martes, 31 de marzo de 2020

LA FEDRA DE RACINE CON UN PUNTO DE HUMOR




        
 
Racine me ha dado varias satisfacciones durante estos días y la lectura de su Fedra me ha hecho profundizar en esta obra más allá de los tópicos que venía repitiendo en clase.


         Una figura que no aparece en Eurípides es Aricia que no sólo es una novia para Hipólito y así dejar lejos la posibilidad de que fuera homosexual,  sino que el personaje da mucho juego pues, al estar enamorada de Hipólito, se convierte en la rival de Fedra. (Rameau le sacará mucho jugo para su ópera Hippolyte et Aricie). La Fedra que nos presenta Racine, el escritor de Port Royal como mi amigo Jiménez Lozano, es una Fedra con pulsiones tanáticas, una Fedra que desde el primer acto se declara con deseos de morir a causa  del amor prohibido hacia Hipólito. La Fedra de Racine es una mujer que debería ir a un  psicólogo lo antes posible pues padece vergüenza de sí misma y, a su vez, tiene unos celos terribles contra la parejita feliz que forman Hipólito y Aricia (bueno, felices ma non troppo). La vergüenza y los celos le producen un desasosiego enorme y la pobre es carne de psiquiatra desde que comienza la obra que vamos a ir analizando por actos.

 En el acto primero, Hipólito se quiere ir de Trecén para huir de su amor por Aricia. Fedra le confiesa a Enone, esa maravillosa nodriza del teatro griego, que ama a Hipólito y que quiere darse muerte. Para dar mayor alegría, llega una noticia: Teseo ha muerto en una guerra lejana.

         Ya metidos en el segundo acto, Aricia le confiesa a su criada su amor por Hipólito. Llega Fedra y también le confiesa su amor a Hipólito que huye horrorizado y Fedra se empeña en suicidarse ( la tía era de ideas fijas).

         En el acto tercero, regresa Teseo que no estaba muerto, que estaba de parranda, y el pobre se queda sorprendido por la frialdad con que lo recibe su mujer. A todo esto, Hipólito no quiere ni ver a Fedra y ésta empieza a padecer un complejo de culpa que no la salva ni Herr Freud.

         En el acto cuarto, Enone, temiendo que su ama se suicide, le cuenta a Teseo una mentira: que Hipólito, el virginal caballista, ha querido seducir a Fedra. Teseo se agarra un cabreo monumental y destierra a su hijo con la añadidura ( a mayores que dirían en Valladolid) de que el dios Poseidón lo mate. Llega Fedra y, cuando está a punto de confesar su falta, va Teseo y le dice que su hijo ha alegado en defensa propia su amor por Aricia. Ese amor por Aricia llena de ira a Fedra que se calla y, como el que calle otorga, hace que Teseo siga odiando a Hipólito.

         Ya llegamos al acto quinto ( Deo gratias). Hipólito le promete a Aricia que se casará con ella fuera de la ciudad. Teseo duda sobre la culpabilidad de su vástago y decide preguntar a Aricia, pero la chica, muy prudente ella, se calla y tan sólo le dice, tras mucho insistir Teseo, que debe reconsiderar su decisión. Teseo entonces decide ir a hablar con Enone, pero Pánope le dice que Enone se ha suicidado (¡otra vez los pulsiones tanáticas!). Teseo se da cuenta de su error, pero le llega la noticia de que Hipólito ha muerto cuando, yendo por la playa, un monstruo enviado por Poseidón asusta los caballos que,  desbocados, vuelcan el carro en el que viaja el pobre e infortunado rapaz. Fedra, le confiesa todo a Teseo, Enone muere ahogada y Fedra, que desde que había empezado la obra estaba obsesionada con matarse, se toma un veneno y cae muerta en escena. Teseo adopta a Aricia no se sabe si por vengar a su hijo o por fastidiar más lo que ya estaba fastidiado desde el principio.

         Y ahora, por favor, os vais a la cocina, abrís el frigorífico, y os servís unos cubitos de hielo con un whisky que tengáis por el mueble bar. Si habéis resistido este argumento, seguro que podéis con el coronavirus y lo que os echen.


lunes, 30 de marzo de 2020

LAS SIRENAS QUE LO SABÍAN TODO


En ese maravilloso libro que es El canto de las Sirenas, Eugenio Trías hace un sutil comentario que prueba su gran finura filológica. Hablando de las Sirenas nos dice que en el episodio de las mismas en el que Odiseo pide ser atado al palo mayor para no escuchar su canto, las Sirenas se revelan como conocedoras de todo. Os copio la traducción de Segalá, tan denostada hace unos pocos años y tan alabada ahora:


 «¡Ea, célebre Ulises, gloria insigne de los aqueos! Acércate y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca; sino que se van todos después de recrearse con ella y de aprender mucho; pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuanto ocurre en la fértil tierra.»

         Según esto, las Sirenas son una fuente de aprendizaje para los que se acercan a ellas pues aprenden mucho. Al final del parlamento de las sirenas, éstas dicen que “conocen todo lo que ocurre en la fértil tierra”. En el texto griego de la Odisea de Homero dice así:

ἴδμεν δ᾽, ὅσσα γένηται ἐπὶ χθονὶ πουλυβοτείρηι.

