jueves, 15 de junio de 2023

LOS PIMIENTOS FRITOS EN LOS PORTALES DE CHAMBERÍ

 


Sabíamos que había llegado el verano no sólo porque ya las noches fueran más cortas y menos temerosas; no porque jugábamos en la calle; no porque llegaba junio trayendo la felicidad con su luz y sus vacaciones ni porque nuestro padre dejara de trabajar por la tarde a mediados de mes pues cogía “la jornada intensiva”. Sabíamos que había llegado el verano porque, al pasar por los portales, con la bocanada de aire frío que salía de ellos y a la que tanto temía mi madre que me decía que me tapara la boca, salía una vaharada a pimientos fritos. Entonces, cuando en los portales de Chamberí olía a pimientos fritos, había llegado el verano y, al llegar al mercado, en la frutería de Julio, había fresquillas y melocotones que nos refrescaban en las tardes abrasadoras. Os aseguro que no hacían falta los calendarios: para saber que había llegado el verano, bastaba con el olor a pimientos fritos en los portales.

CARTA EMOCIONADA A PEPE HIERRO

 


Querido José Hierro:

         Hace ya unos años que te vi en Ávila, en aquellos “Lunes literarios” que organizaba José María Muñoz Quirós y por los que pasaron todos los grandes poetas de finales del siglo XX y principio de este siglo XXI. Por desgracia, muchos habéis muerto, pero vuestros poemas viven en vuestros libros y, como decía Agustín García Calvo, al recitarlos, dejan la tinta y viven en el aire. Te escribo esta carta, José, porque ayer  me terminé tus Poesías completas (1947 – 2002) en las que se recogen tanta poesía de tantos quilates, de tanta calidad, de tanta humanidad y de tanta poesía que ha sido de las mejores lecturas en los que llevo de año. Ya había yo leído tus libros sueltos, pero, al leerlos una detrás de otro,  en orden cronológico,  se va creando una especie de corriente que va surgiendo de toda tu obra y que nos llega al corazón. Ahí estaban mis versos de que rezan: “llegué por el dolor a la alegría”; o aquellos otros que dicen “si muero, que me pongan desnudo frente al mar”. Y tantos otros, José, porque tú escribías versos vivos, siempre vivos,  para los vivos y los muertos.

         Gracias, José, por tus versos que dan vida y por tu vida que repartió versos. Gracias, José, por enseñarnos que la vida merece la pena vivirse. Gracias, Pepe Hierro, José, cántabro de Madrid, cántabro de cantiles, cántabro de ese mar que te aguardaba siempre para vivir y para morir desnudo en sus playas; gracias, Pepe, por no haber odiado cuando habrías tenido tantas razones para odiar y, como dice Miguel García Posada en su espléndido epílogo “no eran el rencor ni el odio los impulsos que guiaban la poética de Hierro”.

         Gracias, pepe Hierro, porque nos legaste una ética de la dignidad incluso en la derrota, porque tú estuviste en el bando perdedor, pero no elegiste el rencor que ciega y así, en 1947, condenado en la cárcel de Santander, el famoso Dueso,  decías en un poema “ quisiera en esta tarde no odiar”.

         Gracias, pepe Hierro, porque nos enseñaste que por el dolor se llega a la alegría, que, aun vencidos, no debemos perder nunca la dignidad ni la solidaridad con los otros vencidos. Gracias, José Hierro, porque como Beethoven, llevaste la alegría hasta sus más altas cimas. Gracias, Pepe Hierro, porque nos recuerdas que “sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos” y, GRACIAS A TU AVISO,  ya nos hemos ido haciendo a su carga; gracias, Pepe Hierro, porque nos enseñaste, como dice mejor que yo el ya citado García - Posada, que  tu obra es “un obstinado empeño en restablecer la quebrada armonía del mundo y ofrecer una vida. “ La tuya, Pepe Hierro, la tuya.

         Gracias, José, por tus poemas. Al terminarlos de leer, creo que me he vuelto más humano y he sentido que mis poemas humildes son nada en comparación con tu obra de gigante, de Ojáncano cántabro de las leyendas que leían mis hijos en su infancia cercana.

