domingo, 22 de mayo de 2022

FILOCTETES

 


Filoctetes es un personaje mitológico en el que la soledad del ser humano se hace  presente. Desde mis tiempos de estudiante, aquel pobre hombre herido y solitario, abandonado por los suyos a causa de  la herida pestilente que sufría en su pie, me sirvió de espejo. Con el tiempo salí de mi Lemnos particular, pero me di cuenta de que muchos, como ocurre en esta historia, se habían acercado a rescatarme no tanto por compasión hacia mí, como por sus intereses personales porque Filoctetes era absolutamente necesario para conquistar Troya y, si lo fueron a buscar Odiseo y Neopotólemo, no fue, quizás, por el mucho amor que le tenían al compañero, sino, como ya he dicho antes, por el “interés”. La vida misma.

         Tan sólo añadir que era hijo de Peante, rey de la ciudad de Melibea,  y Demonasa o Metone que de ambas formas se la conoce en la mitología.  No puede faltar el que digamos algo que casi todos los lectores conocen: que  Sófocles escribió sobre él la tragedia homónima. Y que, antes de que Menelao se casara con Helena, este hombre abandonado fue uno de sus pretendientes.

         También debería recordar que los anteriormente citados Odiseo y Neoptólemo, hijo de Aquiles y de Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciro en donde Aquiles había estado refugiado y, para no ir a la guerra, se había travestido en chica,  lo convencieron y, ya en el campamento aqueo, fue curado por Podalirio, hermano de Macaón y ambos hijos del dios de la medicina Asclepio en su matrimonio con Epione. Ya veis, el  que no había querido ir a la guerra va a convencer a otro para que vaya.

Para ilustrar esta entrada, he elegido este cuadro de Fraçois-Xavier Fabre, pintor francés discípulo de Jacques Louis David y experto en pinturas históricas y de tema griego. De este último tema, podemos encontrar en su obra La Mort de Narcisse (1814), La Mort de Milon de Crotone,  Le Jugement de Pâris  o Oedipe et la sphinx.

EL MINOTAURO

 


En esta entrada de blog, el tema es la soledad cuyo zarpazo todos hemos sentido alguna vez y como también siente ese Minotauro borgiano en ese maravilloso cuento que es La casa de Asterión, cuento que siempre he tenido en los bastidores de mi alma desde que lo leí en aquel viejo libro de Literatura española de 3º de BUP de don Fernando Lázaro Carreter. También Julio Cortázar en su obra de teatro Los reyes nos presenta un Minotauro humanizado contrastando con un Teseo inhumano y cruel. Por otra parte, no es raro encontrar al Minotauro en juegos de ficción, en series de dibujos animados o en juegos de rol lo que le ha llevado a ser muy conocido incluso para públicos alejados de la mitología.

El asunto mitológico arranca cuando Minos, rey de Creta, atacó Atenas porque su hijo Androgeo, después de quedar campeón en una competición olímpica en la ciudad de Atenea, fue asesinado. Su padre se dirigió contra esta ciudad que, en ese momento, sufría una terrible peste. Conquistó primero Mégara y, finalmente, Atenas. Su victoria llevaba  consigo unas condiciones que los atenienses derrotados tenían que cumplir y una de estas condiciones era que, todos los años, Atenas tenía que mandar un barco con siete efebos y siete muchachas como alimento para el Minotauro. Pasaron casi veinte años y llegó Teseo que, bien porque él mismo decidió formar parte del tributo de los atenienses al monstruo cretense, bien porque el propio Minos, sabedor del aprecio que Minos sentía por Teseo, lo eligió para formar parte de la ofrenda de ese año, se embarcó como uno más de los muchachos destinados al sacrificio. El resto ya lo sabemos: Teseo, con la ayuda del hilo de Ariadna que le permitió salir del laberinto que había construido Dédalo, mató al monstruo.