(Conocemos todas las cosas que llegan a ser sobre la tierra rica en frutos – traducción literal)

         Estos seres mitológicos, dotados de prodigiosa voz, acompañaban a  Átropo, Cloto y Láquesis, las tres Moiras,  cuando éstas aparecen cantando en el famoso relato de Er, en la República de Platón.  Pero de estas sirenas que hacen el coro de las esferas celestiales, si me lo permitís, hablamos en otra entrada.

 
 




EL MARÍN DE MI NIÑEZ


Ahora que la cuarentena nos tiene en casa, podemos viajar con la imaginación y, en mi caso, mi lugar de viaje es el Marín de los años setenta, aquel Marín en donde fui un adolescente ¿feliz?, aquel Marín de la alameda de plátanos  (como casi todas las alamedas gallegas) que por las noches se llenaba del olor al café de El Carballinés, El Colón y la Xeitosa. Por la mañana, había yo recorrido aquella alameda de la mano de mi abuelo, pensando en la playa, soñando con mi caña de pescar y los acantilados en donde Arturo y yo pescábamos unos peces que vendíamos a la hermana del señor Fernando, el zapatero de la calle Francisco Alfonso ( hoy, Rúa do Forno). En aquella calle estrecha y en cuesta que llegaba hasta la calle General Franco, estaba la panadería Santos y un taller de motos. Era el Marín de los perros pequeños y de las televisiones encendidas a medianoche, cuya luz salía a las calles que nos esperaban. Aquel Marín tenía exposiciones de Sobral y los alemanes de Pasau llegaban todos los años al Liceo Casino y todos los años se anunciaba en carteles la película de Jacques Tati, Mon oncle. Llegué a odiar esa película porque, cuando aparecía aquel cartel, ya era tiempo de regreso. Era el Marín de aquel escultor muy viejo y algo loco, que iba haciendo grabaciones en la piedra como petroglifos encantados y políticos, el Marín de El Merendero, de Casa Campos, del estanco de Merche y Juan, de los Almacenes Kiko en las galerías, de la relojería Muiños, de El Priorato con aquel dependiente que nos vendió aquella barquita de goma…

         Era el Marín de los taxis en cuya puerta se leía aquel Nostra in mare fortuna, del que ya he hablado en esta blog; era el Marín de las gaseosas Novegil, del barco de maíz que descargaba para los almacenes de Nogueira, del trolebús que nos dejaba en Pontevedra, del guardia de la porra en la entrada de la Academia; era el Marín de las fiestas del Carmen y del mercado de abastos de Calzada con sus pescaderas y su pan de millo. Era el Marín de El Vergel y los Tamara en donde Manolo Vilas Quintela tocaba el saxo tenor; el Marín de una calle larga que llegaba hasta el monte, más allá de las casas de suboficiales de la Armada, de aquel lavadero mágico y de cometas en Lapamán. Era el Marín de la fábrica de hielo, de la Lonja y los hombres en traje de domingo; era el Marín con la isla de Tambo y con los barcos de la Marina; era el Marín de mi disco de Serrat en José María Pais, de mi cinta de Plácido Domingo en el estanco grande, enorme que había en junto al bar Taxi; era el Marín de la peluquería de Luis llena de canarios, y de la plaza de la Veiguiña;  era el Marín de esa librería dobde me compré las obras completas de Ramón Cabanillas; era el Marín del Hostal del Mar, de la Orensana, de García y sus trufas de chocolate; el Marín de la cerveza en la Xietosa o en el Lelé, con aquella señora que siempre estaba a la puerta y que nos daba las buenas noches.

         Era el Marín de las tapas de pulpo, del Mesón do Marisco, de las tiendas de comestibles, del cine Avenida y del Café Real, cuyo dueño era hermano de don Antonio Blanco Freijeiro; era el Marín de los primeros televisores en color, de los sueños de pobres, del sol que se ponía por la isla de Ons…

         He vuelto a Marín no hace mucho y Marín no me reconoció. Por eso tan sólo merece la pena recordarlo en estas páginas y recitar, como una pequeña letanía laica: NOSTRA IN MARE FORTUNA.


miércoles, 25 de marzo de 2020

EL HAYA DE JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO


Hace ya más de veinte años, leyendo una tercera de ABC, ese periódico que tanto quería mi abuela Patro, vi con sorpresa que su autor traducía fagus por “haya” en aquel famoso verso de Virgilio  tu patulae recubans sub tegmine fagi”. Cogí papel y boli y le escribí una carta al señor que firmaba la tercera de ABC para decirle que no me parecía bien que tradujera “patulae fagi” por ancha o copuda haya y que sería mejor, teniendo en cuenta que la poesía bucólica, tanto griega como latina, se desarrollaba en Sicilia, traducirla por la segunda posibilidad que tiene en latín la palabra fagus: encina. Doblé la carta y se la envié al autor de la “tercera” a su pueblo vallisoletano sin mucha esperanza de que me contestara.

