¡Ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés! ¡Ya nadie se
acuerda de sus poemas anacreónticos porque ya no sabe ni el Titi quién era
Anacreonte y, finalmente, ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés porque
el mundo no está para finuras de “lunarcitos en la alba canal” y cosas así y,
hoy en día, los machos ibéricos van directamente al grano con o sin “control”.
Pero, aun sabiendo que leer y repartir los poemas de don Juan Meléndez Valdés
es como dar margaritas a los cerdos o jamón de pata negra, sigo y no cejo en mi
empeño de que estas nuevas generaciones sepan quién era este poeta extremeño y
que lo disfruten. Me da igual si para muchos la “alba canal” es el culo de la
dama porque, pese a tantas reválidas y tantas diversificaciones y tantos
PMARES, la cosa está como está y no hay más cera que la que arde; y a seguir adelante
con la bandera de poesía entre lo chabacano y lo zafio, contra Belenes Esteban
y Telecincos. Os dejo con un poema suyo y si alguien, tras leerlo, se siente
mal, que se ponga la televisión y que se vea como antídoto el Sálvame de Luxe.
Luego no digáis que no os he avisado. Acusado de afrancesado, se tuvo que
marchar de España: no se preocupe, don Juan, que, al paso que vamos, muchos
vamos a salir tras sus huellas.
martes, 14 de junio de 2016
viernes, 10 de junio de 2016
RAMÓN DE GARCIASOL Y SU CORREO HACIA LA MUERTE
La lectura de Ramón de Garciasol me lleva al Liceo Caracense
en donde, hace ya unos años, me presenté a unos exámenes. En aquel Instituto,
de bello patio y más bellos azulejos, pasé algunas mañanas y en un rincón había
una placa en la que se daba cuenta de que en sus aulas había estudiado Ramón de
Garciasol, el autor alcarreño que escribió, entre otras, su Diario de un trabajador, y éste Correo hacia la muerte, unas cartas que
el poeta dirige a gentes que conoció pero que ya pasaron al reino del Hades.
Garciasol, hombre del campo alcarreño que llegó a estudiar en tan hermoso
centro, nos cuenta con emoción de esos poetas que él conoció, unos más famosos
y otros menos. Este libro, publicado como tantos otros en aquella maravillosa
Colección Austral, me ha hecho conocer a dos poetas de los que os hablaré en el
futuro, cuando lea sus libros que ahora reposan en mi lista de espera. Ahí
tengo a Jorge Moya y a uno de Bargas, Toledo. Seguro que el amor que Garciasol
les tenía ha superado el Leteo y ha llegado hasta ellos. A veces, no todo está
perdido.
jueves, 2 de junio de 2016
JESÚS MONTIEL Y SU INSECTARIO
Este breve (no ocupa más de 45 páginas), pero
enjundioso libro de este poeta granadino, ganador en el año 2013 del premio
Alegría que concede el Ayuntamiento de Santander , la marinera, Jesús Montiel,
me gusta mucho. Montiel es poeta de varios premios y así Placer adámico fue premio Universidad Complutense en el 2011. Y Díptico otoñal fue premiado con el Leopoldo de Luis en el 2012. A estos premios es menester
añadir el premio Hiperión de 2016 por Memoria
del pájaro , libro que aún no he podido leer, pero que me está llegando en
estos días por correo. En el
preámbulo, Montiel expresa muy bien lo que, para él, es el oficio de poeta: “relatar lo ordinario de forma
extraordinaria”. Y así, en su terreno vital y poético, se entrega Jesús Montiel
a una labor entomológica de estudio de ese insecto que nos vive y que se llama
corazón. No es Montiel un poeta con verbositas
sino, al contrario, de palabra medida
y justa, rico en imágenes y buscador incansable de la luz. Así, en
ITINERANCIA, en sólo cinco versos nos habla de la vida, los ramajes y la luz
que revive. En APÍCULA, nos presenta un paralelismo entre ese grupo de avispas que, cansadas de
la vida depredadora, deciden dedicarse a libar flores y se convierten en
avispas proscritas a las que se denominó abejas. Un buen libro el de Jesús
Montiel altamente recomendable para los buenos lectores de poesía. Ahí os dejo
con un poema suyo no de este libro, sino de Placer
adámico. Me lo agradeceréis.
