Para
que no me llaméis pesado, voy a ir terminando la relación de personajes
lebaniegos tratados por Llorente Fernández con dos que considero fundamentales:
Joaquín Gómez de la Cortina y Jesús de Monasterio que cerrará esta colección de
entradas con sabor a orujo. Hijo de lebaniegos, don Joaquín nació en Méjico el
6 de septiembre de 1808. Su padre fue conde de la Cortina y Joaquín regresó a
Madrid en donde poseyó una amplia biblioteca de textos latinos. Fue marqués de
Morante al haber heredado el título paterno su hermano José y así figura en la
primera página de esa magna pobra que es el Diccionario
latino – español de don Raimundo de Miguel, el gran catedrático de latín
que se quedó ciego mientras traducía la Eneida. Es un ejemplo del indiano culto
e ilustrado que dedica su dinero a obras culturales. ¡A ver si cunde el ejemplo!
En el cuadro se le ve de pequeño junto a su padre, natural del valle de Bedoya,
más en concreto de Salarzón en donde fue enterrado, en el lado del Evangelio de
la iglesia de San Juan Bautista, años más tarde don Joaquín.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
BEATO DE LIÉBANA
San
Beato nació en Aniezo durante la segunda mitad del siglo VIII. Fue monje y abad
del monasterio de Santo Toribio de Liébana. Allí, en compañía de otro monje
paisano suyo llamado Eterio, escribió contra Elipando, arzobispo de Toledo y
contra Félix, obispo de Urgel, ambos arduos defensores del adopcionismo,
herejía que defendía que Cristo era hijo adoptivo de Dios. Sus escritos se
reúnen en una obra titulada Etherii et
Beati ad Elipandum epistolae. Con tanta lógica defendieron los lebaniegos
su teoría y su postura que el arzobispo Elipando les dijo: Nam numquam auditum est quod liebanenses toletanos docuissent, es decir,
“pues nunca se ha oído decir que unos lebaniegos vengan a enseñar a unos
toledanos”. En verdad, sorprende que Elipando, que tendría pocas razones para
refutar a los lebaniegos, recurriera a argumenta
ad personam, pero quizás el arzobispo no sabía por dónde salir de su
atolladero teológico y se decidió, dando muestras de escasa caridad, por el
insulto. Beato participó en el congreso de Frankfurt en el año 794 y escribió un
Tratado sobre el Apocalipsis que
dedicó a Eterio, su camarada del alma. Es fama que, para no quedarse atrás, le
llamó a Elipando testiculum Antichristi
que puede ser traducido, bien como “testiguillo del Anticristo”, con un matiz
despectivo, bien “cojón del Anticristo”, con un sentido claramente insultante
para devolver a Elipando el “detalle” al que hacíamos referencia líneas más
arriba . Fue obispo de Braga y dejó tan importante cargo para regresar a su Aniezo
natal en donde murió. Fue enterrado en el monasterio de Santo Toribio de
Liébana. Pese a haber escrito mucho y bien, sin embargo, su fama no se debe a
sus escritos, sino a que su tratado fue, desde el principio, bellamente
decorado con ilustraciones y eso dio lugar a los llamados Beatos, bellos libros
ilustrados con muy cuidadas ilustraciones en los que se copiaba el texto de su Explanatio o Tractatum in Apocalypsin. Si algien tienen curiosidad por ellos,
puede visitar la página de la editorial Moleiro, especializada en libros
artísticos.
LA ROMERÍA DE SANTO TORIBIO EN PALENCIA
Continúo
con este último Toribio para contar ahora el origen de una famosa romería
palentina cuya protagonismo ostenta. Ya hemos dicho que Toribio de Liébana fue
obispo de Palencia y que luchó contra el priscilianismo. Sin embargo, los
palentinos no lo recibieron bien y lo
expulsaron a pedradas de su ciudad. El santo lebaniego se refugió entonces en
la ermita de santa María del Otero, en el cerro en donde, muchos siglos
después, el escultor Victorio Macho colocaría su Cristo del Otero.