         Al cabo de unos días, casi a vuelta de correo, el cartero me trajo una carta con una letra “imposible”, casi indescifrable: era del autor de la tercera que, lejos de haberse enfadado por mis correcciones humildes, me emplazaba a que nos viéramos en su casa. Y una mañana de otoño, como si yo también quisiera escribir, con permiso de aquel autor, mi “historia de un otoño” , me fui hasta su casa. Me recibió en su despacho que era, sobre todo, una capilla en la que los libros ocupaban los altares de las estanterías y hablamos durante más de tres horas. Y así esas visitas se fueron haciendo habituales y muchas mañanas me acercaba hasta aquel pueblo vallisoletano para recibir consejos de lecturas (¡Cuántas lecturas me señaló!) porque él lo había leído todo;  porque, desde su infancia, los libros eran sus compañeros, sus amigos, sus confidentes. Me di cuenta enseguida de que aquel hombre era más que un gran escritor y, sobre todo, un gran poeta; era una bellísima persona y el último humanista en un mundo deshumanizado.

         Fueron muchas las visitas y muchas las anécdotas. Ahora que se nos ha ido a principios de este mes, recuerdo de él su risa, su risa de niño travieso que miraba el mundo con sus ojos claros. Frente a frente en la mesa de su despacho su risa iluminaba mi  alma.  Ya conté cómo, con su gran generosidad, puso de nuevo en funcionamiento la Nueva Revista, la que fundara mi querido maestro don Antonio Fontán, pero sin darse importancia, con la humildad de los que son grandes.

         Gracias a ti, José,  conocí a Jacinto, el poeta de Langa, vuestro pueblo, y con Jacinto conocí a un hombre singular, sacerdote que había estudiado con Querajazu, aquel filósofo que situaba en Gredos sus conversaciones católicas. Jacinto  era un artista del verso,  un enamorado del Cristo de Unamuno y cuidador de   canarios flauta que alegraban las llamadas telefónicas que nos hacíamos.

         Ahora que te has ido, querido José Jiménez Lozano, voy a echar mucho de menos no llegarme hasta Alcazarén, llamar a tu puerta y pasar una mañana hablando de libros. Ya quedan pocas personas con las que se pueda hablar de literatura,  de poesía, de los mirlos y de las hogueras que en las noches de noviembre iluminan nuestras almas cansadas. Pero, algún día, seguiremos hablando de estas cosas a la sombra, siempre fresca, de una copuda haya. Sí, ya ves que he puesto haya porque ¿quién nos dice que en Sicilia no hubiera un haya para los poetas, querido don José?


martes, 24 de marzo de 2020

JARDÍN JUNTO AL MAR DE MERCÈ RODOREDA



Antes de todo este lío del procés, los burgueses de Barcelona veraneaban en las “torres” que se habían hecho junto al mar, eso sí, con mano de obra charnega que para eso era el charnego, hombre bajito, moreno y con cara de mala leche porque creía que no fornicaba lo suficiente. La burguesía catalana se montaba unos fiestorros (confer Carlos Barral) de los que ocupan la noche y parte del día y en aquellos fiestorros corría el alcohol y la coca en barra libre. Eran la casta poderosa para la que trabajaba el andaluz, el extremeño, el gallego, en definitiva, el genéticamente inferior. En aquellos jardines junto al mar, los señoritos se enamoraban y se desenamoraban, se revolcaban y se dejaban de revolcar, paseaban en barca y se tomaban el cóctel a la sombra de las buganvillas en flor mientras el currante de Badalona andaba con la zamarreta remendada de andamio en andamio. ¡Quién hubiera conocido aquellos jardines junto al mar!¡Quién hubiera conocido esos baños a la luz de la luna en los que las señoritas se olvidaban de su director espiritual! ¡Quién hubiera conocido aquellas “torres” señoriales, modernistas, cultas como aquella burguesía catalana!


         Mercé Rodoreda escribe una fantástica novela sobre esa burguesía y le pone como narrador al jardinero que no era charnego, sino catalán: un hombre del pueblo, pero que tenía todos los cromosomas del catalán puro. Rodoreda, que era una gran escritora, nos regala una joya, un retazo de vida, de aquellos veranos que duraban de junio octubre que era cuando los burgueses regresaban a sus pisos de Barcelona. Rodoreda era una gran escritora y nos lo cuenta todo con la voz sencilla de un jardinero que perdió a su mujer muy joven; de una gran persona que cuya única aspiración es cuidar las flores que luego los señoritos pisotean. Todavía no había tomado conciencia ni andaba por aquellos pagos ERC con el señor Gabriel Rufián y su lenguaje de la calle de los prostíbulos. Eran los tiempos en que aquella burguesía le cantaba el Cara al sol a don Paco con la barretina almidoná y los nardos “apoyaos” en la cadera si la butxaca se llenaba con esos billetes verdes tan bonitos que emitía el Banco de España. Aquella burguesía no le hacía ascos a las “estampitas” de Madrid y, si podían, hasta se iban a la capital para llevar mejor sus negocios. Luego, eso sí, in phantasma, como la deixis de Bühler, se hacían de la izquierda y como Gil de Biedma hasta se querían hacer militantes del PCE en donde no pudo entrar porque los comunistas no querían homosexuales en el partido por su promiscuidad. Liberados que estaban los “camaradas”.


