martes, 4 de julio de 2023

BRUCKNER IM AUTO

 




Un día, hablando con mi buen amigo Paco, le dije que había venido oyendo a Bruckner en el coche y, con toda la razón, me dijo que quizás no era el lugar más adecuado para una escucha bruckneriana. Sin embargo, con tanta osadía como si refutara al mismísimo Balmes, le refuto este comentario. A Bruckner, un servidor, lo ha oído muchas veces en el coche. Vale, sabemos que no es el mejor sitio, pero te va creando una BSO en la que su música de ensueño está presente. Por ejemplo, siempre que pienso en Castro Urdiales, me recuerdo subiendo del aparcamiento del puerto mientras sonaba el Scherzo de la Séptima. Castro Urdiales fue la  patria de don Ataúlfo Argenta y también de hermosas rapazucas tal y como  que recoge el cantar cantabrón que canta con acierto y buen gusto  mi muy querido amigo Fernando Agüeros:

¡Qué bonito es Castro,

más son las castreñas!

¡Quién pudiera ir

a bailar con ellas!

 

         Perdón por la digresión o excursus y volvemos al tema. Así también,  la cuarta me lleva a mágicos lugares de montaña de la misma manera que la Renana de Schumann me lleva a un mirador  desde donde se ve un paisaje tan sublime que abarca, en ángulo de ciento ochenta grados, de la Peñota a Navacerrada. Ese maravilloso adagio de la Séptima, me lleva al mar de Llanes y así con otros fragmentos, no sólo de Bruckner, sino de otros músicos que habitan en nuestra alma musical.

         Porque la música tiene la maravilla de que va poniendo hermosos sonidos a nuestras vivencias. ¿Y la música de ese tal Quevedo que tiene tanta fama entre los jóvenes? Por favor, caballero, estoy hablando de música.


BRUCKNER, MITAD MONJE, MITAD MÚSICO

 


Os propongo un viaje a una ciudad pequeña (16.194 habitantes) de la Alta Austria cuyo nombre es Ansfelden. La ciudad no está lejos de Linz y, por tanto, no está lejos del Danubio, pero, sobre todo está cerca del monasterio de San Florián, un monasterio agustino con una biblioteca de 150.000 obras. San Florián fue un mártir de Lorch que murió al ser arrojado con una gran piedra al cuello al río Enns. En esta ciudad de Austria, allá por el año 1824, nace un niño que es hijo de un maestro de escuela que además tocaba el órgano en la iglesia local. El padre imbuyó muy temprano este gusto por la música al hijo, pero se murió cuando el niño tan sólo tenía trece años.  Este niño se pasó más de veinte años estudiando música y, sobre todo, contrapunto y, a partir de sus cuarenta años, empezó a componer sus primeras sinfonías que no gustaron a todo el mundo. Fijaos que he escrito que se estuvo más de veinte años estudiando contrapunto y que esos estudios se notan en el uso de la cuerda en sus sinfonías como muy bien vio mi buen amigo Francisco José Hernández Ovejero,  el sabio de Acibelas, que, como persona delicada y sensible, no se queda , al oír a Bruckner,  tan sólo con los metales (absolutamente necesarios en sus sinfonías sin los cuales no serían lo que son porque son parte imprescindibles de la expresión bruckneriana), pero que vendría a ser mutatis mutandis aquello que decía Unamuno sobre la “rana” de Salamanca: No está mal venir a Salamanca y ver la “rana”; lo malo es no ver más que la rana.

El hombre de la Alta Austria  seguía soltero y soltero siguió hasta el fin de sus días. ¿Acaso no conoció el amor? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que conoció el Amor y que sus obras no se pueden entender sin este Amor que las llenas por completo. Este niño – digamos ya que se llamó Anton Bruckner-, no tiene composiciones “profanas” y, al igual que nuestro Tomás Luis de Victoria, toda su obra fue ad maiorem Dei gloriam. Cierto es que hay obritas para piano más o menos mundanales o un par de cuartetos de cuerda, pero estoy seguro que también en ellos ese Amor estaba presente. Bruckner fue una especie de monje-músico y en sus maravillosas sinfonías no encontramos el amor concretado en lo humano (así en mi muy querido Mahler), sino que aquel niño de Ansfelden se entrega a su Padre con una más que sincera devoción. Bruckner, repito, fue un monje laico, un ser entregado a la Luz y al Amor. Y, perdonadme, pero creo que es muy difícil entender su obra si no partimos de esta sencilla afirmación.

