Siguiendo
con las obras de Víctor Hugo, me he metido al coleto El noventa y tres, título que hace referencia al año del terror
dentro de la Revolución Francesa. Nos presenta Hugo a dos personajes
enfrentados en dos bandos, el marqués de Lantenac, héroe bretón, y su sobrino,
Gauvain, del bando republicano. Junto a Gauvain, está el sacerdote Cimourdain,
republicano irredento. La novela comienza en un barco en donde, de incógnito,
viaja el marqués y en donde hace justicia de manera peculiar, premiando y
ejecutando al artillero culpable de que un cañón se soltara y aterrorizara a
los marineros entre los que se cobró algunas víctimas. (Este episodio es uno de
los pasajes más espectaculares que he leído nunca después de llevar unos
cuantos años leyendo). Luego asistimos a una “taberna fantástica” parisina en
la que los líderes de la Revolución hablan. Y luego, asistimos a la toma de una
torre en la Vendée, en donde , una vez más, los malos pueden ser buenos y
viceversa, porque en el corazón del hombre siempre queda un reducto para la
piedad con sus semejantes. Y luego… Mejor os leéis la novela y la disfrutáis
porque cualquier cosa que diga sobre ella no puede hacer sino empequeñecer
semejante obra de arte que no es sino un placer para la lectura.
domingo, 21 de febrero de 2016
domingo, 31 de enero de 2016
JOSÉ LUIS PUERTO
José Luis Puerto es de La
Alberca y nació en 1953. En el año de gracia de 1997, ganó el Gil de Biedma de
poesía, pero esto para mí es apenas anecdótico, como lo fue para el propio Gil
de Biedma que nunca ganó un premio de poesía. Puerto escribe con la muerte, la
memoria y el arte que no es sino una manera de salvarnos en franca huida de la
muerte. Lo he descubierto hace poco porque, Deo Gratias, aún me quedan libros
por leer y autores por descubrir.
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FEZ: LA MEDINA; EL ALMA
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Todo
está en venta aquí
Y acaso nuestra alma Sea esta mañana la que más se vende. ¿Mas quién la compra? ¿En qué mercado estamos? ¿En qué medina pujarán por ella? No hay regateo que pagarla pueda, No tiene precio, Porque más bien se da, Es un paño tintado Por la fraternidad y ésa es la moneda, La única moneda Con que puede adquirirse, Paño tejido en el telar del tiempo, Tintado en las cubetas De los colores más hermosos Por humildes artífices. ¿Quién quiere nuestra alma? Ahora que está dispuesta Es necesario que lo sepan todos: Se encuentra preparada Para el momento más hermoso De la fraternidad. |
ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA
Ya he dicho en más de alguna
ocasión que me gustan mucho los poetas cordobeses y éste poeta del que os hablo
ahora es del Valle de los Pedroches, más en concreto de Villanueva del Duque.
Los he conocido con un libro de 1995 (¡veinte años ya!) llamado El rumor de los chopos. López Andrada es
un poeta fino, sensible, de trazo delicado. Alguien que escribe estos poemas no
necesita a Gonzalo Santonja para que le regale alguno de los premios de los que
amaña. Como muestra, ahí tenéis uno:
Muy lejos, en el recodo de una tarde,
aún suena el oleaje
de los trigos. Llenándose de ausencia alarga el sol
su lento brazo de oro hasta las juncias.
Cose una niña ciega el corazón
de un águila en un lienzo.
Hay servilletas, cucharas de vainilla,
un plato hondo
en el que silba un tábano.
Ceniza.
De nuevo se alza el humo
entre los tallos
sagrados del silencio. Tras los tilos,
a un paso del columpio, en un balcón,
la luz de aquella infancia aún tiene frío.
aún suena el oleaje
de los trigos. Llenándose de ausencia alarga el sol
su lento brazo de oro hasta las juncias.
Cose una niña ciega el corazón
de un águila en un lienzo.
Hay servilletas, cucharas de vainilla,
un plato hondo
en el que silba un tábano.
Ceniza.
De nuevo se alza el humo
entre los tallos
sagrados del silencio. Tras los tilos,
a un paso del columpio, en un balcón,
la luz de aquella infancia aún tiene frío.
