Ahora que está de moda la
España de los Reyes Católicos y que Cisneros sale en televisión interpretado
por ese gran actor que es Eusebio Poncela, he leído la biografía que le dedicó
Luys Santamarina, un buen escritor al que no conocía, que pergeña una grata
biografía del hombre que fue monje, regente, fundador de una Universidad y
patrocinador de la Biblia Políglota Complutense. En un estilo castizo y sobrio,
con rasgos de cierta habla popular, Santamarina hace pasar un buen rato con
esta lectura. Además está en la colección Austral, con el color amarillo que
señalaba los libros políticos y documentos. ¡Una gozada para estos finales de
noviembre! Por cierto, que mi amigo Jesús Sanz Rioja, el más culto profesor que
Pucela viera, me ha contado que era falangista y gran animador cultural en los
cuarenta que tampoco fueron, como nos quieren hacer creer, un desierto
literario.
viernes, 28 de noviembre de 2014
VLADIMIR DRAGOSSÁN, EL VAMPIRO DE PONTEVEDRA
Me lo solía encontrar en la
calle de Michelena, aquella que dio nombre a mi querida librería en la que
tantos textos clásicos compré y en la que soñaba con mi carrera, ahora ya
acabada hace más de veinte años. Rafa Pintos avanzaba impávido mientras las miradas
de la gente lo seguían. Vestido con su capa negra de forro rojo, Rafa era una
sombra gótica y dandy en la Pontevedra de los ochenta en la que aún estaba el
café Savoy y sus camareros vestidos de blanco con los cuellos verdes. Pronto se
hizo llamar Vladimir Dragossán y con ese nombre de guerra se iba al cementerio
a recibir la paz eterna de los muertos y a echarse un traguito de sangre que
siempre es mejor hacer eso que andar chupándosela al prójimo como hace el señor
Montoro desde su Ministerio. Luego, vino aquello del sidecar en Adeviña qué ven esta noite en pareja con
ese inefable John Ballan y esa ¿canción? que se llamó, para vergüenza de propios
y extraños, Paca, te clavé la estaca
con la que Vladimir grabó unos de los videoclips más horrorosos que se han
parido en un estudio. Para redimirse de tan inmenso pecado de chabacanería,
Rafa Pintos le dedicó un libro a su querido John Balan, el hombre orquesta, ese
señor de Seixo al que le hemos dedicado la entrada anterior. Ahora no sé por
dónde anda, pero le deseo lo mejor a Rafa Pintos, el Drácula de Pontevedra. Os
aseguro, yo que le he visto tantas veces por la calle, que da mucho menos miedo que su paisano
Rajoy.
JOHN BALAN, EL HOMBRE ORQUESTA
En aquellos años ochenta de
movidas y locura, no era difícil verlo en el autobús de La Unión que hacía el
recorrido Pontevedra – Cangas. Tenía el aspecto de un auténtico tejano con su
sombrero, sus botas y su corbatín de cintas, pero había nacido en Seixo y se
llamaba Manuel Outeda . En el trolebús que unía Marín con Pontevedra, aquel
autobús en el subíamos para ir a la capital con Paco Mateos y con Chiqui, este
vaquero gallego hacía su número de la puerta e imitaba los instrumentos de la
orquesta. Ya en los noventa, protagonizó un espacio de la Televisión Galega que
se llamaba Adeviña quén ven esta noite
y, junto a él, estaba el otro friki gallego del que os hablaré en otra entrada:
Vladimir Dragossám, para la literatura, Felipe Pintos para los amigos. Antes, los de Vivir cada día se lo llevaron a Washington a ver a Ronald Reagan.
El presidente americano, como es lógico, no lo recibió, pero John, todo
carácter como su homónimo Wayne, le dijo por la reja: Ti cho perdes. E quedouse
tan ancho. Era un tipo para una antología del disparate, pero tenía el buen
corazón de un niño grande. Su recuerdo me llena de la melancolía de la
adolescencia que se escapa y de la niñez perdida en alguna curva de la carretera
de Lapamán y me trae los olores del camino que bajaba hasta la playa mientras
el mar rompía tres veces en aquella playa por la que, según don Álvaro
Cunqueiro, galopó Tristán buscando a Isolda. ¡Gracias, John Balan, el hombre
orquesta! Aquellas noches de El Vergel vivirán en nuestra destrozada memoria de
hombres maduros.
SÉNECA
Hay lecturas que son, de por sí, un verdadero lujo. El
domingo pasado, me terminaba la Medea de Séneca en la
traducción en verso de ese gran filólogo que fue don Valentín García Yebra. La
primera vez que oí o leí ese nombre fue en tercero de BUP cuando empezamos a
traducir a César y usábamos un libro cuyas anotaciones y comentarios eran
suyos. Junto a él estaba don Hipólito Escolar Sobrino del que hablaré en breve.
