sábado, 21 de febrero de 2015

EL PRIMER CANTO DEL MIRLO


El día 16 de febrero, he oído cantar por primera vez al mirlo este año. Antes he tenido como sospechas, como falsas audiciones, pero el lunes su canto era diáfanamente claro rompiendo la madrugada de este mes tan variable y tan orate. Y un mirlo lleva a otro mirlo y vuelve a sonar en mis oídos el mirlo que cantaba allá en Madrid en el jardín del Colegio Alamán o los mirlos de Cangas de Onís o de Comillas. Su voz anuncia la luz que ya va avanzando,  alborada a alborada; esa luz que va dando la esperanza de la primavera de los almendros en flor. Recuerdo aquellos versos de unos Goigs que se cantan en la Iglesia de Castelló de Ampurias y que, cuando estuve allá en mi adolescencia, me impresionaron sobremanera y que me han servido como canto de febrero:

 

Quan l’hivern amb son regnat

a la seva fí ja toca

i ufaneja al camp el blat

i l’avellaner ja floca,

Vos veniu Flor de Febrer,

odorant, primicera.

Blanca Flor, com d’ametller,

Mare de Déu Candelera.

         Y retornan a mis recuerdos aquellas tardes en la casa de López de Hoyos cuando en la habitación de la abuela la luz se iba quedando un poquito más cada día quizás para oler aquella botellita de Álvarez Gómez que guardaba  en la repisa del cubre -radiador. Y aquellos días en que ya parecía que el verano estaba tan cercano porque ya se notaba calor en las aulas de la facultad y había que abrir las ventanas. Claro que luego venía Paco con la rebaja y volvía el frío y el tiempo, como decía abuelo Luis, no asentaba. Y sin asentarse estaba hasta el cuarenta de mayo en que ya, por fin, nos quitábamos el sayo.

 

LA ORACIÓN EN MADRE CORAJE



Tras la lectura de Madre Coraje de Brecht, obra ya muy conocida por todos y de cuyo argumento creo que es excusable tratar, quiero centrarme en la escena undécima en la que los habitantes de Halle, ciudad protestante, va a ser asaltada por los católicos. Todos se arrodillan y rezan un peculiar padre Nuestro. Al poco, Catalina, se levanta y va a buscar un tambor al carro.  Regresa y, subida en lo alto de la torre, toca y toca hasta que es abatida de un balazo. Brecht, que siempre vio la religión como algo alienante como un resto de una época ya superada del desarrollo humano, ve ,en esta escena , una oposición entre facere et orare, entre la contemplación y la acción y le sirve como prueba, para él irrefutable, de que la religión sólo sirve para paralizar a los hombres porquees con la acción con la que se consiguen las cosas, no con la contemplación del orante. Para Brecht, recurrir a Dios es un intento de ignorar la realidad y también de no querer ver nuestros propios fallos. 

         Pero Brecht se equivoca de medio a medio pues la auténtica oración de petición consiste en pedir a Dios para que nos conceda aquello para lo que hemos puesto previamente los medios. Nisi Dominus ædificaverit domum, in vanum laboraverunt qui ædificant eam ,es decir, que “si el Señor  no edifica la casa, en vano se esfuerzan los que la construyen” se dice en el Salmo 126. Necesitamos la ayuda de Dios, pero tenemos que construir la casa. Brecht también ignora que el católico va a la oración con esperanza y que, como dice el refrán, la actitud es la de “ a Dios rogando, pero con el mazo dando”. Pero Brecht quería construir una sociedad sin el “estorbo de Dios” que sería una superestructura de gran rigidez dogmática. Sin embargo, Brecht no quiere ver que, en esas sociedades marxistas sin Dios, es en donde más proliferan las superestructuras dogmáticas. Y si no, que se lo pregunten a Dostoiesky o a Shostakovich que las sufrieron.

jueves, 12 de febrero de 2015

SEÑORA DE LAS VIÑAS



Desde hace muchos años, he sentido una gran devoción por Yannis Ritsos, ese gran poeta nacido en 1909 en Monemvasiá. Recuerdo aquella traducción que prologaban Fernández Galiano y Goyita Núñez Esteban, profesora mía en la Complutense, en los clásicos de Plaza&Janés. La poesía de Ritsos huele a mar, a monte, a la leche recién ordeñada., a  libertad. Sus versos tienen la luz de Grecia y el silencio milenario de los olivos y por ellos corren caballos de cristal que retumban en las vacías tinajas. He leído ahora Romiosyne y La Señora de las Viñas en una excelente traducción de Juan José Tejero que hace una edición muy cuidada con el texto griego confrontado. Leyendo estos poemas , todos encontramos el pomo de la casa de nuestros padres mientras ascendemos la escalera pájaro a pájaro.   

