miércoles, 20 de diciembre de 2017

MIS PEÑAS ARRIBA




Me he terminado de releer Peñas arriba, esa fabulosa novela de Pereda, mi gran Pereda. Si disfruté en su lectura, mucho más lo he hecho en su relectura, en parte porque ya pisaba un terreno conocido, en parte por la maravillosa y muy buena edición de Ediciones Tantín de Santander dentro de las Obras completas del escritor de Polanco. Como ya hablé en su momento de la novela,  quisiera deciros que, gracias al excelente prólogo, he podido ver que hay como varias novelas dentro de una y así veo las que siguen:

  1. Una novela de aventuras con tonos épicos que abarca desde la llegada a Reinosa de Jacinto a su instalación en Tablanca . También se incluirían aquí las diferentes excursiones y cacerías que lleva a cabo el madrileño por el valle del Nansa y por el Alto Campoo.
  2. Una novela de “conversión” pus el Marcelo urbanita que llega hasta Tablanca se acaba convenciendo de la regeneración que practica su tío Celso y que el mismo Pereda, en boca del señor de la casona, expone en varios pasajes: las ideas liberales son un error frente al tradicional sistema de un señor que cuida, sicut pater filios, a los habitantes del concejo. Así todos viven mejor y todo cambio acarrea la ruina y la destrucción tanto para los amos como los filiales habitantes. Marcelo, convencido de la labor regeneracionista,  acaba haciendo un “menosprecio de Corte y alabanza de aldea” y se va a la casona para casarse con “su Lita abandonando su calle del Arenal y su vida madrileña.
  3. Una novela costumbrista en la que se recogen las costumbres del valle del Nansa: entierros, funerales, bodas y un largo etcétera como la corta de la hierba por el verano.
  4. Una novela al estilo de los folletines- muy bien llevada por Pereda que en ningún momento cae en lo populachero- con los amores de Facia con el errante buhonero que la enamora y le deja embarazada de Tona. La posibilidad del asalto a la casona por parte de los facinerosos,  en la misma noche de la agonía de don Celso, hace el momento aún más angustioso.
     
     En fin, sirvan estas líneas como un modesto análisis de tan gran obra literaria que nos proporciona un intenso placer a aquellos que la tenemos como obra de culto.

PRÍAMO Y AQUILES O EL COMIENZO DEL HUMANISMO


Dice Carlos García Gual que el humanismo en la literatura occidental comenzó en el pasaje de la Ilíada en el que Príamo suplica ante Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor maltratado por el pélida y arrastrado por el polvo con la fuerza de sus caballos. No podemos ver uno a uno los casi ochenta hexámetros que Homero dedica a tan hermoso asunto, pero, al menos, veremos los primeros, aquellos en los que se nos describe a un anciano Príamo abrazado a las rodillas de Aquiles y suplicándole por los despojos de su hijo. También veremos cómo el pélida se conmueve en su belicoso corazón y acaba cediendo al ver la vejez del rey de Troya y acordarse de la vejez de su propio padre Peleo. Hermoso pasaje de la Ilíada, de nuestro comienzo de la Literatura Occidental que dice así en griego:

 

τοὺς δ᾽ ἔλαθ᾽ εἰσελθὼν Πρίαμος μέγας, ἄγχι δ᾽ ἄρα στὰς
χερσὶν Ἀχιλλῆος λάβε γούνατα καὶ κύσε χεῖρας
δεινὰς ἀνδροφόνους, αἵ οἱ πολέας κτάνον υἷας.

 

El gran Príamo entró sin ser advertido y, acercándose,

agarró con sus manos las rodillas de Aquiles y besó sus manos

asesinas y espantosas que tantos hijos le habían matado(…)

 

         Notemos el encabalgamiento del segundo hexámetro en el tercero con los dos adjetivos que definen a las manos de Aquiles: asesinas y terribles. Pero si son asesinas y terribles, lo son porque, además de a otros muchos guerreros,  han matado a los hijos del pobre padre suplicante. Y sigue Homero:

 

ὣς Ἀχιλεὺς θάμβησεν ἰδὼν Πρίαμον θεοειδέα·
θάμβησαν δὲ καὶ ἄλλοι, ἐς ἀλλήλους δὲ ἴδοντο.

