Se equivoca
el señor Gianluca Margheri, barítono florentino, al enseñarnos sus tabletas en
las redes “suciales”. En el mundo de la lírica, plagado de señoras gordísimas
pero cuya voz era fino cristal y de tenores en los que lo más importante era su
voz, no cabía lo chabacano y el muestrario de tabletas de este barítono es una
chabacanería propia de un jovencito ahíto de anabolizantes. Es probable que
hasta cante bien, pero esto de que los cantantes de ópera hagan con su pecho
algo más que cantar y dar notas no es nuevo pues, de unos años a esta parte, los directores de
escena gustan de que los cantantes masculinos “enseñen” sus pectorales para
gozo de alguna funcionaria menopáusica que ande por el patio de butacas y que
esa noche cubrirá sus sueños con la imagen del “macizo” de turno. Maria Joao
Pires abandonó la Deutsche Grammophon porque algunas artistas del sello
amarillo enseñaban en las portadas algo más que su música. No podemos convertir
la ópera en un plató de Telecinco, la casquería de la televisión. Por eso y con
todo mi respeto, le diría señor Margheri que se guarde sus tabletas para
merendar el “pan y catecismo” y que, si quiere hacer carrera musical seria, la
haga con su voz y su saber musical. Lo demás se lo dejamos a gigolós de Fuenlabrada.
domingo, 10 de marzo de 2019
LA DESAMPARADA HERMOSURA
La
desamparada hermosura de José María Álvarez viene precedida en cada poema por
versos virgilianos lo cual es muy de agradecer por la colonia de filólogos clásicos
que habitamos en España. Este poeta de Cartagena cuya obra Museo de cera tuvo – y tiene-, un gran éxito con ocho ediciones que
se extienden en el tiempo de 1974 a 2016, escribe bien a la sombra de los versos del vate de Andes y
tiene la delicadeza de “cubrir” su poemario con una acuarela de José Antonio
Sandoval García. Buena poesía que nos sirve Renacimiento en su Calle del Aire.
LA MIREYA DE MISTRAL
Cante uno chato de Prouvènço.
Dins lis
amour de sa jouvènço,
A travès de la Crau, vers la mar, dins li blad,
Umble escoulan dóu grand Oumèro,
Iéu la vole segui. Coume èro
Rèn qu'uno chato de la terro,
A travès de la Crau, vers la mar, dins li blad,
Umble escoulan dóu grand Oumèro,
Iéu la vole segui. Coume èro
Rèn qu'uno chato de la terro,
En foro de la
Crau se n'es gaire parla.
domingo, 3 de marzo de 2019
LAÍN ENTRALGO Y EL PODER CURATIVO DE LA PALABRA
Hablar de don Pedro Laín Entralgo no está de moda
como la mayoría (gratias Deo ago) de
las entradas que escribo. Don Pedro nació en un pueblecito de Teruel, Urrea de
Gaén, en 1908. Doctor en Medicina y en Ciencias Químicas, Laín es el modelo de
médico humanista que se está perdiendo en todo el mundo porque la medicina ha
olvidado que aunque es una techné
tiene también mucho de lógos iatrikós
o palabra curadora. Laín, que era discípulo de Xavier Zubiri, otro que también
está pasado de moda para el analfabetismo reinante, escribió un libro que voy
leyendo despacio porque ni soy médico ni filósofo y tengo que ir asimilando lo
que el maestro va desgranando en El poder
curativo de la palabra. El conocimiento de Laín sobre el Corpus Hipocraticum y sobre los autores
griegos en general (de los que, modestamente, sí que sé un poco) es enorme.
Desconozco su capacidad clínica, pero la faceta intelectual de este médico
turolense me parece envidiable. Con toda
justicia, le concedieron el Premio Príncipe de Asturias en 1989, doce años
antes de que falleciera en Madrid en el 2001. Los de siempre, para fastidiar, cuentan que
Laín fundó Escorial junto con Dionisio Ridruejo, que dirigió la Editora
Nacional, - esa editora tan del Régimen
que publicaba en ella Agustín García Calvo- , o que llegó a formar parte del
Consejo Nacional de FET y de las JONS. Os puedo decir con toda sinceridad que
me importa un carajo. ¡Mientras no se hubiera sacado los títulos por la Rey
Juan Carlos!
ORIOL JUNQUERAS Y LA CULTURA CLÁSICA
Estos tíos del procés es que no
tienen arreglo. El otro día, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, va Oriol
Junqueras y suelta que él, como Séneca, como Sócrates y como Cicerón, ha
preferido quedarse en España ( perdón, en este país que les oprime) y no huir
como su jefe de banda, aquel fulano que anda por Waterloo. Puede que Junqueras
sepa mucho de independentismo y de saltarse las leyes, pero se tenía que venir
para Tudela para que le enseñáramos un pelín de Cultura Clásica que nunca viene
mal.