         Pero basta ya de rollos y porque ya es hora de que termine y que diga alto y claro:


         Gracias, señora Rodoreda, por esta gran novela, Jardín junto al mar.

EL ÁNGEL CALLABA



El ángel callaba y hacía bien porque, en ocasiones, morir en silencio habla por nosotros. Las ciudades alemanas, tras la Segunda Guerra Mundial, acabaron en la más absoluta ruina. Los aliados no tuvieron misericordia y redujeron a cenizas Hamburgo, Dresde o Colonia.  No se pararon ni ante teatros, ni museos, ni iglesias porque el objetivo era arrasar aquella tierra culpable.  Las bombas aliadas caían sobre Alemania y los alemanes, como el ángel, callaban. Y llegó la posguerra y los alemanes, como el ángel, siguieron callando porque hasta era de mal gusto,-  nos dice Sebald- , tratar en la literatura el tema de las destrucción alemana. Era la nación culpable y tenía que cumplir con su penitencia y por eso no decía nada; el ángel callaba. Sin embargo, entre los silencios del ángel, la vida seguía; una vida escondida debajo de las ruinas entre las que la gente intentaba comer, intentaba amar, intentaba resucitar. Heinrich Böll escribe una novela que no fue publicada hasta mucho más tarde de los años cuarenta porque no era “políticamente correcto” hablar de la destrucción, de los escombros, de las ruinas, de la muerte. Y por eso el ángel seguía callando mientras, de los cascotes, iba naciendo la vida; mientras que de las ruinas brotaban árboles y la hierba iba cubriendo, poco a poco, el territorio de la muerte. Ya sabéis aquello que decía Rilke: todo ángel es terrible. Quizás porque el silencio de los dioses es terrible.

El ángel callaba.

lunes, 23 de marzo de 2020

LOS MAJOS DE CÁDIZ DE DON ARMANDO PALACIO VALDÉS



Hacía tiempo que no leía alguna novela de don Armando Palacio Valdés y puesto que la que no había leído nunca era los majos de Cádiz, a ello me he puesto. Y, como siempre, no me ha defraudado el gran escritor asturiano. La novela transcurre en Cádiz y Palacio Valdés nos pinta la “tacita de plata” de tal manera que olemos el mar desde la novela, sentimos el barrio de la Viña y entramos en algún “montañés”. Los personajes son “chulapos” de los barrios de Cádiz y los amores entre los majos y las majas son amores que se enturbian, pero que, al final, tienen un final feliz porque don Armando tenía ese optimismo que hace que leer sus novelas sea un antidepresivo muy necesario en estos días que no están siendo casualmente fáciles. Siempre os he recomendado las obras de Armando Palacio Valdés; no busquéis en ellas una literatura llena de grandeur, pero sí una literatura de un hombre bueno porque también desde el “buenismo” se puede hacer buena literatura. (Lo siento, señor Umbral, pero nunca estuve de acuerdo con aquello de que “ literatura nace de las malas ideas”) Yo sé que algunos me vais a decir que ya está pasado de moda, que los temas huelen a naftalina, que esos amores ya no se llevan por el mundo; sí, ya lo sé, pero a mí me gustan y disfruto mucho con una novela de Palacio Valdés entre las manos. Si la música pimba fue un pecado de juventud, la literatura de don Armando es un pecado de madurez y uno ya va teniendo edad para permitirse ciertos pecados.

LA MÚSICA PIMBA


Cuando el doctor Ernesto Jesús Guerra Linares, natural de El Salvador, le saca un tapón a una señora en su consulta del  Paseo Zorrilla de Valladolid, siempre le dice: “Mire, esto es lo que tenía en el oído. ¡No sólo van a tener cosas bonitas las mujeres!” Con lo cual queda demostrado que es salvadoreño y no de Valladolid porque esa broma tan alegre en la ciudad del Pisuerga podría acabar en el primer juzgado de guardia que estuviera abierto. Pero vamos al tema. Lo de guerra Linares viene a cuento porque también Portugal, meu querido Portugal tenía que tener alguna cosa fea y, para mí, lo feo de Portugal es la conocida como música pimba. ¿Qué es la música pimba? Pues una música muy popular en nuestro país vecino  en cuyas letras se juega con un doble sentido casi siempre sexual barriobajero. Tan sólo voy a sugerir ejemplos, sin darlos porque rebajaría el buen gusto de este blog a niveles de Telecinco.

         Vaya un ejemplo: Queres kétchup, Pedro? Pronunciado en portugués y forzando un poco las cosas, vendría a decir : ¿Quieres que te (la) chupe, Pedro?  Pura poesía de Pessoa, José Régio o Quental como podéis ver.