      Desde un punto de vista iconográfico, encontramos cerámica de pinturas negras en las que ya se representa la lucha de Teseo contra el Minotauro y, a partir de esas primeras expresiones, pinturas de diferentes épocas que llegan hasta nuestros días. Así, en ese recorrido por la pintura que podríamos realizar, encontramos la famosa taurocatapsia del palacio de Cnosos, frescos pompeyanos, obras de William Blake , de Dalí y, en especial, de Pablo Picasso que trató tan profusamente este tema lo cual dio lugar a una exposición en el Museo de Arte Reina Sofía entre el 25 de octubre de 2000 y el 15 de enero de 2001 en la que se recogían setenta obras que estaban vinculadas con este asunto. La mayoría eran aguafuertes reproducidos en la revista Minotaure y otros de la Suite Vollard. Picasso crea leyendas diferentes en torno al Minotauro que hemos conocido gracias a  la pintora Françoise Gilot, compañera del artista malagueño,  y así podemos decir que,  para Picasso,  los minotauros eran ricos habitantes de la costa cretense en cuyas casas, atestadas de obras de arte y de bellas mujeres,  se celebraban reuniones que terminaban a menudo en orgías. Sin embargo, los domingos,  los minotauros encontraban la muerte a manos de gladiadores griegos. El mismo Picasso  explicaba así su devoción por el monstruo de Creta en una cita que es el epígrafe al programa de esta exposición: “Si se señalaran en un mapa todos los itinerarios que he recorrido y se les uniera con una línea, quizás apareciera un Minotauro”. No es rara esta vinculación del malagueño con este mitad hombre, mitad toro si recordamos la vinculación que tiene su obra con el toro y con la tauromaquia. Para algunos críticos, en una serie de grabados aparecida entre finales de 1933 y mediados de 1934,  podríamos encontrar un antecedente directo del Guernica por el encuentro entre el Minotauro y un caballo, la ceguera del monstruo y, en especial, por la obra titulada Minotauromaquia que pongo como ilustración a esta entrada y que es un antecedente directo al ya mencionado Guernica.

      Espero que con esto os deis por satisfechos en lo que respecta al Minotauro.

 

 

viernes, 13 de mayo de 2022

CONSTITUIR, DESTITUIR Y PROSTITUIR O CÓMO HABLA MARGARITA ROBLES CON SU LENGUA DE MADERA

 


                A raíz de las palabras de la ministra Margarita Robles cuando hablando del cese de Paz Esteban dijo que no era una destitución  sino una sustitución, vamos a analizar en detalle algunas palabras que provienen de una misma raíz.

         La raíz más primigenia está en la forma indoeuropea *sta (estar de pie,  estar erguido) que da en griego ἵστημι con el significado muy parejo de “poner en pie” o “colocar” y en latín stare que es el verbo que da nuestro “estar”. Este stare está en la base (nunca mejor dicho) de las  estatuas que generalmente, salvo en épocas revolucionarias, están de pie. Siguiendo con la raíz indoeuropea, tenemos en latín statuere al que vamos a ir poniendo algunos prefijos para que nos vayan resultando palabras de mucho uso en nuestra lengua.

         Por ejemplo, si a statuere le añadimos cum-, el resultado es constituere que tiene el significado  de fundar, poner las bases que es lo que se hace en una constitución: se le pone las bases al estado. Si le ponemos el prefijo de- (una preposición latina que, usada como prefijo, tiene un significado privativo pues de- formis es el que no tiene forma) hacemos que lo que estaba en pie (statuere) se convierta en destituere que significa dejar o abandonar. Destituir es,  pues,  hacer que alguien abandone un cargo;  literalmente “ dejar de estar en pie”. Por cierto que este verbo es transitivo y por tanto le podemos y debemos poner un complemento directo: Destituyeron a Antonio. En otra entrada veremos que este complemento directo es imposible con cesar al ser este verbo intransitivo.

