viernes, 25 de julio de 2014

UN ALBANÉS EN BOECILLO


 
 
Debo la alegría de conocer a Ismaíl Kadaré a mi buen amigo, ya desaparecido, Senén Pérez. Él era un devoto lector de este escritor albanés y ese gusto y esa pasión que sentía por él me lo inoculó en las muchas tardes que pasábamos juntos en su pequeña librería abulense. De Kadaré lo he leído, más o menos, todo, pero no había leído su poesía aunque conocía que también era un no despreciable poeta. Gracias a la edición en la colección La cruz del sur de la editorial valenciana Pretextos, he tenido la fortuna de leerlo en estas tardes de verano boecillano. Prefiero el Kadaré prosista, pero su poesía me sirve para ahondar en ese mundo oscuro que era y ¿es? ese país nido de águilas que se llama Albania. Ni que decir tiene que la traducción es de Ramón Sánchez Lizarralde que yo creo que es el único que traduce del albanés en las Españas. Este que os regalo esde 1964.

CUANDO TE AMABA

Cuando te amaba

tu recuerdo me envolvía día y noche,

igual que las cenizas del Vesubio

envolvían Pompeya y sus contornos,.

Mas el tiempo ha pasado,

y ya la lava fría

fertiliza surcos los de vastas plantaciones.

Tu recuerdo

nutre

poemas trasparentes.

EL GALLEGO CATALÁN Y MURCIANO



Me es difícil dar una opinión sobre este autor gallego de nacimiento, pero de varios lugares en los que ha trabajado (como nos pasas a todos los que nos dedicamos s a este oficio viajero que es la educación). Vaya en primer lugar el decir que Horacio junto a su poesía lírica tenía una poesía satírica escrita en yambos que estaba escrita más en zapatillas de cuadros. Quiero decir que, en esa poesía, Horacio hacía un poema sobre, por ejemplo, cómo se iban a jugar al frontón Mecenas y otros amigos y cómo él no los podía seguir debido a su miopía. Por tanto, creo que cualquier tema es válido para la poesía al igual que Richard Strauss decía que él pondría en música hasta la lista de la compra. Otra cosa es que sus poemas parezcan prosaicos – simples líneas de prosa cortada en forma de verso – como afirman de él algunos sesudos críticos con los que no estoy de acuerdo porque también esos poemas de Horacio nos parecen “prosaicos”, pero, en primer lugar, están escritos en riguroso metro yámbico y, en segundo, nos están contando situaciones, vivencias y emociones que no tienen por qué ser ajenas a la poesía. A mí, me emociona D’Ors cuando le dedica un poema a su coche (¡Ay, mi Audi 80 que yace en un desguace de Cigales!) o se detiene en esas pequeñas cosas que son muy grandes a un tiempo: los hijos, los nietos, su santa esposa. Miguel D’Ors escribe literatura con buenos sentimientos, mal que le pese a Umbral que con Gide defendía lo contrario. La poesía no es sólo un camino y cada uno utiliza el que cree más conveniente. Un mal poema lo tenemos todos y, ante todo, hay que tener en cuenta que los más fácil es siempre o más difícil.

Dicho esto, creo que puedo decir, sin temor a los intelectuales, que D’Ors, aunque tenga algunos poemas que me producen algo de vergüenza ajena por su prosaísmo, me parece un gran poeta, un poeta diferente en ese grupo de gentes sin esperanza entre los que la ha tocado escribir. Porque, D’Ors – y a lo peor esto es lo que no le perdonan los críticos - es cristiano, de honda creencia en los valores ( me produce un cierto asco esta palabrita) que conforman nuestra convulsa y envejecida civilización occidental. Este final me parece glorioso por mi parte. Que el elogio bien entendido empieza por el propio. Tan sólo deciros que lo leáis sin miedo y, sobre todo, sin ningún prejuicio.

Amandiño

Amando, Amandiño, que eras de Corredoira,
cómo vuelve esta noche, con qué mágica luz,
aquel baño silvestre, y nuestras cabriolas
desnudas por el prado salpicado de bostas,
y aquella canción tuya, amigo agreste, bucanero de siete años
-«Ay, ay, ay, bendito es el borracho»-,
bajando por las hondas carballeiras
desmedida, insistente y en pelotas.
De aquel verano todo se ha perdido
menos aquella hora
maravillosamente sediciosa.

Después
tú te quedaste por tu mundo, libre de calendarios;
yo me adentré en el olor intacto de los nuevos libros.
De ellos salía el camino que -cursos, gentes ciudades-
me ha traído hasta esto.

Y ahora que contemplo mi vida
y me vienen ganas de darle una limosna,
le pregunto a los años
qué habrá sido de ti, Amandiño, amigo de un verano;
qué habrá sido de mí.