VISITA
AL MUSEO
Niños terrícolas del siglo treinta:
mirad lo que llamaban los antiguos un bosque.
Entonces las especies vegetales
brotaban a su antojo de la tierra,
se hermanaban formando laberintos
rebosantes de vida.
Los árboles crecían, se estiraban
como sueños borrachos de tormenta
y en sus copas el viento cantaba con el pájaro.
-la extrañeza les abre la boca y la mirada-
mirad lo azul que entonces era el cielo
-se escuchan expresiones de sorpresa-
la belleza del campo amanecido.
Observad las estrellas coronando la noche,
flotando como adornos navideños
de un altísimo abeto.
Mirad un hombre de hace nueve siglos
absorto en la visión de unas montañas.
-¿Qué fulge en su mirada? ¿Qué luz hay en sus ojos?-
Es
lo que los antiguos llamaban el Asombro…
miércoles, 25 de mayo de 2016
LA PROMISCUIDAD EN LAS CHICAS DE LA CUP
Estas chicas de la CUP son muy, pero que muy
antiguas. Digo esto porque en esta semana han dicho que la mujer tiene que
socializar su Cuerpo y tener varios hijos con varios hombres y criarlos luego
en comuna. Y lo han dicho pensando que son unas tías modernas, progresistas,
liberadas. Y no es así. Resulta que mi abuela Patrocinio tenía una vecina que
era del Partido Comunista y que en los años de la República los “invitaba” a
los mítines de la vizcaína. En aquellos mítines, por ejemplo en el Cine Salamanca
en Conde de Peñalver, Pasionaria decía algo parecido: “Mujer, socializa tu
cuerpo y no tengas a tus hijos con un solo marido”. Es más, recuerdo una
pintada en el camino de El Tranco, en mi Pedriza infantil, que también rezaba
así y se invitaba a la mujer a que socializara su cuerpo. Chicas de la CUP, no
sois nada modernas; es más, nos queréis vender una mercancía que ya tiene más
de setenta años. Os digo con todo el cariño que nihil novum sub sole, es decir, que no hay nada nuevo bajo el sol.
( Lo he traducido porque esas lenguas de Ana Bolena y chicas de sostén fácil ya cursaron la LOGSE y de la lengua del Lacio
no saben nada salvo el coitus interruptus, la felatio y el cunnilingus.) ¡Ay,
si mi abuela Patro levantara la cabeza!
viernes, 20 de mayo de 2016
EL ESCARABAJO
La lectura de El escarabajo, de ese grandísimo
escritor que fue Manuel Mujica Laínez, la tenía pendiente desde hacía algunos
años. Leí Bomarzo en su momento y me gustaron aquellas páginas tan barrocas en
las que Manucho nos contaba la vida del aquel jorobadillo que era el duque de
Orsini en aquel e jardín espectral de monstruos. Pensaba que El escarabajo no me iba a defraudar y así ha sido: desde la primera a la
última página de las casi seiscientas que conforman la obra, fluye una corriente
eléctrica que hace que no puedas dejar el libro. ¿Cuál será el próximo poseedor
del escarabajo?; ¿ Roldán, una viuda rica norteamericana, un rey de Francia en
el exilio porteño?
He contado más de setenta y ocho afortunados
poseedores de tan codiciada joya y, con cada uno, va un retazo de vida e
historia narrado siempre por el escarabajo, la pequeña joya que Ramsés II
regaló a su mujer Nefertari. He disfrutado mucho, mucho, mucho y os lo cuento
para que lo leáis, para que disfrutéis de la gran prosa de Mujica Láinez
(Mujica y no Mújica, como el pobre don Manuel se esforzaba en repetir), para
que veáis cómo se escribe bien sin necesidad de escribir obras que entiendan
cuatro amiguetes. Para el mes que viene, junio, me leeré El unicornio y, para julio, me releeré Bomarzo: el duque de Orsini y Senén Pérez, que tanto quería la obra,
me esperan en sus jardines y no le puedo
defraudar. No sería propio de un caballero.
