domingo, 8 de junio de 2025

LA EDITORA NACIONAL

 

 

Era mayo, era un día de lluvia como hoy y mi buen amigo José Luis Estruch, al salir de la Complutense, o quizás un sábado de gloria pues todos en la juventud lo eran, me dijo que nos podíamos acercar a la Gran Vía madrileña porque estaban saldando los libros de la Editora Nacional cuya librería estaba en la conocida calle. Para allá nos fuimos. Era el año 1983 del siglo pasado, es decir, hace la friolera de cuarenta y dos años y los socialistas había llegado al poder en octubre de ese año. España tenía ganas de cambio y había una ilusión en el aire que, a día de hoy, se ha perdido al comprobar, con desánimo, que todos son los mismos perros con diferentes collares. Los socialistas hablaban del “cambio” que necesitaba España, cosa cierta, sin duda, pero a veces los cambios, como las revoluciones, se llevan por delante a muchos inocentes y, desde luego, inocente era la Editora Nacional que, si bien es cierto que había sido fundada por la Falange y que los libros de José Antonio eran su publicación “estrella”, no menos cierto era que había sido dirigida por hombres de gran  cultura como Laín Entralgo y que en ella habían colaborado el gran Dionisio Ridruejo y otros muchos. En sus último años había sido su director Rafael Martínez Alés, el  creador de Cuadernos para el dialogo y el que, junto a Jaime Ortega Spottorno, hijo de don José Ortega y Gasset, y Jaime Salinas, hijo de Pedro Salinas, acabaría fundando  Alianza Editorial, una editorial sin la que no podemos entender la historia del libro y la cultura en el siglo XX.  Sí, es cierto que también había publicado libros de Franco (la novela Raza con el pseudónimo de Eugenio de Andrade), pero no era menos  veraz que en ella habían publicado autores de todas las tendencias y que había, en todos ellos, una altísima calidad. Baste citar a Luis Gil, a José Hierro, que estuvo preso en las cárceles del Régimen,  o a mi admirado García Calvo, que no tenía mucho de franquista,  y a otros muchos más que formaban un heterogéneo grupo ideológico que iba desde el anarquismo a la Falange.  En su catálogo estaban un I Ching o libro chino de los cambios y un Corán, libros que, como pueden ustedes comprobar son absolutamente nacional católicos. Yo siempre he pensado que los políticos de entonces (como los de ahora) no habían frecuentado mucho Las lecturas que la Editora Nacional brindaba haciendo un gran servicio público y que tan sólo se habían quedado en la “cáscara” sin llegar a la pulpa. Una de las primeras medidas del gobierno de Felipe González fue desmantelar la Editora Nacional como signo inequívoco de progreso. Una pena.

         Cuento esto porque, por lo que se ve, los patres patriae no han sido nunca muy aficionado a las buenas lecturas y no pasan de los textos leguleyos que, en ocasiones, no sirven más que para limpiarse el trasero pues el papel lo resiste todo, pero la vida no.

         Llovía, éramos jóvenes, era mayo y José Luis y yo nos fuimos a la librería de la Editorial Nacional en la Gran Vía madrileña que quizás todavía se llamaba Avenida de José Antonio, la gran “momia” que Franco usaba para asustar a los que se le desmandaban. ¡Ay, juventud, divino tesoro!

domingo, 13 de abril de 2025

LUISA SIGEA, PUELLA DOCTA TOLETANA

 