EL CALENDARIO EN SAN MARTÍN DE BRAGA

 


 

Releyendo a  Martín de Braga, más exactamente en su De correctione rusticorum encuentro cosas muy curiosas. Dejo de lado, aunque volveremos a ello, ese culto tan gallego a los lugares de la naturaleza y paro mientes en un pasaje en donde el bracarense habla del calendario. Veamos el texto en latín:

 

[1]         Similiter et ille error ignorantibus et rusticis subrepit, ut Kalendas Ianuarias putent anni esse initium, quod omnino falsissimum est. Nam, sicut scriptura sancta dicit, VIII Kal. Aprilis in ipso aequinoctio initium primi anni est factum. Nam sic legitur: et divisit deus inter lucem et tenebras. Omnis autem recta divisio aequalitatem habet, sicut et in VIII Kal. Aprilis tantum spatium horarum dies habet quantum et nox. Et ideo falsum est ut Ianuariae Kalendae initium anni sint.

 

De la misma manera, también  los ignorantes y las gentes del campo cayeron en el error al considerar las Kalendas de enero como el principio del año, algo que es del todo falso. Pues, como dice la Santa Escritura, el día octavo antes de las Kalendas de marzo, en el mismo equinocio, se produjo el comienzo del primer año. Pues así se puede leer: y separó Dios la luz de las tinieblas. Pues, como toda división bien hecha, tiene igualdad, sucede que,  en el día octavo antes de la Kalendas de abril,  el día tiene tanto número de horas como la noche. Y, por esa razón, es falso que las Kalendas de enero sean el comienzo del año.

 

         No puede estar más claro: Martín de Braga se queja de que los campesinos gallaeici celebran el primero de año cuando lo celebramos nosotros y aboga por su celebración al comienzo de la primavera o, lo que es lo mismo, en el equinoccio de primavera en el que los días se igualan a las noche y se produce un reverdecer de la vida. Así sabemos que era también en Roma hasta que se cambió  por las Kalendas de enero, fecha en la que se nombraban los cónsules y se cambió porque hacía falta enviar cónsules nuevos a la guerra de Hispania. Hace poco he leído que esto es un bulo, pero así lo aprendí y así os lo cuento.

         Sea como sea, resulta que los campesinos de la Gallaecia estaban más romanizados que el propio San Martín que aboga por recuperar, como principio de año, la primavera, algo muy lógico pues no tiene sentido celebrar la Nochevieja en medio del frío del invierno.

         Pero no sólo esto pues, un poco más arriba, Martín se queja de que los gallaeici nombran los días por los nombres de los dioses latinos tal y como hacemos nosotros: Luna nos da el  lunes;  Martis (genitivo de Mars), el  Martes; Mercurii (genitivo de Mercurius), nuestro miércoles;  Iovis (genitivo de Iupiter), el jueves, ; Veneris (genitivo de Venus), nuestro viernes y, por fin, el  sábado, que en nuestra cultura viene del Sabat judío, pero que para los anglosajones es el Saturday. Nos hacemos cristianos con el domingo (de Dominica dies o día del Señor), pero no así los anglosajones que lo llaman Sunday.

Así dice el panonio:

[1]   Qualis ergo amentia est ut homo baptizatus in fide Christi diem dominicum, in quo


Christus resurrexit, non colat et dicat se diem Iovis colere et Mercurii et Veneris et Saturni, qui nullum diem habent, sed fuerunt adulteri et magi et iniqui et male mortui in provincia sua! Sed, sicut diximus, sub specie nominum istorum ab hominibus stultis veneratio et honor daemonibus exhibetur.

Pues ¡qué locura es esa que hace que un hombre bautizado en la fe de Cristo no dé culto al domingo, día en que Cristo resucitó, y le llame diga que da culto al día de Júpiter, de Mercurio, de Venus y de Saturno que ningún día tienen, sino que fueron adúlteros, magos y dañinos y que hasta en su propia tierra acabaron mal. Pero, como dijimos, bajo la forma de Esos nombres se produce la veneración por parte de estos hombres estúpidos a los demonios.

 

Nadie le hizo caso al santo panonio excepto nuestros hermanos portugueses que empezaron a nombrar los días por feiras y así tienen segunda feira (lunes), terça feira (martes), quarta feira (miércoles), quinta feira (jueves) y sexta feria, viernes. En esos días no se celebran ningún santo en particular y hay distintos tipos de ferias: del tiempo ordinario (tempus per annum), ferias de Adviento, ferias de Pascua y así con los diferentes tiempos litúrgicos.  Pero, ¡ojo!: en latín feriatus significa festivo o día de fiesta. Por qué razón los días de trabajo se convirtieron en “ferias” es algo que no he encontrado y que me gustaría que me ayudaría a encontrar. Gracias.

