De
sobra es conocido cómo España influyó en la música de Claude Debussy.
Intentando poner algo de orden, vemos que Debussy compuso Lindaraja en
1901; La soirée dans Granade (1903); la suite Iberia, en 1908 y,
para no cansaros, La puerta del vino (1913). Creo que ya he contado como
curiosidad que Debussy se basó, para componer esta obra, en una postal de esta
puerta que le mandó Falla a París. ¿Llegó a conocer Debussy Granada? Pues no,
ni Granada ni el resto de España. El músico tan sólo estuvo unas pocas horas en
San Sebastián, en agosto de 1880, para ver una corrida de toros. Entonces, ¿de
dónde le vienen estos conocimientos y estas imágenes de España? Pues de la
música de Falla o de Albéniz, de la literatura española, de punturas y de
fotos. También parece ser que manejó el cancionero de Pedrell, que fue el
maestro de Falla, pero, estar, lo que se dice estar, las dos horas y pico que
dura una corrida de toros. En 1903, Debussy le decía en una carta a su amigo
André Messeguer: “Cuando no se tienen medios para pagarse los viajes, hay que
suplirlos con la imaginación”. Pues claro, hombre. Cansinos Assens publicó una
novela llamada La milenaria nostalgia del mar. La tragedia de las
playas en 1920 y el escritor madrileño pero nacido en Sevilla, ni había
conocido el mar por esas fechas ni lo conocería jamás en su vida. Cuentan que
Borges lo felicitó y Cansinos le dijo: “Sí y cómo me gustaría verlo antes de
morir”. Y no lo llegó a ver pues Cansinos no viajó más que de Sevilla a Madrid y
de Madrid a Toledo.
Leo en un programa de mano de la OSCyL, firmado por Roberto L. Pajares Alonso, para la
interpretación de la Iberia que Debussy le confesó a su amigo André
Caplet que, en la tercera parte de Iberia, titulada Le matin d'un jour de
fête, veía “el despertar de las gentes y las cosas. Veo con total
claridad a un vendedor de sandías y a unos niños silbando”. En fin, ya veis que
el compositor francés era clarividente.
Como veis, la imaginación es un arma fabulosa y, en estos
tiempos que corren, se va a quedar abotargada por culpa de la IA que va
produciendo en nosotros un vaciamiento interior que nos va a quedar convertido
en medio lelos. Ya el papa León XIV trata en su primera encíclica de la IA y
sus peligros. Cuando la κένωσις que nos va produciendo llegue a su final, vamos
a estar absolutamente huecos. No me atrevo a escribir lo que sigue, pero
finalmente, lo hago: ya no hace falta
soñar porque la IA sueña por nosotros (escalofríos me dan el escribir estas palabras).
No sé por qué (o sí) pero lo vamos a pagar muy caro.

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