miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL MARQUÉS DE MORANTE


 
 
Para que no me llaméis pesado, voy a ir terminando la relación de personajes lebaniegos tratados por Llorente Fernández con dos que considero fundamentales: Joaquín Gómez de la Cortina y Jesús de Monasterio que cerrará esta colección de entradas con sabor a orujo. Hijo de lebaniegos, don Joaquín nació en Méjico el 6 de septiembre de 1808. Su padre fue conde de la Cortina y Joaquín regresó a Madrid en donde poseyó una amplia biblioteca de textos latinos. Fue marqués de Morante al haber heredado el título paterno su hermano José y así figura en la primera página de esa magna pobra que es el Diccionario latino – español de don Raimundo de Miguel, el gran catedrático de latín que se quedó ciego mientras traducía la Eneida. Es un ejemplo del indiano culto e ilustrado que dedica su dinero a obras culturales. ¡A ver si cunde el ejemplo! En el cuadro se le ve de pequeño junto a su padre, natural del valle de Bedoya, más en concreto de Salarzón en donde fue enterrado, en el lado del Evangelio de la iglesia de San Juan Bautista, años más tarde don Joaquín.
 

BEATO DE LIÉBANA

San Beato nació en Aniezo durante la segunda mitad del siglo VIII. Fue monje y abad del monasterio de Santo Toribio de Liébana. Allí, en compañía de otro monje paisano suyo llamado Eterio, escribió contra Elipando, arzobispo de Toledo y contra Félix, obispo de Urgel, ambos arduos defensores del adopcionismo, herejía que defendía que Cristo era hijo adoptivo de Dios. Sus escritos se reúnen en una obra titulada Etherii et Beati ad Elipandum epistolae. Con tanta lógica defendieron los lebaniegos su teoría y su postura que el arzobispo Elipando les dijo: Nam numquam auditum est quod liebanenses toletanos docuissent, es decir, “pues nunca se ha oído decir que unos lebaniegos vengan a enseñar a unos toledanos”. En verdad, sorprende que Elipando, que tendría pocas razones para refutar a los lebaniegos, recurriera a argumenta ad personam, pero quizás el arzobispo no sabía por dónde salir de su atolladero teológico y se decidió, dando muestras de escasa caridad, por el insulto. Beato participó en el congreso de Frankfurt en el año 794 y escribió un Tratado sobre el Apocalipsis que dedicó a Eterio, su camarada del alma. Es fama que, para no quedarse atrás, le llamó a Elipando testiculum Antichristi que puede ser traducido, bien como “testiguillo del Anticristo”, con un matiz despectivo, bien “cojón del Anticristo”, con un sentido claramente insultante para devolver a Elipando el “detalle” al que hacíamos referencia líneas más arriba . Fue obispo de Braga y dejó tan importante cargo para regresar a su Aniezo natal en donde murió. Fue enterrado en el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Pese a haber escrito mucho y bien, sin embargo, su fama no se debe a sus escritos, sino a que su tratado fue, desde el principio, bellamente decorado con ilustraciones y eso dio lugar a los llamados Beatos, bellos libros ilustrados con muy cuidadas ilustraciones en los que se copiaba el texto de su Explanatio o Tractatum in Apocalypsin. Si algien tienen curiosidad por ellos, puede visitar la página de la editorial Moleiro, especializada en libros artísticos.

LA ROMERÍA DE SANTO TORIBIO EN PALENCIA


Continúo con este último Toribio para contar ahora el origen de una famosa romería palentina cuya protagonismo ostenta. Ya hemos dicho que Toribio de Liébana fue obispo de Palencia y que luchó contra el priscilianismo. Sin embargo, los palentinos no lo recibieron bien  y lo expulsaron a pedradas de su ciudad. El santo lebaniego se refugió entonces en la ermita de santa María del Otero, en el cerro en donde, muchos siglos después, el escultor Victorio Macho colocaría su Cristo del Otero.