         Si seguimos con nuestro statuere y le ponemos el prefijo in-, nos encontramos con instituere con el sentido de fundar o instituir y de ahí vienen nuestros institutos. Los romanos tenían la expresión instituere vestigia pedis, es decir, poner las planta de los pies en el suelo que es lo que les falta a nuestros políticos.

         Claro que también, y ya metidos en harina, podemos poner la preposición pro- (preposición que significa “ en lugar de” pero también  “poner al frente”) y entonces nos resulta prostituere que no hace falta saber mucho para darse cuenta de que el resultado es “prostituir”. La prostituta es la mujer que “se pone por delante”, o  “se la pone por delante” para ser vendida en público. También los profesores compartimos esta preposición con las prostitutas pues somos los que pro- fateri, los que confesamos por delante. La verdad es que eso era antes: ahora, los profesores “confesamos” cuando y donde nos dejan nuestros alumnos.

         Así pues,  es menester saber aplicar con sabiduría y conocimiento estos prefijos porque no es igual que te constituyan, te sustituyan, te destituyan o te prostituyan.

         Como colofón y clase gratis para Margarita Robles decir que no puede existir una sustitución (poner a alguien en lugar de otro) si previamente no hemos destituido (hemos hecho que dejara el cargo) el que lo ocupaba.

         En fin, ya sé que estas cosas no van a ninguna arte y que los políticos seguirán con su langue du bois que es como llaman nuestros vecinos franceses a decir pero no decir. Mas, si os parece, lo de la “lengua de madera”, al igual que lo de cesar,  lo dejamos para mejor ocasión.

martes, 10 de mayo de 2022

JOAN MANUEL SERRAT DE MICA EN MICA

 


A Joan Manuel Serrat lo conocí por la radio también. El cantautor catalán tenía ese disco de Machado que vendía el señor Palacios en su tienda de General Oraa y que lo que vendía en  cinta de cassette (a mí me gusta en su forma francesa, qué le vamos a hacer) de color morado con la foto de Machado porque la cassette fue durante muchos años el medio más popular de difusión de la música. Baste recordar aquellos expositores de las gasolineras y de los bares en donde se vendían las que popularmente se conocían como “cintas” y que permitieron , al cabo de los años y gracias al invento del walkman,  poder escuchar música por la calle. Esto que estoy contando suena al pleistoceno superior, pero así eran las cosas por aquellos años.  Un día mi madre me la compró y yo ya no hice otra cosa que escuchar a Machado/Serrat. Conozco de memoria esos poemas de Machado por las muchas veces que se las oí cantar a Serrat o las canté yo acompañado de mi humilde guitarra de la que sólo sabía sacar cuatro acordes mal afinados. También, por esa época, sacó Serrat su disco llamado 1978, el primero que grababa en la compañía alemana  Ariola, y en ese disco aparecía Qúe bonita es Badalona,   ese pasodoble tan cañí con el que  convencí a mi padre  para que me comprara la “cinta” en la tienda de electrodomésticos de José María Pais, esa tienda en la esquina de la calle da Roda con General Mola o la calle Real en mi muy querido Marín. Después vinieron más discos y el de Poble Sec seguía ocupando mi corazón. Un día, ya en este siglo XXI, lo fui a ver a la plaza de toros de Ávila en donde cantaba acompañado de su guitarra y de ese grandísimo pianista que es Ricard Miralles. Me hechizó. Recuerdo que empezó el concierto cantando Menos tu vientre, acompañado tan sólo por su guitarra y con esa voz tan cálida que tiene  ese ligero temblor que la hace inconfundible. Unos años más tarde ( no muchos) lo vi en Valladolid acompañado de Sabina en un gran concierto cuando iban ambos con el espectáculo Dos pájaros de un tiro. Serrat forma parte de mi BSO vital y llevo sus canciones en lo más profundo de las entretelas del alma. Sin embargo, os digo que tengo predilección por algunas de sus canciones en catalán y que hay una que es para mí  de las mejores canciones de amor que nadie haya escrito nunca: De mica en mica.

