Al
escribiros la anterior entrada, he dicho “fato”, una palabra que decía mucho mi
abuela María que era toresana al igual que tenía el ¡to! como exclamación,
hablaba de los cermeños y a alguna vecina un tanto presuntuosa la calificaba de
fata. También nos decía a los nietos que teníamos berretes, que nos veía
mustios y, para alegrarnos, nos atusaba aunque no en exceso para que no nos
impláramos. Mi abuela María no se achantaba ni era dada a los aspavientos, pero
sí que se le escurría algún plato. Lo que más que le preocupaba era que nos
añugáramos y, si lo merecíamos, nos pegaba un sopapo, eso sí, siempre con
cariño. Se pasaba el día la mujer entre pucheros y regando los tiestos y no
quería que, por nada del mundo, fuéramos fuseros. Tampoco quería que fuéramos
morugos y mucho menos, morugos con cascarrias y aún menos que acabáramos
convertidos en zocotrones. Después de comer, se echaba una cabezadica en el
escaño y jamás fue en piernas. Como las mujeres no fumaban, nunca pidió lumbre.
Tanía el poder de detectar a los bausanes tan pronto como los veía y en el
corral tenía herradas para sacar agua
del pozo.
En fin, he intentado recoger algunas palabras que los
toresanos tienen como propias. Espero que os hayan agradado y, si no ha sido
así, es que sois unos cermeños, unos bausanes y unos zocotrones.

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