domingo, 6 de agosto de 2023

LA BATALLA DE ACTIUM (II)

 


Vuelvo a la batalla de Actium. Lo primero de todo es decir que Accio o Actio es un promontorio en la entrada del Golfo de Ambracia, en el noroeste de Grecia. La batalla tuvo lugar en el mar Jónico y la disposición de las tropas la podéis ver en el mapa que acompaña a este texto. Ya hemos visto en la anterior entrada el error que cometió Antonio al decidirse por una batalla naval y cuánto - según los historiadores romanos, claro-,  tuvo que ver Cleopatra en esa decisión.  Sin embargo, no sólo Antonio se equivocó en la modalidad de batalla, sino que también, probablemente por su falta de experiencia marinera, en la elección de los barcos. Nos lo cuenta Plutarco en Vida de Antonio, LXV, 7-8

ἕκτη δ' ἦν ὥρα, καὶ πνεύματος αἰρομένου πελαγίου δυσανασχετοῦντες οἱ Ἀντωνίου πρὸς τὴν διατριβήν, καὶ τοῖς ὕψεσι καὶ μεγέθεσι τῶν οἰκείων νεῶν [65.8] πεποιθότες ὡς ἀπροσμάχοις, τὸ εὐώνυμον ἐκίνησαν. ἰδὼν δὲ Καῖσαρ ἥσθη καὶ πρύμναν ἐκρούσατο τῷ δεξιῷ, βουλόμενος ἔτι μᾶλλον ἐκ τοῦ κόλπου καὶ τῶν στενῶν ἔξω τοὺς πολεμίους ἐπισπάσασθαι, καὶ περιπλέων εὐήρεσι σκάφεσι τοῖς ἑαυτοῦ συμπλέκεσθαι πρὸς [τὰς] ναῦς ὑπ' ὄγκου καὶ πληρωμάτων ὀλιγότητος ἀργὰς καὶ βραδείας.

 

A la hora sexta, al comenzar a soplar una brisa marina, los de Antonio, incapaces de aguantar la espera y confiándose en la altura y en el tamaño de sus propias naves, a las que consideraban inexpugnables, movieron el ala izquierda. César (Octavio), al verlo, se alegró e hizo retroceder de popa su ala derecha con la intención  de arrastrar aún más a los enemigos fuera del golfo y de los estrechos y, tras rodearlos con sus maniobreros barcos lanzarse a entablar combate con unas naves cuya pesada mole  y poca tripulación les hacía lentas y difíciles de gobernar.

         Más claro imposible: las naves de Antonio eran muy pesadas y con una tripulación escasa que, por si fuera poco, estaba formada por marineros sin experiencia como Plutarco nos cuenta unas líneas más arriba:

ὁρῶν ὑπὸ τῶν τριηραρχῶν ἐκ τῆς "πολλὰ δὴ τλάσης" Ἑλλάδος ὁδοιπόρους ὀνηλάτας θεριστὰς ἐφήβους, καὶ οὐδ' οὕτω πληρουμένας τὰς ναῦς, [62.2] ἀλλὰ τὰς πλείστας ἀποδεεῖς καὶ μοχθηρῶς πλεούσας.

(…) viendo (Antonio) que los trierarcas, al no tener tripulaciones, reclutaban de la “ya muy fatigada Grecia” (versos de Eurípides de su tragedia sobre Heracles) a viajantes, muleros, segadores y jóvenes, pero, ni aún así se completaban las naves, sino que la mayoría carecía de personal y a duras penas podían navegar.

         En fin, un completo desastre fue la elección de Antonio pues veía que tenía, tal y como llevaba la flota, todas las de perder. Pero aún queda más que os contaré en la entrada siguiente.


viernes, 4 de agosto de 2023

POR QUIÉN ESTÁ SUJETO EL SUJETO O LA BELLEZA DE LOS LOCOS DEL DOCTOR VALLISOLETANO FERNANDO COLINA

 


He leído el muy interesante libro del doctor Fernando Colina que lleva por título La belleza de los locos y tan eximio psiquiatra vallisoletano titula un capítulo “Sujeción subjetiva o contención con cuerdas”. Y así arranca dicho capítulo:

La palabra sujeto se emparenta con sujetar.

