Si os digo que quiero hablaros de Ramón García
Tuero, seguramente no sabréis de quién hablo, pero, si os digo que os voy a
hablar del gaiteru de Libardón, la cosa cambia.
Tan famoso gaitero nació en Molín del Matu, en el concellu de
Villaviciosa, un 6 de febrero de 1864. Se le conoce como de Libardón porque la
so muyer, María Caravera, era de allí y con ella se fue a vivir tras casarse en 1890. Pero hablar del Gaiteru de Libardón es hablar
también de su habitual acompañante, José García, más conocido como el Tambor de
l’Abadía. Ramón con tan sólo veinticinco años fue a París, a la Exposición Universal
y también acudió las exposiciones mundiales de Barcelona, Buenos Aires y
Sevilla. Fue el primer gaitero que grabó un disco allá por 1909 y recibió múltiples
condecoraciones de manos de Miguel Primo de Rivera o del rey Alfonso XIII.
Tenía la habilidad de que, a veces, al tiempo que tocaba cantaba tonaes y eso, a demás de su maestría en
el puntero, le dio una fama enorme. Era alto, rubio y de ojos azules y no
repolludo como el celebérrimo gaiteiro de Rosalía de Castro y en las romerías
era la atracción de las chicas. Murió en 1932, pero su fama llega hasta nuestros
días. Seguro que los buenos aficionados a la gaita me agradecen esta entrada.
jueves, 9 de noviembre de 2017
EL GAITERU DE VERIÑA
domingo, 5 de noviembre de 2017
CASA TRESPALACIOS
Yo era
un rapaz y no sabía el porqué de la magia del olor en la tienda de los Trespalacios.
Cuando entraba, veía les madreñes en el techo y el quesu de Cabrales con su
hoja de plágano. Entonces Arenas de Cabrales tenía la magia de ser la puerta
del Naranjo, del Urriellu, del señor de los Picos. Subir hasta Bulnes era subir
por un sueño, ascender por aquel camino que comenzaba en el puente de la Jaya y
terminaba en el cielo, aquel cielo en el que la Guilermina, como la madre de
Vladimir Holan, hacía el café y freía los huevos mientras los macutos y las
cuerdas, a la puerta de su bar, esperaban a sus dueños para juntos ascender por
la riega de Asotín y la canal de Camburero hasta el Jou sin Terra, a los pies
de ese coloso que se teñía de naranja en cada puesta de sol.
Han
pasado años y ya nada queda de aquello como si un mal viento, como si un Nuberu
enfurecido hubiese borrado lo que fue mi paraíso terrenal, mi tierra prometida.
A los montañeros los han sustituido parejas de turistas vestidos en las grandes
superficies y no en aquellas tiendas del Rastro madrileño en las que de niño
soñaba con las montañas; al olor de las botas y de las cuerdas, los perfumes de
las gentes que nada conocen de aquellas montañas salvo lo que han leído en la
Wikipedia; al queso de Cabrales de Trespalacios, la asepsia de los envases al
vacío.
Pero
aún queda en mi memoria el olor a la aventura, el olor al quesu, el olor que
llenaba la tienda de los Trespalacios de Cabrales que, al cabo de los años
descubrí que provenía – por favor, guardadme el secreto- , de los jamones
ahumados de Tineo cuya piezas colgaban junto a les madreñes.
viernes, 3 de noviembre de 2017
ANTONIO AMAYA
martes, 31 de octubre de 2017
MI DOLOR POR ESPAÑA Y CATALUÑA
Cuando era pequeño y me ocurría
algo malo, tenía la sensación de estar viviendo una película. En estos días,
con el conflicto catalán, he tenido la misma sensación de irrealidad que supongo
que es una defensa de la psique frente a situaciones dolorosas. Y así, cuando votaban en el Parlament aquella
gente - tan española como yo o más pues la nacionalidad no se decide sino que
se vive y se mama-, su secesión de España, además de invocar a san Josep Pla, a
san Salvador Espriú y a san Carles Riba,
tenía la sensación de estar viendo una película con un pésimo guión y unos
pésimos actores. Ni en mis peores pesadillas podía imaginarme a Cataluña, la
dolça Catalunya de mis poetas, en manos de unos desaprensivos con cultureta de
camiseta sudada y asamblea emporrada de Facultad. Aquello era un tren enloquecido que, sin
conductor, se encaminaba al precipicio que habían ido tallando diferentes
políticos españoles y catalanes durante cuarenta años. Pero dejemos esto para
otro día porque días vendrán, cuando las aguas se calmen, en los que habrá que
reflexionar con calma sobre todo los que ha ocurrido en España y en Catalunya en
estos últimos años y habrá que hacer un examen de conciencia con la clase
política que ha permitido tamaño desafuero.
