domingo, 31 de octubre de 2021

PROSPECT PARK DE HILARIO BARRERO

                                                                                                                      

He terminado esta mañana Prospect Park de Hilario Barrero, un libroque me he ido guardando porque sabía que me iba a gustar; vamos, que he hecho como de pequeño hacía con la ensaladilla de los entremeses. En este diario del gran poeta toledano, me han llamado la atención varias líneas argumentales que recorren todo el volumen  La primera, la gran sensibilidad de Barrero con relación al tiempo y a su paso, ese paso que nos va envejeciendo, que va dejando su huella en la naturaleza y en los seres humanos y que nos engaña volviendo con su aluvión de vida en primavera. Prospect Park es el gran protagonista del libro, es el escenario en donde patinan niños, se aman parejas o caen las hojas de los robles. La segunda línea argumental es, a mi modo de ver, el reflejo de la vida profesional de Hilario que también, como todo, sufre la herida del tiempo y va dejando en el libro melancólica resignación. La tercera es Toledo, su barrio, sus recuerdos de niño, “su” Entierro del Conde de Orgaz en Santo Tomé con el doctor Marañón saliendo de misa de doce; el balcón de la casa familiar, las Navidades, la plaza de Zocodover y la pastelería de Telesforo, las calles toledanas llenas de embrujo por las que un día anduvieron Lope de Vega, El Greco o Tristana. Mas con todo hay una línea que me ha deslumbrado más que las que llevo contadas hasta aquí y no es otra que el amor en el que Hilario y su pareja conviven desde hace más de cuarenta años. También en esta pareja se ve, se nota, la herida del tiempo, pero ese amor fuerte, firme, verdadero que no necesita de fiestas de “orgullo” porque brota de manera espontánea y, a la vez, como fruto de una entrega de años puede vencer, como el amor de Quevedo, esa fría corriente navegada por Caronte. Prospect Park es un libro inmenso que me ha llenado durante su lectura de toda la belleza de ese parque neoyorquino. ¡Gracias, Hilario Barrero,  por tan hermosa obra!                                

jueves, 7 de octubre de 2021

UNOS VERSOS OTOÑALES EN EL VALLE DE LA FUENFRÍA

 


Llegar a La Fuenfría en octubre, pasada la soledad y pasados los ardores del verano,  era una fiesta para los sentidos. El haya que asombraba la piscina ya estaba vestida de otoño y aquel viejo manzano que nos veía pasar desde el camino, muy cerca de ese arroyo que bajaba desde el puerto,  también se engalanaba con sus hojas doradas. Era el aire un cristal y en  las cumbres ya se vislumbraba la nieve que,  aún escasa,  nos llenaba de esperanza y que, a la tarde, con su lento crepúsculo,  el sol repujaba con manchas de oro. Era un paraíso La Fuenfría y siempre, por esos otoños, llevaba yo un librito de don Enrique de Mesa y Rosales, poco conocido poeta modernista, uno de cuyos poemas comenzaba con estos versos que, herido de belleza y poesía, leía a los pinos y a las cumbres:

Llegó la nieve temprana

con un otoño de frío.

Hoy alumbró la mañana,

la cresta del monte cana,

más ronca la voz del río.

         Y el humo de las lumbres embalsamaba el aire y aquel muchacho antiguo que yo era se creía un dios en aquel valle al que la muerte perdonaba en su vuelo sin intermitencias. Ya no sé qué ha sido de aquel albergue de la RSEA “Peñalara” y tampoco me interesa porque sigue viviendo en mi recuerdo y cada otoño recito estos versos a las encinas boecillanas mientras quizás, en aquel rincón de mi Arcadia juvenil, un haya se viste de otoño para esperar las nieves primeras en las más altas cumbres. Que los de Telecinco me perdonen por tanta poesía. Amén.

SONETO A CÓRDOBA CON UN SALMOREJO, UN RABO DE TORO Y UN COCHE DE CABALLOS CUYA YEGUA SE LLAMABA BAYITA

 


Aprovechando las fiestas de San Miguel, San Gabriel y San Rafael amén de San Jerónimo que  en Olmedo se celebran, nos fuimos hasta Córdoba pasando previamente por Consuegra por mor de visitar sus famosos molinos de viento en el Cerro del Tío Calderico. Córdoba es la ciudad de Séneca, de Lucano, de la Mezquita, de los patios, del barrio judío, de Medina Azahara, del salmorejo, de la mazamorra y, por no extenderme más, del grupo Cántico, mi santo y seña poético. No es raro que en tan ilustre ciudad, después de haber degustado un salmorejo con exquisito aceite cordobés y un rabo de toro y de haber paseado en un coche de caballos en cuyo tiro iba una yegua baya por nombre Bayita, el estro  poético me llegara y estando en el Patio de los Naranjos de la Mezquita empecé este soneto que terminé en Boecillo, tan lejos de la Corduba romana. Os regalo el soneto y me decís qué os parece.

SONETO A CÓRDOBA               

Naranjos con palmeras y cipreses

con la torre apuntando para el cielo;

pasando va el arcángel con su vuelo

bendiciendo los patios cordobeses.