         Ya sé que también Catulo tenía versos “guarros” (no entremos en detalles, por favor),  pero después se descolgaba con “versos gongorinos” que elevaban el nivel ad astra;  y también sé que comparar a Catulo con Quim Barreiros y sus “picadas” de barbeiro no es de recibo. Pero en algo hay que pasar los días de confinamiento.

         Esta música gusta mucho en las fiestas  de los pueblos portugueses y yo, puesto que ya estamos cerca del Apocalipsis zombie, confesaré que me gustaba escuchar a Quim  Barreiros cantando A cabritilha con esa letra que ni el mismo Graça Moura  hubiera mejorado:

Eu gosto de mamar nos peitos da cabritilha!

         Pecados de juventud.


EL FADO CATALÁN DE NÚRIA PIFERRER (NÉVOA)


No hace mucho que os hablaba del dúo portugués Fado violado ( que no se me asuste nadie porque quiere decir fado tocado con viola, es decir,  con la guitarra clásica y no con la guitarra portuguesa, pero, desde luego, el juego de palabras es fantástico porque este grupo de dos “viola” el fado tradicional al acercarlo al flamenco) que sacaron un disco maravilloso cuyo nombre era Jangada de pedra ( Balsa de piedra). Os contaba que eran dos,  un chico y una chica,  que metían el fado por bulerías y, la verdad, no quedaba mal y, lo más importante, gustaba a un lado y a otro de la frontera. Hoy, sin embargo, quiero hablaros de Núria Piferrer, barcelonesa, que canta el fado como si hubiera nacido en la Moureria. La catalana en cuestión se hace llamar Névoa ( en gallego con b y en portugués con v) y además de fado canta canciones en catalán como de Mica en mica de Serrat. Como el fado es patrimonio inmaterial de la humanidad, pues, ya lo veis, nace donde quiere, como los de Bilbao y, en esta ocasión, ha nacido en Barcelona y suena tan portugués como si estuviéramos con Argentina Santos en la Parreirinha de Alfama. Serán cosas de la globalización.


DE VIROCORONARIO O CÓMO ESCRIBIRLE UN DÍSTICO ELEGÍACO AL CORONAVIRUS



Hay un periódico polaco que se escribe en latín y cuyo nombre es Ephemeris cuyo enlace os dejo al final de la entrada para que podáis leer las noticias en la lengua del Lacio. Pues bien, en el apartado de poesía (en latín, por supuesto) aparece este poema de una chica llamada Lydia, natural de Rímini (Ariminensis). El poema en cuestión dice así:


Omnia triste permutant // in tempore pestis:


parvas personas  // induimus timide,


absit a nobis virus // Sinae metuendus!


Omnes secreti // in domibus ceteris


         Antes de pasar a su traducción, quiero haceros alguna precisión métrica:


  1. Estamos ante un dístico elegíaco formado por un hexámetro y un pentámetro.


El hexámetro tiene este esquema métrico:


-vv/--/--/-//-/-vv/ -v


Tal y como se puede ver en este esquema, el segundo tercero y cuarto pie resuelven en espondeo  (--  dos largas) el dáctilo (-vv) (Larga + breve/breve)


La cesura que tiene que llevar todo hexámetro dactílico va en el séptimo medio pie, antes de las dos barras que marcan la cesura. Así estamos ante una cesura heptemímera, tras el séptimo medio pie.


Omnia triste permutant // in tempore pestis


En el segundo hexámetro, también encontramos una cesura heptemímera que os señalo en el esquema.


absit a nobis virus // Sinae metuendus!


 


El pentámetro en el que están escritos los otros dos versos tiene este esquema:


-vv/ -vv /- // -vv / -vv / -


 


parvas personas  // induimus timide,


Omnes secreti // in domibus ceteris


 


 


Vendría a ser como medio hexámetro al que le falta la segunda parte del tercer metro dactílico al que se suma otro medio hexámetro con las mismas características métricas.


         Si os encontráis con ánimo ( y espero y deseo que sea así),  podéis intentar leerlo marcando las sílabas que he resaltado en negrita para que podáis “sentir” cómo sonaba en tiempos ( y cómo suena ahora gracias a Lidya) este dístico elegíaco.


 


Y vamos ya, pasado el amplio preámbulo, con la traducción:


 


Cambia todo en el triste tiempo de la peste:


con miedo asumimos el papel de pequeñas personas,


¡Aléjate de nosotros terrible virus de la China!


¡Todos recluidos en el resto de las casas!


 


Pues ya veis que se puede pasar una cuarentena dedicado, por ejemplo, al mundo del latín y del griego.


http://ephemeris.alcuinus.net/



viernes, 20 de marzo de 2020

A CHULA, BAILE PORTUGUÉS



Como ya está más que claro que no soy Daniel Peces, pero me he venido arriba con lo de o vira, sigo por el terreno del baile portugués y me atrevo con a chula, un baile que proviene de Oporto y que también, como tantos bailes populares, se baila en círculo. Su música se escribe en un compás de cinco tiempos y, al final de la chula, se da un salto hacia el interior del corro. En las zonas rurales, los hombres se disponen en filas, frente a frente, y se acercan y se alejan sucesivamente mientras golpean el suelo con los pies marcando el ritmo. Al final, todos cerraban la rueda y saltaban. ¡A por la chula y que no falte la alegría!