 


jueves, 22 de junio de 2023

EL TIEMPO EN LA EDUCACIÓN

 


La segunda “querencia “de la historia (y de cualquier materia) es el tiempo. Todo necesita un tiempo en la vida, pero el tiempo se nos hace cada vez más corto porque no lo sabemos usar en condiciones. Séneca, en su De brevitate vitae, nos da la clave:

Non exiguum temporis habemus, sed multum perdimus.

No tenemos poco tiempo, sino que es mucho lo que perdemos.

 

         Esa falta de tiempo para el estudio denota un exceso de tiempo en lo que no es estudio. Dicho más claro;  non est tempus negotio quia omnia tempora est ad otium. Dicho en román paladino: no tenemos tiempo para el trabajo porque el ocio invade y hasta ocupa totalmente el tiempo del “negocio”. De un tiempo a esta parte, me sorprende esa petición que suelen hacer nuestros alumnos en época de exámenes de que “les dejemos estudiar porque en la hora siguiente tienen examen”. Bueno y blando como soy, se lo suelo conceder, pero les hago un flaco favor pues un alumno que “necesita ese tiempo extra” es porque no ha sabido aprovechar el tiempo que realmente le tendría que haber dedicado al estudio. Y ¿por qué no le dedican nuestros alumnos el tiempo necesario al estudio siendo el estudio su ocupación y tarea principal en esos años de sus vidas? Es muy largo de responder y habría que comenzar por ver cómo ha cambiado la sociedad en general durante estos últimos cuarenta o cincuenta años. Voy a dar algunos apuntes.

         No tengo nada contra el ocio; no soy don “Quintín el Amargao”, personaje de sainete, pero creo que el culto al ocio en esta sociedad nuestra es excesivo. Es más, se ha hecho del ocio una religión y así las catedrales se han sustituido por enormes centro comerciales que, decorados como catedrales,  sirven para proporcionar ocio como las catedrales proporcionaban espiritualidad a sus visitantes.  Se han multiplicado las actividades de ocio, los lugares de ocio, los tiempos de ocio de tal manera que un alumno, por la tarde, después de las clases tiene un tiempo dedicado al ocio que supera con mucho al que podíamos disfrutar nosotros en nuestros lejanos días de estudiantes. Pero no sólo esto: las tardes de nuestro hijos están llenos de negotia ( que en algunos casos alargan la jornada escolar de forma brutal)  y que, en muchas ocasiones,  tienen, por razones familiares, la finalidad de hacer compatibles la vida familiar y la vida laboral (algo de lo que tanto cacarean los sindicatos);  así los padres se ven casi obligados a “colocar” al niño en algún lado mientras  vuelven del trabajo cada vez más tarde porque cada vez se necesita más dinero para vivir y para disfrutar del ocio que esta sociedad postmoderna nos vende como fin último de la vida . En resumidas cuentas, a nuestros alumnos, ya por un exceso de otium, ya por negotia extra escolares, “les falta tiempo” para lo que es su principal actividad: el estudio.

         La tercera palabra de Paco es dedicación que es está,  a mi modo de ver, íntimamente ligada con el tiempo: no nos podemos dedicar a algo para lo que no tenemos tiempo. Para el próximo día lo tratamos. ¿Vale?

 

EL ESFUERZO EN LA EDUCACIÓN

 


         Mi buen amigo y compañero Francisco José Hernández Ovejero ha puesto en el tablón de anuncios de la sala de profesores la fotocopia de El Norte de Castilla en la que se llama a la Historia “ el coco de la EBAU” pues, frente a los buenos resultados de las “ciencias”, la historia tiene las notas más bajas. Lo primero, como hace mi querido amigo, es hacer notar el error garrafal que es decir memorialistico (que ni siquiera existe en el diccionario de la RAE) en lugar de decir memorístico.  En un artículo que se publicará en La Flor de Olmedo, la revista del IES “Alfonso VI”, donde Paco y yo trabajamos, Paco dice textualmente: El estudio de la Historia requiere esfuerzo, tiempo, dedicación, comprensión lectora, amplio vocabulario, y técnicas de estudio elementales (esquemas, resúmenes). Y, por supuesto, la necesaria orientación en el tiempo (cronología).

