Mi
amigo Pablo Perera Velamazán me decía cuando íbamos a la FNAC de Callao que
había libros que nada más arrancar se veía su calidad y, sin duda, este es el
caso de este Le café de jeuneuse perdue
de Patrick Modiano. Desde el arranque, cuando en ese café plagado de bohemios,
la “cámara” se centra en Louki, esa misteriosa mujer que quizás todos hemos
amado alguna vez, la novela va creciendo hasta convertirse en una obra maestra.
Literatura de altísimo nivel en un París maravilloso del que se ve que Modiano
está, como un servidor, ciegamente enamorado.
lunes, 26 de enero de 2015
ACOSTARSE CON MACISTE
Mi compañera de latín me pasó en las Navidades Una novelita lumpen del chileno Roberto
Bolaño, un autor del que no había leído nada, salvo los comentarios en los que
pone a parir a todo colega y que aparecen en ese curioso libro que se llama Escritores contra escritores. Los perros románticos, lo tengo escrito
en este blog, no me gustó: es prosa cortada en trozos para que parezca poesía.
Tampoco el Otoño en Gerona que acabo
de terminar y que ya analizaré junto a los otros tres libros que presenta el
volumen. La lectura de la tal novelita lumpen me ha hecho reír mucho porque,
aunque Bolaño pretende que nos aflijamos con la vida tan lumpen de la
protagonista, el hecho de que “las veamos venir dende la era” como decía Floro,
vecino que fue de Laguna de Duero, y, en segundo lugar, el que la muchacha,
tras acostarse con los amigos de su hermano (eso estaba tan cantado como los
muertos en el spaghetti western que se iban cantando y contando en los cines de
barrio) se acuesta (¡manda carallo! que diría uno de Pontevedra) con el actor
ya un tanto “ajado” que protagonizaba aquellas películas de péplum de serie B que se conocía como
Maciste y de las que tenemos un montón para no elegir salvo que estemos algo
sobrados de tiempo o mal de la chimenea. A mí, el que esta señora, que tantos
hombres ha probado y que tantos hombres la han catado, acabe en los brazos de
un ajado actor que protagonizó a Maciste en sus años mozos me parece hilarante,
vamos, para partirme, con perdón, el culo. Será que no veo el existencialismo de
estos personajes que todo lo curan, como una variedad de monos, dándole al
fornicio.
LA BESTIA HUMANA
Nunca había leído a Zola, pero no me preguntéis los motivos.
Hay lecturas que se van acumulando y lagunas que van creciendo con las lluvias
del otoño de la edad. Sin embargo, algún día, hay que empezar a desecar estas
lagunas y adentrarse en ligero esquife para poder llenar ese vacío. Para tal
menester, compré – de viejo, como casi siempre – una traducción de La Bête Humaine de Antonio Sánchez
Barbudo, erudito profesor de quien recuerdo un libro dedicado a los poemas de
Antonio Machado. El libro de Zola es sensacional. Nadie que lea esa tormenta
bajo la nieve con Jacques a los mandos de la Lyson y Pecqueux de fogonero puede
quedar indiferente. Y éste es tan sólo un pasaje de un libro cuajado de grandísima
literatura, de esa que deja regusto en la boca como un buen vino. Sin embargo,
los personajes actúan movidos, como en la tragedia griega, por fuerzas que los
superan y que los convierten en peleles. Jacques mata porque tiene que matar,
movido por un impulso atávico y genético que le lleva a matar a la mujer que
ama como el macho destripaba a la hembra en las selvas remotas de la humanidad;
Flora no puede dejar de amar a Jacobo y hace que descarrile el tren con tal de
matar a su amado y a Severina; Roubaud mata
al presidente de la compañía llevado por los celos. Curiosamente, el único
“buen salvaje”, Cabouche, es el que
carga con la culpa de un crimen que no
ha cometido. Hasta la locomotora (los trenes son un personaje más en la novela)
enloquecida arrastra a los pasajeros a la muerte. Pero así era el naturalismo
en el que el libre albedrío del hombre se veía reducido a la nada. Servidor,
que sí que había leído y mucho a la Pardo Bazán ha podido comprobar que la
condesa era naturalista descafeinada en comparación con el padre del movimiento
literario. En definitiva, una gran novela para empezar el año que recomiendo a
todo aquel que no tenga el gusto estragado por la horrible literatura que se
expende en los centros comerciales.