Quiero hablaros de una mujer excepcional a la que cubre un olvido infamante: Luisa Sigea, la puella docta toletana, mujer culta del siglo XVI que, como veremos en este entrada, tuvo relación con María de Padilla, La Leona de Castilla,  cuyo verdadero nombre fue María López de Mendoza y Pacheco y que sería más tarde la mujer del comunero Padilla. Doña María tuvo por maestro a Diego de Sigeo, padre de Luisa y culto caballero cuya ascendencia fue más que  probablemente  francesa,  en esa corte pequeñita del Gran Tendilla en donde no se hacían distingos entre hermanos y hermanas y a todos se les daba una gran educación. Recordemos que hermano de doña María fue don Diego Hurtado de Mendoza, embajador y poeta. Pero dejemos a tan noble familia y volvamos con  Don Diego de Sigeo que marchó para Portugal y al que, en su exilio con María de Padilla,  lo acompañó su familia.  Doña Luisa sabía a la perfección el latín y se carteó con el papa Paulo III gracias a un amigo de su padre, el erudito italiano Girolamo Britonio. Y con  tanto acierto se carteó   que el Santo Padre se asombró del conocimiento que de la lengua del Lacio tenía esta puella de Tarancón que, por aquellos años, era diócesis y reino de Toledo, no como ahora que pertenece a la provincia de Cuenca. Y no sólo era docta en latín, sino que también lo era en griego, matemáticas, letras e historia. No quiero perder el hilo, pero ya os contaré del maravilloso poema que escribió esta mujer sobre Sintra cuando allí vivió con la corte portuguesa pues Luisa, allá por 1542, se convirtió junto a su hermana Ángela, en moça de câmara, un grupo de puellae doctae que constituían el séquito de doña María de Portugal. Hay que referir que, entre esas mozas estaba Paula Vicente, hija del poeta y dramaturgo Gil Vicente. Los portugueses, por su conocimiento  del latín,  las conocían como damas latinas o, en el propio latín, puellae doctae, apodo al que ya hemos hecho referencia con anterioridad.

         Luisa permaneció en esa corte portuguesa hasta que en 1552 se casó con el hidalgo burgalés Francisco de las Cuevas con quien tuvo una hija, Juana, que se casó con Francisco Ronquillo, bisnieto del célebre alcalde Ronquillo. Pero sigamos con nuestra Luisa que en 1558 se encuentra en Valladolid con su marido sirviendo en la corte de María de Habsburgo, hija de Felipe I de Castilla, que llegó a reina de Hungría por su casamiento con Luis II de Hungría y Bohemia. Todo iba bien hasta que la reina María murió de manera repentina y los Ronquillo Sigea se quedaron sin trabajo. Luisa escribió al mismísimo Felipe II, pero no obtuvo ningún resultado su epístola. Casi a la desesperada, escribió a Isabel de Valois, recién casada con el rey Felipe, pero la contestación nunca llegó. Aunque la reina consorte la recibió en Toledo y Luisa aprovechó la entrevista para entregarle en mano la carta en la que le solicitaba un empleo.

         Al no recibir respuesta de Isabel, Luisa se va para Burgos, patria chica de su esposo, en donde fallece el 13 de octubre de 1580. Había nacido en 1522 y se marchó con la amargura de que no servían para nada sus grandes conocimientos pues parecía que tampoco había gentes  que las supieran apreciar. Las cultas cortes renacentistas que tanto y tan bien usaban el latín, no aceptaban a esta culta mujer. Una pena.

         De su obra, vamos a destacar su Dialogus de differentia vitae rusticae et urbanae o Colloquium habitum apud villam inter Flamminia Romanam et Blesillam Senensem que no es sino un dialogo en latín sobre un tema tópico: el enfrentamiento entre la vida del campo y la vida de la ciudad. No podemos olvidarnos de su poema en hexámetros Syntra que escribió Luisa en Portugal en 1566 y que tuvo el honor de verlo publicado en París veinte años después.

         En estos años en los que se están recuperando mujeres que destacaron en los diferentes ámbitos del saber, no veo que esta lumbrera toledana ande en ese proceso de “resurrección”. Bien es verdad que sus obras están traducidas en una editorial toledana y que en su villa de origen, Tarancón, han publicado un cómic con su vida para que los jóvenes taranconenses sepan de la vida de su ilustre paisana. También contamos en Internet con la traducción que don Marcelino Menéndez Pelayo que, como Cantabria, fue infinito, realizó del poema de tema portugués pero escrito en latín del que ya hemos hablado y en el que se describe la bellísima ciudad de Sintra.

