domingo, 14 de julio de 2013

UN BUEN POETA SEGOVIANO RECOGIDO EN EL SILENCIO

Le debo a mi buen amigo Ángel, el mejor recitador de Cuéllar y de toda la tierra de Segovia, el conocimiento de este magnífico poeta que es de Vegafría, un pueblito segoviano recogido en su silencio (que diría el padre Sopeña), en donde regenta un hotel rural. David con cada libro consigue un premio, pero no cualquier premio, sino el Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández, que ganó en 2009, o el Premio Hiperión que ganó en el 2010 con El peso que nos une, el libro que he leído y que me ha encantado. Poetam habemus in Castella nostra et in multos annos sit. Me gusta este poema que describe con mucha emoción un pueblecito castellano como el que habita nuestro buen amigo David. Cualquier día me llego hasta su pueblo y, tomándonos unos vinos, hablamos de poesía y de otras cosas importantes.
PUEBLO CASTELLANO

La torre de la iglesia como el mástil
erguido de un velero
despuntaba en un mar de sementeras.
A su abrigaño el pueblo sesteaba.
Enfermaron de frío las palabras
y los sueños. Sólo de alguna débil,
escasa chimenea ascendía
un reguero de humo perezoso
como un recuerdo lento.

Ella reconoció
el roce de febrero en los pulmones.
Llegó de abotonar
los surcos de un pasado fronterizo.
Con sus pasos azules
zigzagueó las calles polvorientas,
se sentó junto al tronco de la olma
y acarició la tierra con sus manos.

No sé qué pasa con el sol de invierno
que abre zanjas de risa en el vacío
y le pone corchetes al silencio.

Un viento suplicante, igual que una
torpe interrogación, serpenteaba,

¿qué quedará de ti cuando hayan vuelto
a sus escaramuzas los vencejos?

Silva el agua lejana de la acequia.
En su lecho de musgo el pueblo duerme.
Ella lo ve y sonríe,
como en todas las cosas de la vida
a fuerza de pasar el tiempo tuvo
una vaga intuición:
que el mundo no terminará en nosotros.

Ella cerró los labios
para que el sueño todo le cupiera.

David Hernández Sevillano

UN TÍO SIMPÁTICO



A Mario Quintana me lo recomendó un buen amigo que anda ahora de sacerdote misionero por tierras de Bahía en Brasil. Yo le solía hacer mucho caso a mi camarada Santiago Milán, pero he tardado un tiempo en leer a Quintana y, si he llegado hasta él, ha sido por leer a Enrique García-Máiquez que ha sido su traductor en esa curiosa editorial que es Papeles del sitio. Se abre el libro del poeta brasileño con unos aforismos, loa llamados “quintanares” de los que os recojo dos completos y un fragmento de otro:
EXÉGESIS – Si un poeta consigue explicar lo que quiso decir con un poema, el poema no sirve.
Pues en esto de la creación literaria conviene no olvidar – guardadas las infinitas distancias – que el mundo también fue creado por palabras.
S.O.S. A VIVEVERSA.- Cada poema es una botella de náufrago lanzada a las aguas… Quien la encuentre se salva a sí mismo.
Y de tan curioso porta brasileño no podía faltar un poema. Ahí lo tenéis:
Nació mi muerte cuando yo nací.
Despertó, balbució, creció conmigo…
Y jugamos de noche al corro amigo
en la pequeña calle en que viví.

Perdió aquel gesto suyo – fui testigo-
de sonreír, que yo también perdí.
Pero ella todavía sigue aquí
seriamente escuchando lo que digo.

“¡Tú sí que eres mi dulce prometida!:
no sé cuándo tendremos nuestras bodas,
si hoy mismo o…no, después de mucha vida.”

Mientras, se van las horas, locas, tristes…
¡Pero es tan bueno, entre las horas todas,
acordarme de ti, saber que existes!