DE LO SUBLIME


Siempre conviene regresar a los clásicos porque son como la case del padre cuyas muchas moradas siempre albergan una cama para nosotros y nuestros sueños. La lectura de Longino, y su De lo sublime nos lleva directamente, al mundo del buen gusto y nos aleja de los zafio y de lo chabacano que no sólo florece (es un decir) en la televisión sino en la “seriedad” de la lectura. Dice en la página 16 que “sólo es realmente grande aquello que ocasiona una reflexión profunda”. Poco o nada se reflexiona en el mundo de hoy y por eso se desconoce lo realmente grande pues, con la ignorancia, todo lo consideran enorme. No  hay relativización de los logros en las artes y así nos pasa, que cada día estamos descubriendo el Mediterráneo. Yo le recomiendo a todos estos artistillos baratos que se lean a Longino y que tomen nota de lo que dice porque ¡buena falta les hace!

 

sábado, 31 de enero de 2015

EL FLORECER DE LOS PUÑOS Y LAS PISTOLAS




Cuando leí La ventana daba al río de Rafael García Serrano, me gustó.  Había mucho camarada suelto por la obra, pero la historia de amor me llegó. Ahora me he enriscado con Eugenio o la consagración de la primavera y la primera obra, la que da título al libro no me ha gustado mucho porque no me gusta esa alegría de gatillo fácil, ni la dialéctica de los puños y las pistolas ni la guerra como fiesta y batiburrillo. Ese Eugenio que se pegaba con los marxistas (a lo mejor se lo merecían, yo qué sé) con la alegría ebria de la violencia justificada por las ideas, no es mi tipo. Sin embargo, en los otros relatos breves que contiene la publicación, me encuentro más a gusto. Siguen oliendo a macuto, pero también hay bonitos detalles como ese Cristo que nace a las nueve en la iglesia abandonada de un pueblo del frente. Camarada García Serrano, te espero para dentro de poco en La plaza del castillo, en esa que creo que es tu mejor novela aunque Manolo Cambronero, ese gran librero vallisoletano, lo calificara de prosa fascista a lo que tú, de seguro, responderías: ¡Y a mucha honra, camarada, y a mucha honra! Y rematarías gritando bajo los luceros: ¡Arriba España!

AL - MUTAMID




Oí hablar de Al-Mutamid en un disco de Carlos Cano que contenía una canción cuyo nombre era “El rey Al-Mutamid dice adiós a Sevilla”. Me gustaba aquel disco ( es un vinilo que conservo como oro en paño y perdón por el topicazo en una caja de cartón). Ya a finales del año pasado, compré de viejo, of course, los zéjeles de Ben – Quzman en la traducción magistral del gran arabista Emilio García Gómez y estos poemas que reseño ahora de Al Mutamid en traducción, introducción y notas de Miguel José Hagerty. Lo que quisiera destacar es cómo en estos poemas brota la delicadeza árabe de los jardines y la sensibilidad de este pueblo que estuvo por estos pagos ocho siglos. Luego, cierto es, cogían el alfanje y no quedaban cabeza sobre tronco de los pobres cristianos, pero eso es otra historia. Tampoco los cristianos se quedaban chicos sacudiendo mandobles en aquellos tiempos un tanto bárbaros, Sin embargo, lo que sorprende es que en esos tiempos a los que tenemos como bárbaros ( si en verdad lo fueron, ya es otra historia) surgieran poemas tan bellos como este:

 

El alba arrancó la ropa de la oscuridad como Maha arrancó mis penas con  la mano.

Brindemos por ella con el vino de su saliva, color de mejillas tristonas.

CUADERNO DE BROTES


Desde los remotos tiempos abulenses, Vicente Gallego, poeta valenciano que ama como yo al maestro Brines, ha sido uno de los míos, uno de los que al leerlo sientes ese golpe que tiene la buena poesía. Me llevaba tiempo esperando este Cuaderno de brotes, el último libro (que yo sepa), publicado en 2014. Cuando al fin lo he podido leer, me he encontrado con un libro de prosa poética, género del que tengo dudas sobre su existencia, pero un libro, como todos los de Gallego, especial.  Me ha gustado mucho, tanto como otros libros suyos escritos “en verso”. No me extiendo más pues basta con un poema:

Al salir al porche esta tarde en vilo del verano, la fragancia letal del jazminero le ha roto la cintura al pensamiento y la carne se ha visto a solas con las flores. Es que nadie va a escucharme si le digo que no se empeñe en morir, que todo es un aroma, aroma sólo.

Como veis, el temblor y el temor de la belleza están en las palabras sagradas de Vicente Gallego