O VIRA



La vira ( en portugués o vira) es un baile tradicional de la zona del Minho que se ha extendido por el resto del país. Musicalmente está escrito en un compás de ¾ y resulta como un vals, también de compas ternario, pero más rápido. A los españoles, cuando oímos el vira, se nos viene a la cabeza la jota, extendida por toda España y no sólo por Aragón como muchas veces, de manera errónea, se cree.

         El baile del vira consiste en que las parejas forman un gran círculo que gira en el sentido contrario a las agujas del reloj mientras que los hombres chasquean los dedos. En un momento dado, los hombres se van hacia el centro, golpean el suelo con el  pie derecho y regresan de nuevo al círculo. El círculo gira de nuevo y ahora son las chicas las que van al centro y golpean el suelo con los pies. Ya sé que no está muy bien explicado y que si os ponéis a la labor no se va a saber si bailáis una vira o una sardana, pero un servidor no es Daniel Peces y hace lo que puede.

         Amália Rodrigues, la gran Amália, cantó algunas viras y, si entráis en Youtube, podéis ver numerosos ejemplos. ¡Venga, todos a bailar o vira!

DIÁLOGO EN UN BAR


Hace ya unos cuantos años, mi buen amigo  Patxi Bergera, acordeonista, profesor (fue mi primer profesor hace “unos pocos años”) y navarro con un gran sentido del humor, me envió,  desde Donosti en donde vive,  este texto (que transcribo tal cual) en donde se refleja una conversación que se podía haber oído en un bar de cualquier punto de España, ya sea del norte, como del sur, del este o del oeste. Estamos siempre con el comportamiento ético de los políticos, pero ¿no serán los políticos un reflejo de la sociedad en la que nadan? ¿No habría que cambiar le agua del acuario? No sé, no se´, pero me temo que este diálogo que “escuchó” Patxi tendría miles de ubicaciones en el solar patrio.
 
 
DIÁLOGO EN UN BAR

-¿Qué vas a tomar?
-Una Alhambra especial
-Por favor, dos Alhambras especiales
-Oye, ¡cuánto tiempo sin vernos!
-Sí, ya era hora que echáramos unas cervezas y charláramos.
-¿Cómo te va?
-No me puedo quejar. Sigo aún con el taller en el pueblo. ¿Y tú?
-Bueno, pasé por el tribunal médico y me dieron la invalidez gracias a Juan Sola, el abogado del pueblo, pero sigo atendiendo el negocio con mi mujer aquí en la capital.
-Has hecho bien porque está muy jodida la situación. Yo tenía a tres trabajadores contratados en el taller, pero hablé con ellos y llegamos a un acuerdo de despido, pero siguen trabajando.
-¿Están despedidos y siguen trabajando?
-Sí. Nos viene bien a todos: yo me ahorro los seguros sociales, que son altísimos y ellos cobran el paro y el sueldo, pero claro les pago menos que cuando tenían contrato. Todos contentos: Ellos ganan más y yo también.
-¿Y si te enganchan?
-¿Quién va a pasar por el pueblo? Además, los tres talleres del pueblo hacemos lo mismo y no nos vamos a denunciar unos a otros porque nos perjudicaríamos.
-!Ah¡ vale. A nosotros, en el negocio, un día nos visitó un inspector de trabajo y, por suerte, yo me encontraba en la puerta del local, fumando un un cigarrillo.
-¿Pero estaría tu mujer?
-No, que va, el negocio lo llevo en realidad lo llevo yo, pero les dije que lo regentaba mi mujer, que es la que aparece en los papeles, y que yo estaba allí ocasionalmente porque ella había salido un minuto a un asunto urgente. Suerte que al 'panchito' que tengo allí sin contrato estaba ese día en el médico..
-¿Y se lo tragó?
-Al parecer sí. De hecho se fue y no ha vuelto más. Pero sí, me acojoné un poco ya que si el inspector no se traga aquello nos multa y a lo mejor hubiera perdido yo la paga. Al menos eso me dijo Juan Sola.
-La verdad, es que estos inspectores son unos crédulos o a lo mejor es que están desmotivados porque ganan menos. Total, para lo que hacen, mucho ganan aún. Hablando de inspecciones, mi hija pequeña estuvo a punto de perder la beca porque alguien fue por ahí contando que el taller no estaba declarado y nos daba muchos ingresos y tal. Desde ese día le he prohibido que vaya con su BMV A3 y su iPhone 5 a clase.
-¿Y qué pasó?
-No nada, no se pudo demostrar lo que decía el cabrón anónimo ya que lo tengo bien atado. La niña sigue cobrando todos los años la beca máxima, unos 5000 euros, que son para ella solita.
(Irrumpe un tono de teléfono móvil: ¡¡Por mi hija maaaaato!!)
- perdona, que es un proveedor. ¡Oye, que significa esa factura con IVA del otro día! ¿Cómo? Nada de eso. Me la emites de nuevo sin IVA o no cobras...sí, hasta las seis estoy allí. Hasta luego.
-¿Te quieren meter el IVA?
-Sí, se lo he dicho al tío de las pizzas mil veces y sigue dale que te pego con el IVA de los....,y para colmo ahora que lo han subido los chorizos estos del Gobierno.
-Sí, vaya mierda de país, con tantos impuestos.
-Por cierto, sabes que me he comprado un Audi.
-¿Sí ¿Cuál?
-El Q7
-Joder ¡el que llevan los futbolistas!, que pedazo máquina...te habrá costado un pastón.
-Sí, es caro, pero me he ahorrado una pasta. Si quieres te digo cómo.
-Dime, dime...
-¿Tienes a algún minusválido en tu familia o a alguien de confianza que lo sea?
-Pues no sé, tendría que verlo...
-Yo lo he puesto a nombre de mi padre que, como sabes, tiene una gran minusvalía. Me he ahorrado el Impuesto de Matriculación, me han hecho una rebaja en el concesionario, no pagaré jamás el Impuesto de Vehículos al Ayuntamiento y, para colmo, aparcaré donde me salga de los güevos, en cualquier plaza de aparcamiento reservada para minusválidos ¿Por qué te crees que hay tanto coche de gran cilindrada con el cartel de minusválido en las calles?
-Estás en todo, macho, pero ¿se tragarán que tu padre conducirá eso con 80 años siendo minusválido?
-Éstos del Ayuntamiento se lo tragan todo. Por cierto, hablando del Ayuntamiento ¿te has enterado lo del alcalde del pueblo? ¡Qué cabrón! ¡Que bien amañado lo tenía todo! ¡Qué poca ética! A mí me extrañaba que la recogida de basura siempre la ganara la misma empresa.
-Sí, ¡qué cantidad de corruptos nos gobiernan! Y para colmo hay que sostenerlos a todos. ¿Y el asunto de ese que era presidente de la Junta, dándole un pastón a la empresa de la hija?, por no hablar de las comisiones del niño...que maná de corruptos, ¡vaya mierda de país!
-Ni que lo digas, vaya país de sinvergüenzas y corruptos nos gobiernan. No hay que votar a ninguno, que son todos iguales. Van a lo que van.
-Oye, quieres otra cerveza.
-Sí, si, vale. Pero disculpa un segundo, que voy a asomarme a ver el coche, que está en segunda fila.


