Sabido
es que una revolución hay que hacerla en condiciones y que, siguiendo su
sentido etimológico, hay que cambiarlo todo, poner todo patas arriba. Para qué
seguir concediendo medallitas a los héroes de acciones de guerra, debieron
pensar los militares que habían sido reclutados entre el pueblo, gente que poco
o nada sabían de la guerra, pero que le echaban mucho ardor; gente que se
mataba por su República, pero que
desconocían cómo se interpretaba un mapa o que pensaban que la estrategia era
atacar por detrás. Azaña vio claro que así no se podía ganar una guerra porque
un levantamiento militar había que combatirlo de un modo militar. Todo esto viene
a cuento porque Juan Eslava Galán cuenta cómo a uno de los milicianos que
atacaban el Alcázar de Toledo le concedieron, como premio a su valor, un vale
en el que se lee: VALE POR SIETE “PORVOS” CON LA LOLA. Nada se sabe de la tal Lola y, tal vez, fuera
más complicado lo de los siete “porvos” que tomar el Alcázar, pero, desde
luego, esa “condecoración” al valor en campaña es toda una revolución en sí
misma. Nada de medallitas que se apolillan en los desvanes y que sólo sirven para
que abuelitos pesados den la tabarra a sus nietos con batallitas. En aquella
España de rompe y rasga, los siete “porvos” con la Lola son una bandera
revolucionaria. Eso sí, teniendo en cuenta la tristia post coitum y el cansancio de esos siete brindis a Venus,
que diría Ovido, el valiente soldadito no estaría tras siete coitos en óptimo estado de presentar batalla. Por muy español y muy macho
que fuera. Y es que así, al final, se acaba perdiendo una guerra porque tanto
“porvo”, tanto “porvo” no es bueno ni para las cucarachas.
lunes, 9 de abril de 2018
LAS MICCIONES DEL CAUDILLO
Mucho se ha escrito sobre
Franco, aquel señor de bigote que había nacido en el Ferrol, pero nunca había
leído nada con referencia a su capacidad de contener la orina. Entre sus generales, y ya antes
entre sus compañeros, corría la consigna de que, a las reuniones con Franquito,
había que acudir “meado de casa”. Y es que Franco, que por algo era caudillo
por la gracia de Dios, podía estar sin miccionar más de catorce horas. Es
lógico que la vejiga de un hombre al que Dios destinó para tan alto cometido no
fuera una vejiga normal y sí una vejiga épica, digna de un Aquiles del que, en
ningún momento, nos cuenta Homero que se parara a miccionar en plena batalla.
Esa vejiga prodigiosa le acompañó – según dicen – durante muchos años de su
vida y a los Consejos de Ministros también había que acudir habiendo miccionado
previamente y sin mucha ingesta de líquidos porque el Caudillo podía estar dos
consejos sin levantarse a hacer su aguas menores. Sin embargo, un día, ya en
los sesenta, Franco, en medio de un Consejo de Ministros, se levantó al
servicio. Los ministros lo miraron asombrados y uno de ellos, un gallego como
él, pero nacido en Villalba, corazón da Terra Chá, y que era a la sazón ministro de Información y
Turismo apuntó en su cuaderno de notas: “En el día de hoy, el franquismo ha comenzado
su declive”. Y no se equivocó aquel galego lucense llamado Manuel Fraga. Y es
que cuando la próstata de un dictador empieza a fallar, el país que gobierna
empieza a temblar.
viernes, 30 de marzo de 2018
ABULENSES ILUSTRES I
Llevaba
ya un tiempo queriendo hacer un catálogo de abulenses ilustres y, aprovechando
las vacaciones de Semana Santa y el temporal enésimo de este invierno –
primavera, he decidido que ahora era el kairós,
es decir, el momento oportuna. Vamos a ello:
- Santa Teresa de Jesús
- San Juan de la Cruz
- Adolfo SuárezNo merece que haga ningún comentario pues los tres son muy conocidos: dos santos y un político casi santo por la santa Transición.Vienen a continuación dos músicos abulenses de renombre aunque el primero es más conocido que el segundo:
- Tomás Luis de Victoria
- Sebastián de Vivanco
- El militar Sancho Dávila, conocido como el Rayo de la Guerra hace el número seis de mi humilde lista y el séptimo y siguientes hacen que paremos un instante:
- El historiador de Cebreros Alfonso Moreno Espinosa;
- El también cebrereño y poeta, Hermenegildo Martín Borro.
- El arevalense Eulogio Florentino Sanz y Sánchez, político, poeta, dramaturgo e historiador del que haré entrada aparte por su aventura vallisoletana.
- También era de Arévalo, capital de la Moraña, Emilio Romero, periodista y maestro de periodistas en el diario Pueblo.