τὸν καὶ λισσόμενος Πρίαμος πρὸς μῦθον ἔειπε·


μνῆσαι πατρὸς σοῖο θεοῖς ἐπιείκελ᾽ Ἀχιλλεῦ,
τηλίκου ὥς περ ἐγών, ὀλοῶι ἐπὶ γήραος οὐδῶι·


Se quedó atónito Aquiles viendo a Príamo, semejante a un dios.

Y atónitos se quedaron los demás y se miraron unos a otros.

Príamo, suplicante, le dirigió estas palabras:

 

“¡Acuérdate de tu padre, Aquiles, semejante a los dioses,

que tiene mis mismos años y en el umbral funesto de la vejez está!

 

         Sigue Príamo con su hermoso discurso y, ¡grande milagro!, consigue conmover al pélida y ambos acaban llorando:

 

 

ὣς φάτο, τῶι δ᾽ ἄρα πατρὸς ὑφ᾽ ἵμερον ὦρσε γόοιο·
ἁψάμενος δ᾽ ἄρα χειρὸς ἀπώσατο ἦκα γέροντα.
τὼ δὲ μνησαμένω ὁ μὲν Ἕκτορος ἀνδροφόνοιο

 

κλαῖ᾽ ἁδινὰ προπάροιθε ποδῶν Ἀχιλῆος ἐλυσθείς,
αὐτὰρ Ἀχιλλεὺς κλαῖεν ἑὸν πατέρ᾽, ἄλλοτε δ᾽ αὖτε
Πάτροκλον· τῶν δὲ στοναχὴ κατὰ δώματ᾽ ὀρώρει.

 

Habló así (Príamo) y suscitó en aquél el deseo de llorar por su

                                                                                              [padre.

Tomó entonces al anciano de la mano y lo apartó suavemente.

Y cada uno con sus recuerdos, uno acordándose del mortífero

                                                                                              [Héctor

lloraba sin descanso, echado a los pies de Aquiles,

y Aquiles, a su vez, lloraba por su padre y, otras veces, también

por Patroclo. Y los sollozos de ambos llenaban la estancia.

 

         De nuevo, el encabalgamiento del último hexámetro es magistral pues nos pone en “primera línea” el dolor por la muerte de Patroclo.

 

         Príamo, con su aflicción, movió el corazón de Aquiles que, al final ( por desgracia no podemos recoger todo el diálogo) le dice a Príamo que humanos somos y en manos de los dioses estamos y que por ser mortales el destino tenemos en manos de los dioses.

         En el siglo XII a. C.,  dos hombres, un anciano y un joven guerrero, unidos en la desgracia, se dan cuenta, toman conciencia de su condición de mortales, de simples humanos ante la omnipotencia de los dioses y se consuelan con el llanto y con la palabra. ¡Con razón dice el maestro Gual que comienza aquí el humanismo en la literatura universal!

 

ἆ δείλ᾽, ἦ δὴ πολλὰ κάκ᾽ ἄνσχεο σὸν κατὰ θυμόν.
πῶς ἔτλης ἐπὶ νῆας Ἀχαιῶν ἐλθέμεν οἶος

ἀνδρὸς ἐς ὀφθαλμοὺς ὅς τοι πολέας τε καὶ ἐσθλοὺς
υἱέας ἐξενάριξα; σιδήρειόν νύ τοι ἦτορ.
ἀλλ᾽ ἄγε δὴ κατ᾽ ἄρ᾽ ἕζευ ἐπὶ θρόνου, ἄλγεα δ᾽ ἔμπης
ἐν θυμῶι κατακεῖσθαι ἐάσομεν ἀχνύμενοί περ·
οὐ γάρ τις πρῆξις πέλεται κρυεροῖο γόοιο·

ὡς γὰρ ἐπεκλώσαντο θεοὶ δειλοῖσι βροτοῖσι
ζώειν ἀχνυμένοις· αὐτοὶ δέ τ᾽ ἀκηδέες εἰσί.