Más tarde, cuando un servidor andaba ya por la Facultad, don Valentín nos deleitaba con artículos en el
ABC en los que trataba con amor de filólogo palabras de su tierra leonesa y, al
leerlos, nos llenábamos del aroma de los arándanos o de las moras de zarza. Sin
embargo, de lo que quiero hablaros ahora
es de su magistral trabajo que supuso,
allá por 1940, es decir, con veintitrés años, su traducción de Medea. Él mismo
dice, en el prólogo a la segunda edición de 1964, que no la hubiera hecho en aquellos años
sesenta en verso, pero que no tocaba ni
una tilde. E hizo bien porque la traducción es de antología; mejor dicho, es una auténtica una obra maestra. Sin
embargo, no podemos olvidar al autor, a nuestro Séneca, que escribe una
tragedia bellísima, menospreciada por los que juegan a ese juego absurdo de a quién quieres más si
a papa o a mamá y que prefieren a la de papá, o sea, a la de de Eurípides. No
voy a seguir por ese camino porque siempre quise igual a papá y a mamá y
tampoco voy a entrar en disputas filológicas de si eran diferentes los autores,
uno el poeta y otro Séneca filósofo.,
pero sí que os dejo este único verso, citado por don Amós de Escalante a su
paso por Córdoba como recuerdo al gran filósofo y poeta cordobés:
Levis est dolor qui consilium capere potest.
¡Qué sistema educativo aquel que hacía que brotara
en el recuerdo de los alumnos los versos de los grandes maestros! No quiero ni
deciros lo que se les viene a las mientes a mis alumnos si les hablas de
Córdoba, ciudad de la que desconocen hasta su ubicación. y es que ya se sabe
que el sueño de la LOGSE produce monstruos.
domingo, 23 de noviembre de 2014
PUREZA CANELO
Sorprende
la poesía de Pureza Canelo. En ese desnudar la palabra, llega incluso a desposeer
los sintagmas del artículo con lo que esa desnudez, esa desolación, llega a su
grado máximo. Es poesía de la desposesión, de un golpe de voz que hiere en lo
más hondo, que nos deja con un sentido de soledad frente al mundo al entregarnos, como brasa ardiente, la
palabra en su desnudez. Pureza Canelo recorre un camino solitario, esquivo,
desolado, en donde la palabra refulge con una desnudez extraña, como un canto
pulido por el dolor y el amor en medio de un desierto. Yo asistí a una lectura suya hace unos años
en Ávila y, como ella misma avisó, su poesía no es para las masas. Con su
lectura, avanzamos por un universo hostil, pero, al final, sabemos que nos
queda la palabra.
Marzo
abre su azulejo
hacia
la luz que cegará.
Hierbas
a la espera
de
que se abra esa puerta
y
al galope.
En
la ciudad
veo
el huerto de una casa
abandonada
por los que allí
nacieron.
Olvido
se resiste
quiebra
el pensamiento
acumulado
en el horizonte.
Pozo
a la derecha
peral
centro de la savia
al
fondo tres higueras
palmera
cierra norte
sobre
mi cabeza la vid
y
a la izquierda un portal
enorme
de golondrinas
que
lo custodian.
Marzo
viene provocador
a
la ciudad
que
no me pertenece.
DEL MANZANARES AL DARRO
En medio de esta vena cántabra
que afluye por mis venas, he vuelto de nuevo a don Amós de Escalante y su libro
Del Manzanares al Darro que, como el
lector suspicaz habrá descubierto, trata de un viaje del santanderino desde
Madrid a Granada. En estos tiempos en que la gente viaja porque cree que por
eso son más cultos, pero no se dan cuenta que, sin una preparación previa, el
viaje nos puede quedar más incultos de lo que estábamos pues, en ocasiones, se
viaja sin saber a dónde se viaja. Sin embargo, el gran escritor cántabro viaja
aprovechando “el terreno”, disfrutando de los paisajes y de los paisanajes.
Queda claro que yo estoy absolutamente en contra de esa cultura del viaje
actual en donde nubes de gentes visitan el Partenón y, como en el chiste, cuando
ven que alguien se sienta emocionado en aquellas piedras milenarias recordando
la Atenas de Pericles, le dicen: “No se preocupe, a mí también me mancan los
zapatos”. Además, hago mía aquella frase de Jardiel Poncela que decía “ si
viajando se aprendiera, los revisores de RENFE serían catedráticos”. Para
viajar con provecho, la tierra tiene que tener un buen sustrato y un buen
tempero; sin esas dos condiciones, es una manera como otra de perder el tiempo.
Pero, claro, don Amós era un hombre culto que a cada paso se le venían las
lecciones que había estudiado y los libros que había leído desde Séneca a Washington
Irving. ¡Eso es viajar! Y lo otro, pues darle perlas a los cerdos. Yo,
siguiendo con Jardiel, prefiero quedarme en la cama mientras mi criado me pone
una película en donde van pasando las estaciones. Maneras de vivir.
HISTORIA DE CANTABRIA
No sé quién dijo que la
historia es la maestra de los pueblos. No me cabe duda de que si en España se
leyera más historia, otro gallo nos cantaría en muchos aspectos de nuestra
complicada vida como país. Por eso, me gusta, de vez en cuando, leer algún
libro de historia. Este libro de Joaquín González Echegaray que lleva por
título Cantabria a través de su historia
me ha despejado muchas dudas sobre la región norteña de España, desde aquella
época precéltica de los pueblos pirenaicos hasta don Alfonso II con el que, según
el autor, se cierra la Reconquista y se abre la historia de España. El libro
cuenta además con un apéndice de fuentes grecolatinas y visigodas que es
impagable y una bibliografía de esas que ves que son reales y no de corta y
pega. Seguro que a Miguel Ángel Revilla, purriego de pro, le gustaría. Pues
dixi y amén.
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