- Alonso Fernández de Madrigal, el Tostado. Grandídmo escritor casi grafómano, que escribió tanto que se dice popularmente: “Escribes más que El Tostado”
- Y hablando del El Tostado, no hay más remedio que hablar de Vasco de la Zarza, escultor que esculpió la tumba que se puede ver en la Catedral abulense, pero Vasco de la Zarza no era abulense sino toledano o, según otros, portugués. Por tanto, debería entrar en la categoría de “cuasi abulenses” de la que tratemos en mejor ocasión.
- De Madrigal eran doña Isabel la Católica y Vasco de Quiroga, primer obispo de Tachoacán, en México, al que los indígenas llamaban Tata Vasco. También de Madrigal era el número catorce:
- Felipe Doyágüez Chico, sacerdote de honda vinculación con Cebreros en donde fue el artífice de Valsordo. Quizás no sea muy conocido, pero su faceta como poeta y como sacerdote que tuve la fortuna de descubrir en San Pedro me parece admirable.Ya hemos hablado de un político, tan conocido que no hace falta decir nada de él, pero Ávila es rica en gentes dedicadas a tan noble profesión.Del sur encontramos a:
- Sebastián González Vázquez. Natural de La Adrada y al que conocí de Presidente de la Diputación.
- José Manuel Fernández Santiago, conocido como “Toti”, es de Arenas de San Pedro y es un político autonómico que ha desempeñado alguna consejería y que fue presidente de las Cortes entre 2003 y 2010.
- Agustín Rodríguez Sahagún, ministro con la UCD y conocido por su peinado a “cepillo” además de por su quehacer político serio y honrado.
- Agustín González González, natural de Cabezas Altas, ha sido tantas cosas que quita el resuello:
- Maestro
- Dulzainero y creador de una escuela de dulzainas.
- Alcalde de Barco de Ávila
- Presidente de la Diputación
- Presidente de Caja de Ávila
- Presidente de la Fundación Gran duque de Alba
- Presidente de la Federación Regional de Cajas de Ahorro.
- Consejero del Banco Financiero y de Ahorro.En 2012, su nombre apareció vinculado con el caso Gürtel y en 2015 dijo que no se presentaba a las elecciones. Desconozco si sigue tocando la dulzaina.
- También del sur de Ávila, en concreto de El Arenal, es Cecilio Vadillo Arroyo, ex subdelegado del gobierno en Valladolid y director del Instituto “Alfonso VI” en donde tengo la suerte de tenerlo como director. Ha intentado en varias ocasiones su regreso a la política activa, ora como diputado, ora como alcalde de Valladolid. El que lo hubiera conseguido habría sido deseable, pero cierto es que lo que habría sido un bien para los ciudadanos, habría sido, a su vez, un mal irreparable para los profesores, personal no docente y alumnos del mencionado centro. (Nótese la vocación de pelota que tiene el escribano que esto escribe).
- Otro político abulense, éste del norte, más en concreto de Pajares de Adaja, es Ángel Acebes, bien parecido y con percha para los trajes, al que conocía de alcalde Ávila y que luego anduvo por los madriles en un ministerio. No sé por dónde anda, pero me suena que también anduvo en los papeles del caso Bankia. La carne es débil.
- De Ávila era también José Luis Uribarri, eterno presentador de Eurovisión y padre de Susana Barri. El apellido es vasco, pero él decía siempre que no tenía más que una prima en Bilbao.
- Y metidos en el mundo del espectáculo, tenemos que citar a Tito Valverde al que recuerdo en El Bosque animado de José Luis Cuerda y, sobre todo, en El Comisario. Por su culpa casi me hago policía con el “Pope” y “Charlie”.Y en el número 22 lo dejamos. Para otro día, más.
martes, 27 de marzo de 2018
RILKE, CUENTISTA
Para mí, Rilke han sido siempre sus libros de
poemas: los Sonetos a Orfeo, las Elegías de Duino o el Libro de las Imágenes por citar unos
pocos. Pero, tras leer una pequeña antología sobre el amor que publicó en su
día Alianza Editorial, he descubierto ( y lo digo sin vergüenza y sí con la
satisfacción de haber hecho un descubrimiento) el Rilke del relato corto, del
cuento. En un volumen muy cuidado publicado por Alba, se han reunido una colección de cuentos
verdaderamente prodigiosa. Cierto es que
tenemos de él, en prosa, Los
Cuadernos de Malte Laurids Brigge, pero confieso que, cuando
los leí no me llegaron tanto como estos cuentos fantásticos (en el doble
sentido), llenos de la fuerza de la poesía de Rilke, rebosantes de buena
literatura. Un verdadero hallazgo el de este mes de marzo al que le quedan tan
sólo cuatro días. Que todas las lecturas que haga en esta primavera que
comienza sean tan fructíferas y tan provechosas y tan satisfactorias como ésta
de Rilke.
