Un servidor, después de un viaje a la luz de Cádiz, también escribió un soneto de parecido tema al de la entrada anterior. Uno se llega a la playa gaditana y una moza fermosa se mete en el agua del Atlántico, sino corita, al menos con sus globos de nata al viento de la bahía. ¿Estará uno libre de ser convertido en ciervo y devorado por tus propios perros? Pues en el soneto os lo cuento:
ACTEÓN EN CÁDIZ
Tiernos globos de nieve recogida
llegáronse hasta el mar en
derechura,
cortando de bañistas la espesura,
dejando aquella playa
estremecida.
Y toda aquella nieve que
escondida
moraba en los sostenes con
presura
soltose ante Acteón en nata pura,
en astas de muy recia acometida.
Quedose aquel pastor muy
atribulado
no fuera por desgracia la bañista
la diosa cazadora por mal hado.
Y, con gozo de globos en su
vista,
se vuelve hacia la playa
entusiasmado
sabiendo que su diosa era
turista.
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