 

 

(Habla Aquiles)

 “Ay, desgraciado! ¡Cuántas desgracias has soportado en tu ánimo!

¿Cómo te has atrevido a venir en soledad a las naves de los aqueos

ante los ojos del hombre que a tantos y valerosos

hijos te ha matado? Tu corazón, sin duda, es de hierro.

Pero, ¡ea! toma asiento y, pese a todo,  los dolores

dejemos tranquilos en nuestro corazón por mucha que sea la pena.

Pues ninguna ganancia resulta del helado llanto.

Que así hilaron el destino los dioses para los míseros mortales:

vivir llenos de penas. Ellos en cambio, libres están de dolores.

 

         Frente a la vida en el dolor de los humanos, la vida sin cuitas de los dioses. Hombre con hombre frente al dolor; hombre con hombre en simpatía; hombre con hombre sintiéndose necesitados.

Toda una lección de humanismo y humildad. Por cierto que humano y humildad tienen, en latín, una misma raíz: humus, tierra. Pero esa historia la dejo para otro día.


martes, 19 de diciembre de 2017

SAN DÁMASO Y VILLAMANTA





El día 11 de diciembre fue  san Dámaso, un papa del siglo IV, al que se le reconocen tres principales méritos:
-         Fue el que pidió a San Jerónimo la traducción en latín de la Biblia, lo que tradicionalmente se conoce como la Vulgata.
-         Cambió el griego por el latín en la liturgia con la excepción del Kyrie.
-         Combatió a Prisciliano, el galaico hereje del que hablaremos in extenso en otra entrada de blog.
-         También se podría añadir que inauguró la costumbre de poner, en las tumbas de los mártires unos versos alusivos a su martirio.
Los historiadores tienen dudas a la hora de situar su nacimiento: Roma para algunos o Galleaecia para otros. Incluso hay voces autorizadas que lo sitúan en  Egitania, Lusitania, en la freigresía actual de Idanha-a –Velha. Me gustaría dejar claro en primer lugar que el hecho de que naciera en la Gallaecia  no significa que fuera gallego de la Galicia actual como escribe La Voz de Galicia al oponerlo a otro “gallego” ilustre, Prisciliano, sino que hay que entender que la Gallaecia romana abarcaba mucho más territorio que la Galicia actual. Por ejemplo, hay autores que dicen que Teodosio, nacido en Cauca, la Coca de Segovia, era gallaicus y cualquiera puede ver lo distante que está un segoviano de un gallego. Sin embargo, el lugar de nacimiento más curioso que he encontrado es Villamanta (Villa Mantua) en la Comunidad de Madrid en donde conservan, en la iglesia dedicada a Santa Catalina de Alejandría ( de la que hemos escrito una entrada hace poco), unas reliquias que pidieron a Roma y que su párroco, Orlando Mateos, conserva en la cripta de la iglesia. Esta posibilidad de que Dámaso fuera “madrileño” también tuvo mucha difusión en la Edad Media e incluso en años posteriores cuando Enrique Cock, el bátavo que acompañó a Felipe II en sus viajes, se pone a escribir la descripción en hexámetros de Madrid al que llama Ursaria sive Mantua Carpetana, en el tópico  de la épica de la invocatio Musae o invocación a la Musa inspiradora, pide ayuda a san Dámaso con estos versos:
Damase, adesto mihi, Romane sacerrime praesul,
Civium honos, patriae columen, virtutis imago
Narranti patrios, tua stenmata clara, penates;
Vivifica ingenium atque audacibus annue coeptis.

Ven en mi ayuda, Dámaso,  sacratísimo cardenal romano,
Honor de la ciudadanos, cumbre de la patria, imagen de la virtud
Para el que narra tus patrios penates, tus claros linajes;
Vivifica mi ingenio y aprueba mis audaces comienzos.

