martes, 20 de julio de 2021

JUAN MANUEL RODRÍGUEZ TOBAL

 


Conocía al zamorano Rodríguez Tobal por sus traducciones y por algún poemario que me había gustado, sin embargo, nunca lo había tratado en persona. En este año 2021, he tenido la “fortuna” de formar parte de un tribunal de oposiciones de latín en el que estaba también de vocal Rodríguez Tobal y ha sido un placer hablar con él de Agustín García Calvo y de Claudio Rodríguez, mi gran poeta de Zamora, el del río Duradero. Su poemario Esto era – publicado en Hiperión como todo lo suyo- me ha servido como lenitivo en estos momentos de dolor. Además, el pasear con él camino de nuestro café cotidiano hablando un poco de todo ha echado por tierra aquel ejemplo de oxímoron: Iban dos poetas amigos por la calle…

Os escribo este poema suyo, breve pero denso:

 

No estoy solo.

Tu valor y tu miedo van conmigo.

Claroscuro del alma.

Vértigo. Consuelo.

 

Tu mirada y tu cuerpo

-nunca olvido-

contra esa ración más

de mal

que hoy nos da el mundo.

 

         Gracias, Juan Manuel,  por salvar mi corazón en momentos de intensísimo dolor.

LA HISTORIA DE SANTIAGO APÓSTOL ( I )

 


Esta historia tiene comienzo en Judea cuando Santiago, uno de los apóstoles de Jesús,  es decapitado por orden del rey Herodes Agripa I, entre los años 41 y 44. Dos discípulos suyos, Teodoro y Atanasio,  lo recogieron y, subidos en una balsa de piedra, cruzaron el Mediterráneo, llegaron a las columnas de Hércules, remontaron la costa del actual Portugal y llegaron hasta la Ría de Arosa. Remontaron la ría hasta su final en donde se encontraba y encuentra la aldea de Iria Flavia y amarraron la balsa de piedra a un petronum del que hablaremos en otra entrada. Pero ¿por qué traer el cuerpo de Santiago a Hispania? Nos tenemos que remontar más atrás en el tiempo.

         Según una tradición de fuerte arraigo en la Edad Media, tras Pentecostés, Santiago vino para  Hispania acompañado de los que se conocen como los Siete Varones Apostólicos. Sobre los itinerarios que recorrió el santo hay discrepancias pues,  si algunos como el historiador gaditano fray Gerónimo de la Concepción dicen que empezó su predicación por las Columnas de Hércules y que, desde ahí, recorriendo las costa portuguesa, se llegó hasta Galaecia,  otros   dicen que llegó a Cartago Nova. Parece ser que las fuentes sí se ponen de acuerdo en que Santiago llegó a Zaragoza y, en esta ciudad de la Tarraconensis, recibe la aparición de la Virgen María en carne mortal pues en esa fecha, aproximadamente el año 41, aún vivía y no había ascendido a los cielos por medio de la dormitio, sueño milagroso para que subiera al cielo. Santiago y los Siete Varones Apostólicos edificarían una pequeña capilla que, al cabo de los siglos, se convertiría en la Basílica del Pilar de Zaragoza.

         Por tanto, si Teodoro y Atanasio, trajeron hasta Hispania el cuerpo del apóstol fue, quizás, porque Hispania le había sido un lugar grato en donde había tenido esa aparición de la Virgen que, no lo hemos dicho antes, se asentó en un pilar de jaspe del que tomó su advocación.

