miércoles, 6 de enero de 2021

LAS DOCE CRIADAS Y EL FALO DE ODISEO

 


Buenos días, amigos. Escribo esta entrada de blog en la mañana de los Reyes y  me he salido un pelín antropológico y psicoanalítico como si fuera argentino de Buenos Aires o de Córdoba, patria de Hugo Buso y de Manuel Mujica Lainez, Manucho para los amigos. Esta idea se recoge en un libro maravilloso Penélope y las doce criadas de la canadiense Margaret Atwood. Vamos al tema con paciencia.

         Nos tenemos que situar en la sociedad prepatriarcal, es decir, en la matriarcal que era donde las mujeres mandaban. En esa sociedad se sacrificaba al macho y se le cortaban los genitales como rito de fecundación de la tierra. Una vez matado el macho ( así las abejas con el zángano) se procedía a su castración y con este rito se aseguraban buenas cosechas. Todo antropológicamente correcto. Pero ¿qué tiene que ver esto con la Odisea? Pues sigamos despacio.

         En la Odisea se narra cómo se mata a las doce doncellas que habían ayudado a Penélope y que habían sido violadas por los pretendientes. Estas doncellas, a cuyo frente iba Melanto, siguiendo esta idea antropológica (ya sabéis, la de la sacrificio del macho) no serían doncellas, sino que serían doce doncellas lunares,  sacerdotisas de Ártemis que necesitaban la sangre de un macho para purificarse.  Sin embargo, su violación y ahorcamiento significa que ese culto matriarcal había sido sustituido por un culto patriarcal en el que el falo se convirtió en el centro. Es más, las hachas por las que Odiseo introduce la flecha serían las labrys de doble hoja que se utilizaban en el culto minoico a la Gran Madre; más en concreto, estas doce hachas eran con las que se sacrificaba al Rey del Año al final del año lunar.

         Pero para que no falte nada, la ablación de los genitales ya no serán los de Odiseo, sino que éste, que para eso era el polytropos, se busca a un “sustituto”, Melantio, el cabrero traidor, al que matan y cortan los genitales. Item magis, la soga con la que se ahorca a las criadas es de un barco porque la luna creciente tiene forma de barco y el arco viene a cuento porque la luna menguante parece un arco. Por tanto, la soga une a las doncellas con el barco en el que ha viajado Odiseo.

         Por si esto fuera poco, ya hemos visto que las flechas “penetran”, en la prueba final que ha propuesto Odiseo a los pretendientes, por los doce anillos de las hachas de doble filo que, puestos a ser antropólogos, serían las doce vaginas de las doce doncellas lunares que habrían sido “penetradas” por el pene, aquí sustituido por las flechas, que son un símbolo fálico indiscutible.

         Todo esto está contado por Margaret Atwood con un sentido del humor maravilloso que se extiende al resto del libro que os recomiendo, con todo mi cariño que leáis.

         Ya sé que me he liado con tanto falo y tanta doncella, pero es que  a veces el roscón resulta un poco pesado y produce monstruos.

 

martes, 5 de enero de 2021

LA POESÍA DE JORGE LUIS BORGES


Ayer mismo, terminaba las poesías completas de Jorge Luis Borges, un autor que tanto ha influido en mi vida escritora y lectora. He estado varios meses leyendo y releyendo su obra poética llena de buen oficio y mejores maneras. Maestro del soneto, su mundo mágico y mítico impregna su poesía. Ahí están sus espejos, sus tigres, sus viking ( que no vikingos), sus poemas ingleses, su Virgilio, su Odisea y tantas y tantas referencias culturales fundamentales en occidente. Si sus relatos breves son espléndidos, no lo es menos su poesía. Borges fue un ciudadano del mundo, pero con hondas raíces en su Buenos Aires querido en donde le bastaba cruzar unas calles para llegar al sur, al sur mitológico de pampas y gauchos, de batallas en donde sus antepasados lucharon;  al sur con espadas y con navajas que se entrechocan en el patio polvoriento de una venta.

         El soneto que os pongo lo metió El Cabrero por bulerías y le quedó una joya. Debería recordar que este cantaor es también un consumado cantante de tangos. En fin, ya me estoy saliendo del tema.