         Aún me sigue gustando y emocionando como cuando lo escuché en aquella cinta morada que vendía el señor Palacios.

JOAQUÍN DÍAZ, EL PETE SEEGER ESPAÑOL Y MUCHO MÁS

 


En estos días de mayo, voy a tratar de los cantantes que han configurado mi banda sonora original. Como San Juan en su Evangelio recuerda cuándo conoció a Cristo, yo también puedo daros pelos y señales de la tarde en que conocí a Joaquín Díaz. Había un programa de Radio España de Madrid que se llamaba Leña en el que se escuchaba música llamada entonces folk. Sonó  un romance, Corrido va el abad, y me deslumbró la voz y la manera de cantar de Joaquín Díaz. Compré, a lo largo de los años muchos LP’s y a sí, en  este momento, recuerdo el de Tierra de Pinares, el de Palencia, el de Sanabria, las Canciones del Campo y, sobre todo, aquella caja con varios discos en los que Joaquín Díaz recogió, editó y grabó una buena cantidad de romances castellano. El libro de ese LP lo tengo tan desgastado que creo que hasta le falta la grapa porque fue tanto lo que oí su música que se convirtió durante algunos meses en mi único alimento musical.

         Pero es tan grande la figura de Joaquín que todo lo que se diga en esta entrada sobre él es poco. Creo, aunque no soy musicólogo, que sin Joaquín no  habrían surgido grupos como el desaparecido Nuestro Pequeño Mundo, el Nuevo Mester de Juglaría, Candeal, La Bazanca y tantos otros que a día de hoy siguen buceando en nuestras tradiciones populares. Sin los estudios rigurosísimos de Díaz, la totalidad del folklore castellano se hubiera perdido. Gracias a Joaquín  se creó esa generación que con un magnetofón en mano recorrían los pueblos recogiendo romances, cantares de trabajo o de boda y todo tipo de manifestaciones populares. Es nuestro Pete Seeger español, pero nada tiene que envidiar al americano y sí al revés. Gloria da el escucharle hablar sobre folklore porque no hay en España quién sepa tanto y con tanto gusto y rigor lo explique que “Quinito” como lo llamaban de pequeño las mujeres sanabresas.

        

ANTÓN LOSADA DIÉGUEZ, EL ESCRITOR DE BOBORÁS

 


Antón Losada Diéguez nació en Boborás en 1884. Sus padres pertenecían a una nobleza rural gallega que había estado  muy vinculada con el carlismo. Estudiante de Letras en Deusto y de Derecho en Santiago, Losada Diéguez se doctoró en Filosofía en 1913 y ganó una cátedra de Bachillerato en Toledo. Al poco pidió el destino para Orense y en la ciudad del Miño conoció a Vicente Risco. Su siguiente destino fue Pontevedra en donde, con Risco y Noguerol, fundó la Revista Nós. Losada Diéguez formó parte de las Irmandades da Fala. Fue en el año 1985 cuando se le dedicó el Día das Letras galegas y, desde 1986, los ayuntamientos de O Carballiño y Boborás conceden anualmente un premio que lleva su nombre.

         La figura de Losada Diéguez es un referente cultural en Boborás, su lugar de origen, y en esta población orensana podemos contemplar el pazo donde nació. Merece la pena este rincón noroccidental de la provincia de Ourense, limítrofe ya con Pontevedra. Si os acercáis hasta alío, veréis ríos, montes, puentes que guardan todo el misterio das fadas, camiños de los que Cunqueiro decía que un enano todas las mañanas ponía y quitaba. Además el pulpo es excelente  y un buen cocido gallego en el invierno reaviva a un muerto.

