sábado, 29 de diciembre de 2018

KARMELO C. IRIBARREN, MI GRAN POETA



De locos sería el que yo me pusiera  a tratar aquí de la poesía de Karmelo C. Iribarren cuando mentes tan preclaras de la literatura como Túa Blesa ya lo han hecho. ¿Qué podría yo, en mi humildad de lector, aportar a lo que sesudos catedráticos han dicho ya sobre este poeta donostiarra que tan y tan merecidamente triunfa? Poca cosa; sin embargo, sí que quiero decir lo que he sentido al leer Seguro que esta historia te suena, su poesía desde 1985 al 2015, es decir, treinta años de palabra poética. Vamos con ello:

En primer lugar, decir que Iribarren centra su poesía en un paisaje urbano en donde no faltan las autopistas, los autobuses, los moteles y la ciudad en general. Esta ciudad suponemos que es Donostia, pero podría ser una ciudad norteamericana porque se ve a la legua que Carmelo ha leído a los americanos y los ha leído con aprovechamiento, tal y como nos decían los frailes del sagrado Corazón. No aparece para nada el paisaje rural guipuzcoano y todo es urbanita al cien por cien.

En segundo lugar, Karmelo escribe de manera sencilla (¡Ojo con la sencillez que a veces es más compleja que la complejidad), con palabras de la calle, (cuenta que le dijo Celaya que no utilizara palabras que tuviera que buscar en el diccionario) y con un verso claro por lo que cualquier lector de prosa, no habituado a la poesía, puede leerlo sin dificultad. Nada de poemas crípticos.

En tercer lugar, Iribarren usa esa técnica milenaria del epigrama: dejar el final como un latigazo o una picadura de avispa. Así en Marcial, antes en Catulo y en todos los grandes epigramistas que en el mundo han sido.

En cuarto lugar, Karmelo se construye un personaje poético rentable que no sé si es él mismo o disfraza su yo de tío duro, pero que, a poco que se le hurgue, se le nota un corazón tierno. Ya lo dijo un santo de Roma que no se debía llevar el corazón ebn la mano.

         Deciros que hay poemas de Iribarren que siento no haber escrito porque son verdaderamente geniales. Personalmente, los que más me gustan son aquellos en los que el tipo duro se pone tierno y nos habla de su chapa del KAS, de su relación con el viento, con la lluvia, de su paraguas roto, de esas estaciones abandonadas que se parecen a sí mismo, de ese tren al que lo ilumina el amor de su chica, en fin, tantos poemas que he señalado en el libro porque son realmente muy buenos.

         Por último, decir que la fama de Karmelo Caballero Iribarren es justa y merecida. Estamos ante un poeta de valía que escribe en las antípodas de mi manera de escribir, pero que,  o quizás por eso, no dejo de admirar y disfrutar.

         Si un día regreso a Donostia, ya nos veremos por allí. Le invito a usted, señor Iribarren, a unos txiquitos en Alkalde, allí donde mi abuelo Luis, en los años cuarenta, disfrutaba de aquellos bocadillitos de jamón que eran únicos en el mundo. Por cierto, la última vez que estuve en su ciudad, tuve la desgracia de comprobar que el Alkalde que conocí con mi abuelo en los ochenta ya no es el mismo. Ah, se me olvidaba:  zorionak eta urte berri on.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

ÁNGELA ÁLVAREZ SÁEZ Y FRIDA KAHLO



No conocía de nada a Ángela Álvarez Sáez, pero, a través de Internet, he sabido de ella y me he leído La columna rota, un libro editado por mi amigo Antonio Huerga, el semidiós de la movida madrileña. Tras su lectura, deciros que me ha gustado, pero que me ha tenido la poeta con la tableta en la mano buscando los cuadros de Frida Kahlo para relacionarlos con los poemas. Le diría a don Antonio que se gaste las perrucas y que prepare una edición en que vayan, en páginas confrontadas, los cuadros con los poemas. De verdad,  que el libro ganaría un montón. Como soy un tipo simpático, no te voy a cobrar nada por la idea, pero porque un amigo es un amigo, como dice el gran Paco Candela.

TEMPO DE PANXOLIÑAS




La palabra gallega panxoliña se refiere a un canto popular de Navidad. En ocasiones se confunde con villancico, pero éste último tiene una música más “culta” y más relacionada con los maestros de capilla catedralicios mientras que la panxoliña hunde sus raíces en la música popular. Su etimología es muy curiosa pues parece que procede de una deformación del himno litúrgico Pange lingua con la pronunciación eclesiática: pange lingua> panye lingua> panyoliña > pansoliña > panxoliña. Que me perdonen los puristas, pero no puedo escribir con este viejo ordenador con la notación fonética. Para primores, Galerías Pîquer. Estamos pues ahora no tempo das panxolñas y , si  saco a colación este tema,  se debe a que los músicos maravillosos del Cuarteto Quiroga, que llevan por el mundo el nombre de Manuel Quiroga - el gran violinista pontevedrés- , en su último disco, han recogido una panxoliña de 1829. Ya hablamos de ellos en la anterior entrada, pero son tan buenos que se merecen, como mínimo, dos.