         Ya se ve a las claras que esto de ser escritor en España y dedicarse a las letras latinas y griegas no lleva más que al sufrimiento y a la miseria. El que lo probó lo sabe.

viernes, 7 de marzo de 2025

ESTACIO Y SU INFLUENCIA EN LA EDAD MEDIA

 

Estacio, poeta romano del siglo I a. de C., es la única referencia que, durante el medievo, se tiene en Europa de las leyendas tebanas cuyos protagonistas son Edipo y sus hijos. Habría que esperar hasta el siglo XVI con el descubrimiento de los manuscritos de los grandes trágicos griegos para conocer, de primera mano, las desgraciadas vida de los labdácidas. Sin embargo, dejadme que os cuente cómo se llegó, por medio de Estacio, a este conocimiento medieval.

         La fama de Estacio en vida fue muy grande y sabemos que Ausonio, Claudiano y Sidonio Apolinar, poetas latinos tardíos, lo leyeron e imitaron y, sobre todo, que fue Lactancio Plácido, erudito del Bajo Imperio, el que lo dio a conocer al mundo del medievo con sus comentarios a la Tebaida: Lactantius Placidus in Statii Thebaida Achilleidaque commentaria.  Tenemos que tener en cuenta que Estacio fue autor también de las Silvas, una colección de poemas breves  que se perdieron durante el siglo X y que eran ricos en detalles biográficos por lo que la vida del poeta quedó en la más absoluta oscuridad y el mismo Dante, cautivo del error,  que le hace aparecer en el Purgatorio de su Divina Comedia, le convierte en natural de Tolosa. Su fama no fue pequeña pues el florentino lo convierte en el acompañante suyo y de Virgilio por el inframundo. Sin embargo, no podemos entrar en eso que, Deo Volente, tendrá su entrada y vamos con la obra francesa que supuso la fuente más importante para las leyendas tebanas a partir del siglo XII. Me estoy refiriendo a Le Roman de Thèbes, obra francesa, escrita en 10.000 versos por un clérigo anónimo. Este clérigo francés no se basó directamente en la Tebaida, sino en un resumen en latín que se habría escrito algunos siglos antes. Lo cierto esx que esta obra francesa hizo que la Edad Media se llenara de “Tebas” y que nuestro propio Rey Sabio recogiera una Historia Tebana en su General Estoria que editó aquel toresano que se llamó Antonio García Solalinde del que tanto nos hablaba Pilar Saquero, que en paz descanse, en el curso de doctorado que tuve la fortuna de recibir en la Complutense hace ya unos cuantos años.

         Pues ya veis cómo la leyenda tebana llegó hasta la Europa medieval. Llegaría el siglo XV y, con él, el hallazgo de las Silvas por Poggio Bracciolini que también descubrió el De rerum natura de Lucrecio y sobre el que Stephen Greenblatt escribió su famosísima obra titulada El Giro en la que sostiene la tesis de que este descubrimiento de la obra de Lucrecio provocó un “giro” que nos llevó al Renacimiento. Ese “giro” (swerve en inglés) es, por cierto, el mismo giro que experimentan los átomos que se mueven a través del vacío que, provistos de unos pequeños ganchos, se engarzan o enredan en otros átomos dando origen así a la materia.

         Pero ese es otro tema y creo que de Estacio ya hemos dicho lo suficiente y bastante.


viernes, 28 de febrero de 2025

LOS NARCISOS, NARCISO Y MI BUEN AMIGO EDUARDO

 


En febrero, no podían faltar nuestros narcisos. No duran mucho tiempo, pero su color prepara la primavera. Su historia tiene por protagonistas a Narciso y a Eco, una Ninfa a la que Hera había castigado a contestar repitiendo las últimas palabras que alguien le decía. Se enamoró locamente de Narciso, hermoso joven, hijo del río Cefiso que violó a Liriope, una ninfa que decidió ir a consultar a Tiresias, el gran adivino tebano, sobre el futuro de su hijo. El “vidente” le dijo que viviría muchos años siempre y cuando “no se contemplara a sí mismo”. La pobre Eco lo seguía un día por el bosque y entonces Narciso preguntó: “¿Quién está ahí?” Y la pobre Eco tan sólo pudo decir “Ahí” Como toda conversación era imposible, la ninfa decidió pasar a la acción y abrazó a Narciso que la rechazó de manera brusca. La pobre Eco se fue consumiendo hasta que quedó tan sólo su voz.