         Yo te oí leer,  te escuché leer, te viví leer,  Pepe Hierro, cuando tu enfisema ya te quitaba la vida y nunca he oído a alguien recitar así. Juntos nos encontramos con Gloria Fuertes, tan payasa y tan humana, tan solitaria, pero tan solidaria;   con Schubert, con Bach que estaba con Mahalia Jackson en un barco en el puerto de Nueva York; estuvimos en un concierto con Beethoven, pero nos marchamos con él al hotel porque el maestro quería oír su “novena” en un televisor sin sonido. También nos encontramos con Mozart y con Alma Mahler. ¿Te acuerdas de los árboles de Dublín? ¿Te acuerdas de Picasso con sus tetas como guantes de boxeo? ¿Te acuerdas de cómo los andaluces estaban diciendo a cada momento “¡Ojú, qué frío!”? ¿Te acuerdas, Pepe,  de ese  cocktail en el que estaba nuestro Juan de Yepes? Gracias, Pepe, por decirme aquella tarde en el Sardinero, bajo la atenta miraba de José María del Río Sainz, “Pick”,  marino y poeta -  o viceversa que tanto da -  estos tres versos inolvidables:

que aunque yo esté solo,

solo con la vida,

nunca estaré solo.

Gracias por todo, Pepe Y te robo esta maravilla con la que nos dijiste adiós:

VIDA

Después de todo, todo ha sido nada,

a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo

supe que todo no era más que nada.

 

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!

Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!

Ahora sé que la nada lo era todo.

y todo era ceniza de la nada.

 

No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo

y que, en definitiva, era la nada.)

 

Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

 

 


miércoles, 14 de junio de 2023

EL ALBERGUE DE LA FUENFRÍA

 


Este poema es sobre uno de los paisajes de mi alma: el valle de las Fuenfría. Hermoso lugar para escuchar a Bruckner mientras el sol se esconde por Marichiva. Espero que os guste.

 

 

 

ALBERGUE DE LA FUENFRÍA

 

Cuando el alba de septiembre apenas

roza las copas de los pinos aquellos

que guardaban en sus troncos la luz de la tarde

y sigue hechizando el ruiseñor el paisaje

desde la femenina redondez de Navarrulaque,

recorro la calzada romana camino de la Fuenfría,

camino de Casarás y de Segovia

y queda el antiguo albergue con la lumbre helada,

con los fantasmas que me acompañan cada noche

por la senda perdidas  que olvidaron los gabarreros.

Frente a él, contemplo la cumbre tallada

por la mano del gigante que habitó estas tierras

y desde dentro me llaman angustiadas

las voces que ya no pueden habitar mi oídos.

Bebo en la fuente el secreto del bosque,

acaricio el suave bozo de la hoja del haya;

miro la luz que me espera en el puerto.

Y cuando el sol de septiembre enciende las copas

de los pinares que cubren mis recuerdos,

sigo buscando la luz que me guía

y emprendo solitario el camino

mientras a lo lejos me siguen los fantasmas

que tristes me hablan del dolor de la muerte.

 

LAS ESCUELAS

 


Nuestra palabra escuela, generalmente en plural, las escuelas, proviene del latín schola por diptongación de la o breve tónica  (o >  ue) y añadidura de una vocal protética que necesitamos en castellano, pero no en otras lenguas: schule, school, etc. A su  vez, la palabra latina schola proviene de la griega σχολή que significa “ocio” o “tiempo libre”. Esto es algo que mis alumnos no pueden entender pues consideran que la escuela lo es todo menos un tiempo de ocio. Según la visión del mundo actual,  lo que no es otium es negotium (nec otium), y, vistas así las cosas, puede que tengan razón mis alumnos, pero según la visión de la sociedad que nos ofreció Aristóteles, no; por una sencilla razón: porque este filósofo diferenciaba en la vida griega tres “momentos”:

a)    El tiempo de trabajo o ἀσχολία. Si os fijáis bien, es σχολή con una alfa privativa, es decir, el tiempo de trabajo es el tiempo de “negocio”, de lo contrario del ocio o también podríamos definirlo como  el tiempo en el que no hay ocio.