WEBERN ANTE EL PRECIPICIO


Dice Cibrán Sierra, uno de los dos violines maravillosos del muy maravilloso Cuarteto Quiroga, que Antón Webern, cuando compuso su Langsamer Satz, se “asomó al embriagador precipicio donde sólo el vértigo del tiempo aguarda”. Bellísimas palabras de este gran músico que sitúa la posición de Webern con gran precisión. La expresividad lírica del Romanticismo, herencia de sus antepasados musicales, estaba llegando ya a su fin y Webern tenía que continuar por otros caminos que, por aquel entonces, estaban sin descubrir. El camino lo marcó el mismo Webern con su Opus 5, sus famosas Fünf Sätze für Streichquartett,  que fueron el principio de otra manera de entender la música que servirá de hontanar para músicos posteriores. El Cuarteto Quiroga, en su magnífico disco Statements, Declaraciones, graban ambas composiciones del músico austriaco y eso nos sirve de ejemplo inmejorable de lo que acabamos de decir. Pero ojo que la belleza requiere una gran hombría como decía don Antonio Gamoneda.

viernes, 14 de diciembre de 2018

EL BRILLO DE LOS DOCENTES


Qui autem docti fuerint, fulgebunt quasi splendor firmamenti: et qui ad iustitiam erudiunt multos, quasi stellae in perpetuas aeternitates. Este hermosísimo texto aparece en Daniel, 12.3 y traducido al castellano dice así: Mas aquellos que sabio fueren, relucirán como el esplendor del firmamento y los que a muchos enseñaron la justicia, lucirán por siempre como estrellas. Es un consuelo para docentes inocentes estas palabras. Quizás de nuestros caminos de tiza algo quede, si no tan brillante como profetiza Daniel, al menos , un simple recuerdo de nuestros alumnos. Con eso me conformo.

JUVENAL, VOTANTE DE VOX




Hacía tiempo que no leía a Juvenal y, al releer alguna de sus sátiras y recordar las otras, veo en este satírico romano el rechazo que tiene, “como romano de bien” por aquellos que él consideraba marginales, gentes que estaban “mancillando” la Roma eterna. Así, en sus sátiras, leemos sus quejas por la presencia de mauritanos en su barrio; sus lamentos porque los emigrantes invaden Roma y le “roban” sus derechos. ¡Hasta los homosexuales son objeto de las críticas del escritor que desea un regreso a la Roma de Augusto por aquello de que “con Augusto vivíamos mejor”! Este escritor, que era de Aquino, como más tarde Santo Tomás, adolecía de esa enfermedad que se manifiesta como rechazo al diferente, al distinto, al extranjero. Los inmigrantes vienen para quitarnos lo nuestro y, por tanto, construyamos una valla que les impida entrar; tampoco entiendo a los que no son como yo, hetero de toda la vida, que no hacen sino emponzoñar y emporcar mi barrio. Es, en definitiva, el miedo del ser humano  al  que  es distinto. Juvenal, de haber vivido en EEUU, hubiera votado sin problemas de conciencia a Trump o, si hubiera vivido en España, se habría hecho militante de Vox, como Fernando Sánchez Dragó, y hubiera predicado contra los moros, los negros y los sarasas. Como veis, el tiempo pasa, pero la mejora moral del ser humano es casi imperceptible. Hoy en día, muchos escribirían poemas como los de Juvenal, pero, por cobardía o por falsedad, se los guardan. Al escritor romano tenemos que agradecerle al menos su valentía por decir lo que piensa, pero, una vez expuesta su opinión, no podemos estar de acuerdo con él. Si los gobernantes romanos le hubieran escuchado, nosotros no estaríamos hablando en español y hablaríamos alguna lengua céltica. En el fondo, el miedo al diferente es el miedo a nosotros mismos.

viernes, 7 de diciembre de 2018

ARMINIO Y LA BATALLA DE TEUTOBURGO



Hay batallas que cambian el mundo y que hacen que éste sea muy distinto de lo que podría haber sido. Esta historia comienza en el año 16 o 17 antes de Cristo cuando nace un niño, hijo de un jefe querusco llamado Segimer. El niño fue bautizado con el nombre de Arminio y llegó a ser ciudadano romano. Con apenas veinte años, en el año 4 d.C., Arminio fue a luchar a la Panonia comandando un destacamento querusco dentro de las tropas auxiliares romanas que estaban compuestas por guerreros de las distintas provincias romanas. En el año 7. d.C., Arminio regresó a su Germania al lado de Varo. Augusto envió con Varo al joven querusco pensando que éste, puesto que era germano, ayudaría mucho al gobernador en la guerra y en los tratos con los germanos. Al principio, todo fue bien porque Arminio era como un hijo para Varo, sin embargo, viendo el joven querusco que los germanos se veían privados de la libertad, sintió la “llamada de la sangre” y empezó a tener relaciones con jefes de otras tribus germanas. El muchacho que había nacido en Germania pensó que era el momento de defender a su gente y derrotó a los romanos en la batalla de Teutoburgo. Varo perdió las águilas – era lo peor que le podía pasar a un imperator - y, según cuentan, cuando volvió a Roma, Augusto no hacía más que preguntarle de forma lastimera: “Varo, Varo, ¿qué me has hecho de mis legiones?”

         Decía al principio que Teutoburgo fue una de las batallas que cambiaron el mundo y la verdad es que hizo que hoy en Alemania se hable alemán y no una lengua latina como en Francia. La frontera del Rin se convirtió en una frontera lingüística que se ha mantenido hasta el día de hoy. Y todo por aquel joven querusco que se educó en Roma. Esta historia la recogió Porpora en su Germánico en Germania y Manfredi también nos cuenta la historia en uno de sus best – sellers. Esto os lo he contado con toda la humildad del mundo. Espero que lo comprendáis.