         Literariamente le queda de “pegada”, pero el filólogo tiene que decirle algunas cosas al psiquiatra. Sujeto viene del verbo latino  subicere (sub – iacio), poner o echar por debajo y una de sus traducciones es, efectivamente, someter o sujetar. Pero ¿por qué se le llama al sujeto sujeto? Para saber con certeza eso que nos planteamos,  nos tenemos que ir al maestro de maestros, es decir, a Aristóteles que nos dice que, en griego se dice ὑποκείμενον, es decir, lo subyacente. También, metiéndonos en camisa de once varas, podríamos decir también lo que sujeta al ser. El sujeto es del que se predica algo, pero que, a su vez, no se predica de nada.

         Vemos que el doctor Colina hace un juego de palabras oportuno y literario y hasta con su “mijita” de razón, pero el filólogo tiene que salir en ayuda del lector para dejar claro que el sujeto no es sujeto porque esté sujeto, sino porque es el sustento del ser que está en la sustancia. De ahí que el sustantivo (el que tiene la sustancia) sea la categoría gramatical propia del sujeto (puede serlo también un adjetivo, un infinitivo o un adverbio, pero tiene que estar sustantivado). También el sintagma nominal tiene como funciones propias el ser sujeto o ser objeto directo que son las funciones propias a su vez del sustantivo y que, cuando queremos darle otra función no sustantiva, recurrimos  a las preposiciones que los funcionalistas llaman, con mucho acierto, transferentes funcionales. Pongo un ejemplo

La casa verde   ( Determinante + NÚCLEO + adyacente) à Sintagma nominal que puede ser:

a)    Sujeto: La casa verde está en Palencia.

b)    Complemento directo: Veo la casa verde.

Si quiero que sea, por ejemplo, un complemento circunstancial de lugar, le pongo por delante una preposición o transferente funcional:

 

En la casa verde

 

El gran Lisardo Rubio decía que los transferentes funcionales eran como los tacos de billar que hacen que una bola pueda ocupar otra posición en la mesa. Lo decía en un libro que escribió para enseñar gramática a sus nietos que, como no habían sufrido tantas LOMLOES, lo entendieron a la primera. Ahora no sé con qué habría tenido que compararlo el bueno de don Lisandro y,  si lo sé, me lo callo. (Lavame Domine, ab iniquitate mea et a peccato meo mundame)

         En fin, espero que os haya quedado claro.

LA BATALLA DE ACTIUM

 

 

Seguro que os habréis preguntado, al parar mientes en la batalla de Actium (31 a. C.), por qué extraña razón, siendo Antonio un buen militar por tierra, eligió una batalla naval para dirimir, ni más ni menos, que el poder sobre Roma. Antonio no tenía mucha práctica naval (de lo de nabal, con b, no es el momento de tratar ahora, pero en eso era un consumado maestro) y sí que era un militar curtido en variadas batallas, muchas de ellas al lado del gran Julio César. Sin embargo, la razón de que prefiriera el mar a la tierra es muy sencilla y casi imaginable para muchos de vosotros: Cleopatra, la mujer que fue su perdición al decir de los historiadores que, por otra parte y no lo debemos olvidar, eran romanos, es decir, parte interesada en cargar las tintas sobre la extranjera y salvar al romano. ES más, algunos historiadores dicen que no podemos saber cómo era realmente la reina ptolemaica pues no contamos con historiadores de “su bando”. Pero no divaguemos y sigamos con Actium.  En muy pocas palabras, Plutarco nos da las razones por las que Antonio se decidió por la batalla naval:

 

                οὐ μὴν ἀλλ' ἐξενίκησε Κλεοπάτρα διὰ τῶν νεῶν κριθῆναι τὸν πόλεμον, ἤδη πρὸς φυγὴν ὁρῶσα καὶ τιθεμένη τὰ καθ' ἑαυτὴν οὐχ ὅπου πρὸς τὸ νικᾶν ἔσται χρήσιμος, ἀλλ' ὅθεν ἄπεισι ῥᾷστα τῶν πραγμάτων ἀπολλυμένων.