Así nos lo cuenta los Breviarios antiguos de Palencia:

Ferunt autem, precibus huius sanctissimi viri, civitatem pallentinam funditus esse eversam. Nam, cum ibi contra hereticos priscilianistas saepius dimicando nihil proficeret, uno contra eum tam laici quam clerici turpia commiterent, discedens inde quendam ascendit aggerem, prope eamdem civitatem, ubi in honore Sti. Christophori altare constructum erat. Cum autem Dominum exoraret, ut super civitatem suae potentiae miraculum ostenderet, subito adveniente acerrima tempestate, fluvius Carrion, ab alveo solito exiens, totam per circuitum urbem inundans arenavit.

Cuentan que, por medio de las preces del santo varón, la ciudad de Palencia fue completamente destruida. Pues, peleando allí de continuo contra los herejes priscilianistas y al no conseguir ningún provecho, tras cometer contra él, tanto clérigos como seglares, acciones indecentes, se apartó de allí y se fue a una cierta colina, cerca de la ciudad, donde se había construido un altar en honor de San Cristóbal. Habiendo pedido allí a Dios que sobre la ciudad mostrara un milagro de su poder, de repente sobrevino una tempestad terrible y el río Carrión, saliéndose de cauce habitual e inundando toda la ciudad, la llenó de arena.

                  Los palentinos, entonces, subieron hasta la ermita para pedir perdón al santo y éste los perdonó. En recuerdo de este hecho, los habitantes de Palencia siguen subiendo cada 16 de abril, fiesta de Santo Toribio de Liébana, al cerro en donde está el Cristo del Otero, para ser “apedreados” por las autoridades palentinas con bolsas de pan y quesillo. La romería está calificada de interés turístico y merece la pena acercarse a Palencia en ese día para verla y presenciar in situ el apedreamiento.

martes, 30 de diciembre de 2014

SANTO TORIBIO DE LIÉBANA



El tercer Toribio es Santo Toribio de Liébana y nació en Turienzo. No sabemos su año exacto de nacimiento, pero sí que su padre era Régulo de Armaño. De todas maneras, su venida al mundo se calcula en el último tercio del siglo V, es decir, setenta años después del nacimiento de Santo Toribio, obispo de Astorga. Según parece, tomó el hábito carmelita en Italia y también en Italia se enamoró de la Santa Regla de San Benito, regresando a su Liébana natal en donde, con otros monjes, entre ellos su hermano san Caradoro, fundó el monasterio de Santo Toribio de Liébana al lado de la antigua iglesia de San Martín que había pasado a llamarse de Santo Toribio por el primero de ellos. Fue este Toribio el que arrojó por tres veces su cayado desde la cima del monte Viorna, fundando el monasterio en donde cayó el báculo por tercera vez y que dio la casualidad que fue justo al lado de la antigua iglesia. Una vez hecha la fundación, Toribio se rodeó de varios monjes, como el ya mencionado Caradoro y otros, como Lucrecio y Tolobeo, que, aunque se opusieron a la fundación del monasterio pues eran propiedad suya las tierras en donde iba a ser fundado, una vez que se reconciliaron con el santo, hicieron vida cenobítica con él. Fue llamado a Palencia para ser obispo y para luchar contra la herejía del priscilianismo, muy extendida por el norte de España. Sobre su estancia en Palencia, haré una entrada aparte. San Máximo, sobre su estancia en la ciudad del Carrión nos dice lo siguiente en un bello dístico elegíaco:

Haereticos primum pulsavit fulmine vocis;

post maledicit eis, inde recessit ovans.

Su fecha de muerte es 593 y su fiesta es el 16 de abril.