Bruscamente la tarde se ha aclarado              
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.


domingo, 27 de diciembre de 2020

EL SILBIDO DEL ARQUERO DE IRENE VALLEJO

 


Antes de El universo en una caña, Irene Vallejo escribió una novela histórica en la que trata de Elisa (Dido), Eneas, Yulo y de la vida y la muerte de su inmortal padre literario, aquel hombre tímido de Mantua que respondía al nombre de  Virgilio. Es una bonita novela escrita con mucho pulso literario y con momentos muy emocionantes pues Irene Vallejo escribe bien y, como colega que es, conoce también muy bien el mundo de la Filología Clásica. Vallejo pone en prosa, en una prosa muy hermosa, ese canto IV de La Eneida tan arrebatador con esos amores de Dido y Eneas que tanto juego han dado a la posteridad. Una buena novela de una buena escritora a la que debo todavía hablar de su “junco” que es un libro tan grande que necesito calma para escribir sobre él.

PETRÓPOLIS O LA MUERTE DE STEFAN ZWEIG

 


Ya he escrito varias veces sobre Stefan Zweig en este blog y lo vuelvo a hacer ahora para hablaros de Mundo Insomne, un libro publicado en Plaza hace muchos años y que, obviamente, he conseguido de viejo. En el libro, con un cuerpo de letra del número ocho,  el escritor austríaco nos hace un recorrido por el mundo y va al tiempo haciendo un análisis fino y acertado tal y como era su costumbre. Ningún capítulo tiene desperdicio, tanto en los que reflexiona sobre la monotonidad del mundo actual ( años treinta) , su viaje a Nueva York, su viaje a la India y, sobre todo, su viaje a Brasil en donde recala en la ciudad de Petrópolis. Y es en ese momento cuando sus lectores sentimos un escalofrío: Zweig está visitando la ciudad en la que, unos años después, moriría, en compañía de su esposa, por una sobredosis de barbitúricos. Nos habla don Stefan de que Petrópolis es una ciudad “ muy alemana”, tanto porque la habitan emigrados teutones como por su arquitectura, resultado lógico de esta emigración. ¿Por qué un hombre como Zwieg se acabó suicidando en Petrópolis? Espero poderos contestar a esa pregunta dentro de unas semanas.

DON ÁNGEL PERALTA O TRATADO DE LOS ÁNGELES A CABALLO

 


Las verdad, no me parece justo que le haya dedicado una entrada a don Álvaro Domecq y no haga lo propio con don Ángel Peralta porque tanto montaba uno como el otro. Más joven don Ángel – había nacido en La Puebla del Río en 1926-, y más longevo pues nos abandonó a los noventa y dos años, en el 2018, eso sí, habiéndose hecho un paseíllo a caballo con ochenta y cinco años Era el sevillano caballista, poeta, actor y un largo etcétera porque el artista que lo es de verdad lo es en diversas facetas. Pero no quiero entrar por caminos trillados, por caminos que se pueden encontrar en la memoria de la tauromaquia española y sí quiero entrar por el camino de la excelsa caridad con la que don Ángel adornaba su vida. Vamos con la historia.

         Corría la segunda mitad del pretérito siglo XX cuando, en Medina de Rioseco,  la casa – asilo Sancti Spiritus y Santa Ana vivía de la caridad que, por la escasez terrible que padecía España, no podía ser mucha. Fue entonces cuando  se le ocurrió a una de las madres, María Domeño,  pedir ayuda a algún rejoneador que triunfara por aquellos años cincuenta. Y don Ángel no se lo pensó: cogió sus caballos y se vino para Rioseco en donde estuvo toreando desde el año 1954 al año 2005, muchas veces acompañado por su hermano y también eximio rejoneador, Rafael Peralta. Rioseco, como no podía ser menos, le nombró hijo adoptivo, le dedicó una calle y un busto de bronce y, lo más importante, le dedicó todo su amor y hasta llegó a nombrar el día de la corrida como el día de “san Peralta”. Su muerte fue muy sentida en esta ciudad de los Almirantes de Castilla, esos que nunca vieron el mar, pero que se lo imaginaban desde el cerro del Moclín.

         Don Ángel nos ha dejado libros maravillosos y faenas de ensueño. A mí, la verdad, me gustaría ver esos mano a mano que se harán Peralta y Domecq por esos ruedos que lleva con “mano de santo” San Pedro Regalado por las ciudades celestes.