 

Si al vuelo del arcángel tú sintieses

 que levitas hacia el aire desde el suelo

con alas que de puro terciopelo

por regalo de los dioses tú vistieses,

 

no dudes en seguir tu recorrido

besando por el viento los rosales

que extraños en octubre han florecido.

 

En fuego se han prendido los cristales

que el sol entre sus rayos ha bruñido

al toque de campanas celestiales.

 


DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA

 


Hay personajes históricos poco o nada conocidos que merecerían un mayor atención. Tal es el caso de Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV con la actriz llamada La Calderona. El rey tuvo, según cálculos a la baja, del orden de veintinueve bastardos y tan sólo reconoció a dos: a Juan José y a Francisco Fernando que murió con tan sólo siete años de edad.

         El muchacho nació en la muy madrileña calle de Leganitos y pasó sus primeros años en León con una mujer llamada Magdalena. Cuando ésta murió, lo llevaron a Ocaña en donde recibió una más que esmerada educación. A los trece años, fue reconocido por su padre y recibió, a partir de ese reconocimiento, el título de Serenidad.

         Don Juan José no paró a partir de entonces: primero en Nápoles con ocasión de la revuelta napolitana; después en Sicilia como su virrey; entre 1651 y 1656, luchando para recuperar Cataluña; entre 1656 y 1659, actuando de Gobernador en los Países Bajos; en 1661, como Capitán General de Extremadura en la conquista del Reino de Portugal y, por último y una vez muerto su padre, firme opositor a la reina regente, Mariana de Austria,  que envió al hijo de Felipe IV al castillo de Consuegra  en donde aún se puede ver su escudo de armas. La reina regente tenía una gran ayuda en el jesuita Juan Everardo Nithard y ambos apresaron y condenaron a muertes a uno de los hombres de confianza de Juan José, don José Malladas. No se estuvo quieta su Serenidad y, poniéndose a la cabeza de un levantamiento en Aragón y Cataluña, expulsó de España al jesuita. Corría el año 1669 y don Juan José no pudo quedarse con el poder y se tuvo que contentar con ser Virrey de Aragón. Sin embargo, ocho años más tarde, en 1677, los muchos favores que la reina prodigó a Fernando de Valenzuela hicieron que se produjera un movimiento de oposición y su hijastro aprovechó para apartarla de la corte y establecerse él como primer ministro. Tuvo España muchas esperanzas en el gobierno de este hombre tan activo, culto e inteligente, pero su gobierno resultó decepcionante especialmente por su brevedad pues Juan José murió dos años después, en 1679, quizás envenenado cuando tan sólo contaba con cincuenta años de edad.

         Fue su Serenidad un hombre letrado y culto, gran político, buen militar y mejor estratega que nada tenía que ver con su pobre hermanastro Carlos II. Se percató del gran poder de la prensa escrita,  que por aquel entonces comenzaba, y sufragó revistas que, dirigidas por allegados suyos, lo apoyaban en su labor gubernativa.

         Según dicen los que saben, tuvo tres hijas y una de ellas fue la religiosa Margarita de la Cruz de Austria. También malas lenguas afirmaron que no era hijo del rey, sino de don Ramiro Núñez Felípez de Guzmán, duque de Medina de las Torres, hombre culto, gran coleccionista de arte y amante también de la actriz madrileña. La hija tiene también su historia, (como La Calderona) pero si me lo permitís, la dejamos para otra entrada porque a cada día le basta su afán.

lunes, 27 de septiembre de 2021

DON FRANCISCO PÉREZ BAYER, PROFESOR DEL INFANTE DON GABRIEL DE BORBÓN

 


No se puede entender el siglo XVIIII en España sin la figura de Francisco Pérez Bayer. Nacido en Valencia un 11 de noviembre de 1711, estudió el bachillerato en cánones en Gandía y su formación universitaria se dividió entre Valencia y Salamanca. Tras la expulsión de los jesuitas. Pérez Bayer se ganó el favor del gobierno presidido por Ricardo Wall y también la ayuda de personajes como Campomanes. Consiguió una beca para estudiar en Italia en donde conoció al famoso hebraísta Biagio Ugolino y, de paso, al futuro rey Carlos III. Fue nombrado preceptor de los infantes reales y su influencia en la cultura española fue creciendo de día en día. Llegó a ser Bibliotecario Mayor en la Biblioteca Real en 1783 y se ganó la fama como experto en numismática. También profesó como catedrático de hebreo, latín y griego y fue un reputado arqueólogo. Sin embargo, para mí, lo que más me importa es que, al ser nombrado preceptor de los infantes tal y como hemos dicho unas líneas más arriba,  fue el profesor del infante don Gabriel, el hijo de Carlos III que se tradujo la salustiana Conjuración de Catilina y cuya traducción se puede encontrar aún en la Colección Austral, esa más que querida y familiar colección de Espasa Calpe. Del infante hablaremos otro día. Por hoy, tan sólo deciros que falleció su maestro en Valencia, amena ciudad del Turia y de las Fallas, un 27 de enero de 1794 cuando contaba ochenta y tres años muy bien empleados. También me  falta deciros que,  en otra entrada,  hablaré de don Gregorio Mayáns y Siscar, gran erudito a cuyo conocimiento debo a don Antonio Fontán que fue maestro mío en los curso de doctorado y del que, cuando tenga tiempo, os hablaré.  Et dixi.