jueves, 1 de enero de 2015
ROBERTO BOLAÑO, POETA
A Roberto
Bolaño tengo muchas ganas de leerlo como novelista, pero hasta el momento no me
he estrenado, no por falta de ganas, sino porque tengo la lista a rebosar. Sin
embargo, como quería a leer algo suyo, me puse con los Perros románticos , una lectura que me ha revelado una poesía de
tipo narrativo de gran interés. Tengo sobre mi mesa de trabajo, esa que tanto
se parece a la mesa de aquel zapatero marinense que se llamaba el señor
Fernando, Tres, otro libro de poemas
de Bolaño. Y ya os seguiré contando.
El fantasma de Edna Lieberman
Te visitan en la hora más oscura
todos tus amores perdidos.
El camino de tierra que conducía al manicomio
se despliega otra vez como los ojos
de Edna Lieberman,
como sólo podían sus ojos A
elevarse por encima de las ciudades
y brillar.
Y brillan nuevamente para ti
los ojos de Edna
detrás del aro de fuego
que antes era el camino de tierra,
la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente
y los ojos de Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego,
leyendo a sus poetas mexicanos
favoritos.
¿Y a Gilberto Owen,
lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido,
dice tu respiración
y tu sangre que circula
como la luz de un faro.
Pero son sus ojos el faro
que atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro
de geografía ideal:
los mapas de la pesadilla pura.
Y tu sangre ilumina
los estantes con libros, las sillas
con libros, el suelo
lleno de libros apilados.
Pero los ojos de Edna
sólo te buscan a ti.
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.
El fantasma de Edna Lieberman
Te visitan en la hora más oscura
todos tus amores perdidos.
El camino de tierra que conducía al manicomio
se despliega otra vez como los ojos
de Edna Lieberman,
como sólo podían sus ojos A
elevarse por encima de las ciudades
y brillar.
Y brillan nuevamente para ti
los ojos de Edna
detrás del aro de fuego
que antes era el camino de tierra,
la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente
y los ojos de Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego,
leyendo a sus poetas mexicanos
favoritos.
¿Y a Gilberto Owen,
lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido,
dice tu respiración
y tu sangre que circula
como la luz de un faro.
Pero son sus ojos el faro
que atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro
de geografía ideal:
los mapas de la pesadilla pura.
Y tu sangre ilumina
los estantes con libros, las sillas
con libros, el suelo
lleno de libros apilados.
Pero los ojos de Edna
sólo te buscan a ti.
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
PACO GOYOAGA
No
quisiera acabar este año sin contaros algo de Francisco Goyoaga, un jinete
español de los cincuenta que le dio a España numerosos triunfos en la hípica.
Mi conocimiento de Paco Goyoaga viene por la tienda que abrió en la calle
Lagasca por la que yo pasaba en numerosas ocasiones. Aquella tienda me revelaba
un mundo entonces muy lejano para mí y que lo asociaba con los niños ricos que
veía montar en tandas en el Club de Campo madrileño. Sin embargo, desconocía yo
entonces que hay otra hípica más sencilla, la hípica de los pinares de
Portillo, la hípica de los caballistas andaluces y castellanos, la hípica del
hombre del pueblo que con su sangre vaccea siente la llamada del caballo desde
su nacimiento. Vaya este recuerdo a Paco Goyoaga y a su mujer, Paula Elizalde,
también gran amazona.