Traducción de Enrique García- Máiquez

viernes, 5 de julio de 2013

EN CAJA DE PLATA


        

            Había leído algunas cosas sueltas de Luis Alberto de Cuenca y pensé que en este verano del 2013 era ya hora de entrar un poco más en profundidad. Y gracias a esas antologías de Renacimiento, en este caso preparada por el propio autor, he ahondado un poco más en la poesía de este madrileño con el que comparto ese poema de la Castellana que pongo tras estas escuetas palabras. Sus poemas engañan porque tras una aparente facilidad se esconde un trabajo de pulido, labor limae, que decimos los filólogos clásicos. De este autor, me gustan también los poemas que hacen referencia a nuestro mundo clásico y me gusta su porte de caballero español. ¡ Y olé!

Cuando vivías en La Castellana

Cuando vivías en la Castellana
usabas un perfume tan amargo
que mis manos sufrían al rozarte
y se me ahogaban de melancolía.
Si íbamos a cenar, o si las gordas
daban alguna fiesta, tu perfume
lo echaba a perder todo. No sé dónde
compraste aquel extracto de tragedia,
aquel ácido aroma de martirio.
Lo que sé es que lo huelo todavía
cuando paseo por la Castellana
muerto de amor, junto al antiguo hipódromo,
y me sigue matando su veneno.

DE QUE NO TODAS LAS MARYLINNE SON MONROE (Y VICEVERSA AUNQUE SOBREN LETRAS EN EL NOMBRE)


 
Mi amigo Luis Daniel me recomendó a esta escritora de Idaho con estas palabras: Es la mejor novela de literatura americana que he leído nunca. No soy amigo de este tipo de maximalismos, pero tengo que reconocer que me pico el gusanillo por leerla. En cuanto le llegó el turno en la lista de espera, lo hice y, aunque no es la mejor novela americana de todos los tiempos, es muy buena. El predicador  John Ames escribe una larga carta a su hijo que la leerá cuando su padre haya  muerto. Por esa carta, irá pasando el alma del padre y de Gilead, la pequeña población de Iowa que da nombre el texto. Merece la pena leer a esta escritora nacida en 1893. Quedamos a la espera de que el Círculo de Lectores publica otra buena novela, Home. ¡Ah, ya! ¿ Que al final no he dicho cómo se llama la autora? Pues Marilynne Robinson para servirles a ustedes.

EL OTRO VIRGILIO


 

         Ya hace muchos años que leo a Vergílio Ferreira, ese gran escritor portugués y sé que sus libros son garantía de gran calidad literaria y de profundidad de pensamiento. Por eso, cuando vi en los anaqueles de Sandoval, esa librería que subsiste en las barricadas contra la incultura, Nítido nulo, no lo dudé ni un instante porque sabía a ciencia cierta que iba a leer un gran libro que me iba a hacer pensar y disfrutar. Y no me equivoqué. Nítido nulo es una gran novela en la que un condenado va desgranando su vida y reflexionando sobre ella. Ferreira fue, sin duda, uno de los más grandes escritores portugueses del siglo XX al que no se lee tanto como se debería.

         Me gusta este fragmentito que he escogido al azar:

“El mundo es sólo la palabra con que lo decís (…) decid otras palabras y ellas fabricarán otro mundo.”

martes, 2 de julio de 2013

CAMINANDO POR EL TIEMPO




        Me gusta este poeta gaditano nacido en Murcia que escribe poemas en donde la vida va pasando por ellos. Me gustan unos más que otros (lógico), pero creo que sus poemas son interesantes, al estilo de Miguel D’Ors a quien reconoce como “maestro” en uno de los poemas que conforman Con el tiempo. Debo de recordaros que este autor ha traducido al muy interesante poeta brasileño Mario Quintana y a Chesterton.

Creo que merece la pena que lo leáis. Como muestra, este poema “al hijo que no tengo”.

.................EL HIJO QUE NO TENGO

El hijo que no tengo entra en mi cuarto
saltando entre montones de libros por el suelo
y me pide: "Papá, juega conmigo";
y yo no sé qué hacer porque es difícil
negarle nada a un niño que no existe.