                Sin embargo, prevaleció la resolución de Cleopatra para que la guerra se decidiera en las naves porque ya tenía pensada la huida y se quería colocar con sus efectivos no dónde fuera útil para la victoria, sino allí donde le resultara más fácil escapar si todo se daba al traste.

                Y, como pueden más dos tetas que dos carretas, Antonio siguió como un perrito (guau, guau) la muy interesada decisión de la egipcia que, como veis, ni pensó en Antonio ni Cristo que lo fundó, sino que pensó en sí misma y en sus intereses pues lo que quería la tía vulpeja era quedarse con el Oriente romano para su hijo Cesarión, nacido de sus amoríos con Julio César.

                ¿Qué hubiera pasado si Antonio hubiera luchado por tierra y hubiera derrotado a Octavio? Pues  no lo sabemos, pero nada bueno seguro porque Antonio no era lo que podríamos decir un defensor  de la República. Al que de verdad defendía y defendió a muerte la República, Cicerón, ya lo había asesinado Antonio cuya mujer clavó en la lengua de Cicerón, cuya cabeza fue llevada  a la tribuna de los Rostra desde la que había pronunciado las Filípicas, los alfileres o fíbulas de su pelo. En fin no hagamos historia –ficción et caveamus mulieribus sicut Cleopatra et hominibus sicut Antonius.

 

miércoles, 2 de agosto de 2023

EL DIOS ABANDONA A ANTONIO (III) LA NOVELA DE TERENCI MOIX

 


Pasamos ahora a un escritor catalán, muy mediático él, que se llamó Ramón Moix Meseguer en el siglo, pero que firmaba sus libros como Terenci Moix e incluso Terenci del Nilo. Moix escribió una novela de la que os hablaré más en detalle en otra entrada y que fue Premio Planeta (eso, la verdad, me da igual) cuyo título es “No digas que fue un sueño”. Según contaba el propio Terenci, el título se lo sugirió Antonio Gala y, la verdad, acertó plenamente el cordobés recientemente fallecido con este título. La novela de Terenci sigue muy de cerca a Plutarco y recoge esta extraña comitiva que se vio en Alejandría. Si habéis leído la entrada anterior, habréis visto que el título que le sugirió Gala proviene del poema de Kavafis, en concreto de estos versos:

Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν
ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου·

Sobre todo, no te engañes, no digas que fue
un sueño
, ni que se confundieron tus oídos;

         Bueno, pues hasta aquí las tres huellas que Plutarco dejó en la literatura universal con su magnífico relato de la toma de Alejandría por las tropas de Octavio.

         Para la próxima entrada, os hablo de la novela de Terenci Moix.

 

EL DIOS ABANDONA A ANTONIO (II) EL POEMA DE KAVAFIS

 

El primer “hijo” del texto plutarquiano es el famoso poema de Kavafis que se titula El dios abandona a Antonio. Kavafis no menciona el nombre del  dios, pero sigue fielmente el texto de Plutarco. Os lo presento en su original griego y en la traducción al castellano de Juan Manuel Macías publicada por Editorial Pretextos:

«Ἀπολείπειν ὁ Θεός Ἀντώνιον»

