martes, 28 de agosto de 2018

HIT PARADE DE GAITEROS ASTURIANOS




Como, cuando el diablo no tiene que hacer, mata moscas con el rabo, me he dedicado a hacer una lista con los que, para mí, son los mejores gaiteros asturianos de todos los tiempos. Ahí va:




























Empiezo por los “mayores”

 

  1. Ramón García Tuero, “El Gaiteru de Libardón”
  2. José Antonio García Suárez, “El Gaiteru de Veriña”
  3. José Remis Ovalle
  4. José Blanco Alonso, “Pepe Blanco”
  5. José García Tejón, Fariñas”
  6. Luis Díaz Argüelles, “Luis de Arnico”
  7. Manolo Quirós
  8. Fermín Díaz Prieto, “Firme de Batribán”
  9. Antonio Álvarez Verga, “Antón de Cogollo”

 

Y ahora con los más jóvenes ( ma non troppo)

  1. Xuacu Amieva
  2. Vicente Prado, El Pravianu”
  3. José Ángel Hevia, “Hevia”
  4. José Manuel Fernández Gutiérrez, “Guti”
  5. Alberto Varillas
     
     
    Para otro día, os galegos.
     

EL BARÓN, EL CHÓFER SORDO Y LA BARONESA ENLUTADA. UNA NOVELA ROSA



Justo enfrente de mi casa habitaban unos barones que tenían un Mercedes negro que conducía un chófer sordo el cual, cuando dejaba el servicio de los señores barones, conducía un pequeño Seat 600 de color verde claro. Recuerdo que, mientras jugaba en la calle (esas cosas se podían hacer en el Madrid de los setenta) alguna vez salía la señora baronesa, alta, de negro y con velo. También recuerdo vagamente al señor Barón. La gente del barrio se fijaba mucho en ella: “Mira, esa es la Icaza”,  pero yo era aún muy pequeño para saber que aquella mujer había sido una escritora de gran fama en la España de la posguerra. La fuente enterrada o Vestida de tul nos sirven como ejemplo de su producción de novelas y no debemos olvidar que, en 1945, fue nombrada “escritora más leída del año”. Sí, me diréis que eran “novelas rosas”, pero también lo fueron las de Corín Tellado leídas por millones de personas. Yo nunca las he leído, pero respeto a las personas que lean a la baronesa de Claret y la escritora de Xixón.

         Pero ya metido en lo “rosa” habría que decir que era tía de Carmen Díez de Rivera e Icaza, musa de la Santa Transición e hija natural de Ramón Serrano Suñer que nunca reconoció a su hija. Sin embargo, por azares del destino, Carmen se vino a enamorar de Ramón Serrano – Suñer Polo, hijo menor de su padre natural,  y tuvo que ser su tía Carmen la que le explicara que eran hermanos por parte de padre. Como la boda ya estaba apalabrada, Carmen Díez de Rivera se metió a monja y luego se hizo cooperante en Costa de Marfil..

         La baronesa se casó con Pedro Montojo Sureda, coronel honorario de Caballería y tendrían una hija, Paloma, que se casaría con Íñigo Méndez de Vigo y del Arco, padre del que fuera ministro con Rajoy, Íñigo Méndez de Vigo que es el actual barón de Claret.

         Sin embargo, pese a todo este rollo, a mí lo que me interesa es que el padre de doña Carmen de Icaza escribió esas famosas coplas que se pueden leer en la Alhambra de Granada y que dicen así:

 

Dale limosna, mujer,

que no hay en la vida nada,
como la pena de ser
ciego en Granada.

 

NERÓN, TOCANDO LA GAITA




Lo siento por mi buen amigo Javier Celada, que es un buen gaitero, pero resulta que Nerón, el desgraciadamente célebre emperador romano, compartía esta misma afición gaitera. Lo cuenta Suetonio en esas biografías que se adelantaron a la crónica rosa y que han pasado al mundo de la literatura latina como Los doce césares.

   LIV sub exitu quidem uitae palam uouerat, si sibi incolumis status permansisset, proditurum se partae uictoriae ludis etiam hydraulam et choraulam et utricularium ac nouissimo die histrionem saltaturumque Vergili Turnum. et sunt qui tradant Paridem histrionem occisum ab eo quasi grauem aduersarium.

 

54. Al término de su vida, hizo un voto solemne de que, si salía sano y salvo, tocaría, en los juegos  por la victoria, el órgano hidráulico, la flauta y la gaita; además, prometió actuar como histrión en el último día de los juegos y que bailaría el Turnus de Virgilio. Hay también gente que dice que mató al actor Paris considerándolo un duro adversario.

