martes, 14 de junio de 2016

DON JUAN MELÉNDEZ VALDÉS

 

         ¡Ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés! ¡Ya nadie se acuerda de sus poemas anacreónticos porque ya no sabe ni el Titi quién era Anacreonte y, finalmente, ya nadie se acuerda del pobre Meléndez Valdés porque el mundo no está para finuras de “lunarcitos en la alba canal” y cosas así y, hoy en día, los machos ibéricos van directamente al grano con o sin “control”. Pero, aun sabiendo que leer y repartir los poemas de don Juan Meléndez Valdés es como dar margaritas a los cerdos o jamón de pata negra, sigo y no cejo en mi empeño de que estas nuevas generaciones sepan quién era este poeta extremeño y que lo disfruten. Me da igual si para muchos la “alba canal” es el culo de la dama porque, pese a tantas reválidas y tantas diversificaciones y tantos PMARES, la cosa está como está y no hay más cera que la que arde; y a seguir adelante con la bandera de poesía entre lo chabacano y lo zafio, contra Belenes Esteban y Telecincos. Os dejo con un poema suyo y si alguien, tras leerlo, se siente mal, que se ponga la televisión y que se vea como antídoto el Sálvame de Luxe. Luego no digáis que no os he avisado. Acusado de afrancesado, se tuvo que marchar de España: no se preocupe, don Juan, que, al paso que vamos, muchos vamos a salir tras sus huellas.

viernes, 10 de junio de 2016

RAMÓN DE GARCIASOL Y SU CORREO HACIA LA MUERTE





 
La lectura de Ramón de Garciasol me lleva al Liceo Caracense en donde, hace ya unos años, me presenté a unos exámenes. En aquel Instituto, de bello patio y más bellos azulejos, pasé algunas mañanas y en un rincón había una placa en la que se daba cuenta de que en sus aulas había estudiado Ramón de Garciasol, el autor alcarreño que escribió, entre otras, su Diario de un trabajador, y éste Correo hacia la muerte, unas cartas que el poeta dirige a gentes que conoció pero que ya pasaron al reino del Hades. Garciasol, hombre del campo alcarreño que llegó a estudiar en tan hermoso centro, nos cuenta con emoción de esos poetas que él conoció, unos más famosos y otros menos. Este libro, publicado como tantos otros en aquella maravillosa Colección Austral, me ha hecho conocer a dos poetas de los que os hablaré en el futuro, cuando lea sus libros que ahora reposan en mi lista de espera. Ahí tengo a Jorge Moya y a uno de Bargas, Toledo. Seguro que el amor que Garciasol les tenía ha superado el Leteo y ha llegado hasta ellos. A veces, no todo está perdido.


jueves, 2 de junio de 2016

JESÚS MONTIEL Y SU INSECTARIO




Este breve (no ocupa más de 45 páginas), pero enjundioso libro de este poeta granadino, ganador en el año 2013 del premio Alegría que concede el Ayuntamiento de Santander , la marinera, Jesús Montiel, me gusta mucho. Montiel es poeta de varios premios y así Placer adámico fue premio Universidad Complutense en el 2011. Y Díptico otoñal fue premiado con el Leopoldo de Luis  en el 2012. A estos premios es menester añadir el premio Hiperión de 2016 por Memoria del pájaro , libro que aún no he podido leer, pero que me está llegando en estos días por correo. En el preámbulo, Montiel expresa muy bien lo que, para él, es el oficio de poeta: “relatar lo ordinario de forma extraordinaria”. Y así, en su terreno vital y poético, se entrega Jesús Montiel a una labor entomológica de estudio de ese insecto que nos vive y que se llama corazón. No es Montiel un poeta con verbositas sino, al contrario, de palabra  medida  y justa, rico en imágenes y buscador incansable de la luz. Así, en ITINERANCIA, en sólo cinco versos nos habla de la vida, los ramajes y la luz que revive. En APÍCULA, nos presenta un paralelismo  entre ese grupo de avispas que, cansadas de la vida depredadora, deciden dedicarse a libar flores y se convierten en avispas proscritas a las que se denominó abejas. Un buen libro el de Jesús Montiel altamente recomendable para los buenos lectores de poesía. Ahí os dejo con un poema suyo no de este libro, sino de Placer adámico. Me lo agradeceréis.