         Por lo que respecta a Narciso, que se había comportado de manera tan grosera, tuvo la desgracia de encontrarse con Némesis, diosa de la venganza, hija de Nix, la noche, que lo llevó a un arroyo en donde Narciso vio su hermoso rostro y no pudo escapar a su hechizo: se enamoró de su propio rostro y no podía dejar de mirarlo hasta que, según la mayoría de  los mitógrafos, se suicidó y del lugar en donde murió surgió la bella flor que alegra nuestro jardín todas las primaveras.

         La historia la cuenta Ovidio en su s Metamorfosis y ha hecho las delicias de sus lectores durante siglos.

         Los psicólogos llamaron narcisistas a aquellos que se enamoran de sí mismos, vamos, que están encantados de conocerse. Pero de esto sabe mucho más mi buen amigo Eduardo Rodríguez- Monsalve por psicólogo y – que su amistad me perdone- por Narciso. Cualquier día se nos metamorfosea en flor.

miércoles, 26 de febrero de 2025

EL VIEJO PUTAÑERO DEL TÍO SAM

 


Si hubo alguien que preguntó que si se podía escribir poesía después de Auschwitz, otro habrá que diga si se podrá volver a escribir poesía después de la vergüenza de estos días: el invadido convertido en culpable y “el amigo” convertido en acusador y aliándose con el invasor. En los tiempos de Viriato, Roma no les pagaba, pero se aprovechaba de los traidores para quitarse de en medio a quien le molestaba; en estos tiempos abyectos, Roma deviene en traidora sin necesidad de canallas que le hagan el trabajo sucio. En aquella Roma, había disimulo; en ésta Roma, ni siquiera eso. La impunidad con que ese analfabeto funcional de la política y de la vida, un Creso obsceno y chabacano, un Midas que todo lo convierte en puritita mierda, un Hreodes vestido de macarra de Las Vegas,  apoyado por el infame dinero de un miserable sudafricano que salta de alegría porque puede reutilizar el cohete que ha enviado a Marte, pero que le importan entre cero y nada los millones de personas que se mueren de hambre en el mundo, podría sorprender a los pocos versados en historia, pero “coletazos” de este jaez trufan la podrida historia del ser humano sobre la tierra. Basta con volver la vista a las historias de Roma o Atenas y después seguir mirando la historia universal de la infamia (con el permiso del maestro Borges) para, con el permiso de Blas de Otero, “dejar de creer en el hombre”. Sin embargo, hasta ahora, según mi pobre conocimiento de la historia, no se había llegado a esos puntos de desvergüenza y los canallas usaban de otros canallas, aún peores que ellos, para “sacar la basura”. Desde ayer, algún poeta no pagado por una subvención pública, se preguntará si se puede escribir poesía después de haber vendido Ucrania “ por un puñado de dólares” ciscándose en los muertos, en los desplazados, en los que lo han perdido todo menos la vergüenza y el orgullo de ser ucranianos. Todos, Zelensky incluido, han tenido su parte de culpa, pero este farol de tahúr de un Missisipi de aguas podridas, ha redimido de su culpa al presidente ucraniano. El villano es un héroe y “la nación de la democracia” pacta con un tirano. Europa mientras tanto se queda como el novio de Marieta en la canción de Brassens: haciendo el gilipollas, sin ideas, sin creencias, poniendo su territorio al servicio del Tío Sam mientras el viejo y putañero norteamericano hace de su cultura (secular) un papel higiénico con el que limpiarse el trasero.

