Comprendo que no conozcáis a
Jorge Moya, un poeta español de los treinta, que nació en Humanes de Madrid, pero
que es el gran cantor de La Alcarria. Ramón de Garciasol, al que le he dedicado
algunas entradas en este blog, lo tuvo de profesor en el Liceo Caracense, ese
bello palacio con un patio azulejado en aquellas mañanas juveniles de café con
churros en la parada del Auto Unión. Pues resulta que Moya compuso un libro de
poemas que se llama Cármina en el que
canta a los pueblos recios de la Alcarria y por el que desfilan Hita, el del
Arcipreste, Mandayona o Atienza, que es de Segovia, pero que toca en los
llamados pueblos negros de Guadalajara. Me recuerda Moya en ocasiones a mi
Marqués de Lozoya, pero tengo que confesar que mi querido Juan de Contreras es
mejor poeta, más hondo y, por momentos genial. Ya sabéis que se retiró de la
poesía y se dedicó a sus clases porque consideró que él no podía igualarse, ni
acercarse siquiera a la generación del 27. Don Juan era, como todos los grandes
sabios, un hombre muy humilde. Me gustan estos poetas con sabor a pueblo, a
tierra mojada, a tormenta en la lontananza. Y cuando los leo, me acuerdo de
Pepín Folliot, el gran Pepín al que gustaban estos poetas con sabor de la
tierruca. Los que leen tan sólo a los reyes del premio amañado, por favor, que
se abstengan. gracias.
sábado, 18 de junio de 2016
EL UNICORNIO DE MUJICA LÁINEZ
Imaginad por un momento que el
hada Melusina, hija del hada Perusina, os llevara de la mano hasta la Edad
Media y que allí os fuera contando sus aventuras, sus amoríos, sus tristezas,
sus alegrías. Mientras nos lo cuenta, nos va tejiendo un tapiz maravilloso en
el que el Medievo se ve reflejado como en un espejo. A Mujica Láinez le pasa lo
que a Álvaro Cunqueiro, mi señor feudal en literatura, que se mete en la
fabulación tanto que parece que no puede salir. Manucho es barroco, es
impresionista, es prodigioso. Su prosa, que es para leerla muy despacio,
paladeando línea a línea, está llena de luces, de colores, de olores. Los fantástico
y lo real se confunden en unas tierras en donde los caballeros se encuentran
con hadas, con elfos o con seres mágicos y legendarios como el judío errante.
Gran novela esta de El unicornio,
quizás un punto por debajo del Escarabajo,
que fue la que leímos en mayo, pero de gran calidad aunque es más compleja en
lo que cuenta (lo aviso para los que no conozcan el estilo de Mujica Láinez). Bellísima
novela que no debe faltar entre vuestras lecturas de este verano.
martes, 14 de junio de 2016
MEMORIA DEL PÁJARO DE JESÚS MONTIEL
Hay libros que te van calando poco a poco como la nieve va
entrando en los prados de mi Liébana, como las nubes van dejando su carga
plomiza en Peña Labra y van formando arroyos. Hay libros que se van encarnando
en el corazón y, con el tiempo, los has hecho tuyos porque, quizás, lo que
escribimos los poetas no es nuestro, sino de nuestros lectores que lo viven.
Hay libros que los deseas y que no te llegan por problemas de distribución, como
en esos sueños extraños en que quieres gritar y no puedes y que, cuando los
lees, te colman, te llenan de una luz de brasa, de leche de infancia, de miel
caliente; hay libros que están atentos a las cosas pequeñas, al silencio sólo
roto por el canto del pájaro, a la mañana prístina en la que un dios creó el
mundo. Hay libros premiados, pero que no hubieran necesitado el premio porque
ellos son los que premian al jurado que los ha elegido. Hay libros que se te quedan
en la memoria como el aleteo de los gorriones mañaneros, como los vuelos
perfectos de los vencejos, como los pasitos cortos y torpes de los gorriones.
Hay libros como Memoria del pájaro
que son un gozo leer y que te hacen creer de nuevo en la poesía, prisionera de
poetas garbanceros que buscan el premio que les concede el muñidor de turno
para segur encaramados en los puestos de Ayuntamientos, Consejerías y Gobiernos.
Hay poetas y poetas como Jesús Montiel que no miente, que no imposta su voz,
que tiene un fablar verdadero. Por eso lo leo, porque su voz, siempre con las
cosas pequeñas, con lo insignificante, pero lleno de significado para quien lo
sabe ver, es también mi voz. ¡Ah, por cierto! Esa tontería de que es discípulo
de D’Ors me parece poco inteligente por parte del crítico que la parió. Montiel
tiene puntos de contacto con Miguel D’Ors, pero también con Christian Bobin, un
gran poeta francés amante también de lo pequeño, de lo sencillo, de lo
verdadero.
LOS POLVOS DE LA MADRE CELESTINA
Mi abuela Patrocinio siempre
andaba con los “polvos de la madre Celestina” y así, cuando yo quería que los
antibióticos que me habían puesto para las anginas me hicieran efecto a las
pocas horas, me decía: “A ver si te cree que son los polvos de la madre
Celestina”. Ella, que había nacido en 1916, aún tenía en la cabeza el título de
esta obra de Hartzenbusch. y, por eso, cuando la vi en una edición de viejo me
lancé a por ella como un cazador ansioso. Sin embargo, si os soy sincero, creo
que la obra no es de alto valor y lo único que la hace más entretenida es la
inclusión en ella de la magia que no es muy habitual en la literatura española
(Salvo la honrosísima excepción del Mágico
Prodigioso de Calderón). Comedia de enredos que don Juan Eugenio, quizá para
quitarse líos, nos dice que la tradujo del francés y que debió hacer las
delicias de los madrileños del XIX pues su fama llegó, por lo menos, hasta
aquella casa de la carrera de San Bernardo en la que nació mi abuela Patro un
24 de julio de 1916.
DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS
¡Ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés! ¡Ya nadie se
acuerda de sus poemas anacreónticos porque ya no sabe ni el Titi quién era
Anacreonte y, finalmente, ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés porque
el mundo no está para finuras de “lunarcitos en la alba canal” y cosas así y,
hoy en día, los machos ibéricos van directamente al grano con o sin “control”.
Pero, aun sabiendo que leer y repartir los poemas de don Juan Meléndez Valdés
es como dar margaritas a los cerdos o jamón de pata negra, sigo y no cejo en mi
empeño de que estas nuevas generaciones sepan quién era este poeta extremeño y
que lo disfruten. Me da igual si para muchos la “alba canal” es el culo de la
dama porque, pese a tantas reválidas y tantas diversificaciones y tantos
PMARES, la cosa está como está y no hay más cera que la que arde; y a seguir adelante
con la bandera de poesía entre lo chabacano y lo zafio, contra Belenes Esteban
y Telecincos. Os dejo con un poema suyo y si alguien, tras leerlo, se siente
mal, que se ponga la televisión y que se vea como antídoto el Sálvame de Luxe.
Luego no digáis que no os he avisado. Acusado de afrancesado, se tuvo que
marchar de España: no se preocupe, don Juan, que, al paso que vamos, muchos
vamos a salir tras sus huellas.
viernes, 10 de junio de 2016
RAMÓN DE GARCIASOL Y SU CORREO HACIA LA MUERTE
La lectura de Ramón de Garciasol me lleva al Liceo Caracense
en donde, hace ya unos años, me presenté a unos exámenes. En aquel Instituto,
de bello patio y más bellos azulejos, pasé algunas mañanas y en un rincón había
una placa en la que se daba cuenta de que en sus aulas había estudiado Ramón de
Garciasol, el autor alcarreño que escribió, entre otras, su Diario de un trabajador, y éste Correo hacia la muerte, unas cartas que
el poeta dirige a gentes que conoció pero que ya pasaron al reino del Hades.
Garciasol, hombre del campo alcarreño que llegó a estudiar en tan hermoso
centro, nos cuenta con emoción de esos poetas que él conoció, unos más famosos
y otros menos. Este libro, publicado como tantos otros en aquella maravillosa
Colección Austral, me ha hecho conocer a dos poetas de los que os hablaré en el
futuro, cuando lea sus libros que ahora reposan en mi lista de espera. Ahí
tengo a Jorge Moya y a uno de Bargas, Toledo. Seguro que el amor que Garciasol
les tenía ha superado el Leteo y ha llegado hasta ellos. A veces, no todo está
perdido.
jueves, 2 de junio de 2016
JESÚS MONTIEL Y SU INSECTARIO
Este breve (no ocupa más de 45 páginas), pero
enjundioso libro de este poeta granadino, ganador en el año 2013 del premio
Alegría que concede el Ayuntamiento de Santander , la marinera, Jesús Montiel,
me gusta mucho. Montiel es poeta de varios premios y así Placer adámico fue premio Universidad Complutense en el 2011. Y Díptico otoñal fue premiado con el Leopoldo de Luis en el 2012. A estos premios es menester
añadir el premio Hiperión de 2016 por Memoria
del pájaro , libro que aún no he podido leer, pero que me está llegando en
estos días por correo. En el
preámbulo, Montiel expresa muy bien lo que, para él, es el oficio de poeta: “relatar lo ordinario de forma
extraordinaria”. Y así, en su terreno vital y poético, se entrega Jesús Montiel
a una labor entomológica de estudio de ese insecto que nos vive y que se llama
corazón. No es Montiel un poeta con verbositas
sino, al contrario, de palabra medida
y justa, rico en imágenes y buscador incansable de la luz. Así, en
ITINERANCIA, en sólo cinco versos nos habla de la vida, los ramajes y la luz
que revive. En APÍCULA, nos presenta un paralelismo entre ese grupo de avispas que, cansadas de
la vida depredadora, deciden dedicarse a libar flores y se convierten en
avispas proscritas a las que se denominó abejas. Un buen libro el de Jesús
Montiel altamente recomendable para los buenos lectores de poesía. Ahí os dejo
con un poema suyo no de este libro, sino de Placer
adámico. Me lo agradeceréis.
VISITA
AL MUSEO
Niños terrícolas del siglo treinta:
mirad lo que llamaban los antiguos un bosque.
Entonces las especies vegetales
brotaban a su antojo de la tierra,
se hermanaban formando laberintos
rebosantes de vida.
Los árboles crecían, se estiraban
como sueños borrachos de tormenta
y en sus copas el viento cantaba con el pájaro.
-la extrañeza les abre la boca y la mirada-
mirad lo azul que entonces era el cielo
-se escuchan expresiones de sorpresa-
la belleza del campo amanecido.
Observad las estrellas coronando la noche,
flotando como adornos navideños
de un altísimo abeto.
Mirad un hombre de hace nueve siglos
absorto en la visión de unas montañas.
-¿Qué fulge en su mirada? ¿Qué luz hay en sus ojos?-
Es
lo que los antiguos llamaban el Asombro…
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