LAS MUY LOCAS HEROÍNAS DEL BEL CANTO
Estamos a principios del siglo XIX y entre las
heroínas de las Óperas parece que hay toda una epidemia de locura: Imógene, la
joven viuda de El pirata de Bellini,
tiene visiones con su marido y con su hijo; Elvira, en I Puritani, pierde la razón cuando Arturo la abandona a los pies
del altar para, aparentemente, irse con otra mujer; la Anna Bolena de Donizeti
no cree que la lleven al suplicio, sino a sus bodas y pide que la lleven a la
casa en la que pasó su infancia; Lucia di Lamermoor aparece ensangrentada en la
famosísima “escena de la locura” y revela que ha asesinada al marido con la que
la obligaron a casarse y, por último, la heroína de Linda de Chamonix, cae en
la demencia cuando sabe que Carlo se va
a casar con otra. En La sonnambula,
Amina anda también por el mundo de los sueños. ¿Qué les cocurre a las mujeres
románticas? Vamos a intentar analizarlo despacio.
En el
siglo XVIII, la razón lo preside todo, pero, cuando en Alemania llega el
movimiento Sturm und Drang, las cosas
cambian y los héroes pueden expresar su subjetividad y alcanzar paroxismos emocionales.
Cuando Goethe publica Die Leiden des
jungen Werthers que termina con el suicidio del joven, el mundo de los
sentimientos, en ocasiones desenfrenados, preside los temas de novelas y en
literatura surgen dos movimientos: la Schauerroman, o novela del espanto, y la
novela gótica que comienza con El
Castillo de Otranto de Horace Warpole y que tiene su apogeo literario –
filosófico en el Frankestein de Mary
Shelley.
Estamos
en una época en la que Freud no ha escrito sobre los sueños, pero se comienza
en estas obras a tratar los sueños de las mujeres y, al llegar a finales del
siglo XIX, se ha recorrido un largo
camino que tiene como final considerar que la sexualidad femenina ( ese gran
misterio para los hombres), puede ser analizada por medio de los sueños y por
los ataques de locura y de histeria momentáneos. Para el varón, la mujer, desde
los griegos, ha sido un ser misterioso, amado y temido, difícil de comprender,
pero atractiva, capaz de cuidar y dar la vida por sus hijos, pero también, como
Medea, matarlos para hacer sufrir a Jasón. La muerte de Penteo en las Bacantes
a manos de unas mujeres enloquecidas revela el miedo que el hombre tiene por la
mujer, un ser con el que, como hemos dicho antes, comparte su vida, pero apenas
conoce. Hasta tal punto se asoció la mujer con los trastornos psíquicos que
histeria viene de la palabra griega para el útero. Que una mujer fuera
histérica entraba dentro de los normal, pero que un hombre cayera en la
histeria suponía todo un desdoro para él y para su sexo.
Pero
sigue la pregunta en el aire: ¿por qué se vuelven locas las mujeres y no los
hombres en las óperas románticas? Se puede apuntar como razón que la mujer,
durante muchos siglos (en España, hasta 1977, con la reforma del Código Civil)
había sido una menor de edad. Para los romanos y los griegos, la mujer era una “niña”
a la que había que proteger y que no tenía capacidad de ser testigo en los
juicios. Era un ser débil ( el sexo débil se la llamaba y aún se la llama), muy
sensible, ( llorar no es de hombres) y , en momentos de locura, cometer
horrendos crímenes. Además, la mujer era muy inestable y, como decía el duque
de Mantua en Rigoletto,
La donna è
mobile
qual piuma al
vento
muta d'accento
e di pensiero.
Por esa debilidad, la mujer, cuando es abandonada o
sufre, cae en la locura porque es su manera natural de defenderse frente al
macho dominante. Pero es que además, la mujer loca tiene la “parresía” de los
cínicos, esto es, puede decir y hacer lo
que le venga en gana y echar en cara a la sociedad de hombres, que no lloran ni enloquecen porque han nacido para ser
los machos alfa de la manada, lo que siente en su corazón.
A
finales del XIX, las heroínas cambian y así nos encontramos con una Tosca,
mujer fuerte y valiente, que lucha contra Scarpia aunque el resultado no sea
muy bueno.
En
fin, el tema es complejo y lo retomaremos en otra ocasión. Aquellas mujeres
enloquecidas de la ópera de principios del XIX nada tienen que ver con las
mujeres del siglo XXI que ya no necesitan de la locura para expresar sus
pensamientos. Pero ¿no nos siguen dando
a los hombres un poco de miedo? Ya me diréis.
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