lunes, 15 de octubre de 2018

EUMELIA SANZ VACA O LA MUJER DE LOS MIL PREMIOS


Resulta que en Tudela de Duero, muy cerca de Boecillo, nació una poeta, Eumelia Sanz Vaca que ha ganado 993 premio literarios. Servidor pensaba que los premios se los repartían entre los amiguetes del garbanzo en Fontiveros y los aficionados a las nieves Bejaranas y resulta que no, que hay una señora, jubilada del Ministerio de Educación y Ciencia,  (Vade retro, Satanas),  que es la mujer más premiada de España. Esta señora tiene publicados varios libros de poesías y cuenta con numerosos distinciones de orden literario:

 

  • Gran Comendador de la Orden Literaria “Francisco de Quevedo”.
  • Medalla de Oro “Sabio Francisco de Vitoria”.
  • Premio Mundial de Poesía (Puerto Rico 1987)
  • Ganadora del Certamen Internacional del Soneto.
     
    En fin, qué os voy a decir. Contaba Camilo José Cela que habiéndose presentado de joven a un premio literario, se lo arrebató un funcionario de Correos. Pues nada: salud, doña Eumelia (qué nombre tan apropiado: la del buen canto) y a por los mil premio literarios. Ahí os dejo un soneto para que veáis que no sólo de Aldana vive el hombre ( y la mujer).
     
    AL VINO “RIBERA DEL DUERO”
     
    (del libro SURCOS DE BONANZA ) 
     
    Nos repara la sed en el camino
    y es en la mesa nota distinguida
    el “Ribera del Duero”, esa bebida
    de “albillo”, “tempranilla” o “tinto fino”.
     
    Se siente confortado el peregrino
    y el alma se le muestra agradecida
    al llanto de la tierra dolorida
    que, generosa, nos ofrece el VINO.
     
    Al degustarte cumplo mis anhelos,
    producto de entendidos artesanos.
    ¡¡Salud, a vuestros múltiples desvelos
     
    por el VINO que forjan vuestras manos
    que con él brindaremos a los Cielos
    por la Paz y el Amor de los humanos...!!
     
     
     




domingo, 14 de octubre de 2018

LA MARAVILLOSA POESÍA DEL CAPITÁN ALDANA


Llevo años y años leyendo con pasión a Francisco de Aldana, poeta español nacido en Nápoles y amigo del rey portugués don Sebastián con el que murió por las tierras de África. Aldana fue, como Garcilaso, militar y, siguiendo aquel dicho de que “nunca la lanza embotó la pluma”, es uno de los grandes poetas del Renacimiento español. Después de todo lo que dijo de él en sus numerosos estudios Elia L. Rivers, el que yo siga aquí, en este humildísimo blog hablando de él es una temeridad muy temeraria. Os dejo con un soneto tan bueno como todos los suyos; tan bueno como toda la producción poética de este amigo de mi muy querido rey don Sebastián.

 


 
Mil veces callo, que romper deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,
que en silencio mortal yacer la veo.

Anda cual velocísimo correo 
por dentro el alma el suelto pensamiento,
con alto, y de dolor, lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.

No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce y deleitable
con que la voluntad viva segura.

Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.






FRANCO, LA BRUJA, EL CURANDERO Y LA BARAKA


Sabido es que Franco era de Ferrol, lugar muy cercano a San Andrés de Teixido, el mágico lugar al que vai de morto o quen non foi de vivo. Es posible que, en las noches ferrolanas,  Franco viera a alguna meiga cruzando polo medio e medio do pobo o no medio de una galerna de todos los demonios como cuenta la leyenda que hubo el día en que nació, un 4 de diciembre de 1892.  Lo que parece un hecho probado es que Franco, durante su larga dictadura, recibió consejos de brujas, videntes y hasta de alguna monja. Quizás la más conocida fue la hechicera Mersida, una mujer rubia y de ojos verdes, hija de un militar francés y de una mujer bereber,  con la que mantenía conversaciones antes de tomar cualquier decisión. El día en que Mersida desapareció, es fama que se llevó una carta con las iniciales FFB y que dicha carta le sirvió como salvoconducto. Parece que fue esta Mersida – que en realidad se llamaba Mercedes Roca-, la que le habló de la baraka,  esa “mano providencial” que protegía al pequeño ferrolano del peligro. La baraka de Franco fue fundamental para el militar porque los moros lo idolatraban y lo consideraban un  protegido de Alá. Tan es así que un viejo miembro de la Guardia Mora afirmaba,  a principios del siglo XXI que “él dormía a la puerta de Franco para que a “Paquito” no le pasara nada”. Por si esto fuera poco, en su época marroquí, Franco contaba con un curandero de Tánger, miembro de una familia sefardita, que se llamaba Corintio Haza y que fue él el que le vaticinó que acabaría encabezando una sublevación armada. También Haza le recomendó la idea de usar el “Víctor”, usado por las universidades desde el siglo XV y basado a su vez en el Crismón cristiano  que se usaba en el Bajo Imperio. Pero la verdad, Franco pudo librase de todo: de los disparos de los rifeños, de la muerte por heridas, de las asechanzas de los jefes del Rif, pero de lo que no pudo librarse fue de su yerno el Marqués de Villaverde. Non omnes omnia possunt .