 

Nos falta por decir que en latín gaita se dice tibia utricularis, es decir, flauta de odre y que su procedencia (de la que hablaré en su momento) no es claramente celta sino de Mesopotamia de tal manera que el instrumento, hoy asociado por error tan sólo al mundo celta, ya era conocido en Grecia como el ασκαυλος, es decir, la flauta de odre de vino.

 

Prometo seguir, pero por hoy baste saber que Nerón fue gaitero por promesa. ¡Están locos estos romanos!

 

domingo, 26 de agosto de 2018

LAS CUATRO CANCIONES SERIAS DE BRAHMS




Seguro que todos habéis escuchado las Cuatro Canciones Serias de Brahms, ( Vier ernste Gesänge, op. 121) que son una maravilla. Hoy, en esta entrada del blog, quisiera hablaros tan sólo un poco de los textos pues de la música otros doctores tiene la Santa Madre Iglesia que lo pueden hacer mejor.
         La primera, con texto del Eclesiastés, es una canción que nos habla de la vanidad del mundo:
Lo que le sucede a los hijos de los hombres
y a los de las bestias, es un mismo suceso:
como mueren unos mueren otros, pues todos respiran;
el hombre no tiene preeminencia sobre la bestia;
todo es vanidad.
 
Todo va a un mismo lugar;
todo nace del polvo
y todo volverá al mismo polvo.
¿Quién sabe que el espíritu del hombre sube arriba
y que el de las bestias desciende abajo,
a la tierra?
Así, pues, no hay cosa mejor para el hombre
que alegrarse con su trabajo,
pues esa es su parte;
porque ¿quién lo llevará para que vea
lo que ha de ser después de él?
 
            La segunda, también sacada del Eclesiastés, trata sobre el dolor y de cómo afecta a los hombres sin que haya un consuelo para ellos:
 
Me volví y vi las violencias que se hacen bajo el sol;
y he aquí las lágrimas de los oprimidos,
sin tener quien los consuele;
y la fuerza estaba en la mano de sus opresores,
y no había quien consolara a aquellos.
Y alabé yo a los finados,
los que ya murieron,
más que a los vivientes,
los que viven todavía.
Y tuve por más feliz que unos y otros 
al que no ha sido aún,
pues no ha visto las malas obras
que se hacen bajo el sol.
 
 
            La tercera, proveniente también del Eclesiastés, nos habla de la muerte, desgracia para el hombre dichoso, pero consuelo para el desgraciado. Dice así:
 
¡Oh, muerte, que amargo es tu recuerdo
para el que vive tranquilo con sus posesiones,
para el hombre feliz, 
para el hombre que prospera,
para el que tiene salud 
y goza de los placeres!
¡Oh, muerte, que amargo es tu recuerdo!
¡Oh, muerte, qué dulce es tu sentencia
para el hombre derrotado y sin fuerzas,
para el hombre que tropieza y fracasa,
para el que se queja
y ha perdido la esperanza!
¡Oh, muerte, qué dulce es tu sentencia!
 
            Sin embargo, la cuarta, clave para mí de las canciones brahmsianas, se traslada a San Pablo, a su conocido texto de la Carta  a los Corintios en el que habla de forma maravillosa sobre el amor:
 
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas,
y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena,
o címbalo que vuelve a tañer.
Y si tuviese profecía,
y entendiese todos los misterios
y toda la ciencia,
y si tuviese toda la fe,
de tal manera que trasladase los montes,
y no tengo amor, 
nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes 
para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser quemado,
y no tengo amor,
de nada me sirve.
Ahora vemos por espejo, 
oscuramente;
mas entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte;
pero entonces conoceré como fui conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor,
estos tres;
pero el mayor de ellos es el amor.
 
            No es casual que sea este bellísimo texto de San Pablo el que corone las canciones: todas las angustias del hombre, todo el efecto del dolor, de la muerte de la injusticia se ven compensados con el amor.
            Espero que con esta sencilla explicación, cuando escuchéis las Cuatro canciones serias, os sirva para disfrutar más y mejor.
 