 

 

YO QUIERO SER ESTAFADOR




Tras  la lectura de Las confesiones del estafador Félix Krull, uno desea ser ese estafador del que Mann, en la última novela que escribió, nos retrata una vida, una formación ( el libro creo que es a las novelas de formación alemanas lo que el Quijote a los libros de caballerías) y una deformación que hacen de su lectura una auténtica delicia. Antes decía que la mejor novela del autor alemán era los Budenbrook, pero ahora me veo en la duda y no sé si poner en primer lugar a Félix Krull. Maestría, carcajada sobre la vida que no es más que apariencia y en la que hay que entregarse  a la actuación y no quitarse la máscara para que sea una auténtica vita vitalis o, mejor aún, vivenda. Os la recomiendo vivamente, como decía mi profesor de sociología, José María González, en la Facultad de Filología allá por los ochenta.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL MAGO MARWANE Y JOSÉ CARLOS ATIENZA








Seguro que muy pocos conocéis al mago Marwane, el héroe de mis hijos. Pues es un mago muy simpático que lleva una trencilla y que hace las delicias de Alma, de Mario y de Alonso. Su autor es un vallekano ( de Vallekas) que vive en Navalcarnero y que, además de contar estas maravillosas historias, es un sólido poeta y un consumado percusionista. No se le conoce porque este mundo literario de nuestros pecados, en donde los premio se dan por enchufe (que diría mi abuela Patro) o competencia digital ( es decir, a dedo),  es así de injusto, pero os aseguro que su salto a la fama ( esa pequeña fama que es la fama de los libros) se va a producir en breve porque es un poeta de altos vuelos. ¡Ah! y los más importante: un gran hacedor de fantasías y una buena persona. Gracias , José Carlos Atienza, ¡ese apellido me lleva a las tierras de Segovia que lindan con Guadalajara y Soria, tierra recia de Mio Cid! por escribir tan bien desde esa noble villa de Navalcarnero que tan buenos vinos produce. Un día no muy lejano nos beberemos un vasito a la salud de Marwane y de nuestros poemas. Así sea, caro colega.

LA CASA DE BASILIO SÁNCHEZ


 
Les debo a mis muy queridos amigos, Ángel y Miguel, ambos grandes actores de ese grupo teatral cuellarano que lleva por nombre “Los mirmidones” el descubrimiento de este poeta cacereño tal y como conté en una de las primeras entradas de este blog. En el verano pasado leí “Los bosques de la mirada” y en éste, el que , por el  momento, es su último poemario, Cristalizaciones. Tendría que deciros que le concedieron el vigésimo premio de poesía Ciudad de Córdoba que lleva el nombre de ese grandísimo poeta que fue Ricardo Molina, pero los premios me interesan bastante poco. Su lectura me ha confirmado a un poeta que progresa en un proceso de maduración que lo ha colocado ya en las cimas de la buen poesía española. Basilio Sánchez es, con o sin premios, uno de los grandes nombres de la poesía de España. Copio este poema:

 

LOS TRABAJOS DE SÍSIFO

Además de mi peso, cuando escribo

llevo también el peso de los otros,

llevo el peso de las cosas que existen,

llevo sobre mis hombros

el lenguaje lastrado de nuestras imposturas,

su platería superflua,

llevo encima la carga de mis incertidumbres,

la maleta del sueño, del equipaje

cada vez ,más incómodo de mis limitaciones.

 

Cuando escribo soy un mozo de cuerda.

LA MANO DE LA SZYMBORSKA



         
 
                
De Wislawa Szymborska poco se puede decir porque ya está dicho casi todo. Me faltaba por leer de ella sus últimos poemas, esos que llegan hasta esa línea oscura que es la muerte y que, publicados en Bartleby Editores, se han publicado hace poco. Siempre he sostenido que el poeta es siempre poeta, desde que nace hasta que muere y, por si tenéis alguna duda, leed este poema fantástico que se llama La mano:

 

Veintisiete huesos,

treinta y cinco músculos,

unas dos mil células nerviosas

en cada una de las yemas de nuestros cinco dedos.

Es absolutamente suficiente

para escribir Mein Kampf

o Winnie the Pooh.

 

LEOPOLDO CANO Y MASAS



                         
                    


Siempre que pasaba por el paseo central del Campo Grande de Valladolid, me llamaba la atención un busto que decía escuetamente: A LEOPOLDO CANO, POETA. No conocía al autor cuya efigie reposaba en la sombra de las arboledas y me picó la curiosidad por conocer algo de él. Conseguí, finalmente, un libro de él, Saetas,  que me he trasegado en estos días de julio. Al tiempo, supe que don Josemaría de Campos Setién, erudito vallisoletano, no hacía mucho que le había dedicado un documentado trabajo. El estudio de de Campos no lo he leído, pero lo poemas me han alegrado con su ingenio y su chispa, aunque parezcan impropias ambas cosas para un vallisoletano algunos ratos. Digamos que no es un gran poeta, pero se pasa nos lleva a las tertulias del XIX con señores de mostacho y medallas en la pechera. Lo que más fama le dio fueron sus obras teatrales a las que él mismo ponía la música pues Cano, además de poeta, como reza en su monumento, fue también general del ejército y otras cosas más como ateneísta o hijo predilecto de la ciudad del Pisuerga. ¿De dónde sacaban tiempo estas gentes del XIX y comienzos del XX para hacer tantas cosas? Ya lo veis, sin you-tubes, sin tabletas, sin Internetes y hasta con amante, como Galdós, y sin perderse una tertulia en el Ateneo, los tíos escribían como fieras. Eso es lo que se llama eficiencia, palabra de la que se llenan la boca los políticos actuales. Pues a ver si toman nota ellos y predican con el ejemplo desde sus despachos enmoquetados, Dixi.