miércoles, 2 de enero de 2019

ODYSSEAS ELITIS Y EL ADOLESCENTE FRIKI



Odiseas Elitis es un poeta griego como se puede adivinar con un poco o nada de perspicacia. Allá por los años ochenta del siglo pasado, obtuvo el Premio Nobel y se hizo conocido en todo el mundo.  Elitis es uno más de esa enorme pléyade de poetas griegos que cubren el final del siglo XIX y el XX y cuyos nombres son deslumbrantes: Kavafis, Ritsos, Seferis, Nicéforo Vrettakos o la actual Kiki Dimulá. Recuerdo que,  cuando apareció esta antología de su obra en Akal, yo me subí andando la cuesta de General Oraa y entré en Pérgamo, la librería de mi infancia,  y le dije a Lourdes, la dueña, que quería un libro de ese escritor griego al que le habían dado el Nobel. Cuando me lo dio, le dije: “Bueno no hablará más que de sol, cabras e higos”. Ella me dijo: “Normal en un griego!” Y es que un servidor por aquellos entones era un adolescente al que le gustaba llamar la atención y quedar como poeta y enterado; más claro, era ya un poco friki.

         Pese a la aventurada e injusta opinión de aquel chaval sabihondo, Elitis es algo más que sol, cabras e higos. Ahora que lo he leído a fondo os lo puedo asegurar y sobre todo cuando ya no tengo que impresionar a nadie con mis opiniones.

 
 
Con la primera gota de lluvia murió el verano
Se empaparon las palabras que dieron a luz brillo de estrellas
Todas las palabras que te tenían como único destino
Hacia dónde tenderemos nuestras manos ahora que el tiempo nos ignora
Hacia dónde lanzaremos la mirada ahora que las líneas lejanas naufragaron en
Las nubes
Ahora que tus párpados se cerraron sobre nuestros paisajes
Y estamos -como si la niebla nos hubiera traspasado- solos, completamente solos
Rodeados de tus imágenes muertas.
Con la frente en el cristal velamos el nuevo dolor
No será la muerte quien nos venza puesto que existes tú
Habrá un viento en otro sitio que te haga vivir plena
Que te vista de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza
Ya que hay otro sitio
Una pradera de intenso verde más allá de tu risa cercana al sol,
A quien le digo en confianza, que volveremos a vernos
No encontraremos a la muerte, sino una gotita de lluvia otoñal
Un sentimiento empañado
El olor de la tierra del sur en nuestras almas
Que cada vez se alejan más.
Y si tu mano no está en nuestra mano
Y si nuestra sangre no está en las venas de tus sueños
Ni la luz en el cielo nítido
Ni la música invisible en nuestro interior, oh pasajera melancólica,
De cuantos nos retienen aún en el mundo
Es el aire húmedo, la hora del otoño, la separación
La superficie lacerante para el codo en el recuerdo
Que brota cuando la noche intenta separarnos de la luz
Tras la ventana cuadrada que ve hacia el dolor
Que no ve nada
Porque se volvió música, llama invisible, campana del gran reloj de pared
Porque se hizo ya,
Verso de un poema en otro verso de sonido paralelo
Al de la lluvia y las lágrimas y las palabras
Pero no como aquellas palabras, sino como éstas, cuyo destino único eres tú.

 

LA BATALLA DE GAUGAMELA Y LA MACEDONIA DE FRUTAS


Sabido es desde siempre que Alejandro Magno, el hijo de Filipo II de Macedonia, una vez que triunfó en la batalla de Gaugamela sobre Darío II, rey  de los persas, se convirtió en el amo y señor de Asia. Y Asia era – y es-, un mosaico de pueblos que responde cada uno a su vez a una amalgama de razas y lenguas. Cuando en el siglo XVIII la arqueología empezó a ser una ciencia y se empezaron a respetar - al menos en teoría-  , las monumentos del pasado para proceder a su estudio y no para usarlos en la construcción de palacios como se venía haciendo desde muchos siglos tras, los franceses tuvieron el deseo de mirar hacia aquel imperio macedónico, surgido de aquella tierra balcánica, y dieron en llamar a cualquier conjunto heterogéneo con el nombre de Macédoine por semejanza a la heterogeneidad del continente asiático. Y siguiendo este argumento curioso, cuando se pusieron a la tarea de poner nombre a un  postre que se había puesto de moda en ese siglo y que consistía en frutas cortadas en trozos pequeños en un almíbar ligero, pensaron que ese revuelto de frutas, cada una de su padre y de su madre, tenía parecido con el mosaico de pueblos de los que Alejandro de Macedonia había sido emperador. Y así nombraron a este postre macédoine que, traducido al español quedó como macedonia y que, para los portugueses, se nombra como ensalada de frutas. Una curiosidad para empezar el año.

