A Carlos Edmundo de Ory le tenía muchas ganas desde
hace muchos años y, en este octubre que
más parece junio con esta temperaturas agobiantes del Indian Summer, me he
puesto a leer una especie de memorias poéticas en las que Ory nos habla de sus
tres ciudades: Cádiz, Madrid y París con la añadidura del pequeño pueblo
francés en el pasó sus últimos años. Y esas memorias son especiales porque son Memorias amorosas y este poeta creador
del postismo, que se nos fue en el 2010
y que había nacido en Cádiz en 1923, en
ellas nos va dibujando lugares que se guardan en la memoria del amor. Barandas,
alamedas, Misas de domingo, el caballero Tanhäuser van pasando en Tarsos; caminatas
votivas, luces de oscurantismo o recuerdos aciagos en Madrid; en París,
encontramos bistrots, falsos muertos, cuentos de amor y, en el pueblecito francés en que murió,
Amiens- Thêzy, nos deja sus “tiempos de
vejez”. Sensacional escritor Ory del que espero leer más, especialmente algún
poemario y sus Cuentos sin hadas. La
edición está al cuidado de Jesús Fernández Palacios, gaditano y poeta como Ory.
Y es que ser gaditano, cordobés o sevillano y no ser poeta es algo muy, pero
que muy raro.
sábado, 14 de octubre de 2017
LOS DEMONIOS
Me acabo de terminar de releer esa maravilla de novela
que son Los demonios. La había leído
en los años del exilio abulense y entonces no estaba el horno para muchos
demonios porque ya circulaban por aquellas calles de granito un exceso de
ellos. Sin embargo, con el sosiego que da la edad, al volver a leer esta
prodigiosa novela, he disfrutado de
manera desmesurada. Desde la cita inicial, esos demonios que Cristo expulsa a una piara de cerdos y que se despeñan, hasta ese apéndice maravilloso con esa
conversación con uno de esos frailes que aparecen en las novelas del ruso con
los que a uno le gustaría tener un rato de meditación. Ahí están esas Cinco
células subversivas en Rusia que quieren cambiar la sociedad y que don Fiodor
describe con maestría y en las que él, personalmente, no creía y que
rechazaba. Gloriosa novela del más
grande novelista ruso del XIX.
EL MARQUÉS DE PEÑAS ALBAS
Don
Bernardino de Melgar y Álvarez - Abreu, Marqués de San Juan de Peñas Albas,
nació por azares del destino en Mondragón, un día de santa Teresa del año de
1863. Era hijo de Juan de Melgar y Quintano y de doña María del Campanar
Álvarez- Abreu y Álvarez de las Asturias Bohorques. Siento cortar la genealogía
de tan ilustre noble para contar esta anecdotilla, pero es que no me resisto:
en un elegante colegio matritense, había un chaval que sellamaba Bohorques de las Asturias y Bohorques de las Asturias y Bohorques por lo que los profesores de tan distinguido centro lo nombraban como Bohorques3.
En fin,
seguimos. En su palacio de Ávila, hoy Parador Nacional de Turismo, reunió una
colección de objetos relacionados con la tauromaquia, el folklore y las artes
plásticas que hoy están en el palacio de los Deanes de la capital castellana,
lugar en donde está el Museo de Ávila. También tuvo una biblioteca teresiana
(recordemos que nació el día de la Santa) en la que se incluían numerosos
autógrafos de la santa abulense y que hoy en día están en la Biblioteca Pública
de Ávila. Su obra es inmensa, tanto como historiador, como cronista de Ávila. Fue
miembro de la Real Academia de la Historia y, puestos a coleccionar
marquesados, fue también Marques de
Benavites (título que rehabilitó en 1893) y VI Marqués de Canales y Chozas. Tuvo
acta de diputado por Castellón en varias legislaturas y senador por Murcia. De
sus libros, me es especialmente querido el que lleva por nombre Ávila del Rey
que publicó en la imprenta de Senén Martín.
Como
final, deciros que escribió un libro, Héroes y
mártires de la aristocracia española, julio 1936-marzo de 1939 en el que recoge
los hijos de nobles que murieron durante la Guerra Civil. En este libro aparecen
los hijos del conde de Gamazo y lo he usado para mi interminable ensayo histórico
sobre Boecillo. Lógicamente, el marqués había estado de parte de Franco durante
la Guerra.