 



miércoles, 10 de octubre de 2018

DE CÓMO LOS CAÑETE DEVINIERON EN CANETTI



Pues resulta que los Cañete, que procedían de la ciudad conquense de Cañete, fueron expulsados de Sefarad en 1492 y, como tantos sefarditas, se marcharon a Turquía. En tierras del sultán, ejercieron profesiones “liberales” como la de médico, financiero o abogado. Con el tiempo, los Cañete decidieron cambiarse el apellido conquense por el italianizante Canetti porque había muchos mercaderes italianos en Turquía y esa forma en italiano sonaba mejor y era más comercial. Los Canetti se establecieron en Edurne, pero, desde allí, al cabo de los años,  se trasladaron a Ruse, en Bulgaria, en donde un Canetti conoció a una Arditti y se casaron. De ese matrimonio nacieron tres hermanos: Elías, Georges y Jacques. Del primero, os llevo hablando varios meses; de los otros dos, os hablaré en otras entradas.

LAS MUJERES DE CANETTI O LA SUERTE DEL FEO EL GUAPO LA DESEA



Elías Canetti era bajito, con bigote y no muy agraciado. Sin embargo, su éxito con las mujeres fue muy grande. Su primera mujer fue Veza Taubner – Calderón que, según cuenta Canetti, parecía andaluza por su pelo moreno y su aspecto español. No era raro esto pues, como él, provenía de una familia de judíos sefarditas. Se casó con Veza (Veneziana era su nombre completo) en 1934, tras haberse conocido en una conferencia de Karl Kraus del que ambos eran grandes devotos. Muy cercana le fue también Anna Mahler, hija de Gustav y Alma, a la que,  con poca caridad y bastante mala leche,  el autor búlgaro llamaba “la gorda” y “la viuda profesional”. La hija escultora de Mahler aparece en numerosas ocasiones en los libros de Canetti y tuvo para ella todo el cariño que no tenía por Alma. Siguiendo con las Bellas Artes, Canetti también se relacionó con la pintora Marie Louise von Motesiczky y, para seguir con las artes de las Musas, también tuvo una relación con las escritoras Friedl Benedikt e Iris Murdoch a la que, también con poca caridad y mucha mala leche,  nombró “como el mejor ragout de Oxford y compendio de todo lo que más odiaba de Inglaterra”. En 1957, conoció a una restauradora de Zurich, la amada ciudad de Canetti, que tenía por nombre Hera Buschor. No se casaron hasta 1971 y vivieron un amor apasionado hasta 1988 en que Hera murió víctima de un cáncer. De este matrimonio nació Johanna Canetti, la única hija del escritor y violonchelista en una orquesta alemana. Canetti vivió hasta 1994 y, que yo sepa, no tuvo más mujeres. Pero su historial, para ser un personaje bajito y poco agraciado, es impresionante. ¿Qué les dabas, Elías, qué les dabas? ¿Sería que las acariciabas con ese tupé de la foto? Desde luego, la suerte del feo el guapo la desea.


