jueves, 19 de diciembre de 2013

VOCES ACALLADAS


                     
 
Os presento este poema que escribí hace algún tiempo y que irá, si todo va bien, en un nuevo poemario que llevará por título Voces acalladas. Leedlo y decidme si os gusta porque supone un cambio en mi voz poética.

Algún día vendrán desde las guerras

miles de niños muertos a preguntarnos,

legiones de cojos, mancos y ciegos

que nos miran desde las fotos de los reporteros.

Nos acosarán con sus ojos abiertos,

nos acosarán con sus muertes absurdas,

porque no comprenden nuestros sutiles argumentos

que desde despachos enmoquetados explican la muerte.

Algún día vendrán desde fosas comunes,

los miles de niños que murieron en combate

y les robarán los juguetes a nuestros hijos

y querrán vivir como ellos

la infancia que les hemos prohibido.

 

Algún día toda esa legión de héroes obligados

por los intereses del negocio de las armas

ocuparán nuestras brillantes piscinas de mármol

que siempre tienen en sus fondos pulidos

gotas de sangre inocente.

 

Algún día dormirán en nuestras camas,

comerán en nuestras mesas,

les tendremos que hacer sitio en nuestros coches

y leerles toda la poesía que les negamos con su muerte.

Algún día nos arrancarán las flores de los jardines

y obligarán a los periódicos aponer, uno a uno, sus nombres,

pero, sobre todo, nos exigirán que les digamos las causas de su silencio

y ellos nos mirarán absortos interrogándonos

desde el fondo de sus ojos tristes.

martes, 17 de diciembre de 2013

GAUDEBIS MINUS ET MINUS DOLEBIS


 
Este hermoso poema lo conozco desde que, un día de 1984, Jacobo Muñoz Veiga, recitó en latín su parte final . Desde entonces se ha convertido en parte de mi vida y uno de los poemas latinos que más encarnados tengo. Otro buen amigo, veía en esos cuatro últimos endecasílabos falecios una alabanza del  egoísmo.  Miquel Dolç, el gran filólogo catalán, lo explica así:

“Hay empero en su alma una sombra de pesimismo: la amistad excesiva le ha roído el alma. Con menos efusión se tienen menos goces, pero también menos desilusiones”.  Queden aquí estos versitos del inolvidable bilbilitano para gozo de los que visitáis esta página.

 

Juntos estuvimos treinta y cuatro cosechas

si mal no recuerdo, Julio, amigo,

en las que lo dulce se mezcla con lo amargo

pero, con todo, fueron más las horas felices;

pues, si aquí y allí, todas las piedrecillas en diferente

y bicolor montón se repartieran,

vence el blanco montón al más negro.

Si evitar quisieras algunos sinsabores

y los tristes mordiscos del alma,

de nadie te hagas en exceso amigo:

menos gozarás y sufrirás menos.

 

        

 

domingo, 15 de diciembre de 2013

À BIENTÔT, MON AMI MICHEL!





 
              Fue el maestro Azorín el que me presentó a Monsieur de Montaigne hace ya bastantes años y, desde entonces,  mi amistad con él no ha decaído. .Me gusta leer sus Diálogos llenos de sabiduría y me gusta su vida, hombre encerrado en su torre de libros. Además Michel de Montaigne era un hipocondríaco que a los cuarenta años decidió que se iba a morir y en lugar de morirse se fue de viaje con su secretario y sus criados hasta la dulce Italia. Pero no fue por el camino más corto, sino que, ya metido en viaje, se dio una vueltecilla por Suiza y Alemania. Este viaje tan maravilloso y singular es lo que cuenta en este libro suyo, Diario de viaje a Italia, por Suiza y Alemania, que he tenido la suerte de leer en estos últimos días. Montaigne viaja a Roma para ver al Santo Padre, pero también viaja para tomar las aguas y en los castillos en los que se para, además de comer y beber, se fija en las castellanas. Así, cuando en Florencia visita al gran conde de Cósimo no se corta en escribir que “ la duquesa es bella, según el gusto italiano, un rostro agradable e imperioso, el talle grueso y pechos a pedir de boca” (de tétins à leur souhait dice en el original francés). El pobre don Michel compara las mujeres de los sitios por donde pasa con las francesas y eso no le impide estar pendiente de sus piedras o de sus deposiciones. En fin, todo un personaje que, cuando supo que había sido nombrado alcalde de Burdeos, se volvió para su señorío para dedicarse al cargo. Espero, Monsieur de Montaigne que nuestra amistad dure muchos años. Siempre es un placer, en tiempos de barbarie, hablar con personas de cultura. À bientôt, mon ami Michel!

 

 

sábado, 14 de diciembre de 2013

VITAM QUAE FACIANT BEATIOREM...




         El bilbilitano Marcial no sólo se dedicaba a los epigramas: a veces, en medio de ellos, surgían estas reflexiones de la vida que son de lo más interesante de su obra. Este poemita y otro que publicaré en este blog en breve me han hecho la vida más feliz durante muchos años. Recuerdo que a don Miguel de Unamuno le gustaba tener este epigrama en la pared de su despacho. Luego, según cuenta él mismo cuenta -  creo que en su Diario íntimo, le acabó disgustando el último  verso. Cosas del vizcaíno don Miguel. Leedlo con paz y haced de él una pequeña escuela de vida, sin darle más importancia de la que tiene: un pequeño poema de las cosas cotidianas, esas que tanto le gustaban al maestro Azorín. Ya sabéis que los poetas gustamos de las cosas pequeñas y que, cuando morimos, como decía el maestro Dámaso Alonso, se quedan solas.