Decidme, ¿quién no ha escuchado alguna vez una conversación como ésta o parecida en la barra de cualquier bar?
Luego, ¿no os parece que el mal de este país no son sólo los políticos que tenemos? ¿o serán los genes choriceros y chapuceros heredados durante siglos por distintas invasiones y culturas?
Desde luego a este país le hace falta un injerto de genes calvinistas para poder regenerarlo.
 


martes, 17 de marzo de 2020

LOS VERBUNKOS


En estos días de cuarentena en la cincuentena por el coronavirus, he encontrado la música de los verbunkos. ¿Que qué son los verbunkos? Los verbunkos son danzas húngaras que tienen su origen en unas fiestas que se hacían cuando aparecían por los pueblos los reclutadores que se llevaban a los mozos a la guerra. Werben en alemán, significa “reclutar” o “contratar”. Es difícil de entender con nuestra metalidad que se hicieran fiestas por ese motivo, pero las cosas, por aquellos años, eran así; también, en Boecillo, se hacían “fiestas” al administrador de la marquesa de la Vega de Boecillo cuando venía a pedir a nuestros antepasados los impuestos. Pero sigamos con los verbunkos. Esta danza húngara se les atribuye a los gitanos y fue Janos Bihari, violinista y compositor gitano, uno de los más prolíficos compositores de verbunkos pues llegó a componer la no desdeñable cifra de ochenta y cuatro. Durante el siglo XIX,  los verbunkos entraron en la ópera y así tenemos las óperas de  Ferenc Erkel, principalmente László Hunyadi y Bánk bán, que fueron fuertemente influidas por este género.
                Bela Bartók, al que nada del folklore le era ajeno, también, en su obra de 1938, Contrastes , practicó el género y,  en el primer movimiento de este trío para clarinete, piano y violín, podemos encontrar un ejemplo de esta música folklorica.
         Finalmente, y para no ponerme pesado, deciros que hay en la Moravia del Sur y en Szlín, es decir, en la República Checa, una variedad de verbunkos que se conocen como Slovácko verbuňk.
         Podéis ver en Youtube cómo se bailan los verbunkos y como actividad lúdico – deportiva  para esta estos días no está nada mal.