b)    El tiempo para el descanso del trabajo (pues no puede existir el descanso sin un previo trabajo o esfuerzo, como no hay placer más intenso que beber cuando se tiene sed o comer cuando se tiene hambre según dijo el maestro de los placeres Epicuro de Samos) y eso es algo que, en esta sociedad de otium perpetuum se nos ha olvidado) o ἀνάπαυσις. Después del trabajo que fatiga el cuerpo tiene que venir otro momento que descanse al cuerpo.

c)     Pero los griegos, - y ese fue su gran hallazgo-, tenían otro momento más, la ya mencionada σχολή que dedicaban, no ya al cuerpo, sino al engrandecimiento del espíritu.

Así ahora entendemos por qué llamamos escuela a ese tiempo que ni es trabajo (bueno, algo sí que tiene y mucho de ocupación grave para los jóvenes pues no tienen tiempo de ascholía) ni es descanso,  pero  que es el lugar en donde engrandecemos nuestro espíritu. De ahí la importancia de la escuela que no ha sido siempre como la conocemos (ya trataremos de esto en otra entrada) y la necesidad absoluta de no dejar nunca este tiempo de engrandecimiento espiritual. Debemos seguir buscando en nuestra vidas un momento de “separación”, de “división”, de “practicar una hendidura”, de diferenciar y acotar este tiempo para nuestra alma. Este sentido de separación está muy claro en griego pues σχολή viene de σχίζω, “separar, dividir, cortar” y que de la misma raíz tenemos σχίζα que es el troco o la leña para cortar. Por tanto, el tiempo en la escuela no puede ser el mismo que el tiempo en casa o en la calle. El tiempo de la escuela es un tiempo sagrado, un tiempo que se lleva a cabo en un lugar en el que, antes de entrar, como Moisés cuando hablaba con Yhavé, deberíamos quitarnos las sandalias. De este no saber separar la escuela de la casa o de la calle vienen muchas de las desgracias de nuestra escuela actual pues el alumno se comporta “como si estuviera en su casa” y este estar en su casa es para lo malo casi siempre. Fijaos que los centros de enseñanza, en tiempos pasados, tenían una arquitectura cuidada y que buscaban lo estético, pero , poco a poco, se ha ido derivando en unos centros cortados por el mismo patrón y con más sentido práctico que estético. Como simple comentario, deciros que el autor de estas líneas estuvo destinado  en un centro prefabricado que tardaron en construir poco menos de un mes.

     En la escuela, debemos buscar lo que engrandece el espíritu y, en muchas ocasiones, lo que más engrandece el espíritu son las cosas “inútiles” de las que con gran acierto se ocupó Nuccio Ordine en su maravilloso libro La utilidad de lo inútil. Por tanto ese continuo “para qué sirve esto” de nuestros alumnos que no es sino un reflejo del pragmatismo de nuestra sociedad y del pragmatismo cada vez mayor que van tomando las leyes educativas pues nuestras reformas van construyendo una escuela pensada para la empresa y no se ocupan casi nada de la formación y de la instrucción, dos palabras que junto con disciplina (de discere, aprender) han sido desterradas por los modernos pedagogos a la violeta. Obrando así  desvirtuamos el fin último de la escuela al unirla al mundo del trabajo, a la ἀσχολία aristotélica que ya hemos visto que es, justamente, lo opuesto a la σχολή. Una escuela que, por lo menos in nuce, no conserve un sentido de mejora espiritual con materias “inútiles” como la filosofía, la literatura o la historia, no es una escuela, sino un lugar para adiestrar obreros-máquina como en las peores pesadillas futuristas. Tampoco podemos pensar en una Universidad “más empresarial” porque la Universidad tiene como fin último investigar y no servir de agencia de contratación y  “colocación” de los alumnos. Una Universidad para la empresa es otro triunfo más del capitalismo financiero que nos desgobierna aunque sea bajo el disfraz de partidos de izquierda.