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO





El siguiente Toribio nos obliga a un  salto cronológico, pero al igual que Llorente Fernández, lo hago así para dejar en último lugar a Santo Toribio de Liébana con quien me voy a extender algo más. Este segundo Toribio nació en Mayorga de Campos en 1528, es decir, en el siglo XVI. Así pues, le separan diez siglos del primer Toribio tratado. Se llamó Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo y llegó a ser Arzobispo de Lima.  En Perú, tiene un culto muy fervoroso y extendido. Su fiesta se celebra el día 23 de marzo porque en una fecha tal pasó a la casa del Padre en el año de 1606. Por cierto, para algunos historiadores, su fecha de nacimiento es 1538. En Mayorga de Campos, su pueblo natal, tiene un monumento. Como es un santo que puede ser buscado en los santorales al uso, considero innecesario el seguir dando datos que se pueden encon
 
trar con facilidad. Hasta aquí el segundo Toribio.

SANTO TORIBIO, OBISPO DE ASTORGA





En el siglo III, había en Liébana una familia cristiana que eran de Mogrovejo. Toribio, apodado el bueno, se marchó al pueblo de Mayorga de Campos y allí contrajo matrimonio con Beatriz. Un bisnieto de esta pareja será Toribio, obispo de Astorga, que nació en la gallega Betanzos hacia el año 400. Con el correr del tiempo, peregrinó a Jerusalén en donde recibió un trozo considerable del Lignum Crucis.  Sabemos también que este Toribio fue obispo de Astorga (Asturica) y es así como se le conoce en el santoral católico. Es muy celebrado en el pueblo leonés de Valdefuentes del Páramo y su fiesta es en la Octava de Pascua, es decir, el lunes siguiente al lunes de Pascua. Ya en el siglo VIII, reinando Alfonso I, el Católico, su cuerpo fue trasladado a la iglesia de san Martín que el santo había fundado en la tierra de sus bisabuelos en Liébana. Sobre su retiro en Liébana y la fundación de la iglesia de San Martín , Llorente Fernández aporta el siguiente texto latino:

            Caeterum amore solitudinis in reconditam provinciam liebaniensem se recepit, ac in ecclesia Sancto Martino dicata, quam a fundamentis construxerat, brachium sanctissimae Christi crucis, aliasque reliquias, quas ab Hierosolymis aportaverit, colocavit; ac ibi sancte quievit, cuius veritatem miracula crebra testantur.

            Por lo demás, con el afán de la soledad se retiró a la recóndita provincia de la Liébana y en la iglesia dedicada a San Martín, que había construido desde sus cimientos, depositó un brazo de la santísima cruz de Cristo y otras reliquias que se había traído de Jerusalén; y allí descansó en santidad cuya verdad dan testimonio sus abundantes milagros.

         Sin embargo, no todos los autores en la actua
 
lidad son del parecer de este texto latino, pues lo que parece es que su cuerpo sí fue llevado en tiempos de la invasión musulmana, pero se niega el que el santo visitara, viviera  y muchos menos que construyera en la Liébana ninguna iglesia.

         Y con esto hemos deslindado el Toribio, Obispo de Astorga de los otros Toribios de quienes trataré en las siguientes entradas.

ILDEFONSO LLORENTE FERNÁNDEZ





Como al César hay que darle lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y también por aquello que dicho en latín queda tan mono de suum cuique, antes de pasar a tratar en varias entradas de célebres personajes lebaniegos, es necesario que os haga saber que la información la he sacado de un autor lebaniego del siglo XIX que se llamó Ildefonso Llorente Fernández, un buen escritor que se dedicó a investigar sobre su tierra natal y que escribía en El Cántabro, un periódico regional de Torrelavega. El libro se llama Recuerdos de Liébana y se publicó en Madrid, en la imprenta y fundición de M. Tello en el año 1882. La versión que he usado es el facsímil de la librería Máxtor de Valladolid que compré en el mismo Potes. Una vez reveladas meine Quellen, paso a enumerar los temas o personajes de los que quiero tratar:

1.      Santo Toribio, obispo de Astorga.

2.      Santo Toribio de Mogrovejo.

3.      Santo Toribio de Liébana

4.      Beato de Liébana

5.      La fiesta palentina del pan y del queso

6.      Don Joaquín Gómez de la Cortina.

 

Espero poder llevar a buen fin todo lo que os quiero contar ad maiorem Liebanae gloriam.