         Da para tanto lo que dice Paco, - casi para un tratado de educación (nunca de pedagogía)-,  que le voy a dedicar varias entradas. Hoy empiezo por el esfuerzo.

         El esfuerzo en el sistema educativo español es una palabra absolutamente proscrita al igual que disciplina, una pobre palabra que los eruditos a la violeta que nos quieren dirigir no saben que provine de discere que en latín significa aprender y que nos relaciona el aprendizaje con una serie de normas y ejercicios que tienen como fin, y no ahora, sino desde hace muchos años (miedo me da el precisar cuánto) el aprendizaje, el conocimiento, el saber . Sin embargo, en los nuevos sistemas educativos,  se procura que todo sea lúdico, en “talleres”, el aprender jugando y se olvida que cualquier actividad humana, ya sea física como mental, requiere un esfuerzo. Sin embargo, buscamos las Matemáticas “sin esfuerzo”, la Física “sin esfuerzo” o el Griego “sin esfuerzo” y , sin querer se cae en lo humorístico como aquella página que tenía Manuel Summers en el ABC que se llamaba “El inglés sin esfuerzo”. El homo ludens es el rey de la sociedad posmoderna porque todo es un juego en ella, hasta lo más trascendente. Hemos convertido la vida en un juego y la muerte en el final del “partido” por eso a los muertos, de unos años a esta parte, se les da un sonoro aplauso en el la misa de corpore insepulto saltándose las costumbres milenarias que incluían el silencio y la oración.  La sociedad posmoderna es light y rechaza el esfuerzo como algo abominable sin darse cuenta que sin esfuerzo no puede haber descanso porque, como decía mi abuelo Julio que no era pedagogo, sino agricultor, para descansar hay que trabajar primero. Como la sociedad postmoderna vive en un otium perpetuum, no entiende el trabajo ni el esfuerzo. El alumno, educado desde la guardería en el ludi otium, rechaza todo lo que requiere esfuerzo. Para subir una montaña se requiere un esfuerzo, pero, al llegar a la cima, tenemos la recompensa a ese esfuerzo. En la sociedad posmoderna, les hemos puesto un teleférico que les lleva directamente a conseguir las cimas y hemos cometido un craso error: al suprimir el esfuerzo de la ascensión, hemos arrancado el gozo de la cima.

         Y hasta aquí mi comentario a lo que dice mi compañero Paco sobre el esfuerzo. Seguiremos con otro de los temas propuestos con mucha sabiduría, experiencia y buen hacer por este experimentado profesor y compañero.

         Por cierto, para que no veáis que tan sólo son cosas mías, os dejo este enlace de Pedro Adalid que, aunque es Doctor en Educación, no tiene un pelo de tonto y aboga por el valor del esfuerzo en la educación. Non omnes stulti sumus.

https://valenciaplaza.com/la-importancia-del-valor-del-esfuerzo


MONTAÑAS DE PAPELES (ABSURDOS)

 

En mi centro de trabajo, un Instituto (me niego a poner la palabra IES) de una villa castellana, para este fin de curso, hemos tenido que rellenar los siguientes documentos:

a)    A) Ficheros de competencias. No puedo entrar en detalle en lo que son las competencias, pero, en muchas ocasiones, se avalúan competencias a incompetentes.

b)    b) Informes para la evaluación final. Son informes en los que se detalla al alumno suspendido lo que tiene que hacer para aprobar en los exámenes finales. Uno, para sus adentros, se dice:

-Pues hacer lo que no has hecho durante todo el curso, zangolotino.

-¿Y qué no he hecho durante todo el curso, profe?

- Estudiar, coño, estudiar.

c) Plan específico de recuperación. Este es para los alumnos que pasan con pendientes (no me refiero a los zarcillos que se ponen en el lóbulo de la oreja) sino a las materias que ha suspendido el “angelito” y que las lleva en la mochila para el año que viene. Cada profesor le tiene que poner un plan específico de recuperación de estas materias.

d) Plan específico de refuerzo y apoyo (Para los que repiten): Pues sí, señores, incluso a los que repiten, es decir, a aquellos que van a volver a ver lo que han visto este pasado curso, hay que hacerles un plan específico.

Por si fuera poco con lo que llevo escrito, hay también que rellenar unos cuantos Excel con un número no menor de 150 preguntas para estadísticas y evaluación del centro, de la PGA., de la CCP, de los Departamentos, del RRI y un largo etcétera.