     Sin escuela, sin ese tiempo de ocio para enriquecer el espíritu, no hay una persona completa. No lo olvidemos jamás y, sobre todo, que no lo olviden los legisladores que parecen más preocupados de adoctrinar (cada uno en sus ideas, claro) que en formar.


miércoles, 7 de junio de 2023

BREVE HISTORIA DE CHAMBERÍ QUE NOS CABE EN UN TELEGRAMA

 


De todos es sabido que mi abuela Patro era de Chamberí, barrio castizo madrileño del que quiero contar algo de su historia. Lo primero de todo, decir que hasta el siglo XIX, Chamberí no era más que un arrabal pues el Madrid histórico se terminaba en los bulevares de Génova, Sagasta, Carranza y Alberto Aguilera que, en la actualidad, separan Chamberí del distrito de Centro y que también fueron la primera ronda madrileña muchos años antes de las M-30, M-40, M-50 y sabe Dios por cuál M se andan en la actualidad. A partir de mediados del siglo XIX, este territorio extramuros va recibiendo una población de dos tipos:

a)    Burgueses y aristócratas que se construyen sus palacetes sobre todo en la zona de Chamberí cercana al paseo de la Castellana.

b)    Obreros que se dedican a la cría de ganado, a los tejares y a las yeserías.

 

Parece una contradicción, pero es así. Durante la Edad Media, el territorio del actual Chamberí era un frondoso bosque que perteneció, hasta la desaparición de su orden, a los templarios y que después fue utilizado como cazadero por los reyes de Castilla.

A mediados del siglo XIX, también se instalan en el barrio fábricas de tapices y dos fundiciones famosas: la Sandorf y la Buenavista por las que los vecinos del barrio recibieron el nombre de “chisperos” que compiten in aeternum en  casticismo chipén con los “manolos”, es decir, los habitantes del otro barrio castizo de Madrid: Lavapiés.

         En la actualidad, casi no quedan palacios en la Castellana pues fueron “devorados” por el desarrollismo de los años sesenta y setenta del pasado siglo. Algunos, como el conocido como Casa de Anglada que era una réplica a escala de la Alhambra granadina, se convirtieron hoteles de lujo y otros,  en sedes bancarias. Sin embargo,  no podemos pararnos aquí pues los palacios que han subsistido a esta barbarie dan para otra entrada.  Volviendo al tema que nos ocupa, la micro historia de Chamberí, si observamos con detenimiento las calles del barrio, veremos que aún se ven muchas viviendas burguesas y obreras, algunas de ellas con las típicas corralas en las que no había más que un excusado por planta. Mucho se podría contar sobre este castizo barrio, pero esto es una muy modesta aproximación a la historia de este barrio así que lo dejamos y  nos pasemos al posible origen de su nombre en la siguiente entrada.

domingo, 4 de junio de 2023

MICHAIL GLINKA Y SU VIAJE A PUCELANDIA

 

Hablando el otro día en un bar de Olmedo con mi muy querido amigo Paco,  le refería  que Glinka había estado por Pucela allá por el año 1845 y, para aclarar un poco esta visita,  a veces muy desconocida por parte de los melómanos,  me gustaría hablaros un poco del viaje que giró don Michail. Voy a seguir para ello como fuentes el artículo de José Manuel Gil de Gálvez en Melómano Digital y un programa de mano de la Fundación Juan March.