LOS AMANTES DE TERUEL DE HARTZENBUSCH

 

Tengo el recuerdo de que, cuando mi madre se refería a los Amantes de Teruel, terminaba siempre diciendo “ tonta ella y tonta él”.  el drama romántico de Hartzenbusch, el poeta hijo de un ebanista alemán y afortunado poseedor de una calle cerca de Santa Feliciana , de Raimundo Lulio y de la plaza de Olavide, la de los calzados Cantero, es decir, en pleno barrio de Chamberí en el que mi abuela Patro vivía en la calle del Castillo, número 8, en aquella terraza desde donde se pasó toda la guerra escuchando las “pavas” que traían las bombas de los nacionales, es digno de una lectura atenta y a ello vamos si me perdonáis por el excursus.  Es la obra de Hartzenbusch, obra romántica en la que tal y como dice el anónimo prologuista – se trata de una edición popular de ediciones Arahal-, encontramos adulterios, moros que salen y entran, amores desgraciados y un sinfín de temas más que crean un mosaico que encandiló al público teatral que ya había disfrutado del Hernani de Hugo y del Trovador de García Gutiérrez, una obra de “mucho lío”, de argumento por veces disparatado, de acción compleja pero trepidante que no deja respiro al espectador.  El poeta, que ya ha venido a este blog por Los polvos de la madre Celestina, -muy nombrados por mi abuela Patro-, mezcla, por cierto,  la prosa con el verso y, por obra y gracia de su pluma,  los enamorados acaban como acaban los enamorados románticos: de cualquier manera menos yéndose a vivir juntos a un piso que les ponen los padres. Estamos ante- que don Camilo Castelo Branco me lo permita-, un “amor de perdición”. Así que nada de parejas de hecho, ni de desecho, ni desechos de parejas como bien decía mi buen amigo José María, el sabio del lienzo norte de Ávila. De esta obra tan apasionada, os regalo estos versos:

Prendarse de quien le cuadre

no es lícito a una doncella,

ni hay más voluntad en ella

que la que tenga su padre.

 

         A ver cómo les explico yo estos versos a mis alumnas de 2º de la ESO.

 

sábado, 26 de diciembre de 2020

EL CABALLERO CRISTIANO DON ÁLVARO DOMECQ

 


Nada puedo decir que no se sepa sobre ese gran caballero que fue don Álvaro Domecq y Díez porque mucho es lo que se ha dicho sobre este andaluz universal y jinete de elegante monta porque don Álvaro fue, a caballo y a pie, un caballero ejemplar. Me he terminado su libro de memorias, Mi vereda al galope, y he disfrutado de tanto conocimiento sobre el caballo y de tanta humildad que es la seña de identidad que nos hace reconocer a los grandes. Sin embargo, no voy a entrar en su vida de rejoneador, de ganadero, de político o de escritor y sí lo voy a hacer en un aspecto de su vida que es más ejemplar si cabe que todo lo dicho anteriormente. Don Álvaro era padre de numerosos nietos, hijos de Álvaro Domecq Romero, excelente rejoneador como su padre y creador de la Real Escuela de Jerez. Me refiero a lo que ocurrió el  Viernes de Dolores de 1991 cuando, en un desgraciado accidente, don Álvaro perdió de golpe a cuatro de sus nietas. Ante tamaña tragedia, don Álvaro muestra su serenidad cristiana, su temple ante la muerte, su fe. Y el gran rejoneador se convierte en modelo de vida. Leyéndole surge esa pax in aeternum que él conocía tan bien pues también él conoció la muerte de una hija a la que vio morir en el campo mientras montaba a caballo y también en esta tragedia el corazón de don Álvaro se mostró sereno, confiado en la mano de Dios. Y así lo refleja en este libro en esas cartas, emocionadas y emocionantes, que les dedica a sus nietas. Caballero siempre, don Álvaro nos da en este libro una lección de vida torera, campera y cristiana. Aquel hombre, que había dedicado todo lo ganado en el arte del rejoneo a una obra social, el Oratorio Festivo de jerez, dedicado a niños necesitados, sigue la senda del Maestro en la vida y en la muerte. ¡Qué gran caballero en la plaza y qué gran caballero en la vida, fue, es y será don Álvaro Domecq y Díez!