Σαν έξαφνα, ώρα μεσάνυχτ’, ακουσθεί
αόρατος θίασος να περνά
με μουσικές εξαίσιες, με φωνές—
την τύχη σου που ενδίδει πια, τα έργα σου
που απέτυχαν, τα σχέδια της ζωής σου
που βγήκαν όλα πλάνες, μη ανωφέλετα θρηνήσεις.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που φεύγει.
Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν
ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου·
μάταιες ελπίδες τέτοιες μην καταδεχθείς.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
σαν που ταιριάζει σε που αξιώθηκες μια τέτοια πόλι,
πλησίασε σταθερά προς το παράθυρο,
κι άκουσε με συγκίνησιν, αλλ’ όχι
με των δειλών τα παρακάλια και παράπονα,
ως τελευταία απόλαυσι τους ήχους,
τα εξαίσια όργανα του μυστικού θιάσου,
κι αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που χάνεις.

Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης

 


 

 

«El dios abandona a Antonio»

Cuando, de pronto, se deje oír a medianoche
el paso de una invisible comitiva,
con músicas sublimes y con voces,
tu suerte que cede, tus obras
malogradas, los planes de tu vida
que acabaron todos en quimeras, será inútil llorarlos.
Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente,
despídete de ella, de la Alejandría que se marcha.
Sobre todo, no te engañes, no digas que fue
un sueño, ni que se confundieron tus oídos;
no te rebajes a tan vanas esperanzas.
Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente,
como te corresponde por haber merecido tal ciudad,
quédate firme frente a la ventana
y escucha con emoción
—no con las súplicas y las quejas de los cobardes—
el rumor, cual un último deleite,
los sublimes instrumentos de la secreta comitiva,
y despídete de ella, de la Alejandría que pierdes.


Traducción de Juan Manuel Macías

Vamos ahora a ver al tercer “hijo” de este texto de Plutarco.


EL DIOS ABANDONA A ANTONIO (I)

 

De todos los pasajes de Plutarco de Queronea, quizás ha sido éste el que más juego literario ha dado. Lo primero de todo es ver el texto del autor griego que está sacado de las Vidas Paralelas de Demetrio y Antonio, capítulo LXXV, 4-6

ἐν ταύτῃ τῇ νυκτὶ λέγεται μεσούσῃ σχεδόν, ἐν ἡσυχίᾳ καὶ κατηφείᾳ τῆς πόλεως διὰ φόβον καὶ προσδοκίαν τοῦ μέλλοντος οὔσης, αἰφνίδιον ὀργάνων τε παντοδαπῶν ἐμμελεῖς φωνὰς ἀκουσθῆναι καὶ βοὴν ὄχλου μετ' εὐασμῶν καὶ πηδήσεων σατυρικῶν, ὥσπερ θιάσου τινὸς οὐκ [75.5] ἀθορύβως ἐξελαύνοντος· εἶναι δὲ τὴν ὁρμὴν ὁμοῦ τι διὰ τῆς πόλεως μέσης ἐπὶ τὴν πύλην ἔξω τὴν τετραμμένην πρὸς τοὺς πολεμίους, καὶ ταύτῃ τὸν θόρυβον ἐκπεσεῖν [75.6] πλεῖστον γενόμενον. ἐδόκει δὲ τοῖς ἀναλογιζομένοις τὸ σημεῖον ἀπολείπειν ὁ θεὸς Ἀντώνιον, ᾧ μάλιστα συνεξομοιῶν καὶ συνοικειῶν ἑαυτὸν διετέλεσεν.

         Os traduzco el texto griego con una traducción lo más clara posible:

 

Se cuenta que, al filo de aquella medianoche, estando la ciudad sumida en un silencio triste a la espera de lo que estaba por llegar, se escucharon, de pronto, los sonidos de instrumentos de todo tipo y el clamor de una muchedumbre que gritaba y que danzaba a la manera de los sátiros, exactamente igual a que si saliera, acompañado de un gran tumulto, un cortejo de Dionisos; su recorrido empezó en el centro de la ciudad y, desde allí, llegó hasta la puerta exterior que daba al campo del enemigo y, en ese sitio,  el tumulto, después de alcanzar su punto álgido, cesó. En opinión de quienes examinaron esta señal, Antonio había sido abandonado por el dios con el que más había tratado de identificarse y asimilarse.

