
El
romano Cepión recibió en su tienda a Audax, Minuro y Ditalco que iban como
embajadores de Viriato. Bien porque se lo propusieron ellos, bien porque el
romano aprovechó la ocasión y los compró para que mataran a su caudillo, lo
cierto es que, al volver, los tres turdetanos clavaron un puñal en el cuello a
Viriato que dormía siempre con la armadura puesta. Cuando los tres traidores
volvieron a Cepión para cobrar su infame dinero, éste les dijo las legendarias
palabras: Roma traditoribus non praemiat,
es decir, Roma no paga a traidores. Le faltó decir a Cepión “pero se aprovecha
de ellos”.
Nada
voy a decir ni del romano ni de los turdetanos y sí voy a comentar brevemente
cómo ya aparece en esta historia algo que , con mucho acierto, dijo el rey
Amadeo de Saboya más o menos con estas palabras: “El enemigo de los españoles
está en España misma”
Tanto
la traición a Viriato como las palabras del monarca italiano al que endosaron
el “marrón” de cargarse con el trono de España deberían hacernos reflexionar.
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