Así nos lo cuenta los
Breviarios antiguos de Palencia:
Ferunt autem, precibus huius
sanctissimi viri, civitatem pallentinam funditus esse eversam. Nam, cum ibi
contra hereticos priscilianistas saepius dimicando nihil proficeret, uno contra
eum tam laici quam clerici turpia commiterent, discedens inde quendam ascendit
aggerem, prope eamdem civitatem, ubi in honore Sti. Christophori altare
constructum erat. Cum autem Dominum exoraret, ut super civitatem suae potentiae
miraculum ostenderet, subito adveniente acerrima tempestate, fluvius Carrion,
ab alveo solito exiens, totam per circuitum urbem inundans arenavit.
Cuentan que, por medio de las
preces del santo varón, la ciudad de Palencia fue completamente destruida.
Pues, peleando allí de continuo contra los herejes priscilianistas y al no
conseguir ningún provecho, tras cometer contra él, tanto clérigos como seglares,
acciones indecentes, se apartó de allí y se fue a una cierta colina, cerca de la
ciudad, donde se había construido un altar en honor de San Cristóbal. Habiendo
pedido allí a Dios que sobre la ciudad mostrara un milagro de su poder, de
repente sobrevino una tempestad terrible y el río Carrión, saliéndose de cauce
habitual e inundando toda la ciudad, la llenó de arena.
Los palentinos,
entonces, subieron hasta la ermita para pedir perdón al santo y éste los
perdonó. En recuerdo de este hecho, los habitantes de Palencia siguen subiendo
cada 16 de abril, fiesta de Santo Toribio de Liébana, al cerro en donde está el
Cristo del Otero, para ser “apedreados” por las autoridades palentinas con
bolsas de pan y quesillo. La romería está calificada de interés turístico y
merece la pena acercarse a Palencia en ese día para verla y presenciar in situ el apedreamiento.
martes, 30 de diciembre de 2014
SANTO TORIBIO DE LIÉBANA
El
tercer Toribio es Santo Toribio de Liébana y nació en Turienzo. No sabemos su
año exacto de nacimiento, pero sí que su padre era Régulo de Armaño. De todas
maneras, su venida al mundo se calcula en el último tercio del siglo V, es
decir, setenta años después del nacimiento de Santo Toribio, obispo de Astorga.
Según parece, tomó el hábito carmelita en Italia y también en Italia se enamoró
de la Santa Regla de San Benito, regresando a su Liébana natal en donde, con
otros monjes, entre ellos su hermano san Caradoro, fundó el monasterio de Santo
Toribio de Liébana al lado de la antigua iglesia de San Martín que había pasado
a llamarse de Santo Toribio por el primero de ellos. Fue este Toribio el que
arrojó por tres veces su cayado desde la cima del monte Viorna, fundando el
monasterio en donde cayó el báculo por tercera vez y que dio la casualidad que
fue justo al lado de la antigua iglesia. Una vez hecha la fundación, Toribio se
rodeó de varios monjes, como el ya mencionado Caradoro y otros, como Lucrecio y
Tolobeo, que, aunque se opusieron a la fundación del monasterio pues eran
propiedad suya las tierras en donde iba a ser fundado, una vez que se reconciliaron
con el santo, hicieron vida cenobítica con él. Fue llamado a Palencia para ser
obispo y para luchar contra la herejía del priscilianismo, muy extendida por el
norte de España. Sobre su estancia en Palencia, haré una entrada aparte. San
Máximo, sobre su estancia en la ciudad del Carrión nos dice lo siguiente en un
bello dístico elegíaco:
Haereticos primum pulsavit
fulmine vocis;
post maledicit eis, inde
recessit ovans.
Su fecha de muerte es 593 y su
fiesta es el 16 de abril.
SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO
El
siguiente Toribio nos obliga a un salto
cronológico, pero al igual que Llorente Fernández, lo hago así para dejar en
último lugar a Santo Toribio de Liébana con quien me voy a extender algo más. Este
segundo Toribio nació en Mayorga de Campos en 1528, es decir, en el siglo XVI.
