domingo, 19 de febrero de 2017

FERNANDO VALVERDE Y SUS POEMAS MARAVILLOSOS




Entré el otro día en la librería de Miguel y, tal y como hacía en mi infancia en la tienda de Juan Delgado, me fui a mi rincón. Si, en la de Juan Delgado, mi rincón era el rincón de los juguetes, en la de Miguel es el de la poesía. Y estando en el rincón, vino a mis manos un libro de un poeta al que no conocía de nada: Fernando Valverde, granadino del ochenta, profesor en Estados Unidos y poseedor de un título impresionante: poeta más relevante en lengua española nacido después de 1970. Y este título le había sido concedido por más de doscientos críticos de más de cien Universidades norteamericanas, inglesas e italianas. ¡Qué bárbaro! – me dije. Y, a renglón seguido, me fui con el libro al mostrador de Miguel, se lo pagué y me lo llevé a mi casa. Os digo que lo abrí con una grane espectación: ¿cómo sería ese poeta al que más de doscientos críticos lo juzgaban como el que más relevancia tenía desde 1970. Y, siendo sincerísimo con vosotros, os diré que, desde la primera página me hizo sangre al primer toque:

 

El invierno parece ser septiembre, disfrazado de lluvia,

enemigo del mar.

 

También me hirió al segundo:

 

Las ciudades son como los espejos,

retratan tus defectos y manías.

 

Y este tercero del que os dejo un fragmento:

 

Celia

A Celia, nacida hoy

 

No conoces la lluvia ni los árboles,

pero ya eres un bosque.

 

Hoy que comienza el mundo para ti,

que se pueblan tus ojos con el mar,

que todos te reciben como en una estación

donde se espera siempre,

que es principio y asombro,

mapas que no aseguran un lugar donde ir.

 

Hoy que el mundo comienza,

tristeza inadvertida,

eres el tiempo limpio,

el olor a madera y el silencio,

las preguntas sin sombras

y el amor sin orgullo

del que ha perdido todo.

 

Es esa mi certeza,

las olas, el océano,

tu risa que es un pájaro.

 

Has traído el murmullo de un recuerdo,

los pies pequeños, como pequeño

es el rastro de nieve que has dejado

en las horas de enero.

 

 

 

La verdad,  que estoy touché por la poesía de Fernando Valverde.

 

 

MEMORIAS DE UN TIEMPO VIEJO




Me llevaba esperando casi tres años don José Zorrilla para que le leyera sus Memorias de un tiempo viejo, pero otras lecturas que se iban metiendo de por medio, con poco respeto por el poeta vallisoletano, la iban retrasando es hasta que, al llegar febrero, mes en que el poeta de la calle de la Ceniza nació en Pucela, me la propuse como una de las lecturas del mes. Y no sólo no me ha defraudado, sino que ha sido una fantástica lectura. Su vida bohemia en Madrid, su paso a México y una parte final en la que Zorrilla narra de manera maravillosa una serie de cuentos escritos con una prosa de las mejores del siglo XIX. Sin embargo, no quiero hablaros en detalle de las partes del libro ni de su contenido, sino de algo que me ha llamado poderosamente la atención: la figura del padre. En las Memorias, Zorrilla cuenta como el padre, juez rígido y severo y más tarde superintendente de Policía con Fernando VII, le puso a estudiar Derecho en Valladolid, pero José era más dado a la bohemia y no aprovechaba los estudios. Su padre, harto de la fama de golferas que le iba cogiendo el hijo, le dijo, más o menos que, para estar haciendo el vago, mejor estaba en Torquemada cavando la tierra. Y lo envió para el pueblo palentino sin imaginar que su José se iba a escapar de la diligencia y, a lomos de una mula, iba a huir camino de Madrid. Pues bien, este hecho marcó la vida de Zorrilla que tal y como él mismo dice, toda su obra no fue sino un intento de conseguir el perdón del padre; una demostración de que podía alcanzar la fama y ofrecérsela en reparación por su desobediencia. Es más, cuando el padre muere, Zorrilla, que no recibió por herencia más que deudas, se marchó para México” con la idea de morir. En tierras aztecas, casi no escribió poesía y, cuando regresó a España, fue cuando, acuciado por las deudas, escribe estas Memorias del tiempo viejo que le fue pagando el Imparcial por entregas ya que el poeta estaba - ¡cómo no! - en una situación muy apurada pues no tenía ni siquiera una paguilla del Estado en tiempos en que la propiedad intelectual no había llegado. Pero es que Zorrilla, en los cuentos que el libro incluye, pondera la labor de su padre como Superintendente de Fernando VII y alaba su labor en la limpieza de las calles de Madrid de bandidos ya que no había día sin que no se ahorcara a varios en alguna plaza matritense. Sin duda, Zorrilla se debatía entre un temor y un amor por su padre y toda su vida no fue sino un intento de ganarse el amor de padre que, hombre frío y riguroso, le costaba dejar traslucir sus sentimientos por su único hijo. Un psicólogo diría que Zorrilla padeció un complejo de Electra (apenas habla de su madre y menos aún lo hace de su mujer), pero el padre, su gran ídolo, llena el libro. Yo creo que también estas memorias las escribió para seguir ese proceso de reconciliarse con el padre, su amor y su miedo, esa figura que, como el Comendador de su  Don Juan,  lo persiguió toda su vida. Zorrilla sentía por su padre un gran temor,  pero también un gran amor que el pobre poeta no sabía cómo hacer llegar a un padre que no le habían educado para la sensibilidad, sino para el rigor y la ocultación de los sentimientos, algo, por otra parte, muy habitual en la educación de los hombres hasta casi finales del siglo XX. Una buena lectura con la que, finalmente, me he encontrado en este febrero en el que ya canta el mirlo por las sotos de Boecillo.

