domingo, 22 de mayo de 2022

ANDRÓMACA

 


1.     ANDRÓMACA

Andrómaca era hija de Eetión, rey de Tebas, pero de la Tebas de Asia Menor tal y como explicamos en la nota correspondiente. Casada con Héctor sufrió el horror de la muerte de su marido y de su hijo Astianacte o Escamandro al que arrojaron desde  lo alto de una torre. Andrómaca es una refugiada. Le tocó como botín a Neoptólemo, el hijo de Aquiles,  que la llevó a Ftía de donde era rey y con el que tuvo tres hijos: Pérgamo, Pielo y Moloso-. Esta fertilidad despertó los celos de Hermínoe, la esposa de Neoptólemo, - no nos olvidemos de que Andrómaca era tan sólo una concubina-, e intentó matar a los hijos. Muerto Neoptólemo a manos de Orestes cuando iba a Delfos a consultar un oráculo, Andrómaca salvó la vida gracias a la oportuna intervención de Peleo, padre de Aquiles y abuelo de Neoptólemo. Andrómaca se acabó casando con su cuñado Héleno, adivino troyano y hermano de Héctor y tuvo con él un hijo, Cestrino con el que, según Virgilio, reinó felizmente en el Épiro.  Sin embargo, pese a este “final feliz”, Andrómaca es una mujer desgraciada, la muchacha criada en palacio que ahora se ve como esclava por culpa de una guerra maldita (¿hay alguna guerra bendita?). Andrómaca es una refugiada que tiene que abandonar su país y que ha perdido a su hijo al que manos asesinas han arrojado desde lo alto de los muros de Troya. Después de su salida a la fuerza de Troya y de la pérdida del pobre Astianacte, se vio llena de desgracias  y por eso siempre he tenido la idea de que hubiera sido más feliz sin guerras, con su Astianacte querido y su Héctor del alma, contemplando en su Troya ponerse el sol desde los altos muros, viendo crecer a su hijo y envejeciendo junto a su marido. La entrada está dedicada a todos los refugiados de cuantas guerras han sido, son y, por desgracia, serán en nuestro despiadado mundo.

 

 

FILOCTETES

 


Filoctetes es un personaje mitológico en el que la soledad del ser humano se hace  presente. Desde mis tiempos de estudiante, aquel pobre hombre herido y solitario, abandonado por los suyos a causa de  la herida pestilente que sufría en su pie, me sirvió de espejo. Con el tiempo salí de mi Lemnos particular, pero me di cuenta de que muchos, como ocurre en esta historia, se habían acercado a rescatarme no tanto por compasión hacia mí, como por sus intereses personales porque Filoctetes era absolutamente necesario para conquistar Troya y, si lo fueron a buscar Odiseo y Neopotólemo, no fue, quizás, por el mucho amor que le tenían al compañero, sino, como ya he dicho antes, por el “interés”. La vida misma.

         Tan sólo añadir que era hijo de Peante, rey de la ciudad de Melibea,  y Demonasa o Metone que de ambas formas se la conoce en la mitología.  No puede faltar el que digamos algo que casi todos los lectores conocen: que  Sófocles escribió sobre él la tragedia homónima. Y que, antes de que Menelao se casara con Helena, este hombre abandonado fue uno de sus pretendientes.

         También debería recordar que los anteriormente citados Odiseo y Neoptólemo, hijo de Aquiles y de Deidamía, hija del rey Licomedes de Esciro en donde Aquiles había estado refugiado y, para no ir a la guerra, se había travestido en chica,  lo convencieron y, ya en el campamento aqueo, fue curado por Podalirio, hermano de Macaón y ambos hijos del dios de la medicina Asclepio en su matrimonio con Epione. Ya veis, el  que no había querido ir a la guerra va a convencer a otro para que vaya.

Para ilustrar esta entrada, he elegido este cuadro de Fraçois-Xavier Fabre, pintor francés discípulo de Jacques Louis David y experto en pinturas históricas y de tema griego. De este último tema, podemos encontrar en su obra La Mort de Narcisse (1814), La Mort de Milon de Crotone,  Le Jugement de Pâris  o Oedipe et la sphinx.