         Creo que he argumentado bien las razones por las que merece la pena llegarse a Boborás.

domingo, 8 de mayo de 2022

PEGARSE UNA MARISCADA

 


En aquella España de los setenta, sólo los ricos comían marisco. Recuerdo haber ido de la mano de mi abuela Patro a la casa de un  médico de prestigio a llevarle una bandeja de percebes, gordos como carallo d’home,  con los que mi familia le obsequiaba al médico por haberle operado a mi padre del duodeno con singular acierto. Pero los pobres no los comíamos y tan sólo, años más tarde, los comí en el Marico de Noia, pero, os lo puedo asegurar, no eran como los que le llevábamos en mi infancia a aquel médico; aquellos eran,  repito, como carallo d’home. Cabe sacar la conclusión que quizás los carallos de home non son o que eran, pero no voy a ir por este camino. Seguimos con los pobres y el marisco. Resulta que mientras el del bigote gobernó, se fue creando una clase media y entonces, en los barrios obreros, empezaron a aparecer las marisquerías, o mejor, los cocederos de marisco porque una cosa era, en Madrid por poner un supuesto ( QUE no supositorio) , O Xeito o la Portonovo en la carretera de La Coruña y otra muy distinta un cocedero en Aluche en donde se vendían las gambas, los langostinos o los carabineros “ al peso”.  También se añadían alguna centolla, los percebes, las cigalas, las almejas y demás marisquiño. Y entonces surgía la frase que he traído hasta este blog: “Joder, macho, me pegué una mariscada el sábado con mi mujer”. Esa frase, puesta en boca de un oficinista, de un fontanero o de un albañil, resume el ascenso de la clase media con la España de Franco: ya no había que llevarse los langostinos de las bodas envueltos en una servilleta; ya nos pegábamos una mariscada.

         Los madrileños iban a Galicia a “pegarse una mariscada” porque en Galicia “se comía bien y barato” y “oye, macho, te comes unas centollas y unas cigalas que en Madrid costarían medio sueldo”. También los armadores de Vigo se llegaban hasta la Menduiña,  en Hío,  para pegarse una mariscada porque tenían que demostrar que Vigo era como Bilbao en donde al agua le llaman champagne. En “A Centoleira”, mi querido restaurante de Beluso, reconocías a los madrileños (mi amiga de Marín Sisa Santos Alfonso dixit) porque se pegaban la mariscada mientras que los que sabíamos comer “ en gallego” nos dedicábamos a cosas de pobres: unas sardiñas divinas o unos chipirones guisados con maestría. Luego esos madrileños se pasaban el resto del mes “xodiendo chinchos”, pero la mariscada era sagrada. (Y me sale un pareado)

         En los años primeros de este siglo XXI e incluso antes, vinieron los Mercadonas, los Froiz, los DYA y los mariscos se podían comer cualquier día del año. Y los que se pegaban las mariscadas empezaron a tirar por otros caminos: catas de aceite AOVE, catas de vino o comprar queso de Gamoneu del Puertu a ochenta  euros el kilo porque el paisano lo tiene en una cueva del puertu y sube con un caballo todos los días a darles una vueltecita. Pida lo que pida el paisanu, se llevan el quesu para contarlo luego en un bar de Arturo Soria y epatar a los compañeros. El marisco se quedó demodé y decir lo de la mariscada se convirtió en una ordinariez como el  sueño de un Carpanta hortera y vulgar. Además, con tanta mariscada en tiempo de veda, el marisco fue desapareciendo y se puso a un precio prohibitivo.    Quizás dejó de estar al alcance de las clases medias que, como acabo de decir, se preocupaban de otras cosas. Si los ricos lo siguen comiendo, eso es un arcano.

         Todavía a alguien se le oye decir: “He estado en O Grove y me he pegado una mariscada”. Y te parece que su voz sale de lo más profundo de los años ochenta, de cuando los barrios obreros se llenaron de cocederos y los albañiles, los oficinistas y los fontaneros llenaban el suelo de caparazones de gambas que sonaban al pisarlas con un crujido mágico.

         En esta España de pandemias, mascarillas y espionajes de tres al cuarto, los obreros ya no viven como vivían en aquellos tiempos heroicos y ahora lo heroico es llegar a fin de mes.

         O tempora, o mores que decía Cicerón.