IGNACIO DE LUZÁN


Desconozco por qué se ha cargado a los poetas del XVIII español con el sambenito de fríos. Quizás todo venga de que los profesores tenemos que usar estos tópicos para simplificar las cosas. Digo todo esto porque la lectura de Melendez Valdés me reportó alegría y un gran placer poético y la actual de Ignacio de Luzán, poeta zaragozano que hasta su editora tilda de frío, me ha dejado momentos de gran belleza. Cierto es que hacer un poema épico a la entrada de Fernando VI y su esposa, doña Bárbara de Braganza en Madrid nos puede resultar un tanto “servicial”, pero, en aquellos años del Antiguo Régimen, los poetas ponían su pluma al servicio de los reyes como ahora los poetas lo hacen poniendo sus plumas al servicio de Diputaciones y gobiernos autonómicos. No cantaremos a Felipe VI, pero no faltan poemas “laudatorios” a próceres y, sobre todo, no faltan los peloteos, los chanchullos, las subidas por la espalda a los mandatarios de esta sociedad que ya no sabemos si es antiguo, nuevo o post -nuevo Régimen. Pero me estoy marchando del tema de mala manera. Os dejo con un fragmento que me ha encantado de este buen porta zaragozano que se crio en Italia. Un placer el haberlo leído, señor de Luzán.


HERO Y LEANDRO (fragmento)

Musa, tú que conoces
los yerros, los delirios,
los bienes y los males
de los amantes finos,

dime quién fue Leandro,
qué dios o qué maligno
astro en las fieras ondas
cortó a su vida el hilo.

Leandro, a quien mil veces
los duros ejercicios
del estadio ciñeron
de rosas y de mirtos.

Ya en la robusta lucha,
ya con el fuerte disco,
ya corriendo o nadando
diestro, gallardo, invicto,

amaba a Hero divina,
bellísimo prodigio
sobre cuantas bellezas
Sesto admiró y Abido. (…)


martes, 31 de enero de 2017

CARTA SIN RESPUESTA A DONALD TRUMP




Estimado Mr. Trump:

                            No me importa si ya ha abierto usted esa página en español en la web de la Casa Blanca o si sigue cerrada, pero sí me importa que sepa usted, bárbaro grosero y casposo, algunas cosas, que desconoce: mire usted, Mr. Trump, esa lengua que usted desprecia no ha llegado a los EEUU por medio de chicanos y espaldas mojadas, - esos seres a los que usted desprecia, pero de los que se aprovecha para el trabajo que no quieren hacer los americanos de pura cepa; si hubiera llegado con ellos, tampoco sería para despreciarla, pero es que esa lengua está en el territorio de los EEUU muchos años antes de que los emigrantes del Mayflower llegaran a las costas de la futura potencia mundial. El español estaba en esas tierras que ustedes se llevaron de calle cuando México firmó el Tratado de Guadalupe- Hidalgo y tuvo que entregar la mitad del país a los Estados Unidos. En esa lengua que usted desprecia, muchos antes de que llegaran colonos ingleses, se escribieron libros inmortales que usted ni ha leído ni leerá porque no lee ni la buena literatura – muy buena sería mejor- de su propio país. La verdad, no lo imagino leyendo a Willa Cather porque lo suyo parece que es la revista del colorín de supermercado de Oklahoma. Tampoco despreciaba usted esa lengua cuando Mexico era – y por desgracia, es- el corral de los americanos, el país para vender los electrodomésticos, el mercado para colocar los productos de los almacenes saturados de sus fábricas. ¿Ha pensado alguna vez por qué cruzan la frontera, ésa que usted quiere tapiar los emigrantes mejicanos? Seguro que recuerda a James Dean, un actor y no lo que usted hace en las películas en las que le han dejado actuar por la pasta que tiene y la caradura que le echa al asunto, cuando decía una frase lapidaria: cuando alguien tiene mucho, es porque se lo ha quitado a otro. Escuche a Dean y piense que quizás usted y su país son tan ricos porque han practicado desde Monroe una política de rapiña continuada. Obama fue una excepción a la regla, pero usted, en el poco tiempo que lleva en el poder, la confirma a cada segundo.

