sábado, 25 de octubre de 2014

ENTRE PORRETE Y PORRETE, UN AULLIDO





Creo que fue en este verano pasado cuando me leí a Kerouac y su libro sobre la carretera. La generación Beat la tenía un poco descuidada y la lectura de Kerouac y de tanto viaje me fatigó un poco pues yo ya me encuentro como el senex veronensis del que publiqué, ha poco,  una entrada en este blog. Leyendo a Félix Grande – del que ya hablaremos- vi que tenía una laguna importante con Allen Ginsberg pues nunca había leído su Aullido. Ni corto ni perezoso me puse a ello y bueno, qué os voy a decir, como yo ni bebo tequila ni me fumo la marihuana en barra libre ni he probado el peyote pues lo que me cuenta me parece algo lejano en el espacio y sobre todo en el tiempo. Sinceramente, creo que la Generación Beat está un pelín pasada, pero que cumplió una función importante: denunciar las injusticias de la sociedad norteamericana. Es decir, que,  entre porrete y porrete, se dedicaban a denunciar lo que estaba mal en los EEUU cosa que ahora se echa de menos en la juventud actual que, entre porrete y porrete, se quedan con los ojos en blanco y en actitud de ahí me las den todas. A mí, como modesto poeta de esquinas y valles, me llama la atención que el libro lleve impreso un millón de ejemplares y me hago las cuentas de la lechera: si mi “Antifonario”, del que recibo cuatro euros por euemplar se vendiera tanto, me ganaría unos cuatro millones de euros con los que podría comprarme un apartamentillo en Rovacías (Comillas), un caballo bayo, pagar el pupilaje del equino y…¡en fin! para qué seguir si mi cántaro ya se ha rodo antes de salir de casa.

 

 

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura.,

hambrientas, histéricas desnudas,

arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca

de un colérico pinchazo,

hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión

celestial con la estrellada dínamo de la maquinaria nocturna (…)

 

¡Ay, lo que hace el peyote!

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