EL PASTOR QUE CANTABA


Bernabé era un pastor de cabras en la localidad zaragozana de Villarroya de la Sierra. Al igual que Gayarre, pastor como él en su niñez, Bernabé se pasaba el día cantando mientras llevaba las cabras por los pastos de su pueblo. Su voz empezó a hacerse conocida y le propusieron que entrara en el coro del pueblo. Bernabé no se lo pensó dos veces y entró a formar parte del pequeño coro parroquial. Sin embargo, no pasando mucho tiempo, el párroco se dio cuenta de que aquel joven de trece años tenía algo más que una bonita voz y,  en 1949,  fue acogido en el Coro del Pilar, dirigido por Juan Azagra y Asunción Vitoret, por recomendación del párroco de su pueblo. En los dos años siguientes, 1950 y 1952, recibió clases en el Conservatorio de Madrid con José Luis Lloret. En 1952, la Diputación de Zaragoza le concedió una beca de 5000 pesetas y con esa beca se trasladó a Italia en donde cursó estudios en la Academia de Santa Cecilia y con la soprano Mercedes Llopart, la también maestra de Alfredo Kraus. Era el comienzo de una gran carrera que le llevó por los mejores teatros de ópera del mundo. Aquel pastor de cabras estuvo cantando hasta 1985 en que se retiró por una enfermedad cardiaca. Se me olvidaba contar que el tenor se casó con una soprano en 1964 y que tuvieron dos hijos: Bernabé y Montserrat. Si os digo que la soprano con la que se casó se llamaba Montserrat Caballé,  creo que ya sabéis que estoy hablando de Bernabé Martínez Remacha, más conocido por su nombre artísco: Bernabé Martí. Este gran tenor aragonés cumplirá noventa años el 14 de noviembre de este año, pero, por desgracia, ya no estará su querida Montse que se nos fue hace unos días. ¡Feliz cumpleaños, maestro Martí,  y nuestro más sentido pésame!

 



sábado, 6 de octubre de 2018

ALGUNOS HOMBRES VALIENTES


En aquella tarde del 18 de julio de 1936, a través de las radios de cretona empezaron a llegar las noticias de que, el día anterior, el ejército de África se había sublevado y de que algunos jefes militares de la península habían hecho lo propio. Laguna de Duero era un pueblo pequeño, pero muy bien comunicado y con trabajadores que se habían organizado en el sindicato UGT y que tenían su Casa del Pueblo. El alcalde  convoca a los vecinos en la Casa del Pueblo para informarles de lo que está sucediendo en el país y a su llamada acuden unas ciento cincuenta personas. Todos callan esperando instrucciones.

         A primera hora del día siguiente, se vieron venir unas patrullas armadas provenientes de Valladolid para tomar Laguna. Venían mandadas por un capitán del ejército sublevado y, nada más llegar al pueblo, recibieron el apoyo de los vecinos que apoyaban la sublevación militar. Se dirigieron a la Casa del Pueblo y la tomaron. A continuación, cortaron la carretera de Madrid y se dedicaron a capturar y asesinar a los vecinos de laguna que “no pensaban como ellos”. El odio al hermano, un Caín liberado por las calles laguneras, campó a sus anchas en aquella tarde del 19 de julio. Fue el momento de saldar viejas rencillas por riegos, por tierras, por lindes. La política era lo de menos. Que Dios y la historia juzguen a los que procedieron con tan asesino proceder.

         El dos de enero de 1937 se vio en  Valladolid la causa 1013/36 en la que se juzgó a setenta y cinco personas que habían acudido a la casa del Pueblo de Laguna; que habían respondido con valentía a la llamada del alcalde Gerardo Cabañas.  Los acusados tuvieron como “eximente” el que no habían matado a nadie defendiendo la Casa del Pueblo, pero trece de aquellos hombres   murieron fusilados; 39 fueron condenados a treinta años de prisión y once a quince. Ocho mujeres fueron condenadas a ocho años y tan sólo cuatro person

as absueltas.

         Me diréis que este es un caso más de los muchos que, por ambos bandos, se produjeron en la Guerra Incivil, pero, para mí,  es un caso muy especial porque entre los treinta y nueve condenados a treinta años de cárcel estaba mi abuelo Julio González que fue llevado a la cárcel de Burgos en la que permaneció hasta 1942  pues en 1941 se le había conmutado la condena por seis años de cárcel.

         No quiero abrir heridas, tan sólo quiero dejar constancia de que un 18 de julio, ciento cincuenta vecinos, convocados por su alcalde, se reunieron en la Casa del Pueblo; de que uno de aquéllos era mi abuelo Julio y de  que algunos de  aquellos valientes pagaron con su vida.

         Que aquella salvajada no se vuelva a repetir en las tierras de España debería de ser preocupación de todos.

Amén