TAKIS VARVITSIOTIS, EL GRAN POETA TESALONICENSE





Takis Varvitsiotis fue un poeta griego que nació y murió en Tesalónica. Varvitsiotis (Τάκης Βαρβιτσιώτης en griego moderno) fue un poeta excepcional del que en castellano casi no tenemos nada traducido. Tan sólo ( que yo sepa) aparecen algunas traducciones en el libro Seis poetas griegos que la editorial argentina Colihue publicó con traducciones de Horacio Castillo. Este poema que os dejo, simple tarjeta de presentación del gran poeta tesalonicense, se llama Nunca digas, y pertenece al libro El nacimiento de las fuentes (1959), Η γέννηση των πηγών. Os lo dejo en la elegante traducción de Francisco Torres Córdova.



Nunca digas

Nunca digas que la vida no es bella.
Cuando veas que la luz disminuye,
Cuando las hojas secas caigan a tus pies
Y todas las campanas saluden a las sombras,

No digas que la vida no es bella.
La colina se vestirá con la neblina de tus ojos,
Los brazos rodearán la columna sepulcral.
Y el ave de tu voz siempre quedará crucificada.

Pero no digas que la vida no es bella.
Los sonidos del día no llegarán a tus pálidos labios,
Tampoco las primaveras cantarán bajo tus párpados,
Sólo una nube alguna vez te refrescará al amanecer
Y suspendida en el aire una flor estará de luto por tu silencio.

Pasarán años y años, pero tú no pidas
Volver a ver tu color en la penumbra de los ángeles,
No olvides las rosas blancas,
No olvides el polen del cielo,
No digas que la vida no es bella.

No envidies el perenne destino de la piedra,
Los mármoles impecables, la gota congelada,
La eterna, que cuelga del árbol del tiempo,
Ni un nombre desnudo y amargo como tu sueño.

Sólo baja más profundo, muy profundo, en el lecho
De la tierra, donde tienden sus raíces los cipreses,
Hasta que la tarde se incline serena a confiar
Su estrella más secreta a tu húmeda cripta.

Y luego rasga la tela de araña que te envuelve,
Levántate con los huesos llenos de música,
Y si tu sombra es tan amplia, que nos cubra a los dos,
Pero ten cuidado no te engañes, no olvides,
Nunca digas que la vida no es bella.
 
 






ALMA MAHLER, LA NOVIA DEL VIENTO


Tras la lectura de El juego de ojos de Canetti, no me queda ninguna duda de que Alma Mahler no era santa de su devoción. A la esposa de don Gustav la tilda como “la gorda” o como la “viuda oficial” (algo así como una Isabel Pantoja, pero en la Viena de principios del siglo pasado). Lo cierto es que Alma Schindler tuvo un historial de hombres verdaderamente impresionante.  Alma había nacido en 1879 en Viena y se casó con Mahler en 1902, a los veintitrés años. Con él tuvo a María, que murió a los cinco años (¡Ay, esos Kindertotenlieder) y a Anna, escultora y poseedora del juego de ojos del que habla don Elías. Pero la señorita Sichindler no llegaba al matrimonio como una jungfrau pues había tenido relaciones amorosas con el pintor Gustav Klimt, el músico Alexander von Zemlisnky o el director teatral Max Burkhard. En 1910, dejó a Gustav en Toblach, el sitio en donde veraneaba el músico, y ella se marchó para el balneario de Tobelbad a donde fue para curarse de la depresión en la que le había sumido la muerte de María. Allí conoció a Walter Gropius con el que tuvo un apasionado romance del que el pobre Mahler tuvo noticia y que fue su puntilla. Mahler moría en 1911 y Alma tuvo otro romance con el pintor Oscar Kokoscha que la retrató en su cuadro La novia del viento. Pero el amor apasionado de Oskar no gustó a Alma y lo acabaron dejando. El pintor quedó tan afectado que, según cuentan, se hizo una muñeca con la forma de Alma y la llevaba a todas partes. Vamos, para una película de Berlanga. Pero Alma no se detuvo y, asustada por tan impetuosos amor, se volvió a echar en los brazos de Gropius con el que se casó a en 1915 y con el que tuvo a Marian, una pobre chica que moriría a los dieciocho años víctima de la poliomielitis y para la que Alban Berg compuso su concierto para violín “A la memoria de un angel”. Pero es que, antes de volverse a casar, Alma había mantenido una relación muy tempestuosa con el biólogo Paul Kammerer y la situación había llegado a tal grado de tensión que el científico amenazó con irse a pegar un tiro a la tumba de Mahler (luego dicen que los centroeuropeos son fríos…) Item más: estando casada con Gropius, Alma tuvo un romance con Franz Werfel con el que tuvo un niño que murió prematuramente y que se llamó Martin Carl Johannes. Alma se divorció de Gropius en 1920 y se casó con Werfel, pero las malas lenguas cuentan que, hacia 1932, tuvo un romance con el sacerdote Johannes Hollnsteiner.