 

lunes, 31 de diciembre de 2018

LOS PIANISTAS DEL OTRO MUNDO: WILHEM KEMPFF



He terminado ayer de oír esa maravilla que es la obra completa de Schumann interpretada por Wilhem Kempff, ese pianista y compositor alemán que tocaba a Beethoven, pero que no se olvidó nunca de Schubert, Schumann o Chopin. Es más, grabó las obras completas de estos compositores además de obras de Liszt, Brahms o Bach. Su manera de tocar era “religiosa” y, cuando se escucha su Schumann,  se escuchan oraciones al piano. En las Waldszenen, Kempff te mete en los claros del bosque y en los Kinderszenen juegas con los niños y sueñas con ellos. Os podría hablar de la Sonata nº 2, de la Kreisleriana o de las Piezas nocturnas en las que el arte del pianista de Jüteborg hacía que las partituras se elevaran hasta los cielos de la música. Lo curioso es que este alemán sabio y culto no tocó en Londres hasta 1951, cuando ya contaba con cincuenta y seis años; a Nueva York no “llegó” hasta 1964, con sesenta y nueve años. Estuvo tocando toda su vida y pasó su vejez en Positano a donde peregrinaban los discípulos para escuchar al maestro. Ya no quedan pianistas como éstos, pero gracias a los discos podemos seguir disfrutando de estos pianistas de “otro mundo”.

DON LUIS SEGALÁ Y ESTALELLA




En los años por los que yo estudiaba en Madrid, allá por los años ochenta del siglo pasado, las traducciones de la Ilíada que teníamos a mano eran dos: la de José Alsina en los Clásicos Planeta y la de Segalá en Austral. Andaba también la de Emiliano Aguado en Edaf y creo que poco más porque García Calvo no había terminado la suya en verso y Emilio Crespo Güemes no había terminado tampoco la suya. Quedaban estas dos grandes traducciones que nos reservaba el siglo XXI y, recuerdo ahora,  que sí que estaba la de López  Eire que debió de salir por el año 1989, es decir, aun año antes de que acabáramos la carrera la gente de la promoción 1985-1990. Pues sobre esto quisiera contaros una anécdota.

         Resulta que mi buen amigo Vicente Calvo, profesor en la Rey Juan Carlos en el día de hoy, le pidió a los reyes una traducción de la Ilíada y los Reyes,  que, poco versados,  según el parecer de aquellos estudiantes imberbes que éramos, le trajeron la de Segalá. Recuerdo cómo mi buen amigo se quejaba de que le habían traído “ la traducción de Segalá” a la que considerábamos una mala traducción.

         Han pasado los años y la  opinión mía sobre esta traducción- la de Vicente Calvo la desconozco, pero ya le preguntaré- ha cambiado sustancialmente: la traducción de Segalá es magnífica, ajustada la texto y con un castellano bellísimo porque  no porque se tenga como lengua materna el catalán hay que desconocer el castellano. García Gual  - no hace mucho lo leía, lo alaba sin remilgos.

         Segalá y Estallella era barcelonés, amigo de Prat de la Riba y profesor en Sevilla y en Barcelona. Los de Esquerra Republicana seguro que ni lo han leído, pero les convendría tomar ejemplo.

EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS



Han sido dos meses de ardua lectura en varios lugares y llevando los dos tomos de la obra cargada en mi mochila. Ha sido dos meses en los que he mezclado otras lecturas, pero han sido dos meses conviviendo con Robert Musil y sus personajes. Han sido dos meses habitando en Kakania con generales, con pintores, con esa pareja de enamorados tan peculiar en la historia de la literatura pues son hermanos;  han sido dos meses en que el texto se me enfrentaba y he tenido que luchar contra él con mucha paciencia porque Musil entra en terrenos complicados. Pero puedo decir con satisfacción que he leído El hombre sin atributos, esa obra fundamental de la literatura del siglo XX; esa obra que nos leva a la mejor literatura en lengua alemana, a esa literatura difícil, pero tan hermosa que te engancha a ella. Mientras la leía pensaba en el ímprobo trabajo del traductor, en la dificultad que tiene esa obra en su alemán original tal como se puede ver en la dificultad que, aún en castellano, tiene para el lector. Una maravilla necesaria como los cuartetos de Shostakovich.

sábado, 29 de diciembre de 2018

EL CORAZÓN SECRETO DE ELÍAS CANETTI



Hay palabras que te llegan  a lo más profundo del corazón. Elías Canetti, nuestro querido Canetti, dice unas palabras lapidarias en la página 15 de El corazón secreto del reloj:

Que Dios haya muerto o no: es imposible no hablar de él, que ha estado ahí tanto tiempo.

Y es verdad, maestro Canetti, que Dios ha estado y está presente en nuestra cultura occidental y que el arte sería otro sin Él; y, si decimos el arte, también podemos decir la poesía o la música.

En una línea y media, Canetti dice más que muchos en un libro entero. Ahí se ve lo que es ser un maestro.

BOECIO EN BOECILLO



Severino Boecio es un autor romano ya del siglo V después de Cristo cuya importancia es mucha. Su Consolatio philosophiae, compuesta en la cárcel al igual que santo Tomás Moro, es una obra clave como puente de unión entre el saber grecorromano y las escuelas monacales en donde se impartía el trívium y el quadrivium. De Boecio arrancan los grandes escolásticos cuya cabeza más conspicua es Santo Tomás de Aquino. Pero es que además de entregar a los escolásticos la terminología, los conceptos y el método de trabajo,  su Consolación de la filosofía ha sido durante muchos años, al lado de libros como la Biblia, los de Séneca o los de Marco Aurelio y el Kempis, el gran libro de meditación de monjes, príncipes y gente de la literatura. Boecio viene de un verbo griego que significa ayudar y eso es lo que ha hecho Boecio durante siglos: ayudar a quien necesitaba sus reflexiones que recoge de la Filosofía, esa señora que se le aparece en la cárcel. Un libro fundamental en la historia de la Filosofía.