viernes, 28 de septiembre de 2018

MACÍAS, EL ENAMORADO


Como no podía ser menos, el nacimiento de Macías está cubierto por el misterio. Para unos, servía en la casa del maestre de la Orden de Santiago, don Fernán Pérez de Andrade; para otros, estaba al servicio de don Enrique de Aragón, marqués de Villena. En casi todas las fuentes se coincide en el nombre de la amada: Elvira; y también se coincide en que uno u otro señor la entregó a un noble para que se casara con ella. También coinciden las fuentes en que Macías no cejó en su amor y continuó escribiendo tristes cantos de amor a su amada. Por esta actitud, su señor, bien ordena que lo lleven al castillo gallego de Nahario, bien ordena que lo encierren en el castillo de Arjonilla, en Jaén.  También las fuentes se ponen de acuerdo en que el marido, cansado del trovador que seguía cortejando a la que ya era su esposa, se fue hasta el castillo y de una lanzada mata al pobre Macías. Mi recuerdo de Macías comienza con un semáforo en Padrón, cuando se cruzaba el pueblo. Mi padre paraba cuando volvíamos de Santiago y, a lo lejos, veía la estatua del desdichado trovador. Luego ya don Alvaro Cunqueiro, mi señor feudal en literatura, me contó de su vida y obra. Que, por cierto, no está muy bien considerad entre los estudiosos. Don Ramón Menéndez Pidal, coruñés él, no tiene “piedad” con su paisano y así nos dice: “destaca no por sus versos, sino por haber sido, mediante su leyenda, fuente de inspiración de otros poetas que supieron realizar de una manera apasionada y poética lo que el alma ardiente de Macías decía sentir y no pudo expresar si o vaga y desaliñadamente”. Tampoco tenía buena opinión de él Federico Sainz de Robles que en su Diccionario de Literatura dice: “Más vale en él la leyenda que los versos. Pocos y muy desmayados son estos. Más conocido que por ellos, por su leyenda de amor adúltero y de su trágica muerte”.
Los poetas que usaron su trágica leyenda fueron varios y así, desde Rodríguez del Padrón a Lope de Vega, la desgraciada historia del padrones sigue haciendo que las lágrimas broten tristes por su amarga ventura. A mí, creo, me está esperando en su jardín padrones, aquél que yo de niño venía cuando volvíamos de Santiago.

martes, 25 de septiembre de 2018

LA CRUZ DE LA POESÍA




A veces, la poesía te llega  a lo más profundo del alma y te deja una herida de belleza o de verdad de la que ya es imposible sanar. Así me ha ocurrido con esta Salutación elegíaca a Rosalía de Castro de Lorca.  Y, de este poema, me quedo con esa estrofa maravillosa que dice así:
 
Quiero que lloremos la melancolía
que sobre nosotros el cielo dejó
pues vamos cargados de cruz de poesía
y nadie que lleva esta cruz descansó.
 
         Rosalía, miña nai, miña naiciña, invocada por el poeta solar, andaluz, de metáforas airosas, calientes como las tardes de la Vega de Granada. Y, sobre todo, la gran verdad: ser poeta es esa cruz de la que no podemos descansar, para la que no hay Cirineo porque se nace poeta y se muere poeta. No puedo sino recordar a Jacinto Herrero,  escribiendo sus últimos poemas en la residencia de sacerdotes de Ávila o a Timoteo Herrero (¡bendita casualidad de apellidos en estos dos grandes poetas, uno abulense, el otro vallisoletano) escribiendo sonetos mientras una máquina limpiaba su sangre con la diálisis. Ahora, mientras vamos camino de la tarde, la cruz se recorta sobre el cielo. ¡ Rosalía, Federico, bon Deus, ayudadme!