VISITA AL MUSEO

 

Niños terrícolas del siglo treinta:

mirad lo que llamaban los antiguos un bosque.

Entonces las especies vegetales

brotaban a su antojo de la tierra,

se hermanaban formando laberintos

rebosantes de vida.

Los árboles crecían, se estiraban

como sueños borrachos de tormenta

y en sus copas el viento cantaba con el pájaro.

-la extrañeza les abre la boca y la mirada-

mirad lo azul que entonces era el cielo

-se escuchan expresiones de sorpresa-

la belleza del campo amanecido.

Observad las estrellas coronando la noche,

flotando como adornos navideños

de un altísimo abeto.

 

Mirad un hombre de hace nueve siglos

absorto en la visión de unas montañas.

 

-¿Qué fulge en su mirada? ¿Qué luz hay en sus ojos?-

 

Es lo que los antiguos llamaban el Asombro…

 



miércoles, 25 de mayo de 2016

LA PROMISCUIDAD EN LAS CHICAS DE LA CUP





Estas chicas de la CUP son muy, pero que muy antiguas. Digo esto porque en esta semana han dicho que la mujer tiene que socializar su Cuerpo y tener varios hijos con varios hombres y criarlos luego en comuna. Y lo han dicho pensando que son unas tías modernas, progresistas, liberadas. Y no es así. Resulta que mi abuela Patrocinio tenía una vecina que era del Partido Comunista y que en los años de la República los “invitaba” a los mítines de la vizcaína. En aquellos mítines, por ejemplo en el Cine Salamanca en Conde de Peñalver, Pasionaria decía algo parecido: “Mujer, socializa tu cuerpo y no tengas a tus hijos con un solo marido”. Es más, recuerdo una pintada en el camino de El Tranco, en mi Pedriza infantil, que también rezaba así y se invitaba a la mujer a que socializara su cuerpo. Chicas de la CUP, no sois nada modernas; es más, nos queréis vender una mercancía que ya tiene más de setenta años. Os digo con todo el cariño que nihil novum sub sole, es decir, que no hay nada nuevo bajo el sol. ( Lo he traducido porque esas lenguas de Ana Bolena y  chicas de sostén fácil  ya cursaron la LOGSE y de la lengua del Lacio no saben nada salvo el coitus interruptus, la felatio y el cunnilingus.) ¡Ay, si mi abuela Patro levantara la cabeza!

viernes, 20 de mayo de 2016

EL ESCARABAJO




La lectura de El escarabajo, de ese grandísimo escritor que fue Manuel Mujica Laínez, la tenía pendiente desde hacía algunos años. Leí Bomarzo en su momento y me gustaron aquellas páginas tan barrocas en las que Manucho nos contaba la vida del aquel jorobadillo que era el duque de Orsini en aquel e jardín espectral de monstruos. Pensaba que El escarabajo no me iba a defraudar y así ha sido: desde la primera a la última página de las casi seiscientas que  conforman la obra, fluye una corriente eléctrica que hace que no puedas dejar el libro. ¿Cuál será el próximo poseedor del escarabajo?; ¿ Roldán, una viuda rica norteamericana, un rey de Francia en el exilio porteño?
He contado más de setenta y ocho afortunados poseedores de tan codiciada joya y, con cada uno, va un retazo de vida e historia narrado siempre por el escarabajo, la pequeña joya que Ramsés II regaló a su mujer Nefertari. He disfrutado mucho, mucho, mucho y os lo cuento para que lo leáis, para que disfrutéis de la gran prosa de Mujica Láinez (Mujica y no Mújica, como el pobre don Manuel se esforzaba en repetir), para que veáis cómo se escribe bien sin necesidad de escribir obras que entiendan cuatro amiguetes. Para el mes que viene, junio, me leeré El unicornio y, para julio, me releeré Bomarzo: el duque de Orsini y Senén Pérez, que tanto quería la obra,  me esperan en sus jardines y no le puedo defraudar. No sería propio de un caballero.