Las cosas que hacen más feliz una vida,

éstas son, afortunado Marcial:

los bienes, no por trabajo, sino por herencia;

un campo no ingrato, un fuego siempre encendido;

pleitos nunca; elegancias pocas; la cabeza sosegada;

fuerzas las justas, salud en el cuerpo;

una sencilla prudencia, semejantes los amigos;

la comida ligera, una mesa sin ornato;

una noche sobria, mas libre de cuidados;

una cama alegre y, sin embargo, casta;

un sueño que haga breves las tinieblas;

acepta ser lo que eres y no prefieras nada;

el último día ni lo temas ni lo ansíes.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

LES ROQUES I EL MAR, EL BLAU


       
 
  ¡Qué maravilla de libro he terminado esta misma mañana!  Salvador Espriu del que hace poco os hablé por ese otro libro maravillosos de relatos, Ariadna al laberint grotesc, me vuelve a sorprender con cien relatos breves sobre mi muy querida mitología clásica.  Su visión clásica, pero en boca de personajes de su invención o del narrador, Salom un trasunto de Espriu, alcanza niveles de gran literatura. El gran poeta era también un gran narrador, un gran maestro en las distancias cortas. Por cierto, quedan veintiún días de diciembre y qué poco se ha dicho en el resto de España que este año de 2013 es el año de su centenario. ¡Qué país tan mediocre somos  que nos ocupamos más de la prensa del hígado que de los grandes autores que han vivido en esta pobre, salvaje y desnortada tierra!

martes, 10 de diciembre de 2013

COLLIGE, VIRGO, ROSAS





 

 
Ver erat et blando mordentia frigora sensu       

spirabat croceo mane revecta dies.

 

Este es el maravilloso comienzo de un poema que se les atribuye tanto a Ausonio, un autor galo del siglo IV d. de Cristo, como a Virgilio, el gran Virgilio del siglo primero antes de Cristo. Este comienzo me recuerda a mi buen amigo José Luis Estruch, entonces filósofo en ciernes y hoy flamante directivo de una empresa de informática; me recuerda nuestras bromas cuando nos acordábamos de nuestro común maestro, Antonio Guzmán Guerra y me recuerda el verano madrileño en el parque de Eva Perón.  Por cierto que su traducción dice así:

         Era primavera y, con suave sentimiento, el día naciente

         aspiraba en el amanecer de azafrán el mordisco de los fríos.

 

         Este comienzo quizás no es tan conocido salvo para los filólogos clásicos, pero el final de este poema es el conocidísimo “colle, virgo, rosas”.

 

Collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes,

et memor esto aevum sic properare tuum.

 

Y traducido al castellano dice, más o menos, así:

 

Coge, muchacha, las rosas mientras nuevas son juventud y flor

y acuérdate de que así se te escapa también tu vida.

 

¡Ay! ¡Qué gran verdad que, jóvenes entonces, no acabábamos de entender del todo!

Ahí os dejo estos  fragmentos, primero y último, de un poema que ha seguido inspirando a poetas de todas las épocas y, junto a él, un retal de mi juventud.

 

DE SENE VERONENSI


 

       Feliz el que en campos paternos pasa su vida,

al que la misma casa ve de niño y la misma de viejo,

el que se apoya en la arena en la que gateó con su bastón

y los largos años cuenta de su única casa.

A aquél no le arrastró la fortuna con su variado tumulto,

ni como huésped bebió aguas desconocidas;

ni como mercader temió los golfos, ni como soldado las trompetas,

ni casos defendió en el ronco foro.

Sin preocuparse de nada, no conoce la ciudad vecina

y disfruta cuando los astros se le muestran favorables.

Por los frutos distintos, no por los cónsules cuenta los años:

al otoño por sus frutos, a la primavera por sus flores reconoce.

En el mismo campo ve la salida del sol, en el mismo su puesta

y cual rústico mide su día según su mundo.

Él, que las enormes encinas  recuerda de pequeña semilla

y ve crecer también al añoso bosque;

para quien la cercana Verona está más lejos que las negras Indias

y considera al lago Benaco el MarRojo.

Sin embargo, de indómitas fuerzas y con firmes brazos

la tercera edad contempla un anciano robusto.

Que otro viaje y recorra los Híberos remotos:

éste tiene más vida, aquél tiene más camino.

 

         Amo este hermosísimo poema desde la Facultad y ahora que mis viajes son cada vez más raros me identifico más con este viejo de Verona. En estos días, en que las gentes se van a Tokio y se alquilan un apartamento para luego contarlo a los amigos, la paz de este poema me resulta indispensable. Y aprovechando este largo puente de la Inmaculada Concepción de María en que los coches atestan las carreteras de España, os lo he pasado a limpio y quiero que lo leías por lo menos con tanto cariño como lo he traducido. Claudiano lo escribió allá por el siglo cuarto de nuestra era cuando al Imperio romano ya no le quedaba mucho y los bárbaros, como en estos días nuestros, ya pululaban por las tierras del occidente europeo. Pero aquellos amaban la cultura a diferencia de éstos que la desprecian. Una pequeña diferencia muy sutil que no debemos de olvidar.