Así pues, le separan diez siglos del primer Toribio tratado. Se llamó Toribio
Alfonso de Mogrovejo y Robledo y llegó a ser Arzobispo de Lima. En Perú, tiene un culto muy fervoroso y
extendido. Su fiesta se celebra el día 23 de marzo porque en una fecha tal pasó
a la casa del Padre en el año de 1606. Por cierto, para algunos historiadores,
su fecha de nacimiento es 1538. En Mayorga de Campos, su pueblo natal, tiene un
monumento. Como es un santo que puede ser buscado en los santorales al uso,
considero innecesario el seguir dando datos que se pueden encon
trar con
facilidad. Hasta aquí el segundo Toribio.
SANTO TORIBIO, OBISPO DE ASTORGA
En el
siglo III, había en Liébana una familia cristiana que eran de Mogrovejo.
Toribio, apodado el bueno, se marchó al pueblo de Mayorga de Campos y allí
contrajo matrimonio con Beatriz. Un bisnieto de esta pareja será Toribio,
obispo de Astorga, que nació en la gallega Betanzos hacia el año 400. Con el
correr del tiempo, peregrinó a Jerusalén en donde recibió un trozo considerable
del Lignum Crucis. Sabemos también que este Toribio fue obispo de
Astorga (Asturica) y es así como se le conoce en el santoral católico. Es muy
celebrado en el pueblo leonés de Valdefuentes del Páramo y su fiesta es en la
Octava de Pascua, es decir, el lunes siguiente al lunes de Pascua. Ya en el
siglo VIII, reinando Alfonso I, el Católico, su cuerpo fue trasladado a la
iglesia de san Martín que el santo había fundado en la tierra de sus bisabuelos
en Liébana. Sobre su retiro en Liébana y la fundación de la iglesia de San Martín
, Llorente Fernández aporta el siguiente texto latino:
Caeterum
amore solitudinis in reconditam provinciam liebaniensem se recepit, ac in
ecclesia Sancto Martino dicata, quam a fundamentis construxerat, brachium
sanctissimae Christi crucis, aliasque reliquias, quas ab Hierosolymis
aportaverit, colocavit; ac ibi sancte quievit, cuius veritatem miracula crebra
testantur.
Por
lo demás, con el afán de la soledad se retiró a la recóndita provincia de la
Liébana y en la iglesia dedicada a San Martín, que había construido desde sus
cimientos, depositó un brazo de la santísima cruz de Cristo y otras reliquias
que se había traído de Jerusalén; y allí descansó en santidad cuya verdad dan
testimonio sus abundantes milagros.
Sin embargo, no todos los autores en la actua
lidad son del
parecer de este texto latino, pues lo que parece es que su cuerpo sí fue
llevado en tiempos de la invasión musulmana, pero se niega el que el santo visitara,
viviera y muchos menos que construyera
en la Liébana ninguna iglesia.
Y con esto hemos deslindado el Toribio, Obispo de Astorga de
los otros Toribios de quienes trataré en las siguientes entradas.
ILDEFONSO LLORENTE FERNÁNDEZ
Como
al César hay que darle lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y también
por aquello que dicho en latín queda tan mono de suum cuique, antes de pasar a tratar en varias entradas de célebres
personajes lebaniegos, es necesario que os haga saber que la información la he
sacado de un autor lebaniego del siglo XIX que se llamó Ildefonso Llorente
Fernández, un buen escritor que se dedicó a investigar sobre su tierra natal y
que escribía en El Cántabro, un
periódico regional de Torrelavega. El libro se llama Recuerdos de Liébana y se publicó en Madrid, en la imprenta y
fundición de M. Tello en el año 1882. La versión que he usado es el facsímil de
la librería Máxtor de Valladolid que compré en el mismo Potes. Una vez
reveladas meine Quellen, paso a
enumerar los temas o personajes de los que quiero tratar:
1. Santo
Toribio, obispo de Astorga.
2. Santo
Toribio de Mogrovejo.
3. Santo
Toribio de Liébana
4. Beato
de Liébana
5. La
fiesta palentina del pan y del queso
6. Don
Joaquín Gómez de la Cortina.
Espero
poder llevar a buen fin todo lo que os quiero contar ad maiorem Liebanae gloriam.
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