¡Ah, se me olvidaba! Hay que darle al alumno un Consejo orientador no vinculante por lo que, una vez recibido, el alumno y sus santos padres hace pueden hacer lo  que les salga de las gónadas.

Al final, se les entrega el boletín de notas en donde, además de las calificaciones, se ha volcado todo lo relativo a las competencias. Al final, ni los padres, ni los alumnos, ni los profesores sabemos ya lo que estamos evaluando, pero es igual: el sistema funciona, las estadísticas y presagios de los agoreros de gafas de pasta se cumplen, las tropas de pedagogos han alcanzado sus últimos “objetivos”. Nos podemos ir a descansar en paz porque seguiremos siendo los reyes del botellón, de la playuqui, de la fiestuqui, los camareros de Europa, los que más viajes “orgasmus” practican en esta Europa desnortada y sin Espíritu.

         Compañeros, estos está perdido. No quiero saltar del barco porque suelen ser las ratas las que primero lo abandonan, pero ¡hay cuando toquemos puerto! Eso ya va a ser otro cantar.

viernes, 16 de junio de 2023

LAS LARGAS Y CÁLIDAS SINFONÍAS DE BRUCKNER

 


Durante este mes de junio le quiero dedicar algunas entradas a mi muy querido Bruckner con la idea de que lo lleguemos a disfrutar con más deleite. De lo primero que quiero tratar es de por qué las sinfonías de Bruckner son tan largas. Muchos aficionados a la música clásica “temen” a las sinfonías de este músico austríaco y prefieren sinfonías más breves. Que me perdonen, pero pongo en duda la calidad de su afición porque, por esa regla de tres, habría que borrar de la historia del cine Lo que el viento se llevó, Ben – Hur o Quo Vadis, películas cuyo  metraje supera las tres horas. Hasta Martín Llade repite que,  a él,  Bruckner no le dice nada. Don Martín Llade, tan sensible para la música de otros, tiene un bloqueo auditivo frente a don Antón y, para estos bloqueos auditivos con el genio de la sinfonía, me propongo escribir estas entradas. De todas las maneras, como bien dice Iñaki Gabilondo, gran melómano como buen donostiarra, “es la música la que nos busca a nosotros, no nosotros a la música”. En fin, vamos al ataque.

         No soy músico; tan sólo soy un pianista aficionado incapaz de hacer un análisis musical como lo podría hacer alguien que haya estudiado composición, pero me dejo guiar por los que saben más que yo y en este caso “me lleva de la mano” Francesc Serracanta que tiene dos características que suelen ir unidas: ser catalán y ser melómano.

         Dice don Francesc que las sinfonías de Bruckner son largas porque, aunque usa los temas musicales tal y como se hace en la forma de sonata clásica, Bruckner hace algo distinto. Vamos a verlo:

         Los temas, en la forma sonata, se exponen, se desarrollan y, finalmente, se recapitulan. Más o menos así se procede también en la retórica: presento el tema, lo desarrollo y hago una recapitulación final. Sin embargo, Bruckner presenta el tema y,  ya en la propia presentación,  tiene secciones de desarrollo en las que desarrolla el tema presentado. Por si fuera poco, también desarrolla los temas durante la recapitulación. Es decir, que partiendo de un tema, va formando un racimo de desarrollos de ese tema. No sé si os ha quedado claro. Lo vamos a intentar con la retórica:

-         Os presento un tema: el trabajo de las hormigas y, al tiempo que os lo presento ya lo desarrollo (vida en el hormiguero, distribución social, maneras de trabajar) y sigo después, tras volver a la presentación, en el desarrollo propiamente dicho.

-         Cuando llego a la recapitulación, vuelvo a desarrollar el tema o temas principales con otros contenidos (épocas de más trabajo, épocas de menos trabajo o alimentación de las crías). Necesario es decir que un servidor, de hormigas, sabe menos que nada, pero que he intentado, a la pata llana, lo que ocurre con don Antón.  Esto es quizás lo que lía en Bruckner, pero un “oído atento” – sicut dicebat Fernando Palacios-, no sólo comprende, sino que disfruta enormemente de estas sinfonías.

 

Le dije en una ocasión a don Martín Llade que empezara por la Cuarta, siguiera por la Sexta, volviera a la Quinta y que ya siguiera por la Octava y la Novena. Es un mapa, pero sirve cualquier otro con tal de que nos lleve al tesoro oculto de Bruckner.

     Bueno, pues espero haberos servido de algo con esta humildísima explicación.