         Se trata, como podéis leer, de una especie de visión que sucedió en Alejandría el 31 de julio del año 30 a. C. Estando la ciudad sitiada por Octavio, los habitantes de tan hermosa polis, egipcia por su geografía pero griega de fundación y corazón,  escucharon y vieron este extraño cortejo del dios Dionisos que era el dios con el  que Antonio se identificaba. Ensoñación, alucinación colectiva o lo que fuere, lo cierto es que Antonio ya no levantó cabeza y se acabaría suicidando poco después. Bueno, pues visto el “texto madre” podemos pasar a tratar de sus “hijos” en próximas entradas.

LUIS FELIPE VIVANCO O LOS POETAS FACHAS

 

Estamos en un parque de una ciudad española de provincias. Don Cipriano y don Eloy están hablando en un banco, a la sombra de la estatua de un prócer.

-         Pues le digo a usted, don Cipriano, que he leído una antología de un poeta de esos que llaman de la Generación del 36 y me ha gustado mucho.

-         No veo cómo sea posible esa aseveración pues bien sabido es que todos esos poetas son unos fachas irredentos.

-         ¿Y qué me quiere decir a mí con eso, don Cipriano?

-         Pues que no sé para que pierde usted el tiempo leyendo a poetas que ya están pasados de moda. Lea usted a la Megan Maxwell cuyas novelas…¡En fin, que son una gozada en el sentido pleno de la palabra y que te elevan la moral y otras cosas que no le voy a decir, pero que usted se puede suponer!

-         Le recuerdo que, en aquella generación, había poetas de altísima calidad como Luis Rosales, Leopoldo Panero o Germán Bleiberg.

-         No lo dudo, pero mi interés es nulo por aquellos servidores del hombre de El Pardo.

-         Al que yo me refiero es a Luis Felipe Vivanco.

-         ¿Vivan…qué?

-         Vivanco, Luis Felipe Vivanco. Era arquitecto y poeta. Y fíjese qué cosas: nació en El Escorial.

-         ¡Claro! ¡No me diga más! Y escribiría en Escorial esa revista de adictos al régimen que sólo sabían escribir sonetos y hablar de Dios gastándose un existencialismo de segunda fila que enfada al quien lo lee.

-         No estoy de acuerdo con usted, pero sobre todo, le quiero hacer una pregunta: ¿Lo ha leído?

-         No puedo perder tiempo con poetas fascistas.

-         Pues hace usted mal, don Cipriano, porque es poeta de altos vuelos.

-         Sí, de muy altos vuelos. Voy a mirar lo que dice la Wikipedia de él. A ver, veamos, ¡aquí lo tengo! :

En octubre de 1941, fue invitado por el ministerio de Propaganda del Reich a realizar una gira por la Alemania nazi junto con el ideólogo fascista Ernesto Giménez Caballero. Ambos serían los representantes españoles de la denominada Asociación de Escritores Europeos, de carácter pronazi e ideada por Joseph Goebbels como respuesta internacionalista al PEN Club, este último de tendencia aliadófila durante la Segunda Guerra Mundial.

-         ¡Pues vaya personaje que me trae hoy esta mañana, don Eloy!

-         No  sabía nada de lo que me ha leído ni me importa. No he venido a juzgar a nadie moralmente. Mire usted, don Cipriano, un poeta escribe bien o mal con independencia de su categoría moral. ¿Acaso no le bailaba el agua a Stalin Pablo Neruda? ¿Acaso el mismo don Pablo no abandonó a una hija enferma y nada quiso saber de ella? Le digo muy seriamente que, como dice nuestro común amigo Jesús Saiz Rioja que, por cierto,  no sé cómo no ha venido hoy al banco este del parque,  si empezamos a leer autores tan sólo impolutos moralmente, aquí no se salva ni San Juan de la Cruz. Escuche, le voy a recitar un poema suyo y me dice qué le parece.

