jueves, 31 de julio de 2014

DESGRACIA IMPEORABLE

   Hacía  mucho que no leía nada de Peter Handke y el otro día, llevado por unas notas sobre Enrique el Verde,  que es el libro que lee el protagonista de carta breve para un largo adiós, libro que tengo en la lista de espera, volví a retomar su lectura con el libro - muy breve por cierto- titulado Desgracia impeorable.   En este libro, Handke, autor que siempre anda a vueltas con la incomunicación entre los seres humanos, relata de manera casi psiquiátrica sus sentimientos y el carácter de su madre tras el suicidio de ésta última. Un libro breve, bien escrito y que me ha vuelto a poner en contacto con el austriaco de Carintia del que leí hace ya algunos años su Ensayo sobre el cansancio y El miedo del portero al penalty.

 

EL CERCO DE ZAMORA







El cerco de Zamora es el nuevo libro de Agustín García Calvo que lleva, además, un DC con la grabación que hizo el zamorano antes de su muerte. Agustín tenía, ipse dixit, una voz obispal y era un hombre con un sentido del ritmo y del teatro como pocos han tenido en España.  No voy a volver con la historia de que es injusto lo que se ha hecho con García Calvo como poeta y tan sólo os anuncio en este humilde blog la publicación de este libro suyo que, aprovechando que Agustín lo dejó ya preparado, los de Lucina se han encargado, como siempre, de publicar. Leedlo si podéis en el largo verano y ya me diréis. Pero, si no os atrevéis a leerlo, os dejo una frase suya que me impactó siempre:

 

Enorgullécete de tu fracaso, que revela lo limpio de tu empresa.

 

Que tomen nota los que ya sabemos.

EL PECADO DE TANNHÄUSER




In memoriam de don Antonio Ruiz de Elvira

al que le hubiera gustado mucho leer esta bobadica veraniega.

 

         Soy wagneriano hasta la médula y considero su música como de las mejores que se han compuesto nunca. Sin embargo, tengo que decir algo que seguramente alguien ya ha dicho ya en algún lugar, pero que, por si acaso, lo escribo en esta entrada bloggera.  Cuando Tannhäuser va a ver al papa para confesar el pecado de su estancia en el Venusberg, la montaña de las diosa Venus, en donde se ha entregado al placer carnal, el papa le niega el perdón exactamente con estas palabras:

Aquél ante quien yo

imploraba a Dios, replicó:

"Si tan pecaminosa es

la naturaleza de tu deseo,

si te has refocilado y gozado

en el fuego del infierno,

si has habitado en el reino de Venus,

¡estás maldito, por siempre!

Así como del báculo que me sostiene

jamás brotará una hoja,

ni ningún atisbo de vida,

de la marca del fuego del infierno

jamás nacerá para ti, la salvación".

 

         Esto, con mis escasos conocimientos de teología, es imposible. No hay pecado que no se pueda perdonar y el papa no puede negar su absolución a nadie que esté arrepentido. Pero, ¿estaba arrepentido Tannhäuser? Al principio del celebérrimo racconto di Roma, cuando el trovador le cuanta a Wolfram su viaje a la ciudad santa, le dice que " por ella, deseaba expiar con humildad e implorar la gracia negada". Es decir, Tannhäuser va a Roma con un arrepentimiento incompleto pues no se arrepiente de su pecado por amor a Dios - que sí hubiera sido un arrepentimiento completo - sino por amor a Elisabeth. Pero esto no lo podía saber el papa cuando le niega la absolución y este "detalle" era un asunto de conciencia para el desgraciado vate que había recorrido Italia " con los ojos vendados para no gozar de sus bellezas". Sea como fuere, ningún pecado, si hay arrepentimiento, ya sea completo o incompleto, puede quedar sin perdón. Recuerdo a este respecto las sabias palabras de un amigo jesuita ya fallecido, el padre Jiménez - Berzal, que me dijo un día que el gran pecado de Judas no fue el haber entregado a Cristo, sino el pensar que no había perdón para ese pecado. Como sabemos, Tannhäuser muere perdonado por la intercesión de  Elisabeth y el báculo del papa florecido así lo declara:

¡El Señor ha obrado un milagro!

¡Ha adornado con verdes hojas

el báculo sacerdotal!

¡Así florece la redención para el

pecador que arde en el infierno!

¡Anunciad que él encontró

la salvación con este milagro!

¡Desde arriba reina Dios

sobre este valle de lágrimas!

¡Es inmensa su misericordia!

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

 

            Para, ya en el final de la ópera, henchidos de emoción, decirnos los jüngeren pilger, los jóvenes peregrinos que vuelven de Roma:

 

¡Dios ha concedido

la gracia al peregrino,

para entrar en el reino de los cielos!