            Glinka llega a España en 1845, pero su interés por nuestro país  había comenzado mucho antes pues había aprendido español y había compuesto dos piezas “españolas”: Ya estoy aquí, Inesilla y el bolero ¡Oh, mi doncella maravillosa! Sin embargo, la razón última que le hizo emprender tan ansiado viaje fue su divorcio,  que fue traumático,  y  el músico, desoyendo a Séneca que no recomienda los viajes como alivio de los pesares, decidió venirse para esa España que tanto anhelaba y que tanto idealizaba. El ruso se vino para Madrid y asentó sus reales en la Puerta del Sol en donde disfrutó del ambiente de tabernas, figones y colmados.  Sin embargo, no se quedó quieto en los Madriles y,  desde tan céntrico lugar,  viajó a numerosos lugares de la geografía hispana, tantos cercanos a Madrid (Toledo, Aranjuez o Segovia), como más distantes (Santander, Murcia, Córdoba, Sevilla o Granada). En la ciudad hispalense, un Glinka de cuarenta y un años de la época conoce a una joven cantaora andaluza a la que doblaba la edad y a la que el maestro describe como “una chica de hermosa voz”. Pelillos a la mar y volvamos al viaje a Valladolid en donde se alojó en la casa de un comerciante vallisoletano de apellido Castilla cuyo hijo tocaba la guitarra y, con esa guitarra, le cantó a Glinka una jota aragonesa que el maestro, según cuenta él mismo, “retuvo en su memoria”. El tema lo usó Glinka en Capricho brillante sobre la jota aragonesa (1845), y en Noche de verano en Madrid (1851) a las que se conoce como las Oberturas españolas.

            Pero, si paramos mientes en esta jota, es la misma que usa Liszt en su Rapsodia Española, S.254. Vamos a dejar aquí esta entrada para seguir, en entradas posteriores, el estudio de esta jota.

Os dejo las obras:








sábado, 3 de junio de 2023

EL FINAL DE ANDRÓMACA CON SU DEA EX MACHINA

 

En la tragedia griega, cuando las cosas llegaban a una aporía, es decir, a un estado sin solución, era costumbre que se recurriera al deus ex machina o dea ex machina, dependiendo una u otra fórmula del género gramatical del sexo de la divinidad en cuestión. Estamos aquí en el final de Andrómaca y es la misma Tetis, esposa de Peleo y madre de Aquiles, la que se aparece para solucionar las cosas y poder alcanzar un final en el que, más o menos, todos salgan contentos con la justicia divina. Así pues, Tetis se aparece a su santo esposo y le cita en la ciudad de Delfos de una  manera que, en esta última lectura que he hecho de Andrómaca, me ha parecido muy hermosa. Vamos lo primero con el texto griego:

Ἀλλ' ἕρπε Δελφῶν εἰς θεόδμητον πόλιν
νεκρὸν κομίζων τόνδε, καὶ κρύψας χθονὶ
ἐλθὼν παλαιᾶς χοιράδος κοῖλον μυχὸν
Σηπιάδος ἵζου· μίμνε δ', ἔστ' ἂν ἐξ ἁλὸς 
   1255
λαβοῦσα πεντήκοντα Νηρῄδων χορὸν
ἔλθω κομιστήν σου· τὸ γὰρ πεπρωμένον
δεῖ σ' ἐκκομίζειν· Ζηνὶ γὰρ δοκεῖ τάδε.
Παῦσαι δὲ λύπης τῶν τεθνηκότων ὕπερ·
πᾶσιν γὰρ ἀνθρώποισιν ἥδε πρὸς θεῶν 
   1260
ψῆφος κέκρανται κατθανεῖν τ' ὀφείλεται.

 


Y así en nuestra también hermosa lengua castellana:

 

Pero vete a la ciudad de Delfos, por un dios fundada,

acompañando a este difunto y, habiéndolo ocultado bajo tierra,

ve al hondo repliegue de la vieja roca s Sepias

y siéntate; espera hasta que llegue yo desde el mar

con mi coro de cincuenta nereidas, a recibirte;

pues preciso es que recibas lo que te está destinado

pues esto así Zeus lo ha decretado.

Deja de penar por los muertos

pues a todos los hombres esta sentencia

de los dioses está destinada y tienen que morir.

 

         Tetis le promete a Teseo antes de esta hermosa cita que habitara con ella por siempre en los palacios de su padre Nereo.

         ¡Ay,
si también se nos apareciera ahora un deus ex machina que solucionara este mundo tan maltrecho!