         Aquellos dos apóstoles amarraron, tal y como hemos dicho la balsa, a un pedrón y ese pedrón dio nombre a Padrón, la villa gallega en cuya feria es un deleite perderse. Pero eso os lo cuento en la siguiente entrada.

lunes, 12 de julio de 2021

EL QUEVEDO DE "RAMON"

 


En este mes de julio en el que el calor se alterna con días “gallegos”, me he puesto a leer a Ramón Gómez de la Serna, “Ramón” en una de esas maravillosas biografías que tiene. El escritor madrileño, que era un gran poeta sin haber escrito nunca un verso, biografió a Quevedo, a Lope, a don Ramón del Valle Inclán y a Goya. Compré en la Feria del libro antiguo y de ocasión la del estevado don Francisco y su lectura me ha reportado grandes momentos. ¿Quién mejor que un barroco fuera de época para hablar de otro barroco? Apasionante biografía esta de Ramón sobre Quevedo que, Deo volente, completaré leyendo la de Lope cuya “mala vida” la hubiera envidiado el mismísimo Joaquín Sabina. Nihil novum sub sole.

miércoles, 7 de julio de 2021

VICENTE NÚÑEZ, MI POETA DE MARES OSCUROS Y TRISTES NAVÍOS.

 


Que después de tantos años con este blog no le hubiera dedicado una entrada a don Vicente Núñez, el gran poeta de Aguilar de la Frontera es un pecado de muy difícil expiación. Es don Vicente uno de mis poetas favoritos como ya he dicho en varias ocasiones y lo es en paridad con los otros componentes del grupo Cántico. Vicente era un poeta de exquisita sensibilidad andaluza en cuyos endecasílabos iba dejando caer su alma cordobesa. No merece que, con mi prosa de baratillo, os quiera describir lo indescriptible. Que mejor que quedaros con su voz poética:

 

De nuevo aquí me tienes, oscuro mar, de nuevo.

Y es lo mismo esta pena que esos tristes navíos

cuyas velas entonan una amarga balada,

igual que esos esquifes en donde acaso boga

la rama de sus ojos , verdes como las viñas. (…)

 

Adoré el pueblo roto, como a un viejo guerrero

que agonizara lejos de su patria; tu pueblo

húmedo y triste siempre, de iglesias solitarias,

de sórdidos casinos de gas parpadeante,

de parrizas oscuras, de huertos y atalayas

a donde tú subías y estudiabas a veces. (…)

 

Una vez más la tarde me condena al escaño

desde donde la vida sin rozarme transcurre.

Has pasado y te quiero. La plaza del Obispo

llena está de un enjambre de vencejos oscuros. (…)

 

Hay una fuente en medio de la plaza que ciñen

ondulantes cadenas y airosos marmolillos;

y en el amargo atajo del recuerdo parece

que esa garganta es mía, como es mío su lloro. (…)

 

Así mueren las tardes. Y el último pestillo

ruidosamente cierra los últimos adioses.

El palacio obispal se enciende como un himno

sagrado que elevara, palpitante, su hoguera.

 

¿Me amas? Sí; y pasas. Pero el viejo sollozo

de la vida me aguarda hasta el final de la noche,

y temo que al seguirte encontrara mis manos

perdidas en el hondo tesoro de las tuyas.

 

Los días terrestres. VIcente Núñez

 

EL VIENTO DE LA NOCHE

 


Hará como cosa de un mes os hablaba de la gran novela de Joan Sales Incierta gloria y cómo esa novela fabulosa tenía una continuación: El viento de la noche. Pues bien, tras dedicarle el tiempo que se merece, esta segunda novela no me ha gustado tanto. El personaje que la protagoniza con sus memorias es Cruells, amigo de Solerás,  discípulo del padre Lamoneda y enamorado de Trini que es amada por tres hombres: Luis, Julio y Cruells, siendo el primero el que se casa con ella . Dejando de lado esos ataques sin venir a cuento a Eugenio D’Ors,  la bobada del obispo “extranjero”, - vamos, que no hablaba catalán-,  y de la reivindicación de  obispos catalanes para Cataluña, la novela pierde en intensidad, en brío, en emoción. Y es que falta un personaje que enamora: la carlana, la señora del castillo. Aragonesa de esas tierras altas, se marchó a servir a Barcelona en donde conoció al carlán del castillo y con quien tuvo dos hijos. El resto lo cuenta Sales en la novela y no lo voy a repetir aquí, pero sí deciros que “la carlana” es un personaje redondo por su sentido de la supervivencia y por un sentido del honor muy peculiar. Es junto con Julio Solerás, el gran personaje de esta novela que, pese a que “pincha” un poco en su segunda parte (no voy a repetir el tópico) es una novela fantástica, de lo mejor que he leído en mi ya muy larga vida lectora.