         No me importa si no me lee. Como John Ballan, aquel gallego que se fue hasta la casa Blanca y se encontró las verjas cerradas, le diré que “usted se lo pierde”. No le envidio en nada, Mr. Trump. Es usted el rico Epulón y yo soy el pobre Lázaro, pero con dignidad y con una cultura de trece siglos que me aporta mi lengua castellana. Usted siga con su mujer – Barbie, con sus hamburguesas del Burri King y con ese tupé teñido que le hace ser el más hortera al norte del río Grande. Creo que no tiene remedio. Dixi.

RUIDO DE FONDO



Ruido de fondo, ruido que suena en nuestra vida con el paisaje que se nos va haciendo habitual con el paso de los años. Ruido de fondo, que como el tráfico en las autopistas, conforma el paisaje sonoro de muchos millones de personas. Ruido de fondo que, si nos faltara, lo extrañaríamos como algo de nuestra casa. Ruido de fondo que los protagonistas de esta novela quieren quitarse de en medio como sea: con pastillas extrañas inventadas por un no menos extraño investigador. Ruido de fondo que dejaremos de oír cuando nos sumerjamos en él, en ese magma oscuro y denso al que llaman muerte. Ruido de fondo es la novela de Don Delillo, novelista norteamericano que, en esta novela, refleja de manera sensacional la sociedad americana de finales del siglo XX, una sociedad neurótica porque no acepta que ese ruido de fondo es el reverso del ruido de la  vida. Ruido de fondo, una novela que os recomiendo.

LA LUZ DE CARTAGENA EN LOS OJOS DE CARMEN CONDE


Hace algunos años, allá por los ochenta, se inauguró en Laguna de Duero un parque dedicado a Carmen Conde, poetisa cartagenera, que por aquellos días estaba de moda. Supongo que iría el alcalde, que alguien leyó unos versos, y que el concejal de cultura, que se había dejado la barba nada más saber de su nombramiento como tal, diría algunas palabras buscadas con presura en alguna enciclopedia (os recuerdo que no existía Internet por aquellos dichosos días). Ahí sigue el parque treinta años después, pero ¡qué poco o qué nada se oye hablar de Carmen Conde!. No corren buenos tiempos para la poesía y menos para una poesía métrica, cuidada, elaborada, digna, buscadora de la belleza, de la cartagenera. Lo entiendo, pero, cuando paso por ese parque, siento un punto de pena por ver en qué terminan las vanidades humanas, o sea, las obras culturales de los Ayuntamientos. Aquel parque nada dice a las generaciones actuales, creado por aquellos próceres, cuya afición a la poesía es nula. Sin embargo, su presencia me reconforta porque al verlo, pienso que non omne morietur, si es que Horacio me deja cambiar su verso y que, por lo menos, en el recuerdo de algunos brillará, aunque sea por un momento, un verso de aquella mujer que llevaba en su corazón la luz del Levante.

Ausencia del amante

He vuelto por el camino sin hierba.
Voy al río en busca de mi sombra.
Qué soledad sellada de luna fría.
Qué soledad de agua sin sirenas rojas.
Qué soledad de pinos ácidos errantes...
Voy a recoger mis ojos
abandonados en la orilla.


 



domingo, 22 de enero de 2017

LA BISNIETA DE MAHLER



Don Gustav Mahler, al que tanto quiero y tanto sigo, se casó con Alma Schindler, gran pianista y buena compositora a la que Gustav no permitió componer. Alma, mujer ilustrada, escribió un libro sobre Mahler que es una maravilla de prosa y se volvió a casar, tras la muerte de Gustav con Walter Gropius, creador de la Bauhaus, del que las malas lenguas dicen que ya estaba con él antes de que muriera el compositor y que fue el disgusto de saber a su Alma con Gropius lo que llevó a la tumba al bueno de Gustav. Sin entrar en más detalles, pasamos a hablar de las dos hijas del matrimonio, Marie Anna (Putzi) que muere a los cinco años tras componer su padre los Kindertotenlieder, algo que Alma nunca le perdonó pues había tentado a las muerte de forma irreverente, y Anna Justine Mahler que fue una conocida escultora y que se casó con Anatole Fistoulari, conocido director de orquesta ucraniano, pero nacionalizado británico, con el que tuvo en 1943 a Marina Havilec-Fistoulari que vive en la actualidad y que se ha casado dos veces: una con Paul Glass y la segunda con Milan Havlicek padre de Sasha Alexandra Zdraska Havlicek que, si no me equivoco, es bisnieta de Mahler. Como os regalo la foto, no hace falta explicar nada más.La bisnieta tiene cuarenta y un años (nació en 1975) y creo que su bisabuelo no le pondría ninguna pega. Al menos nosotros no se la ponemos, don Gustav.