Empecemos
por Séneca. Este cordobés había sido el profesor de una bestia parda como
Nerón. Cuando el “nene” se le ocurrió meter en un barco a su madre Agripina y
luego hundir el barco, parece lógico que Séneca se lo afeara, pero, para salvar
el pellejo, escribió una carta al Senado en la que exculpaba al monstruo
diciendo que su madre había conspirado contra él. El cordobés aprovechó para
pedirle a Nerón un permiso y se fue con su esposa Paulina a recorrer el sur de
Italia. Fue entonces cuando escribió las Cartas
a Lucilio, llenas de maravillosos consejos sobre comportamiento moral que
se podría haber aplicado a sí mismo.
Unos
años más tarde vino la conjura de Pisón, un intento de golpe de estado para
acabar con Nerón, y esta vez el pupilo
no tuvo conmiseración con su maestro: ordenó su condena a muerte junto con
otros muchos patricios. Sin embargo, como Séneca era un caballero, decidió, tal
y como se esperaba de él, cortarse las
venas de brazos y piernas en el baño y
así morir con honra y dignidad. ¿Alguien ve algún parecido con el caso
de Junqueras? Yo tampoco.
Vamos
con el segundo. Cicerón había escrito unos discursos bellísimos que eran las Filípicas, llamadas así por semejanza con
las de Demóstenes contra el padre de Alejandro Magno. Pero estas Filípicas no
tuvieron tanta suerte como sus Catilinarias pues Antonio y Augusto se
reconciliaron y a esa pareja se unió Lépido que formaría el segundo triunvirato.
Augusto permitió a Antonio que proscribiera a Cicerón y, como el amante de Cleopatra se la tenía jurada por las Filípicas, ordenó que su cabeza y sus manos fueran colocadas
en la tribuna de los Rostra, justo en la que el orador de Arpino había
defendido tantos casos. Aunque se marchó a su villa en el campo, - mors et in Arcadia est-, un
legionario romano lo mató. Stefan Zweig lo cuenta maravillosamente bien en su
libro Momentos estelares de la humanidad.
¿Alguien ve algún parecido con lo de Oriol Junqueras? Yo tampoco.
lunes, 25 de febrero de 2019
UN LIBRO DELICIOSO
Este
librito de Alphonse Daudet siempre me ha sido simpático desde una remota tarde
en Madrid que me lo compré en francés en una librería de textos extranjeros que
abrieron en la calle General Oraa. Recuerdo que, al llegar a casa, estaba en
ella aquel hombre mágico que fue, que es en mi memoria, José González Folliot,
francés por parte de madre y berciano por parte de padre aunque él había nacido
en la plaza de Santa Ana en Madrid. Pepín, como le conocíamos todos, tenía una
hermana en Burdeos que se dedicaba a la cría de pulardas y hablaba un francés
extraño, mezcla de patois y de madrileñismo. Cuando vio el libro de Daudet,
recuerdo que se alegró mucho y pronunció el título con su acento entre aquitano
y chamberilero. En estos días de febrero en que el mirlo ya canta con fuerza y
los almendros se van vistiendo de nata, la lectura de Daudet me ha reportado
tardes de alegría y me ha hecho viajar hasta la Provenza, allí donde el padre
de Alfredo Germont, el protagonista de la Traviata quería enviar a su hijo para
que olvidara a la “descarriada” señorita. Huele a Tramontana este libro, a
romero y a olivos y el sol de la Provenza llena sus páginas. Un libro delicioso
que nos hace la vida más feliz. ¡Gracias, Daudet!
sábado, 23 de febrero de 2019
¿POR QUÉ THOMAS MANN NO ESCRIBIÓ LA BIBLIA?
He terminado,
con harta pena, la relectura de José y
sus hermanos, la obra monumental de Thomas Mann. Estaba tan metido en ese
mundo bíblico que tan bien recrea Mann que ya me creía en las tierras de Canaán
o en las tierras de Faraón. Cuando era pequeño y los sábados ponían Primera sesión, había películas que me
gustaban tanto que, cuando salía a la calle, me creía John Wayne o Charlton
Heston. Las calles de aquella ciudad de mi infancia devenían el desierto de
Arizona o el monte Sinaí. Con Mann es igual: me siento con mis hijos como un
Jacob y siento con él el dolor de haber perdido a su Dumuzi, a su José. Y exulto de gozo cuando ya en su vejez lo
recupera en la tierra de perdición que era Egipto para el patriarca. Hay
novelas que se meten en tu vida para hacerte más feliz, para hacerte mejor
persona. Eso ocurre cuando la literatura es de altísima calidad. Hace tan sólo
unos días y ya estoy echando de menos a José y a sus hermanos; es más, echo de
menos, tal y como ya dije en otra entrada de blog, el que Mann no se pusiera a
narrar otros episodios bíblicos con ese estilo maravilloso con el que aborda
una tarea ardua pues tienen que ir “rellenando” con su prosa genial la casi
esquemática narración del Génesis. ¡Gracias don Thomas por haberme hecho pasar
tan buenos meses con esta maravillosa relectura!
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