lunes, 23 de octubre de 2017

MANOLITA TORRES, LA NIÑA BUENA, HIJA DEL LECHERO, QUE ACABÓ SIENDO SANTA.







En estos días de tanta tensión política, cuando estamos sufriendo el mayor golpe contra el Estado en la historia moderna de España, me gustaría hablaros de una mujer buena que nació en una familia pobre de Madrid, su padre era lechero y también labrador; la madre, como tantas mujeres en España, se dedicaba a eso tan socorrido, pero tan necesario para la familia, como eran “sus labores”, que, en el Carnet de Identidad, aparecía como S.L. Tiene Manolita una hermana que se cría con ella y muy pronto ven las comadres del barrio que la niña es muy buena: “esta Manolita va para santa”. Y no se equivocaron porque aquella niña buena que había nacido en 1824 responde a la llamada de don Miguel Martínez, párroco de San José, en mi muy querido barrio de Chamberí y, aunque el párroco buscaba jóvenes de más alto nivel social, acaba aceptando a Manolita. Era el año de 1850 y, un año después, Manuela, escasa de letras, pero sobrada de amor, el 15 de agosto de 1851, en el acto inaugural de las Siervas de María, Ministras de los enfermos, Manolita recibe el nombre religioso de María Soledad. Tan sólo seis años después, cuando don Miguel se ha marchado a la Guinea de misionero, Soledad ya está al frente de las Siervas, esas monjas de las que hablaba Azorín, esas monjas que cuando cae la noche recorren la ciudad con carteras en donde llevan labor o lecturas piadosas para pasar la noche con los enfermos; esas monjas que veía yo en mi adolescencia recorrer las calles en ayuda de los enfermos en esos momentos crueles de la noche en que los moribundos sienten la muerte más cercana y creen que ya no verán el alba. Manolita ha fundado comunidades en Lucena, en Granada, en San Sebastián, en Pamplona, en Valencia y hasta en Cuba. De nada sirve que el sucesor de don Miguel  la arrincone en Getafe porque Soledad no se arredra y, cuando el tercer director, don Gabino Sánchez,  recupere a la monja, todo Madrid se quedará asombrado de ·”las nuevas monjas” que hacen frente con valentía, fe y amor a una epidemia de cólera. Manolita murió en su Madrid el 11 de octubre de 1887 con sesenta y un años y todavía hoy vemos a sus monjas, cuando llega la noche, iniciar sus caminos en auxilio de los enfermos. Fue canonizada por Pablo VI el 25 de enero de 1970 aunque los informes rebelaban algunas “conductas defectuosas” tales como éstas que recoge el informe: “pese a que lo tenía prohibido, acarició a apestados y besó a una monja contagiada de viruelas”.  Por si eso fuera poco, Manolita “se enfadó un par de veces”… Es que las de Chamberí tienen mucho carácter y si no que se lo pregunten a los que conocieron a mi abuela Patro.

jueves, 19 de octubre de 2017

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA




San Pedro de Alcántara nació en la muy noble ciudad de Alcántara  en 1499 y su verdadero nombre era Pedro de Garavito y Vilela de Sanabria por lo cual es fácil deducir que su padres eran nobles y más en concreto, nobles procedentes de León. Pedro recibió una esmerada educación y llegó a ir a Salamanca para estudiar Leyes, pero abandona los estudios en 1515 y toma los hábitos en el monasterio de San Pedro de Majarretes, muy cerca de su ciudad natal.  Destacó muy pronto por su sencillez (viajaba en una mulilla), por su penitencia (cuando no iba en su mula, recorría los caminos con los pies descalzos) y por su brillante oratoria sagrada que encandilaba  las masas. Hombre contemplativo, viajó, sin embargo, mucho y conoció a Santa Teresa de la que llegó a ser confesor y amigo y con la que se entrevistó en la casa de doña Guiomar de Ulloa, la dama abulense amiga de la Santa.
         Un día, San Pedro, llegó a Arenas y conoció la ermita de San Andrés del Monte. El lugar le transportó y lleno de arrobo proclamó: «Dios tiene grandes designios sobre este lugar»; y en él se quedó a vivir hasta su muerte, en olor de santidad, un dieciocho de octubre de 1562. Si Arenas se apellida “de San Pedro”, se debe a este santo extremeño que hoy celebramos y que desde muy pronto recibió la veneración de esta villa abulense pero de habla extremeña. Lo proclamaron patrón en 1622  e hicieron voto de poner a perpetuidad su fiesta el día 19 de octubre. Pues, venga, vámonos de fiesta con el Daniel Peces que ya estamos tardando en llegar a Arenas.
Por cierto y para los que son curiosos, San Pedro de Alcántara es el santo patrón de vigilantes jurados y gente que trabaja en seguridad.
 

Por cierto y para los que son curiosos, San Pedro de Alcántara es el santo patrón de vigilantes jurados y gente que trabaja en seguridad.




martes, 17 de octubre de 2017

FELIPE ROBLES DÉGANO






Felipe Robles Dégano nació en San Esteban del Valle, hermoso pueblo abulense que forma parte de las Cinco Villas. Fue sacerdote, filósofo y filólogo y,  para su Ortología clásica de la lengua castellana (1905), don Felipe se encerró en su pueblo y, entre aceitunas gordales y buen vino,  se leyó completa la BCE, o sea, la Biblioteca de Clásicos Españoles. Sin embargo, su estudio fue rechazado por la comunidad universitaria con ese afán soberbio que tiene en nuestra tierra el estamento de catedráticos y lameculos. Don Felipe no se amilanó y siguió con su libros: Peri hermeneias, escrito en latín;   la Vida y martirio de San Pedro Bautista, Los disparates gramaticales de la Real Academia española y su corrección (1912) y la Filosofía del verbo. Mi buen amigo Jacinto Herrero Esteban le dedicó su tesina y sus libros los tenía todos mi sabio amigo y compañero, José María Herranz, el segundo Tomás Luis de Victoria. Don Felipe además tuvo tiempo de colaborar en el periódico El Siglo Futuro donde emplearía el seudónimo de Tíndaro. Se fue a la Casa del Padre el 18 de abril de 1939. Lo recuerdo porque ya casi nadie se acuerda de este gran filólogo, filósofo y escritor abulense y merece el pobre Robles Dégano salir también en este blog junto a otros abulenses ilustres. Dixi.