         Un aviso: hace casi noventa años, las democracias miraron hacia otro lado cuando Hitler y Stalin pactaron para poder repartirse Polonia. Al poco, estalló ese conflicto que los historiadores han dado en llamar la Segunda Guerra Mundial. Es un tópico, pero ya conocéis el dicho: “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Pues eso.

jueves, 20 de febrero de 2025

BRAHMS Y LA LOCURA DE HANS ROTT

 


Hans Rott nació en un suburbio de Viena, Braunhirschengrund, un primero de agosto de 1858. Fue, al igual que Mahler o que Hugo Wolf,  estudiante en el conservatorio de Viena y discípulo de Bruckner en órgano lo que, a la larga y, sin duda, de manera indirecta, le acarrearía la ruina y la muerte. Vayamos por partes.

         Un joven Rott tenía por maestro de órgano a Anton Bruckner y el maestro elogiaba al discípulo por su gran capacidad para improvisar, especialidad en la que don Anton era un consumado especialista. Cuando estaba ya en su último año de conservatorio, presentó el primer movimiento de su Sinfonía en mi mayor a un concurso de composición. Bruckner alabó la obra, pero el resto del jurado se burló de ella. Rott acabó la sinfonía y se la llevó a Brahms y a Hans Richter, famoso director de la época. Cuando Brahms supo que el joven había sido discípulo de Bruckner, cargó contra él por una peregrina razón: no le gustaba la influencia que tenía Anton Bruckner entre los estudiantes del conservatorio. Cuando Brahms se reunió con Rott, el primero le dijo claramente que no sólo no le gustaba su obra, sino que no tenía ningún talento musical. Esta afirmación tan tajante de un músico al que Rott tenía en alta estima y cuya autoridad le  parecía indiscutible en la Viena de la segunda mitad del siglo XIX, enajenó por completo al joven compositor hasta el punto de que, al poco tiempo, viajando en un tren, empezó a gritar: “¡Este tren va a explotar porque está lleno de la dinamita que le ha puesto Brahms!” Hans fue reducido y llevado a un psiquiátrico. Intentó varias veces quitarse la vida y, al final, falleció de tuberculosis en 1884.

         La historia es muy triste y nos enseña lo cuidadosos que tenemos que ser los docentes al dar una opinión que debe ser siempre argumentada y no basada en razones de poco o ningún peso. No nos queda sino escuchar con atención esta sinfonía de Rott y juzgar, libres de prejuicios, nosotros mismos. Por cierto , que a su entierro acudió Bruckner, el bueno de don Anton, el mismo que le pedía ayuda al emperador porque no entendía por qué Eduard Hanslick se metía contra él de manera tan furibunda.

         No os digo más. Escuchad la obra y dad vuestra opinión.


jueves, 23 de enero de 2025

LA ESCLAVITUD SEGÚN MARGARITE YOURCENAR

 


Hay textos a los que tan sólo basta con poner un título y publicarlos en el blog. No se puede decir mejor lo que es la esclavitud actual: máquinas estúpidas y satisfechas creídas de su libertad en pleno sometimiento. La forma más sutil de esclavizar es hacerlo de tal modo que el esclavo no se sienta como tal. ¡Gracias, Margarite, por hacernos reflexionar, aunque sea tan sólo por unos momentos en nuestra condición de pobres esclavos de un  sistema inmisericorde!

«Dudo de que toda la filosofía de este mundo consiga suprimir la esclavitud; a lo sumo le cambiarán el nombre. Soy capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las nuestras, por más insidiosas, sea que se logre transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento, sea que, suprimiendo los ocios y los placeres humanos, se fomente en ellos un gusto por el trabajo tan violento como la pasión de la guerra entre las razas bárbaras. A esta servidumbre del espíritu o la imaginación, prefiero nuestra esclavitud de hecho” Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano.