lunes, 25 de mayo de 2015

MENTIRAS SOBRE LA REINA JUANA




Wasserman, escritor austriaco, miente como un bellaco en su libello sobre  Juana de Castilla. ¿Cómo se puede afirmar que tuvieron que forzarla a que yaciera con su marido si fue todo lo contrario y un monje los tuvo que casar porque no podían ni llegar a casa para el ayuntamiento carnal? ¿Cómo se puede leer escribir un libro sobre Castilla y no saber que Olmedo está al sur de Palencia?¿Cómo se la puede representar a la princesa Juana como una analfabeta cuando había estudiado latín con Beatriz Galindo y música en  la capilla de que disponían los muy Católicos Reyes? Me ha dolido el libro porque a mí me duele España y estoy bis die Hoden de la Leyenda Negra y mucho más si se urde con estas mentiras de calibre grueso.¡Que un austriaco se meta con vos, doña Juana! Os juro, mi reina , que os defenderé. No tengáis miedo.

ENRIQUE EL VERDE DE GOOTTFRIED KELLER




En el día de hoy, veinticuatro de mayo de dos mil quince, el lector ha alcanzado sus últimos objetivos: la lectura de Enrique el Verde de Keller ha llegado a su fin. La lectura ha concluido. ¡Viva Keller! Perdón por copiar el parte de guerra con que Franco anunció el final de la Guerra Incivil, pero es que la lectura de Keller ha sido una pequeña guerra que ha tenido sus tácticas. Como el libro es muy grueso, no me lo podía cargar en la mochila de maletilla de la enseñanza y aprovechaba los días en que me toca llevar coche para que fuera él el que me lo transportara. Así pues los leía los martes y, cargando con él en la mochila, los viernes además de los fines de semana que era cuando aprovechaba para darle un buen tajo. Al final, deciros que no me ha acabado de llenar. No se puede ni se debe llegar a un libro con demasiadas expectativas y eso es lo que me ha ocurrido con Keller, que he llegado a él con unas expectativas que luego el libro no me ha cumplido. No es que esté mal escrito porque está muy bien escrito en un estilo realista, pero en la “formación” del protagonista, Enrique el Verde, hay demasiadas cosas que creo que no tienen el interés suficiente para que se cuenten y, por esa razón, el libro se me ha hecho algo pesado cosa que no me había ocurrido nunca con una “novela de formación” que es un genero que me encanta. El libro trata del Keller pintor y sólo se menciona un libro que le encuadernaron en verde en donde fue escribiendo su vida y que luego conformó Enrique el Verde. A Keller lo conocía de sus cuentos suizos y tengo en la lista de espera una historia de peineros que promete. Cuando me termine ese último libro ya os contaré.

LA PLAYA LARGA DE JAIME FERRÁN





El nombre del Instituto Jaime Ferrán, en Collado Villalba, Madrid siempre ha sido un misterio para mí pues  resulta que no he sabido nunca si es por causa y recuerdo del biólogo o del poeta por lo que lo bautizaron así. Al poeta no lo había leído nunca hasta que compré, como siempre, de viejo La playa larga, un poema sobre su playa de la infancia en Salóu. Yo también tengo una playa larga a la que regreso algunas tardes de invierno a coger conchas y todas las playas que conozco me recuerdan y son esa playa larga de mi infancia y adolescencia gallega. Doy más datos: esa playa aparece en A la sombra de Teucro, un libro inédito que espero que los editores quieran que salga pronto. Como Ferrán yo también digo:
He vuelto.
He vuelto al mar.
la playa de la infancia
esplende en le recuerdo
y en la distancia.
Todos tenemos una playa y una mar, que es una tarde con campanas, al que volvemos de vez en cuando…


LA DECADENCIA DE LA MENTIRA





Siempre leer a Wilde es un placer y en este opúsculo plantea un tema apasionante: el arte no tiene que copiar la realidad sino que debe de crear una realidad distinta, es decir, urdir maravillosas mentiras para asombrar a los que lo leen o lo ven. La teoría del espejo de Stendhal no le servía a Wilde pues el consideraba que era la naturaleza la que copaiba al arte y nunca al revés. Apasionante el tema, y más en la disposición dialógica con que lo presenta Oscar Wilde, no sólo para el siglo XIX, sino para hoy mismo. Apasionadamente.


LA POESÍA DE ANTONIO GALA



Os confieso que he leído a Antonio Gala. Echado el sapo, os digo, en mi descargo, que los libros son de poesía: Los sonetos de la Zubia y Enemigo íntimo. El último fue accésit del premio Adonáis a principio de los sesenta y el segundo, publicado en forma de pequeño libro de una colección en la que se recogían los poemas de amor de Gala. Tras su lectura, creo que a su poesía le falta fuerza, pese a grandes hallazgos poéticos. Su principal defecto es que  cuando escribe, está demasiado pendiente del tendido y así no se puede torear porque el toro acaba conociendo el vicio y pegándote la cornada. Para escribir poesía hay que mirarle al toro de frente, verle venir y hacerle faena.  Y luego saludar al tendido. Es una pena porque el cordobés  tiene maneras, pero cae también en el exceso, en el amaneramiento, en la poesía vacía. Gala hubiera podido ser un gran poeta como hubiera podido ser un gran dramaturgo si no hubiera mirado tanto al tendido. Eso sí, en lugar de cornadas se ha llevado muchas orejas, pero de nada sirven si hemos sacrificado nuestra obra.  A Gala, da la sensación de que no le interesa lo que escribe y tan sólo la fama y el dinero para alimentar a su propio personaje. Es, en definitiva, lo que podía haber sido y no fue (Lo siento pero la entrada me ha salido muy taurina. Que los antitaurinos me perdonen.) Amén. Os dejo la letra que escribió para cantarla por sevillanas:


Aceituna en invierno,
trigo en verano.
No te tardes bien mío,
que yo te llamo.

Que yo te llamo, niña,
que yo te imploro.
Y rebosan las ramblas
con lo que lloro.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, que tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Azahares en marzo,
limón lunero,
quién pudiera decirte
cuanto te quiero.

Tanto te quiero, niña,
tanto te amo,
que en cuanto el mar sea mío
te lo regalo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Olivo en la campiña,
pino en la sierra.
Negritos son los ojos
que a mí me queman.

Que a mí me queman, niña,
que a mí me matan,
y la flor de mi almendro
la desbaratan.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duela hasta el aire
si no te siento.

Arroz en la marisma,
pita en la arena.
Mi corazón amante
muerto de pena.

Muerto de pena, niña,
muerto de duelo,
deshojando la rosa
del desconsuelo.

Cuando suspiro,
hasta el aire me amarga
si no te miro.

Ay, qué tormento,
que me duele hasta el aire
si no te siento.

miércoles, 20 de mayo de 2015

LOS BANDIDOS DE SCHILLER


No os alarméis que no estoy contándoos un cuento, sino que intento explicaros de la manera más escueta posible el comienzo de Los bandidos ( Die Räuber), la inmortal obra de Schiller. La historia es así: dos hermanos, Franz, el malo, y Carlos, el hermano bueno, que se entrega a una vida de bandidaje porque intenta, por medio de la sangre, defender los valores de su vida. Carlos, que es un gran lector de los clásicos grecolatinos, se “echa  al monte” mientras que su hermano intenta quedarse con el dinero y robarle la novia. Como estamos en el romanticismo, Sturm und Drang, la obra está llena de vida, de pasión, de muerte. Pero lo siento, el final no os lo cuento: tenéis que leer el libro y, una vez leído, me lo vais a agradecer. Os lo aseguro.