Y
ya, para terminar, contaros una curiosa costumbre del marqués. En Madrid, solía
mandar a un criado que cogiera tranvías al azar y él hacía lo propio por otra
parte de Madrid. ¿Para qué? Pues para conseguir billetes capicúas de los que el
noble era un gran coleccionista. ¡Cómo se ve que tenían servidumbre y les daba
tiempo para todo!
viernes, 13 de octubre de 2017
EL MARQUÉS DE SANTO FLORO, LA COSTA AZUL Y UN BIZCOCHO BORRACHO
Don Agustín
de Figueroa y Alonso – Martínez, nacido en 1903 en Madrid, era el hijo pequeño
de Romanones y, desde muy joven, se dedicó al teatro, a la literatura y al
cine, tres ocupaciones nada recomendables para el hijo de don Álvaro de
Figueroa. Su afición a la literatura y a los libros la mamó en su casa y su
escribir era sereno y delicado, la escritura de un hombre educado, muy francés y cuyo aspecto externo revelaba lo
gran caballero que era. Aún lo recuerdo
en las fotos, elegante y con el porte de un hijo de tan ilustre prócer, junto a
su hija Natalia o junto a su yerno Raphael. Tal y como decía Marañón, sus libros
se leen con una sonrisa en los labios y suponemos que al señor conde no le
importaría tanto el tener un hijo dedicado a tan innobles artes puesto que
tampoco le era extraña la escritura con pluma bastante ágil y artística y, sin
ir más lejos, en este blog le hemos dedicado alguna entrada a sus famosas
biografías de personajes históricos. En este octubre tan veraniego, he leído Dentro y fuera de mi vida que don
Agustín escribió a la muy saludable edad de cincuenta y dos años recordando lo
que había sucedido en su vida entre 1910 y 1930. Ser hijo del conde de
Romanones te hace tener mucho mundo y así, por el libro del marqués de Santo Floro, circulan marquesas, embajadores, políticos,
reyes y demás familia, gentes a la que
no tenemos acceso el común de los mortales. Efectivamente, el libro se lee con
una sonrisa en los labios y, de todas las anécdotas que cuenta me quedo con una
en la que narra cómo el ilustre conde, pasando un verano en la Costa Azul, se
acordaba de sus tierras de Guadalajara y su hijo sentencia con gracia al
recordarlo: “No cabe duda. Recordar tan intensamente a Guadalajara en plena
Costa Azul constituye el homenaje más entrañable que se puede tributar a la
ciudad de Alvar Fáñez”. Y es que en la Costa Azul habrá hermosas playas,
hermosas villas y paisajes de postal,
pero en Guadalajara hay unos bizcochos borrachos que los franceses no han
catado en su vida. Tenía razón Romanones.
viernes, 6 de octubre de 2017
JUAN LÓPEZ - MORILLAS, UN INTELECTUAL CASI DESCONOCIDO
Para aquellos que somos lectores empedernidos de
Dostoievski, hay un nombre escondido en las
solaPas de los libros que se nos ha hecho familiar: Juan López-
Morillas. Este jienense, nacido en Jódar un 11 de agosto de 1913, se marchó muy
joven a estudiar el bachillerato al Instituto San Isidro en Madrid y se licenció en Derecho en 1934. Luego empezó
a estudiar lenguas, tanto románicas como eslavas y llegó a tener un perfecto
dominio del ruso. Tras la Guerra Civil, López-Morillas se quedó en los Estados
Unidos y ya no volvería por España en muchos años porque “con Franco, ¡quién
podría volver?. Allí fue profesor en las universidades de Iowa, Brown o Austin.
Pero, como a estos genios parece que les
sobra tiempo, también se dedicó a escribir sobre su verdadera especialidad: el
pensamiento liberal español desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la
Guerra Civil. Y en este periodo, estudió el krausismo y la obra de Ortega de
quien se consideraba discípulo. Casado con Frances Mapes, hija del hispanista
Erwin K. Mapes, su santa esposa se dedicó a traducir a Galdós, Cela, Delibes y
Borges al inglés y, mientras tanto, él se dedicó a traducir al castellano a
Dostoievski, Tolstói, Turgenev, su nombre y otros grandes maestros rusos hasta
completar veinte tomos de novelas muchas de las cuales se vertían directamente
del ruso al español. (Sobre las traducciones de Cansinos, escribiré otra
entrada) Es menester señalar que todas estas maravillosas traducciones vertidas
en un español que de seguro les hubiera gustado a los novelistas rusos las
escribió entre 1978, cuando se jubiló de la Universidad de Brown y aceptó una
invitación de la Universidad de Texas, y 1989, fecha en la que se jubiló por segunda
vez de sus labores docentes. Además fue un gran viajero y dio clases y
conferencias en muchos lugares del mundo.
A este
grandísimo intelectual español, la Junta de Andalucía le ha puesto su nombre al Instituto de Jódar. ¡Qué menos! ¿No?
EL JARDINET D'ORATS Y LAS MENTIRAS DE LOS INDEPENDENTISTAS
Una
de las mayores mentiras de los nacionalistas es que el castellano se impuso por
la fuerza en los reinos peninsulares. Nos vamos a detener para ver cómo fue el
proceso en el caso de la dolça Catalunya..