domingo, 8 de mayo de 2016

LAS COSAS PEQUEÑAS DE CONSTANTINO MOLINA MONTEAGUDO


Constantino Molina Monteagudo es un poeta de Albacete que pone su mirada en las cosas pequeñas, en los detalles que pasan inadvertidos a los que van a sus “negocios”, en lo trivial, en lo que los que gobiernan el mundo dirían que son futilidades, cosas sin importancia: la leche de una higuera, las ramas de un almendro, el vino bebido en tosco vaso de alacena decorada con tiras azules de papel. Con estas cosas, no se gana dinero; con estas trivialidades, no se llega a ninguna parte; con estas futilidades, no seremos nunca ricos. Sin embargo, los que cultivamos el romero y la pobreza, como el poeta de Orihuela: los que nuestro mundo está delimitado por los mirlos y los cárabos, las palomas y las oropéndolas, los vencejos y las golondrinas con su cuello manchado con la sangre del Redentor; los que sentimos la presencia de un arroyo entre los hayedos como un mundo mágico irisado de ese sol de otoño que recorre por las tardes el valle de Valdeprado, en mi Liébana del alma,  lo entendemos. Cuando se murió el poeta, se quedaron tristes las cosas pequeñas que él cuidaba, dijo don Dámaso ya hace años. Los poetas tenemos  la obligación de cuidar las cosas pequeñas: de las grandes se ocupan los triunfadores, los estadistas, los políticos. No es raro que Platón nos echara de su República. Pero no os preocupéis porque los expertos del mundo lo hacen tan mal que algún día nos pedirán entrada en el mundo feliz de las cosas pequeñas. Entonces, llevaremos como guía estas ramas del azar que Constantino Molina nos regala en un libro como hacía mucho que no leía; en un libro que recoge poesía de verdad, no la poesía sintética que parece últimamente en los premios literarios. ¡Enhorabuena, amigo Constantino, y gracias por este libro, poeta de los cosas triviales, tan triviales que muchos no sabríamos vivir sin ellas!

Este poema me alegró este mes de abril pasado:

 

DE LA SERVIDUMBRE

El pájaro solitario

en su pequeña celda,

nunca conocerá el temblor de rama

que sostenga el encanto de su trono.

 

Canta,

tan orgulloso como acostumbrado,

la villanía

de renombrar su servidumbre.


lunes, 2 de mayo de 2016

ÁLVARO POMBO SIN PROTOCOLOS



Grande ha sido la satisfacción que me ha proporcionado la lectura de Álvaro Pombo en su obra poética. Ya me llevaba animando a la lectura de sus obras mucho tiempo mi gran amigo Jesús Sanz, el sabio de los Pajarillos, que ha leído muchas obras del santanderino. Me guardo para el verano alguna novela de Pombo, pero, ya de entrada, deciros que su poesía es sorprendente y, más sorprendente es aún, el que haya caído en una olvido extraño porque estamos ante una poesía de grandísima calidad, ante unos poemas que tienen el aroma de la poesía inglesa, de una poesía que bebe en Wallace Stevens o en Derek Walcott. No sé por qué extrañas razones la figura de Álvaro Pombo como poeta apenas ha tenido transcendencia en esta sociedad literaria de la caspa y del garbanzo (de Fontiveros o de cualquier otro lugar) Para mí, que todo se debe a que Pombo es un tanto dandy, un tanto british, con un poso de elegancia que le hace parecer extranjero y por su firme defensa de sus muy respetables posturas frente a muchos temas, entre ellos, el de los matrimonios homosexuales con los que no transige aun siendo él declarado homosexual. Pombo quizás tenga la idea del homosexual que recoge Lorca en su Oda a Walt Whitman y eso moleste a las “mafias rosas”; o que no quiera callarse ante tanto indocumentado que quiere imponer sus ideas de segunda mano. Y eso, en la España cateta de los poetas de las libélulas, se paga muy caro.