OCTAVIO AUGUSTO NUNCA BEBIÓ VINO DE AMANDI

 


Quiero empezar esta entrada de blog dejando las cosas claras aunque me duela sobremanera: Octavio Augusto no bebió nunca el vino de Amandi, ese vino divino (perdón por el mal juego de palabras) de la Ribeira Sacra. Digo esto porque durante muchos años se vendió “la moto” de que el propio Octavio se hacía llevar a Roma ánforas con este vino lucense que, supuestamente, había descubierto cuando vino a Hispania para terminar de conquistarla con las Guerras Cántabras. Pues eso es una mentira “muy gorda” y, con vuestro permiso,  lo argumento:

         Primero: No hay ánforas,  ni en Roma ni en ningún otro lugar de Italia,  que atestigüen ese comercio vinícola.

         Segundo: En autores como Plinio o Estrabón, nada se recoge sobre este vino gallego aunque sí habla Marcial de las ostras gallegas.  

         Tercero: La primera cita, según el profesor de Historia Medieval de la Universidade de Vigo, Víctor Rodríguez, en la que encontramos una alusión al vino de esta zona de Galicia es de 876. En este documento, unos fieles donan al monasterio de Santa Cristina unas viñas en la comarca de Lemos.

         Cuarto: El vino, tal y como cuento en mi libro “Historia de Boecillo”, fue llegando a la Península Ibérica a medida que llegaban los monasterios benedictinos y cistercienses que cultivaban el vino para tener existencias de cara a la consagración.

         Quinto: El vino que bebían los romanos nada tenía que ver con nuestro vino actual pues aquél era una especie de “puré” que necesitaba de que le añadieran agua y que no podía tomarse solo pues, entre otras cosas, sería imbebible y, para remate, esa costumbre de no aguar el vino era propia de los bárbaros.

         En fin, que la historia de que Augusto bebía el vino de Amandi no es cierta y siento refutar a mi señor feudal en literatura don Álvaro Cunqueiro que, no me atrevía a decirlo, fue el que lo dijo. Pero don Álvaro era un gran fabulador y ¿por qué no poner en los labios del “rey de Roma” este gran vino gallego?

         Y ya metidos, os diré que tampoco los césares comieron lampreas del Arbo y que sí que comieron – Marcial lo cuenta tal y como dije unas líneas más arriba-, ostras de las rías. Pero eso es otra historia que os contaré a su debido tiempo.

domingo, 6 de junio de 2021

INCIERTA GLORIA, EL NOVELÓN DE JOAN SALES

 


Le debo a mi buen amigo y compañero Luis Riera Climent, valenciano de Valladolid, la lectura de Incierta gloria, la enorme novela de Joan Sales. Tuve mis dudas porque vi un poco de la película y, como las películas españolas se filman con la bragueta, enseguida se metieron en el follaje Luis y la Carlana. Sin embargo, al ver que la había traducción Carlos Pujol, amigo de Carlos Cardona, el gran filósofo de Tiana,  pensé que Pujol no se hubiera metido a traducir una novela en la que lo escabroso anduviera campante. Y la leí y no la pude dejar porque es un novelón. Sales es como un Bernanos, un escritor que trata un cristianismo serio y que no se rebaja a hacer, como la Almudena Grandes (Dios me libre de leerla), una novela de buenos y malos porque la gloria es incierta. Como este relato divino y humano sabe a poco en sus más de quinientas páginas, me voy a meter al coleto su continuación,  El viento de la noche, y ya os contaré. Pero, de verdad, esta novela es de las mejores que he leído en mi vida y creo que llevo leídas unas cuantas. No os la perdáis.