domingo, 23 de septiembre de 2018

ALFRED DÖBLIN Y SUS DOS AMIGAS ENVENENADORAS



Si el Soberano es cosa de hombres, el veneno es cosa de mujeres. Alfred Döblin, que era psiquiatra, parece afirmarlo en este libro en el que cuenta un envenenamiento que sucedió de verdad en el Berlín de principios del siglo XX. Hace años que leí su Berlín Alexander-Platz, cuando estaba en Ávila del rey, y merecería, cuando pueda y el tiempo y mi programación de lectura me lo permita, una relectura sosegada. Fassbinder declaraba su amor por Döblin y, sin duda, tenía poderosas razones para amarle pues estamos ante uno de los grandes escritores alemanes del siglo XX . En el libro se habla de la culpa y de los atenuantes que pudo tener aquella chica con rasgos psicológicos infantiles para cometer el crimen;  y también se habla de las razones de su amiga y de la madre de ésta para ser cómplices de tan deleznable hecho. Pero, ¿estaba preparada la joven Elli para casarse con Link o fueron los prejuicios pequeño burgueses de su padre lo que la llevaron a esa catastrófica situación y estado? Como un reloj suizo, el libro nos va llevando por la vida, por el dolor, por degeneración de los barrios obreros que tan bien conocía Döblin pues había sido médico en los barrios obreros berlineses. Un libro duro, pero necesario. Como los cuartetos últimos de Shostakovich.

FIESTA BAJO LAS BOMBAS


        
Sigo con esta lectura apasionada y apasionante de Elías Canetti y, en este mes de septiembre, le ha tocado a Fiesta bajo las bombas, es decir, los años ingleses de este escritor búlgaro. Canetti vivió en Inglaterra  y en ella conoció a grandes tipos ( así diría el maestro Pla) y a otros que no los consideraba como tales, como a Elliot,

, el arranque sobre el capítulo sobre Aymer, que dice así: al que no tiene mucha simpatía que se diga.

         De este libro, os copio un fragmento

         “ Cuando me invade la tristeza, generalmente al caer la tarde, extraigo del fondo un recuerdo. El hecho de que sea un recuerdo disminuye la tristeza”.

         Gracias, maestro Canetti, por aliviarme esa melancolía que también a mí me toma a la caída de la tarde.

ADIO, QUERIDA VERSUS ADDIO DEL PASSATO



Estaba el otro día un servidor escuchando a Paco Díez y sus Romanzas de amor sefarditas cuando al cantar Adio, querida, en la parte en la que no  modula a mayor, me recordó a la famosísima aria de La Traviata, Addio del passato. Desconozco la época de la composición sefardí y si por tanto su autor anónimo podía conocer la melodía verdiana o, si por el contrario, sucedió al revés, que fue el maestro de Busetto el que copió para su Traviata la hermosísima melodía sefardita. Le preguntaré a Paco Díez sobre tan curioso caso.

sábado, 22 de septiembre de 2018

NOITURNIO DO ADOESCENTE MORTO O LA MARAVILLA DE LORCA EN GALLEGO



En ocasiones, un poema que ya habías leído vuelve a ti con una fuerza desmedida de tal manera que, prácticamente, estamos todo el día con él a cuestas o en las mientes. Así me ha ocurrido con este bellísimo Noiturnio do adoescente morto de los Seis poemas galegos de Lorca. Cuenta Ramón González Alegre que, un día, cuando La Barraca había terminado de representar su obra en el pueblo coruñés de As Pontes de García Rodríguez, alguien, de pronto, gritó desde una esquina: “Ha un rapaz afogado no río” Y toda la gente marchó para el río, Lorca incluido. El poeta granadino, en esta maravilla de nocturno, recrea ese dolor, ese ambiente de tragedia que él vivió aquella noche en primera persona. He revisado la intentado mejorar la traducción al castellano porque, en las que he visto hay errores graves como, por ejemplo, traducir curtiñas por cortinas o arumes por agujas. Aquí os dejo esta maravilla lorquiana.

 

IV.  Noiturnio do adoescente morto

Imos silandeiros orela do vado
pra ver ô adolescente afogado.

Imos silandeiros veiriña do ar,
antes que ise río o leve pro mar.

Súa i-alma choraba, ferida e pequena
embaixo os arumes de pinos e d’herbas.

Ágoa despenada baixaba da lúa
cobrindo de lirios a montana núa.

O vento deixaba camelias de soma
na lumieira murcha da súa triste boca.

¡Vinde mozos loiros do monte e do prado
pra ver o adoescente afogado!

¡Vinde xente escura do cume e do val
antes que ise río o leve pro mar!