 

La invitación al otoño

 

Tu imperativo andar, tu infatigable

modulación de mar bajo la lluvia

que refresca con agua aún no mecida

el retoñar continuo de sus olas;

tu ingenuo, y arrogante, y despeinado

velero musical siempre alejándose

de la paciente orilla resignada

a un rumor de pisadas veraniegas;

tu corazón en marcha y sus amuras

salobres donde posan las gaviotas,

me obligan a mi altiva permanencia

y riguroso páramo de estío.

Pero tu voz de arroyo en la penumbra

que inciensan temblorosas arboledas,

tu empañado mirar sobre mis años,

tu cintura de espuma que se ensancha

con bendición de hogaza recién hecha

y bienestar de establo navideño;

la canción de tus labios vagamente

infantil y esa niebla entre frutales

insinuados, cada vez más tuyos,

me invitan al otoño.

Con racimos

de antes de mi embriaguez y mi experiencia

junto al viejo brocal voy aprendiendo

dulcemente de ti las campesinas

labores que te habitan, los dorados

confines de regreso a tu bodega

de agrietadas paredes, los azarbes

por donde se entra el campo holgadamente

sonoro y luminoso hasta tu júbilo

dormido de campanas, y el nocturno

pequeño ruiseñor que te bosqueja

la ternura en la sombra y voy surcando

con obstinados brazos soñadores

ni vocación de ti, mi vieja historia

como añosa corteza de palabras

repetidas sonando hacia la muerte,

y en vez de un mustio error de hojas caídas

un lagar bien pisado y la ignorancia

con que mis ojos vuelven a sentirse

primeros otra vez en la aventura

de mezclar tus visiones con las mías.

 

Porque más sosegado que el vacante

perfil de cada luna en la ventana

nuestro quehacer arraiga como el seto

de laureles oscuros que conducen

el hondo caminar hasta las muelles

marismas cenicientas, ya en el borde

del aire anochecido.

 

Y ya ha pasado

nuestra evasión de entonces. Maternales

se han hundido las horas como surcos

de la tierra que vuelve a su fatiga,

y en la mansión que el viento restablece

con fragancia de esbeltos troncos muertos

nadie olvida a la carne, está encendido

su hogar, la victoriosa llama que arde

con chasquidos del bosque que ocupaba

la espaciosa llanura (hoy congregando

ruedos de sembradura y leguas yermas

de sed alrededor de cada pueblo).

 

Y por eso más cerca de este gozo

posible y situado entre las cosas,

con dolor no excesivo estamos juntos

tu realidad y yo, y están pasando

perezosas las nubes y plomizas

sobre los áureos flancos vegetales

de tu consentimiento. Están volviendo

con polvorientos pies envejecidos

y arrugas en la piel y sol mohoso,

como si hubieran (hace muchos años)

pasado ya otra vez (y de esta misma

manera), cuando el trigo que el solsticio

de junio ha derramado por las eras

no era más que un rubor embelleciéndote

y una rubia semilla apenas rota

presidiendo las tardes otoñales

desde tu oscura cueva abastecida

de ajeno porvenir y tiempo nuestro.

 

 

 

-         Oiga, le digo que no está nada mal. ¿Cómo me ha dicho que se llamaba este poeta?

-         Luis Felipe Vivanco.

-         Pues me lo apunto porque puede que fuera un facha irredento, pero escribía bastante bien.

 

Ambos jubilados se dan la mano y se separan cada uno rumbo a sus casas. Don Cipriano pensando que no escribía mal ese tal Vivanco y don Eloy feliz por haber hecho un poco de justicia con un poeta olvidado.