Cuando leo algo de Mario Roso de Luna, el
teósofo de Logrosán, se me viene al recuerdo mi gran amigo José Ángel de la
Calle, gran lector, extraordinaria persona y empleado de aquella maravilla
expoliada por canallas que se llamó CajaMadrid. José Ángel había entrado en la Caja,
como se la conocía en Madrid, con tan
sólo dieciocho años y se estuvo toda su vida trabajando en ella. Fue un gran
trabajador bancario, pero, sobre todo, fue un gran lector que había hecho de su casa
en la madrileña calle de Viriato (fuiste heroico hasta en el domicilio) una
pequeña biblioteca que ocupaba habitaciones y pasillo. Mentarlo es recordar aquellas
tardes de la Fuenfría en las que José Ángel, sentado al solecillo del porche
del Albergue de La Fuenfría se entregaba a sus lecturas; recordarlo es andar
con él la Sierra del Guadarrama, ésa a la que ahora los incultos llaman “Sierra
de Madrid”; pensar en él es recordar sus chistes llenos de inteligencia,
recordar a Gila, recordar su ironía elegante y blanca porque su bondad no
permitía la ofensa. Se compró un pisito en El Boalo, al pie de la Maliciosa,
porque una gitana le dijo que iba tener
una vejez larga y él, ¡cómo no!, la quería dedicar a la lectura. Formábamos un
grupo de marchadores muy heterogéneo: él, Jesús Ocaña, el hombre que predijo el
MP3 y que, aun siendo de Cuenca, se hizo radiotelegrafista y recorrió los Siete
Mares de Simbad; mi padre, siempre con sus pantalones bávaros, y un servidor. Son días lejanos de una juventud perdida y ahora,
con más años que ellos tenían entonces, recuerdo aquellos paseos, - en lo que lo menos era hasta dónde
llegábamos-, como un oasis de paz en este
agitado vivir. Hace unos meses, alguien me escribió y me dijo que José Ángel
había muerto, que la p. pandemia se lo había llevado hasta ese cielo teosófico
de don Mario Roso de Luna, de don Eduardo Alfonso y de Wagner. Y por esos
cielos de su dios se andará con su péndulo, su cachondeo fino de chamberilero y
su mostacho. Como veis, no he hablado nada de don Mario porque eso lo dejo para
mejor ocasión. Tan sólo quería compartir con todos vosotros el recuerdo de un
amigo, de un buen amigo que se nos ha ido para ver su Maliciosa desde lo alto.
domingo, 16 de abril de 2023
JOSÉ ÁNGEL FERNÁNDEZ DE LA CALLE, EL TEÓSOFO DE CHAMBERÍ
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