Lo malo es que a su madre le enfada que me ensucie
la ropa de ternura
...........................que luego hay que lavarla.

Pero a escondidas, él y yo,
con ceras de colores, dibujamos
una ciudad perfecta
o hacemos un volcán con arena de playa,
un volcán de verdad, con fuego y todo.

Y viene a ser lo mismo que otro padre
jugando con su hijo: una emoción muy honda
y un fondo de tristeza.
...................................... .A ese otro hombre
le duele recordar que con el tiempo
su hijo acabará marchándose;
a mí saber que siempre
----------------...--.....- habrás de estar conmigo.
-

 
 
 
 
 

lunes, 1 de julio de 2013

DE ROSAS, MIELES Y VALLES


ROSAMEL  DEL VALLE

         Hace tiempo que, guiado por una conferencia de Juan Carlos Mestre, compré una antología de este poeta chileno. Hasta el momento, por unas razones o por otras, pero por una principal, porque en la lista se habían “colado otros” no lo había leído. En este verano de 2013, he aprovechado para leer esta selección. Pues bien, la impresión ha sido buena. Rosamel del Valle, que se llamó en “el siglo” Moisés Gutiérrez y que tomó su pseudónimo de una amante juvenil que tuvo que se llamaba Rosa Amelia del Valle, me parece un buen poeta en la estela de Huidobro, es decir, dentro del surrealismo. Desde luego que mucho ha influido en la poesía de Mestre de quien siempre recuerdo ese verso magistral:

Llora ángel mío como un caballo joven

que huye de su sombra.

 

El poema que os pongo es de La visión comunicable un poemario de 1956.

Cántico de la visitación

Un día podrás ver que el invierno es un ojo frío.
Se sabe por los granos que forma el viento
Sobre la hierba distraída. La idea de un viaje
Es ese tambor sordo de las hojas. "El agua
Es más filuda este año. Naturalmente, los huesos
Necesitarán otro médico". Y otro sol me hablaba
Cuando empecé a andar por ese jardín inolvidable.
No debo dudar, sino creer. ¿Basta decirlo?
Un día podré contar los eslabones del tiempo y uno
A uno formarán esta imagen del ojo frío.


No, no quiero contar con el tatuaje del cuerpo.
El verano formó el fuego y el invierno la ceniza
En un día sin fin. Ahora pienso en la tranquilidad
De mi muerte ya que yo también formé mi muerte.
Una nube inflada de pronto y el grito de una lámpara
En mí, en ti y en una sala especial para viajeros.
¿Recuerdas el color de un mar invisible?
Con esa idea estarás a mi lado en la hora
De la gloriosa disolución. Sentada ahí
Como al borde de un precipicio, con los ojos
Fijos en mí a través de la tierra. Ninguna duda
Te impedirá verme en mi sombría desnudez.
Y yo sabré hacer el ruido justo, el signo
Revelador de que estás exactamente junto a mí.
Ya ves, mi breve resurrección. Un minuto de un siglo
Abierto de par en par entre tus ojos y mi cuerpo.
Un río lejano deslizándose en puntillas,
Un golpe de llave en la puerta profunda.
Y tu sol risueño paso a paso por las hojas secas
En conversación con el aroma irresistible.
Quizás busques el signo del hueco misterioso
Dejado por la desintegración. Quizás te turbe
Saber que todo sigue donde mismo. No te baste
Creer ni dudar. Si puedes, recuérdalo,
Tu mirada será ahí el día de la creación
Con los pájaros en profunda invención de la música.
Y como tuya será mi muerte, tuya será la mano
Creadora de la nueva noche para que no haga ruido
El tren que te cruce la boca al descubrirme.
Si quieres saber, escucha lo que te diga la tierra.
Ahí seré el profeta de palabras arrugadas. El misterio
Que nos unió seguirá con nosotros en esa sala de espera.
"Todo tiene un sonido de arpa. Con algunas notas
Se teje la putrefacción. Con algunas miradas
Sobreviven los huesos. No hay nada que temer. Se viaja
Como una nube al atardecer".