O leve pro mar de curtiñas brancas
onde van e vên vellos bois de ágoa.

¡Ay, cómo cantaban os albres do Sil
sobre a verde lúa, coma un tamboril!

¡Mozos, imos, vinde, aixiña, chegar
porque xa ise río m’o leva pra o mar!


IV.  Nocturno del adolescente muerto

Vamos silenciosos orilla del vado
para ver al adolescente ahogado.

Vamos silenciosos orillita del aire,
antes que ese río lo lleve hacia el mar.


Su alma lloraba, herida y pequeña
bajo los aromas de pinos y  hierbas.

Agua despeñada bajaba de la luna
cubriendo de lirios la montaña desnuda.

El viento dejaba camelias de sombra
en la claraboya mustia de su triste boca.

¡Venid mozos rubios del monte y del prado
para ver el adolescente ahogado!

¡Venid gente oscura de la cumbre y del valle
antes que ese río lo lleve hacia el mar!

Lo lleve hacia el mar de cuadras blancas
donde van y vienen viejos bueyes de agua.

¡Ay, cómo cantaban los árboles del Sil
sobre la verde luna como un tamboril!

Mozos, vamos, venid, pronto, llegad
porque ya ese río me lo lleva al mar!

 

domingo, 16 de septiembre de 2018

CARMELO GONZÁLEZ O DE MÓSTOLES SÍ PUEDE SALIR ALGO BUENO


Tengo que confesaros que un servidor fue profesor en Móstoles allá por 1996, en un Instituto que se llamaba Felipe Trigo (tarde algunos años hasta que leí algo de este autor pues mi vieja enciclopedia Salvat, publicada en los años cuarenta, no lo “recomendaba”) y en el que estaba de inspectora una poeta como María Victoria Reyzábal a la que más tarde traté en Ávila por cosas del destino (profesional y el de Verdi). Pues, como os iba diciendo,  yo llegaba con mi cochecito Clío blanco, el mismo que me está mirando ahora cubierto con su lona azul oscura, esperaba en un stop criminal y me aposentaba en el departamento que nos habían construido nuevo y que habían tenido la deferencia y la delicadeza de colocarlo en unos antiguos retretes. Allí estábamos el filósofo del centro y el filólogo clásico, compartiendo un cubículo ( la terminación de la palabra viene que ni pintada) en el que mi compañero ocupaba el altillo en donde habían estado los inodoros y el que esto escribe, el delicado lugar en donde estaban los mingitorios o urinarios. Todo este rollo macareno viene a colación porque mi amiga Lidia, la María Pita de la edición, la Agustina de Aragón de la poesía, la soñadora para un pueblo que es Ocaña, me envió el libro de un poeta de Móstoles, Carmelo González, que yo la había pedido con muchas dudas porque tras mi experiencia mostoleña no podía sino decir como Natanael cuando le dijeron que  Cristo era de Nazaret: ¿Pero ¿de Móstoles puede salir algo bueno? Pues sí, de Móstoles pueden salir cosas muy buenas como los poemas de este librito que se llama Pequeños poemas de amor escritos ya mil veces en los que el autor maneja el amor con un gran  sentido del humor.  ( y no es un juego de palabras) Son poemas brevísimos como ese del amor que yo supongo en el Metro o en el tren de cercanías:

Ámame

antes de que llegue

la última estación.

 

o este otro, impagable, sobre la ceguera del amor:

  • Ya sabes eso que cuentan
    de que el amor es ciego- me dijo.
     
    Y se marchó tropezando
    con todas las farolas.


 

 

Y este, bellísimo sin duda, :

 

         Meter la nariz

entre las páginas de un libro.

El de la tierra mojada

después de la tormenta

El del café recién hecho

si es temprano.

O el olor de tu piel

después de amarte.

 

Y este, último de mi micro antología, que me encanta:

 

Tú no lo sabes,

pero toda la belleza

del mundo baja sobre ti,

cuando para leer

te pones las gafas

de mirar de cerca.

 

         Ahora ya sabéis que, además de su famoso alcalde, algo bueno ha salido de Móstoles: Carmelo González González, poeta de esa ciudad en la que yo trabajé hace ya veintidós años.