domingo, 8 de mayo de 2016
LAS COSAS PEQUEÑAS DE CONSTANTINO MOLINA MONTEAGUDO
Constantino
Molina Monteagudo es un poeta de Albacete que pone su mirada en las cosas
pequeñas, en los detalles que pasan inadvertidos a los que van a sus
“negocios”, en lo trivial, en lo que los que gobiernan el mundo dirían que son
futilidades, cosas sin importancia: la leche de una higuera, las ramas de un
almendro, el vino bebido en tosco vaso de alacena decorada con tiras azules de
papel. Con estas cosas, no se gana dinero; con estas trivialidades, no se llega
a ninguna parte; con estas futilidades, no seremos nunca ricos. Sin embargo,
los que cultivamos el romero y la pobreza, como el poeta de Orihuela: los que
nuestro mundo está delimitado por los mirlos y los cárabos, las palomas y las
oropéndolas, los vencejos y las golondrinas con su cuello manchado con la
sangre del Redentor; los que sentimos la presencia de un arroyo entre los
hayedos como un mundo mágico irisado de ese sol de otoño que recorre por las
tardes el valle de Valdeprado, en mi Liébana del alma, lo entendemos. Cuando se murió el poeta, se
quedaron tristes las cosas pequeñas que él cuidaba, dijo don Dámaso ya hace
años. Los poetas tenemos la obligación
de cuidar las cosas pequeñas: de las grandes se ocupan los triunfadores, los
estadistas, los políticos. No es raro que Platón nos echara de su República.
Pero no os preocupéis porque los expertos del mundo lo hacen tan mal que algún
día nos pedirán entrada en el mundo feliz de las cosas pequeñas. Entonces,
llevaremos como guía estas ramas del azar que Constantino Molina nos regala en
un libro como hacía mucho que no leía; en un libro que recoge poesía de verdad,
no la poesía sintética que parece últimamente en los premios literarios.
¡Enhorabuena, amigo Constantino, y gracias por este libro, poeta de los cosas
triviales, tan triviales que muchos no sabríamos vivir sin ellas!
Este
poema me alegró este mes de abril pasado:
DE LA
SERVIDUMBRE
El pájaro solitario
en su pequeña celda,
nunca conocerá el temblor de rama
que sostenga el encanto de su trono.
Canta,
tan orgulloso como acostumbrado,
la villanía
lunes, 2 de mayo de 2016
ÁLVARO POMBO SIN PROTOCOLOS
Grande ha sido la satisfacción que me ha proporcionado
la lectura de Álvaro Pombo en su obra poética. Ya me llevaba animando a la lectura
de sus obras mucho tiempo mi gran amigo Jesús Sanz, el sabio de los Pajarillos,
que ha leído muchas obras del santanderino. Me guardo para el verano alguna
novela de Pombo, pero, ya de entrada, deciros que su poesía es sorprendente y,
más sorprendente es aún, el que haya caído en una olvido extraño porque estamos
ante una poesía de grandísima calidad, ante unos poemas que tienen el aroma de
la poesía inglesa, de una poesía que bebe en Wallace Stevens o en Derek Walcott.
No sé por qué extrañas razones la figura de Álvaro Pombo como poeta apenas ha
tenido transcendencia en esta sociedad literaria de la caspa y del garbanzo (de
Fontiveros o de cualquier otro lugar) Para mí, que todo se debe a que Pombo es
un tanto dandy, un tanto british, con un poso de elegancia que le hace parecer
extranjero y por su firme defensa de sus muy respetables posturas frente a
muchos temas, entre ellos, el de los matrimonios homosexuales con los que no
transige aun siendo él declarado homosexual. Pombo quizás tenga la idea del
homosexual que recoge Lorca en su Oda a Walt Whitman y eso moleste a las “mafias
rosas”; o que no quiera callarse ante tanto indocumentado que quiere imponer
sus ideas de segunda mano. Y eso, en la España cateta de los poetas de las
libélulas, se paga muy caro.
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