LOS MISERABLES
A veces,
los intelectuales (con perdón) somos un poco soberbios y, cegados por ese
pecado capital, no queremos leer los libros que han sido un éxito desde hace
casi dos siglos por más que su autor se llame Víctor Hugo. Los Miserables
llevaban veinte años llamando a mi puerta y no los había querido leer, los
había despreciado por estúpida soberbia. ¡Qué gran error, mon Dieu! Desde la
primera página hasta la última, una corriente de la mejor literatura recorre
las páginas de la novela y los personajes se nos van quedando guardados en el corazón,
viviendo, gozando, sufriendo con ellos. Ya tengo una novela más entre las mejores
que he leído en mi vida, entre las que me han hecho mejor persona, entre las
que no podré olvidar nunca. ¡Gracias, don Víctor!
domingo, 10 de enero de 2016
VAMOS A CONTAR MENTIRAS
Me llama
la atención cuando el PSOE acusa al PP de que han creado muchos
independentistas cuando la cantera de los independentistas está en los colegios
catalanes ( de las ikastolas ya hablaremos) en donde se lleva treinta años
tergiversando la historia y convirtiendo una región que ha tenido muchos
privilegios históricos en una nación sometida por la bota españolista. Son
muchos años de mentiras inmisericordes contra la historia veraz; son muchos
años contándoles a los niños la historia que querían que hubiera sido con una
nación que no ha existido nunca más que en la cabeza febril de los
independentistas; son muchos años haciendo héroes de villanos criminales como
el san Lluís Companys, creando héroes
falsos como Rafael Casanova que, como buen caballero, murió en la cama rodeado
de su familia y criados; han sido muchos años inventándose patrias, soñando con
un paraíso basado en la insolidaridad y en la injusticia. Son muchos años de
permisividad con la bandera, con la lengua, con los nombres de los comercios
que tienen que estar obligatoriamente en catalán, la lengua del imperio de los
necios que no han leído nunca a Pla, ni a Riba, ni a Espriú. Han sido muchos
años de mentiras. Ahora no nos echemos las manos a la cabeza.
MI CATALUÑA
Cuando pienso en Cataluña,
pienso en mi admirado Josep Pla, en Gaudí, en Pau Casals, en Verdaguer, en
Carles Riba, en las maravillosas traducciones de la Fundación Bernat Metge, en
Berenguer Amenós, en Bassols de Climent, en mi querido profesor Sabastián Mariner
Bigorra, en Miquel Dolç, en Antoni Tapies, en Josep Pons, en Jordi Casas, en Josep María
de Segarra; en mis amigos José Luis Riera, gerundense como el sinvergüenza de
Puigdemont, o Miguel Arrufat Pujol, tarraconense de Tortosa; también podría
pensar en Clementina Arderiu, en
Salvador Espriú o en Clara Jarnés. Es decir, en gentes en los que estos
analfabetos indocumentados serían incapaces de pensar. No pienso tampoco en
esta Cataluña que han creado esta gentuza que han convertido un hermoso país en
un burdel. No puedo pensar en los robos de Pujol, en las bravuconadas de Mas o
en la caspa de la Rahola. ¡Pobre Cataluña, en qué manos has caído! El Gobierno
de España está en la obligación ineludible de rescatar a los catalanes que se
sienten españoles o que, sencillamente, no son independentistas y sacarlos de
las garras de esta zahúrda en la que se ha convertido el gobierno de la
Generalitat. Nunca tan malos catalanes – ladrones, corruptos, irresponsables-
gobernaron su país. Es el momento de actuar contra ellos con todo el peso de la
ley antes de que acaben convirtiendo mi querida Cataluña en un erial en donde
ni las ratas, más dignas que ellos, puedan vivir.
MANUEL LLANO
A Manuel Llano lo tenía como
un escritor de caseta de feria regional y estaba cometiendo con él una gran
injusticia. Gracias a Sonsoles, la gran librera de Ediciones Tantín de
Santander, he recibido en casa los tres tomos de sus obras completas y os digo
que, al menos la lectura del primero, ha sido una de las grandes alegrías del
año pasado. Me gustan los dos primeros, Retablo
infantil y La braña porque en
ellos el poeta puede al folklorista y menos el muy famoso Brañaflor porque el folklorista puede con el poeta. La prosa de
Llano en los dos primeros libros y en algunas páginas de Brañaflor me recuerda
a la prosa maestra de mi Azorín y mi Gabriel Miró, al que tanto debo y al que
tanto he disfrutado. Veremos los que dan de sí los dos tomos siguientes que ya
dejaré para el 2016, pero espero que el autor de Sopeña me siga deleitando con
su prosa. Ya os contaré.
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