LA PESTE DE ATENAS O EL CORONAVIRUS DEL SIGLO v ANTES DE CRISTO


En estos terribles tiempos de coronavirus, no está de más recordar que los atenienses sufrieron el ataque de un terrible virus en plena Guerra del Peloponeso que diezmó la ciudad y que acabó matando al mismísimo Pericles, es decir, como si ahora, mutatis mutandis, el propio Pedro Sánchez muriera por el coronavirus. Como nihil novum sub sole, el gran historiador ateniense Tucídides nos cuenta con pelos y señales la terrible enfermedad que, a día de hoy, no se ha sabido aún de qué se trataba pues,  para unos,  fueron unas fiebres tifoideas; para otros,  algo parecido al ébola y,  para una gran mayoría, el desconocimiento absoluto de qué enfermedad se podía tratar. Os dejo la palabra de Tucídides (traducida, of course) que lo cuenta mucho mejor que yo. Así podremos, viendo cómo no hemos sido ni seremos solos en la historia, afrontar mejor esta privación de libertad por el bien de todos.
(En breve os publico el texto)


CAFÉ TITANIC Y OTROS RELATOS


Hace unos meses os hablé de ese maravilloso libro de Ivo Andric que se titula Un puente sobre el Drina. Su lectura me hizo descubrir a un grandísimo escritor serbio y , como me gustó tanto, me compré los relatos que tiene publicados en Acantilado (Café Titanic y otros cuentos) y El elefante y el visir. Me he leído (ya no voy a repetir más que durante la cuarentena) esos relatos del Café Titanic y creo que son de los mejores que he leído en los que va de año y, sin duda en muchos años. Bastaría el último y más largo, Café Titanic, para poner a este librito de Acantilado en el altar de mis lecturas favoritas: dos personajes frente a frente que revelan lo peor y lo mejor de cada uno. Uno de ellos, un sefardita rechazado hasta por sus propios hermanos; el otro, un personaje sin escrúpulos que se acaba haciendo ustacha (de estos, ya hablaremos) que me recuerda a esos comisarios políticos que, antes de que se acabara la Guerra Civil, ya se estaban afiliando a Falange. Un resentido que se ha considerado siempre un cobarde y que se tiene que demostrar a sí mismo que tiene valor dando el paseo a quien le pille. (¿No os suena, hermanos?) Y Andric lo cuenta con la maestría que de la que hacía gala este gran escritor serbio.  Una gran narración de un gran narrador.



lunes, 16 de marzo de 2020

TANNHÄUSER Y EL CORONAVIRUS


En esta situación de alarma nacional que nos ha traído el coronavirus o COVID – 19 que, por lo mucho que se habla de él - y con razón-,  y por lo mucho que está cambiando nuestras vidas, debería llamarse “coñazovirus”, no hay nada mejor, para sufrir esta cuarentena domiciliaria,  que regresar a Wagner y a su música. Me he puesto pues a reescuchar el Tannhäuser y, después de la Suite Orquestal de Pedro Halfter sobre esta obra de Wagner que escuchamos el mes pasado en el Miguel Delibes y en la que se destacaba ese pastor que encuentra el vate tras salir del Venusberg, quiero parar mientes en esta curiosa figura.

         Acaba de salir Tannhäuser del Venusberg cuando se encuentra en un valle hermosísimo. Se oyen las esquilas y, de pronto se oye una zampoña que toca un pastor el cual  dice haber visto a la señora Holda, diosa de la que hablaremos en otra entrada más en detalle, y que, tras esa visión, cayó en un dulce sueño y que,  al despertar, comprobó que mayo había llegado (der Mai ist da, der liebe Mai). Se oyen las voces de los viejos peregrinos que van a Roma para recibir el perdón del papa y el pastor les desea un feliz viaje a Roma ( Glück auf! Glück auf nach Rom! Betet für meine arme Seele!)

Los peregrinos entonan su canto:

Ach,

schwer drückt mich der Sünden Last,

kann länger sie nicht mehr ertragen;

drum will ich auch nicht Ruh' noch Rast,

und wähle gern mir Müh und Plagen.

Am hohen Fest der Gnad' und Huld

in Demut sühn' ich meine Schuld;

gesegnet, wer im Glauben treu:

er wird erlöst durch Buß' und Reu.

 

 

¡Ah!

Cae sobre mí el peso de mis pecados;

¡ya no puedo soportarlo más!

No busco ya el descanso ni la paz;

escojo el dolor y la penitencia.

Me salvaré por la Gracia del Altísimo

¡Bendito aquél que es firme en la fe,

pues será redimido de sus pecados

con su arrepentimiento!

 

 

 

 

Este canto de los viejos peregrinos, saludado con entusiasmo por el joven pastor,    le hace tomar conciencia a Tannhäuser de su estado y el poeta cae de rodillas diciendo las mismas palabras que los peregrinos:

Ach,

schwer drückt mich der Sünden Last,

kann länger sie nicht mehr ertragen;

drum will ich auch nicht Ruh' noch Rast

und wähle gern mir Müh' und Plagen.

 

¡Ah!

Cae sobre mí el peso de mis pecados;

¡ya no puedo soportarlo más!

No busco ya el descanso ni la paz;

escojo el dolor y la penitencia.

 

            Tannhäuser toma en ese momento la decision de ir a Roma y pedir perdón a Dios por sus pecados en el Venusberg. Los wagnerianos saben lo que ocurrió después y hace un par de años publiqué una entrada de blog en la que se trataba del perdón de Tannhauser. A ella os remito.