EL MINOTAURO

 


En esta entrada de blog, el tema es la soledad cuyo zarpazo todos hemos sentido alguna vez y como también siente ese Minotauro borgiano en ese maravilloso cuento que es La casa de Asterión, cuento que siempre he tenido en los bastidores de mi alma desde que lo leí en aquel viejo libro de Literatura española de 3º de BUP de don Fernando Lázaro Carreter. También Julio Cortázar en su obra de teatro Los reyes nos presenta un Minotauro humanizado contrastando con un Teseo inhumano y cruel. Por otra parte, no es raro encontrar al Minotauro en juegos de ficción, en series de dibujos animados o en juegos de rol lo que le ha llevado a ser muy conocido incluso para públicos alejados de la mitología.

El asunto mitológico arranca cuando Minos, rey de Creta, atacó Atenas porque su hijo Androgeo, después de quedar campeón en una competición olímpica en la ciudad de Atenea, fue asesinado. Su padre se dirigió contra esta ciudad que, en ese momento, sufría una terrible peste. Conquistó primero Mégara y, finalmente, Atenas. Su victoria llevaba  consigo unas condiciones que los atenienses derrotados tenían que cumplir y una de estas condiciones era que, todos los años, Atenas tenía que mandar un barco con siete efebos y siete muchachas como alimento para el Minotauro. Pasaron casi veinte años y llegó Teseo que, bien porque él mismo decidió formar parte del tributo de los atenienses al monstruo cretense, bien porque el propio Minos, sabedor del aprecio que Minos sentía por Teseo, lo eligió para formar parte de la ofrenda de ese año, se embarcó como uno más de los muchachos destinados al sacrificio. El resto ya lo sabemos: Teseo, con la ayuda del hilo de Ariadna que le permitió salir del laberinto que había construido Dédalo, mató al monstruo.

      Desde un punto de vista iconográfico, encontramos cerámica de pinturas negras en las que ya se representa la lucha de Teseo contra el Minotauro y, a partir de esas primeras expresiones, pinturas de diferentes épocas que llegan hasta nuestros días. Así, en ese recorrido por la pintura que podríamos realizar, encontramos la famosa taurocatapsia del palacio de Cnosos, frescos pompeyanos, obras de William Blake , de Dalí y, en especial, de Pablo Picasso que trató tan profusamente este tema lo cual dio lugar a una exposición en el Museo de Arte Reina Sofía entre el 25 de octubre de 2000 y el 15 de enero de 2001 en la que se recogían setenta obras que estaban vinculadas con este asunto. La mayoría eran aguafuertes reproducidos en la revista Minotaure y otros de la Suite Vollard. Picasso crea leyendas diferentes en torno al Minotauro que hemos conocido gracias a  la pintora Françoise Gilot, compañera del artista malagueño,  y así podemos decir que,  para Picasso,  los minotauros eran ricos habitantes de la costa cretense en cuyas casas, atestadas de obras de arte y de bellas mujeres,  se celebraban reuniones que terminaban a menudo en orgías. Sin embargo, los domingos,  los minotauros encontraban la muerte a manos de gladiadores griegos. El mismo Picasso  explicaba así su devoción por el monstruo de Creta en una cita que es el epígrafe al programa de esta exposición: “Si se señalaran en un mapa todos los itinerarios que he recorrido y se les uniera con una línea, quizás apareciera un Minotauro”. No es rara esta vinculación del malagueño con este mitad hombre, mitad toro si recordamos la vinculación que tiene su obra con el toro y con la tauromaquia. Para algunos críticos, en una serie de grabados aparecida entre finales de 1933 y mediados de 1934,  podríamos encontrar un antecedente directo del Guernica por el encuentro entre el Minotauro y un caballo, la ceguera del monstruo y, en especial, por la obra titulada Minotauromaquia que pongo como ilustración a esta entrada y que es un antecedente directo al ya mencionado Guernica.