 

            Es decir, que Dios le concede el perdón como al don Juan de Zorrilla y no como al don Giovanni de da Ponte y Mozart que va al infierno de cabeza. Pero esto es ya otra historia que tendrá su entrada. ¡Mein Gott, qué cosas se le ocurren a uno en el verano!

 

miércoles, 30 de julio de 2014

EN GRAN NOCHE






Los poemas de don Vicente Aleixandre que quedaron inéditos a su muerte se recogieron, según su propio deseo, con el nombre de En gran noche. Aleixandre que murió poeta – como debe de ser – tenía aún “musa” para escribir estas cosillas que os copio. Atención,  que estamos ante poesía de altísimo voltaje en comparación con lo que se viene haciendo por estos pagos en estos años. Lo digo por si os da corriente al leerlo.

BESO, FINAL

Déjame todavía poner un beso, puedo,

en ese labio donde aún se tienta el día.

Una tibieza tenue me colora

el labio mío, tuyo, de nadie, que anónimo se fija

mientras resbala suave hacia su frío.

Beso largo o morir. Lo mismo. Beso

de luz que a oscuras, aún se queda. El día

no es visible. Pero el labio conoce que tú

despacio lo pronuncias. Míralo

CAMUS, LAS BODAS Y EL VERANO






Camus era mucho Camus y nada mejor que en verano leer su libro L’été, precedido por Noces. El primero lo había leído en esa colección de Alianza que se vendían hace ya unos años por cien pesetas y me había encantado esa idea de la cultura griega como una cultura de límites y de cómo se castiga al que sobrepasa esos límites. Lo he releído ahora en francés y me ha vuelto a encantar. Además el libro Noces es magistral en su descripción de Argelia. No voy a descubrir que Camus escribe muy bien, pero es menester recordárselo a las nuevas generaciones.

IGNACIO DE LUZÁN




En estos días de verano, tranquilos y apacibles, es el mejor tiempo para leerse esos poetas que no podrías leer a lo largo del año porque nuestra disposición mental, menguada por la “lucha de clases”, no está para muchos trotes. Encontré a Ignacio de Luzán en esa colección de Ediciones Simancas que se llama El Parnasianillo y me adentré, sin dudar, en este poeta del XVIII.  Me han gustado sus poemas mitológicos y os copio este fragmento de su Hero y Leandro para que comprobéis que, quizás, Luzán no es tan sólo un poeta olvidable del neoclasicismo.

Agotadas las fuerzas,
sin aliento, sin tino,
y del farol amado
el claro norte extinto,

viendo por todas partes
presente a los sentidos
de la pálida muerte
el bárbaro cuchillo,

a las ondas se vuelve
trémulo y semivivo,
hallar piedad pensando
donde nunca la ha habido:

”Ondas, si darme muerte
es decreto preciso,
no a la ida, a la vuelta
matadme a vuestro arbitrio.
”

Las crueles ondas niegan
al ruego oídos
y le sepultan dentro
de su profundo abismo.

Entonces, exhalando
el último suspiro,
tres veces a Hero llama
con lamentable grito (…)
…


HERMOSURA



De nuevo viene mi amigo Carlos Aganzo a mi blog. En esta ocasión es la por la publicación de su nuevo libro Hermosura que recoge poemas de tema sanjuanista, ya sea de manera directa, ya sea de manera tangencial ( que diría un político poético). El libro es bonito porque su San Juan también es mi San Juan y en él he encontrado algunos poemas que son míos siguiendo esa teoría del simpático cartero de Pablo Neruda que decía que los poemas eran de los lectores (y no le faltaba razón, qué caray). Dicho esto,  os dejo con uno de “mis poemas”  que sé que me vais a decir que ya repetí hace algo más de un año, pero es que el poema me encanta y tiene una historia amorosa propia que os contaré en mejor ocasión. Además, éste que os regalo es el original de Carlos y no el megamix que le hice con varios poemas para determinado evento y que fue el que publiqué hace un año más o menos.

Ya no me busques más, amor,

que estoy aquí a tu lado,

que no salí de casa,

que me quedé dormido

en la habitación azul de los deseos

mientras tú me buscabas

más allá del eclipse.

 

Ya no me busques más, no les preguntes

por mí a las criaturas de la calle

y siéntate conmigo

y mírate en mis ojos

y reconócete fe nuevo entre mis brazos,

que a tu lado me quedo,

que en tu alma me instalo y me abandono,

porque yo también, amiga mía,

tengo miedo a la intemperie y necesito

arder de amor, arder en esta casa

hasta que pase el invierno

y sea de nuevo luz en nuestra alcoba.