En
Cataluña, la presencia del castellano en el Reino de Aragón al que, no lo
olvidemos, pertenecía Cataluña hizo que la lengua de Castilla, desde muy
temprano, no fuera una lengua extraña. Esto lo dijo Ferrán Agulló Vidal, un
nacionalista de la Liga, en 1910:
“En las cuestiones de lengua se ha de evitar la
imposición, el contrariar los hábitos, las costumbres. El castellano no se ha impuesto por Decreto en
Cataluña, sino por adopción voluntaria, lenta de nuestro pueblo, efecto de los grandes prestigios que iba
adquiriendo la lengua castellana. Éramos libres, teníamos
completa autonomía política, con Cortes más soberanas que las propuestas en las
Bases de Manresa, y ya se hablaba y escribía en castellano, y en castellano hemos de leer uno de los
discursos más ardientes que se hicieron en el Salón de San Jorge en las últimas
Cortes Catalanas”.
El castellano se fue imponiendo en la península como
lengua franca, una especie de inglés de nuestro tiempo, en el que se manejaban
los comerciantes, pero también los poetas. Juan Boscán, barcelonés de pro,
elegirá el castellano como medio de expresión y no se sentirá menos catalán por
ello.
El erudito catalán Milá y Fontanals nos
dice que en la baja Edad Media los romances en castellano eran tradicionales y
así en El jardinet d’Orats,
cancionero barcelonés acabado en 1486, encontramos veinte poesías en castellano
de un total de 84. El resto están en catalán, latín e italiano.
Visto lo cual, no entiendo a esos que
dicen que el castellano era extraño en Cataluña cuando no ha sido nunca así. No
he conocido a ningún escritor catalán que desconociera el castellano o que lo
viera como lengua extraña. En fin, un caso más de tergiversar la historia de
las letras y las lenguas en España para beneficio de los cuatro paranoides que
lideran un proceso suicida sin base histórica, política ni económica.
lunes, 2 de octubre de 2017
CASA SALVADOR, EL BACALAO, EL VALLE DE BARCALA Y DE CÓMO FRANCO SE QUEDÓ SIN PROBARLO Y SE BEBIÓ UN SIMPLE VASO DE AGUA.
Conocía Casa Salvador hace ya muchos años llevado
por ese gastrónomo aficionado que es mi tío Fernando. Era un día de febrero, y
la luz del sol se colaba por los ventanales que miran a las parras y a los prados,
a esos molinos de luz de los que hablaba don Álvaro Cunqueiro. Porque es
menester avisar de que en el Valle de Barcala hay una luz especial y los
colores son delicados, sensibles, con una sensación de debilidad que bastaría
un soplo de aire para arrancarlos del paisaje. El valle es para espíritus sutiles,
para seres cuasi angélicos.
En Barcala, en invierno, huele a las lumbres de
carballo y la lluvia nos hace temer que acabe borrando la pintura al pastel que
son los maizales, los prados y las carballedas. En Barcala, todo es especial y,
aunque aún queda lejos, parece que ya la luz del Atlántico, viril y bravo na
Costa da Morte, pone un filtro de alegre
añoranza en los ojos del viajero que
sigue camino para ver a su amigo el viejo carballo que crece al borde de una
corredoira. Un día, el viajero aparcó su coche junto al viejo roble y
obstaculizaba un poco el camino. Al ver venir a una señora con una carreta de
bueyes, le dijo que si le quitaba el vehículo a lo que la señora le respondió
con una frase sacada de un Valle Inclán anónimo:
“Ogalla se puidera asi de bem pasar polas portas do
ceo
Alguien que habla así, parece sacado de una novela
de don Alvaro Cunqueirio, de una cantiga medieval o de un poema de ramón
Cabanilla, el gran poeta de Cambados. Pero
en fin, volvamos a Casa Salvador cuya especilidad es el Bacalao al horno, a la
gallega, la empanada del Bacalao, os cogumelos cuando están en temporada, los
riñones al jerez y unos pimientos de padrón que
uns pican e outros non.. Todo ello regado con un exquisito vino de la casa y rematado por unos postres variados entre los
que señalo tres: la tarta de arándanos, la tarta de limón y la tarta de
castañas. Al final, un café de puchero, pone la firma en tan exquisito menú.
El restaurante, tras la muerte de Salvador padre, lo
lleva con mano maestra Salvador hijo y está carcano a cumplir cien años de nada. No le darán nunca una estrella Michelín,
pero no le hace falta. Su fama es tan grande que, en sus paredes, puedes ver
fotos de Bertolucci, Penn, Marisa Paredes, Javier Bardem y un largo etcétera.
También el inefable Beiras se ha dejado ver por allí y el que iba mucho, siendo
presidente de la Xunta, era Manuel Fraga que, en ocasiones, reunía a su
gobierno en el comedor de la derecha (lógico).
Por si eso fuera poco, os digo que Franco fue a
Barcala a inaugurar la concentración parcelaria en Galicia y que para la
entrega de los títulos utilizó los balcones de Casa Salvador.
Y
cuentan que, habiendo tenido sed el dictador, pidió agua y le dieron de beber
en una jarra rota (otros dicen que en una vaso muy decorado) Yo tengo escrito
un cuento sobre este asunto que algún día publicaré. Mientras tanto os dejo con
la miel en los labios. ¡Por cierto! Que Franco ni probó el bacalao. ¡Pero mira
que eras raro, ferrolán!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