Sin
embargo, como decían mis griegos, toda tragedia tiene su parte de enseñanza y,
gracias a esos esperpentos, he sentido
una angustia profunda, pero, al tiempo, he descubierto que quería, mucho más de
los que pensaba, a Cataluña y a España. ¡O
felix culpa que me ha hecho recuperar la bandera que usurparon los del
abrigo loden y la mano en alto! ¡O felix
culpa que me ha hecho quitarme el complejo de español y me ha hecho sentir
que este es, pese a sus muchos errores a lo largo de la historia, un país muy grande!
¡O felix culpa que me ha hecho
levantar la cabeza con el orgullo de ser español! Estúpidos fantoches, malos
actores, pésimos guionistas de la peor película que he visto en mi vida, os
estoy muy agradecido. Moltes grácies.
¡Visca
Catalunya i visca Espanya!
LA MALDICIÓN DE LA REPÚBLICA CATALANA
La
segunda proclamación se produjo en 1873, como Estado catalán y dentro de la efímera
Primera República Española que duró menos que un pastel en la puerta de un colegio.
Nada se sabe de sus proclamadores, pero no debieron de salir bien parados.
La
tercera proclamación fue la de Maciá en 1931 que falleció a los dos años
supongo de muerte natural, pero tampoco lo puedo asegurar.
La
cuarta, la de Companys, elevado a los altares en la actualidad, pero que se
quedó solo fusilando, -muy democráticamente eso sí- a los que no pensaban como
él, fue en 1934, aprovechando el “tirón” de esa Preguerra que fue la Revolución
de Asturias. A río revuelto, ganancia de pescadores. Companys acabó en la
cárcel, pero fue indultado por el gobierno del Frente Popular. Moriría más
tarde fusilado por el gallego del bigote. (El gallego de la barba y el registro
de la propiedad en Guardamar de Segura vendría después)
La
quinta es la de Puigdemont. No sé cómo va a ser su suerte, pero el hombre del
peinado al estilo fregona se ha marchado a Bélgica. En el pecado lleva su
penitencia. Si aguanta la vida belga (que ya es aguantar) veremos lo que le ocurre, pero no le auguro
nada bueno. ¡Carles, meu amic, te has
buscado la ruina!
EL IDIOTA
De
nuevo, mi querido príncipe idiota, te he releído y nos hemos vuelto a encontrar
en esos dos tomos que compré, casi
quince años atrás, en la librería Tanco
de Orense. Te reconozco, mi príncipe, con tu bondad que es objeto de burla (se
te olvidó ser listo como una serpiente y te quedaste en paloma inocente), con
tu inocencia que hiere a los malvados, con tus soluciones que, al final, lo
enredan todo. Te echaba de menos, príncipe; echaba de menos tu bondad infantil,
tus ideas de niño que, de pronto despierta y es el hombre capaz de pronunciar
las palabras más duras sobre la religión que he leído nunca. Te pareces
demasiado a mí, querido Lev, y algún día
te diré que mis errores han sido y, por desgracia son, tus errores. Algún día,
nos iremos los dos a redimir el mundo, tú de Quijote y yo de Sancho, a combatir
gigantes, a montar Clavileños. Siempre me fuiste muy cercano, pobre príncipe al
que maleducaron para el bien, el bien que siempre conlleva la soledad y la
incomprensión. Gracias, Lev, por haber existido, por existir en los dos libros forrados
con papel azul que compré una tarde de agosto en aquella librería de Ourense y
que, en su maravilloso desorden, revelan una vida de hombre completo.
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