         En la edición que manejo, con notas de Antonio Rodríguez y Alfredo Morel.-Fatio, publiacada en Madrid  en la imprenta de G. Hernando, en 1883, se pone como nota a pie de página en Damase lo siguiente:
“ San Dámaso, papa a quien se cree oriundo de Madrid”
         Esta posible nacencia de Dámaso en Madrid nos lleva incluso a nuestros días pues vemos cómo la Facultad de Teología lleva el nombre de San Dámaso, haciendo clara alusión a su origen matritense. Como veis un tema muy interesante del que prometo seguir escribiendo a medida que vaya teniendo más datos.

lunes, 18 de diciembre de 2017

LA CAMPANA DE HUESCA Y HERÓDOTO



Ramiro II fue un rey aragonés que, habiendo sido monje y siendo hombre piadoso,  hizo pensar a los nobles que iba a ser muy fácil burlarse de él. Sin embargo, “el monje” los fue llamando a su palacio y a medida que llegaban les cortaba sus cabezas y con ellas iba formando una campana, la campana de Huesca, de cuyo badajo se cuenta que estaba formado por la cabeza del obispo oscense. La historia ha dado para una obra de García Gutiérrez, El rey monge;  para pinturas como la de Casado del Alisal, el célebre pintor palentino y para relatos escolares que es en donde yo conocí por vez primera la historia. Sin embargo, Ramiro II no fue original con esto de asesinar a los que le plantaban cara y ponían en cuestión su poder, sino que ya Heródoto nos cuenta la famosa historia de  Periandro. Veámosla en la elegante versión de Carlos Schrader:
Periandro despachó un heraldo a la corte de Trasibulo para preguntarle que con qué tipo de medidas políticas conseguiría asegurar sólidamente su posición y regir la ciudad con el máximo acierto. Entonces Trasibulo condujo fuera de la capital al emisario de Periandro, entró con él en un campo sembrado y, (...) cada vez que veía que una espiga sobresalía, la tronchaba (...) Acabó por destruir lo más espléndido y granado del trigal. Y, una vez atravesado el labrantío, despidió al heraldo sin haberle dado ni un solo consejo.
         También aparece en Tito Livio,  en ese pasaje en que Tarquino troncha con su bastón las adormideras que sobresalían como lección para Sexto Tarquino, rey de los gabios.
         Sin embargo, ¿cómo pudo llegar la leyenda hasta el alto Aragón? Según Manuel Alvar, por la herencia carolingia y por la épica occitana francesa con la que el reino de Aragón estaba muy vinculado.
         Tan sólo recomendaros que veáis el cuadro del ilustre pintor palentino o que leáis la obra teatral de García Gutiérrez. Por supuesto, podéis leer a Heródoto. Seguro que, si lo hacéis, seréis un poco más felices en esta navidad de 2017.



jueves, 14 de diciembre de 2017

MI MUDEJARILLO MORAÑEGO




Hoy es San Juan de la Cruz, mi san Juan de la Cruz, aquél al que saludaba cada mañana en mi exilio abulense al pasar por la plaza en la que tiene una estatua que recuerda al mudejarillo morañego. Como homenaje, quiero dedicarle este soneto que escribí anoche a la luz de una candela, tal y como les gusta escribir a los héroes de Jiménez Lozano, el morabita de Alcazarén. Que san Juan, en su inmensa bondad, me perdone este mal soneto. Ahora,  que mejor es celebrarlo con un mal soneto que con una comilona a la que acuden en procesión todos los ¿poetas? y paniaguados de la región castellano leonesa y adyacentes. Sí, es  ese ya famoso cocido de Fontiveros en donde los maestros del verso se empanzan a garbanzos. ¿Qué diría mi san Juan, a él que tanto le gustaban unas sencillas peras con canela? Perdónalos, Juanito, porque sí saben lo que hacen, pero lo disimulan con sus trapisondas garbanceras y tocineras.

SONETO A MI SAN JUAN DE LA CRUZ

Y partes cada noche con premura
a zaga de la huella del amado
y, al ventalle de los cedros reposado,
me invitas a pasar tu noche oscura.

Está mi alma perdida en la espesura,
mas sigue de tus labios el dictado,
medio fraile de Amor enamorado,
sin tregua cazador a plena altura.

Por ínsulas extrañas voy perdido
buscando incansable aquella fuente
que alivia el corazón del malherido.

Solitario te busco entre la gente,
dañado del amor, de amor huido,
puro gozo mi oído si te siente.