Que
nadie se me alarme ni vea segundas intenciones en esta entrada. Llamamos el
Puteal de la Moncloa a un brocal que perteneció a Cristina de Suecia y que, por
causa de numerosos avatares, acabó apareciendo semienterrado en los jardines de
La Moncloa. Su descubridor fue Juan de Dios de la Rada que era conservador del
Museo Arqueológico en donde reposa desde el feliz hallazgo de Juan de Dios.
Este Puteal (por cierto, no os he explicado que la palabra
en cuestión viene de puteus que significa pozo en latín) tiene una gran
importancia por la relación que guardan sus figuras con las del Partenón. Es
más, en un momento dado, se recurrió al Puteal para reconstruir el grupo
oriental del frontón oriental. Al igual que el original de Atenas, se cuentan
dos mitos: el nacimiento de Atenea en el Olimpo y el de las Moiras o Parcas que
se encargan de tejer el destino de los seres humanos.
Sin embargo, que nadie piense que la obra escultórica que
recoge este Puteal salió de las manos de Fidias porque su realización se data
hacia el siglo I d. C, es decir, cinco siglos después de los frontones
originales del escultor de la Acrópolis. Como curiosidad, deciros que es más
que probable que el Puteal fuera usado como florero antes de ser hallado por el
bueno de Juan de Dios.
Escribiendo esta entrada me he preguntado si algún
presidente de los que han pasado por La Moncloa ha conocido esta historia. ¿La
conocerá Pedro Sánchez o su santa, doña Begoña Gómez que tanto ha tenido que
ver, por línea paterna, en asuntos de “puteales”?
El calor me hace contar chistes malos y voy a estropear tan hermosa entrada.
Por cierto, en la Villa Romana de Almenara-Puras, en el parque para los niños,
hay una reproducción que, siempre que voy, aprovecho para explicarla a mis
queridos alumnos.
Que disfrutéis del Puteal de la Moncloa.

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