         Debido a la ascendencia judía de Werfel, el matrimonio huyó a Francia y de Francia a Nueva York en donde Alma viviría hasta los ochenta y cinco años, exactamente hasta 1964.

         Quizás lo más doloroso de esta historia es que Alma tuvo a muchos hombres, pero, en el fondo siempre se sintió muy sola. Pero ya seguiremos hablando de Alma más adelante porque el tema lo merece.

SAN RAFAEL ARNÁIZ BARÓN, EL HERMANO RAFAEL DE "MI TRAPA"



En Burgos, en el Paseo de la Isla, 31, 3º, nace un niño al que sus padres bautizan como Rafael, Arturo, Álvaro, José de la Inmaculada Concepción y Luis Gonzaga.  Por fortuna para el niño, tan sólo lo llamaban Rafael y Rafael fue un niño normal que hizo su primera comunión en las Salesas de Burgos hasta que en 1920 contrajo unas fiebres coli-bacilares que hicieron que dejara de asistir al colegio. La enfermedad fue grave y el padre lo llevó a la Virgen del Pilar para darle gracias por la curación. En 1922, el padre, don Rafael, que era ingeniero de minas, se traslada con toda su familia a Oviedo y en la ciudad ovetense comienza Rafael sus estudios en los Jesuitas. También, fuera del colegio, va a clases de pintura con don Eugenio Tamayo. En 1930, tras obtener el grado de Bachiller en la Universidad de Oviedo, Rafael es admitido en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Hasta aquí no hay nada especial: un niño burgalés que va al colegio, que enferma, que sana y que quiere ser arquitecto. Sin embargo, hay un hecho fundamental en la vida de Rafael: el 23 de septiembre de 1930, con diecinueve años, visita por primera vez, el Monasterio de San Isidro (La Trapa) en Dueñas, Palencia. Su vida ya no sería la misma porque la Trapa ya no salió del corazón de aquel joven. Y así vemos como del 17 al 26 de julio de 1932, va a hacer unos ejercicios espirituales a Dueñas. Sin embargo Rafael sigue estudiando para arquitecto, hace la mili en Ingenieros y sigue su vida “del siglo” hasta el 15 de enero de 1934 en que entra en La Trapa como novicio. En ella estará cuatro meses hasta que sus superiores, viendo que la diabetes que padecía necesitaba cuidados en su casa, lo envían para Oviedo. En 1936,  Rafael vuelve a la Trapa y, como no puede hacer votos religiosos, se queda como Oblato. Pero el año 36 es un año terrible en España y en septiembre de ese año, Rafael y otros hermanos de La Trapa son llevados al frente. ¿Qué iban a hacer unos frailes con las ramas de la guerra? Rafael además está enfermo y lo declaran incapaz para el servicio. Vuelve a la Trapa y en 1937 lo mandan de nuevo para su casa. Pero como ya hemos dicho y repetido, Rafael tenía La Trapa en su corazón y, en septiembre de 1937, saltándose los consejos de los médicos, vuelve a entrar en La Trapa de la que ya no saldrá pues muere, en olor de santidad, el 26 de abril de 1938.

         De sus escritos os copio estas líneas que tanto me recuerdan a San Josemaría:

         Aprovechemos esas cosa pequeñas de la vida diaria, de la vida vulgar…no hace falta, para ser grandes Santos, grandes cosas; baste el hacer grandes las cosas pequeñas.

         San Rafael Arnáiz Barón está enterrado en el monasterio de La Trapa en Dueñas , Palencia y yo, humilde visitante de ese monasterio palentino, tuve el atrevimiento de dedicarle este soneto:

 

HERMANO RAFAEL

 

En pláticas de amor muy silenciosas,

la noche con su viento te llegaba

y aquel viento de vida te besaba

acunado entre ramas amorosas.

 

Nada son tristes horas rigurosas

a cambio del Amor que bien te amaba

dejando por la tierra que pisaba

el bonus odor Christi entre las rosas.

 

A solas en tu Trapa repartías

Amor en tu trabajo a tiempo cierto

y era a Dios quien a solas tú sentías.

 

Y al frío del invierno en aquel huerto,

de puro enamorado comprendías

el cielo que tenías entreabierto.