lunes, 27 de julio de 2026

DE LOS FAROLILLOS ROJOS Y DE LOS CUATRO ÚLTIMOS VERSOS DE LA ILÍADA

 


De sobra nos son conocidos los primeros versos de la Ilíada, aquellos en los que Homero le pide a la musa que cante la cólera del Pelida Aquiles, pero ¿alguien nos ha hablado de los últimos? Desde pequeño, he sentido curiosidad y afecto por los que se quedan los últimos (que serán los primeros en el Reino de Dios) en numerosas facetas de la vida: el último del Tour de Francia,  de la Vuelta a España o del Giro; el último en una carrera de atletismo; el último en unas oposiciones que, aunque se quede sin plaza, trabajará ese curso en la capital de la provincia mientras el número uno de la convocatoria se tendrá que ir a donde Cristo perdió la alpargata; el último del Mundial de fútbol que debería haber sido Argentina, - si no hubiera contado con la ayuda del Infantino y de la “mano de Dios” desde la Pampa- , y así un largo etcétera. Ser el último, ser el farolillo rojo del tren que tanto le gustaba a mi muy querido Azorín tiene también su encanto aunque no soy partidario de la bondad del bando de los perdedores (que Humphrey Bogart me perdone) porque en ocasiones o,  casi siempre,  suelen ser unos resentidos. Pero vamos a los que vamos: a los cuatro últimos versos de la Ilíada.

χεύαντες δὲ τὸ σῆμα πάλιν κίον· αὐτὰρ ἔπειτα

εὖ συναγειρόμενοι δαίνυντ᾽ ἐρικυδέα δαῖτα

δώμασιν ἐν Πριάμοιο διοτρεφέος βασιλῆος.

ὣς οἵ γ᾽ ἀμφίεπον τάφον Ἕκτορος ἱπποδάμοιο.

Así dicen  los hexámetros de griego homérico y así os los he traducido aunque ya la máquina de las traducciones homéricas estuviera un poco oxidada y le haya tenido que aplicar “tres en uno”.

 

Formando el montón del túmulo, de nuevo se marcharon; después

se juntaron y participaron del eximio banquete fúnebre

en las moradas de Príamo, el rey al que Zeus crio.

Así celebraron los funerales de Héctor, domador de caballos.

 

Ahí os lo dejo. Espero que os gusten.

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