DYLAN THOMAS
Para
terminar el año que se nos va hoy, me he releído a Dylan Thomas del que había
leído sus obras completas en el año
2010. He intentado leer algunos pasajes en inglés y es clara la diferencia que
hay al leerlo en castellano porque, al leerlo en su lengua original, se puede
seguir su ritmo, su poesía para ser declamada (Dylan Thomas se consideraba un
bardo galés). Se ven en sus versos los ritmos yámbicos que tan bien cuadran con
lo báquico. Además, he sabido que Bob Dylan, que se llama en realidad Robert
Zimmerman, se llama Dylan por este poeta. No te acostarás sin saber una cosa
más. Os dejo con uno de sus poemas más famosos.
Y la
muerte no tendrá dominio
Y la muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser uno solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y en el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.
Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.
Y la muerte no tendrá dominio.
Y las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.
Versión de Elizabeth Azcona Cranwell
Los hombres desnudos han de ser uno solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y en el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.
Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.
Y la muerte no tendrá dominio.
Y las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.
Versión de Elizabeth Azcona Cranwell
JESÚS DE MONASTERIO
Dice
el ya muy citado Llorente Fernández en la página 384 de su libro Recuerdos de Liébana, en el capítulo que
dedica a catálogo biográfico – bibliográfico lo siguiente:
don Jesús de Monasterio. ¿Quién
no sabe que, nacido en potes por los años 1835, es una gloria del arte musical,
y más bien una de las más honradas y legítimas glorias de España?
No le
quiero dar un disgusto póstumo al ilustre lebaniego y buen escritor, pero, si
hoy formulamos esa pregunta, la respuesta sería que nadie o, a lo más, algunos
melómanos muy escogidos conocen la figura del que fue gran violinista español,
uno de los más grandes junto con el pontevedrés Manuel Quiroga. El potesano
tocaba con un Stradivarius que le regaló la reina Isabel II y su catálogo, no
muy amplio, pero de calidad, os copio aquí por si queréis llegaros a algunas de
sus obras.
- Fantasía original española (1853), para violín y orquesta.
- Adiós a la Alhambra (1855), para violín y piano, inscrito dentro del movimiento alhambrista, pieza de virtuosismo
violinístico para salón, con una bella línea melódica. También realiza una
versión orquestal.
- Grande Fantaisie Nationale (1855), para violín y orquesta.
- Concierto en Si menor para violín y orquesta (1859; 2.ª versión de 1880), obra escrita con buena técnica
(violinística sobre todo, porque la orquesta desempeña un papel
secundario), con una estructura similar al Concierto para Violín de
Mendelssohn
y que se trata del único concierto para violín escrito en España en esa
época, e incluso en todo el siglo. Está en la línea de los conciertos
románticos de violín que componían los grandes virtuosos
de aquellos tiempos, como Henri Vieuxtemps o Wieniawski,
con una partición de violín solista de gran virtuosismo.
- Marcha fúnebre y triunfal (1864).
- Scherzo fantástico, compuesto en Madrid en noviembre de 1865, corregido en Potes
en septiembre de 1866,
y estrenado el 15 de marzo de 1868
por la Sociedad de Conciertos de Madrid,
bajo la dirección de Barbieri. Según la Revista
y Gaceta Musical (23-III-1868), el Scherzo “produjo
viva sensación en el público, que hizo repetir la pieza, llamando al autor
entre los más nutridos y prolongados aplausos” y Para Peña y Goñi, “tiene
todo el sabor de una pieza clásica impregnada de la savia moderna, porque
hay que decir, en honra del insigne artista, que no reconoce exclusivismos
estéticos y adora lo bello donde quiera que lo halla”.
- Melodía para orquesta (1872).
- Melodía para violín o violonchelo y piano (1874), dedicada a su amigo Víctor Mirecki.
- Estudio de concierto en si bemol (1875),
para arpa, oboe, clarinete, trompa y orquesta de cuerda.
- Sierra Morena (1877), para violín y
orquesta.
- Veinte estudios artísticos de concierto, por los que, el 21 de octubre de 1878,
recibe, en la Exposición Universal de París,
la Medalla de Plata dentro del apartado denominado "Organización y
material de la segunda enseñanza".
- Andantino expresivo (1881),
para orquesta de cuerda.
- Andante religioso, para orquesta de cuerda.
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