2016
EL NOVENTA Y TRES
Siguiendo
con las obras de Víctor Hugo, me he metido al coleto El noventa y tres, título que hace referencia al año del terror
dentro de la Revolución Francesa. Nos presenta Hugo a dos personajes
enfrentados en dos bandos, el marqués de Lantenac, héroe bretón, y su sobrino,
Gauvain, del bando republicano. Junto a Gauvain, está el sacerdote Cimourdain,
republicano irredento. La novela comienza en un barco en donde, de incógnito,
viaja el marqués y en donde hace justicia de manera peculiar, premiando y
ejecutando al artillero culpable de que un cañón se soltara y aterrorizara a
los marineros entre los que se cobró algunas víctimas. (Este episodio es uno de
los pasajes más espectaculares que he leído nunca después de llevar unos
cuantos años leyendo). Luego asistimos a una “taberna fantástica” parisina en
la que los líderes de la Revolución hablan. Y luego, asistimos a la toma de una
torre en la Vendée, en donde , una vez más, los malos pueden ser buenos y
viceversa, porque en el corazón del hombre siempre queda un reducto para la
piedad con sus semejantes. Y luego… Mejor os leéis la novela y la disfrutáis
porque cualquier cosa que diga sobre ella no puede hacer sino empequeñecer
semejante obra de arte que no es sino un placer para la lectura.
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