LAS ALELUYAS DE LA TOJA Y OTRAS HISTORIAS CURIOSAS

 


He encontrado, navegando por Internet, estas curiosas aleluyas sobre la isla de La Toja en la que se cuenta la historia del burro que se curó las heridas con las aguas salutíferas del manantial. Otros dicen que fue un cura el que, enfermo de la piel, entró en la isla y se curó; otros, que el manantial de aguas termales era conocido por los marineros que, al pisar en el manantial,  notaban las aguas calientes y se lo achacaron ao demo y que fue esa la causa de construir la iglesia en donde se casaron Rajoy y Viri y en donde se escribe el nombre en las numerosas conchas que cubren sus paredes. Luego vino el marqués de Riestra, el dueño de Pontevedra ( se decía en el siglo XIX que España tenía cincuenta y una provincia porque la ciudad de Teucro y su provincia eran del marqués que, si los datos no me fallan, era asturiano de nacimiento) y otras historias curiosas que ahora no puedo contar. En fin, otro día entramos en detalles.

 

¡Acercaos, buenas gentes, las palabras de este peregrino a escuchar!
Si Dios guarda vuestros corazones, durante años las podréis disfrutar.

Vengo de Roncesvalles, por el camino Xacobeo andando,
e increíbles historias quiero a vuesas mercedes contar.
Hazañas y leyendas por aldeas y pueblos voy cantando.
Maravillas desconocidas que nadie se puede explicar.

En el año del Señor de 1837 aconteció un hecho extraordinario
que ha pasado de padres a hijos,
hasta llegar a mis oídos.

Escuchad con atención la historia de un borrico,
pues para saber a dónde vamos
hay que saber de dónde venimos.

¡Galicia!, tierra de penumbra,
vio nacer en su seno
un cura de muchas luces.
Era hombre culto y resabido,
por la mano de Dios tocado.

Mas quiso la fortuna
ponerlo en un apuro.

Estaba el pobre cura
en la Ría de Arosa perdido.
En una isla desierta,
donde la muerte acecha.
Tierra pobre y árida
donde sólo había unos pocos pinos.
Iba el capellán en un burrito,
para tan gran hombre poca montura,
aunque sabia y llena de cordura.

El pobre animal, de tiñas y mataduras,
tenía cubierta su piel dura.
Tal era su lamentable estado
que el cura decidió abandonarlo.
Mas, al ser hombre de iglesia no quiso matarlo.

Así fue como el cura con ojos lagrimosos
abandonó el burro entre rastrojos.

Pasados unos meses el capellán volvió a la isla
para dar al burro cristiana sepultura.
¡Cuál fue su sorpresa al ver que corría
y que todas sus heridas tenían cura!

Arrodillado dio a Dios gracias
por la milagrosa curación.
Mas cuando estaba por la sexta oración
vio al burro en un charco revolcado.
Al principio creyó que era pecado.
Acercóse a exorcizar el animal
y vio que no era Belcebú,
ni falso, ni tabú,
sino una ciénaga salutífera
la que sanó a la criatura.

¡Los caminos del Señor son inescrutables!
Aquella tierra triste y desolada
se convirtió por hechos inexplicables
en alegre y fecunda.

Aquí acaba la narración de esta hoja,
la de una isla que hizo historia
al estar tocada por la gloria
conocida de todos por el manantial de La Toja.

 

domingo, 26 de septiembre de 2021

HOY COMAMOS Y BEBAMOS...

 


Me pedía el cuerpo desde hacía un tiempo publicaros una traducción de esta pseudo anacreóntica. Y así lo he hecho. No porque esté de acuerdo con aquello de “hoy comamos y bebamos que mañana ayunaremos” sino por la influencia que este tipo de poemas tuvo en la literatura occidental. No es momento, pero recordemos a Quevedo o a Meléndez Valdés. Os va primero el texto griego y luego mi más que humilde traducción:

 



Ὅταν πίνω τὸν οἶνον

εὕδουσιν αἱ μέριμναι.

Τί μοι γόων , τί μοι πόνων,

τί μοι μέλει μεριμνῶν;

Θανεῖν με δεῖ, κἂν μὴ θέλω.

 

Πίωμεν οὖν τὸν οἶνον

τὸν τοῦ καλοῦ Λυαίου.

σὺν τῷ δὲ πίνειν ἡμάσ

εὕδουσιν αι μέριμναι.

 

Cuando bebo vino,

se me adormecen las penas.

¿Qué me importan a mí los sufrimientos,

qué los lamentos y los pesares?

Me tengo que morir aunque no quiera.

Bebamos entonces el vino,

el del bello Lieo

Al beber nosotros,

las penas se adormecen.

 

Tan sólo deciros que Lieo era un sobrenombre de Baco que significa el libertador. Pues nada, hoy comamos y babamos que mañana moriremos…