      Espero que con esto os deis por satisfechos en lo que respecta al Minotauro.

 

 

viernes, 13 de mayo de 2022

CONSTITUIR, DESTITUIR Y PROSTITUIR O CÓMO HABLA MARGARITA ROBLES CON SU LENGUA DE MADERA

 


                A raíz de las palabras de la ministra Margarita Robles cuando hablando del cese de Paz Esteban dijo que no era una destitución  sino una sustitución, vamos a analizar en detalle algunas palabras que provienen de una misma raíz.

         La raíz más primigenia está en la forma indoeuropea *sta (estar de pie,  estar erguido) que da en griego ἵστημι con el significado muy parejo de “poner en pie” o “colocar” y en latín stare que es el verbo que da nuestro “estar”. Este stare está en la base (nunca mejor dicho) de las  estatuas que generalmente, salvo en épocas revolucionarias, están de pie. Siguiendo con la raíz indoeuropea, tenemos en latín statuere al que vamos a ir poniendo algunos prefijos para que nos vayan resultando palabras de mucho uso en nuestra lengua.

         Por ejemplo, si a statuere le añadimos cum-, el resultado es constituere que tiene el significado  de fundar, poner las bases que es lo que se hace en una constitución: se le pone las bases al estado. Si le ponemos el prefijo de- (una preposición latina que, usada como prefijo, tiene un significado privativo pues de- formis es el que no tiene forma) hacemos que lo que estaba en pie (statuere) se convierta en destituere que significa dejar o abandonar. Destituir es,  pues,  hacer que alguien abandone un cargo;  literalmente “ dejar de estar en pie”. Por cierto que este verbo es transitivo y por tanto le podemos y debemos poner un complemento directo: Destituyeron a Antonio. En otra entrada veremos que este complemento directo es imposible con cesar al ser este verbo intransitivo.

         Si seguimos con nuestro statuere y le ponemos el prefijo in-, nos encontramos con instituere con el sentido de fundar o instituir y de ahí vienen nuestros institutos. Los romanos tenían la expresión instituere vestigia pedis, es decir, poner las planta de los pies en el suelo que es lo que les falta a nuestros políticos.

         Claro que también, y ya metidos en harina, podemos poner la preposición pro- (preposición que significa “ en lugar de” pero también  “poner al frente”) y entonces nos resulta prostituere que no hace falta saber mucho para darse cuenta de que el resultado es “prostituir”. La prostituta es la mujer que “se pone por delante”, o  “se la pone por delante” para ser vendida en público. También los profesores compartimos esta preposición con las prostitutas pues somos los que pro- fateri, los que confesamos por delante. La verdad es que eso era antes: ahora, los profesores “confesamos” cuando y donde nos dejan nuestros alumnos.

         Así pues,  es menester saber aplicar con sabiduría y conocimiento estos prefijos porque no es igual que te constituyan, te sustituyan, te destituyan o te prostituyan.

         Como colofón y clase gratis para Margarita Robles decir que no puede existir una sustitución (poner a alguien en lugar de otro) si previamente no hemos destituido (hemos hecho que dejara el cargo) el que lo ocupaba.

         En fin, ya sé que estas cosas no van a ninguna arte y que los políticos seguirán con su langue du bois que es como llaman nuestros vecinos franceses a decir pero no decir. Mas, si os parece, lo de la “lengua de madera”, al igual que lo de cesar,  lo dejamos para mejor ocasión.

martes, 10 de mayo de 2022

JOAN MANUEL SERRAT DE MICA EN MICA

 


A Joan Manuel Serrat lo conocí por la radio también. El cantautor catalán tenía ese disco de Machado que vendía el señor Palacios en su tienda de General Oraa y que lo que vendía en  cinta de cassette (a mí me gusta en su forma francesa, qué le vamos a hacer) de color morado con la foto de Machado porque la cassette fue durante muchos años el medio más popular de difusión de la música. Baste recordar aquellos expositores de las gasolineras y de los bares en donde se vendían las que popularmente se conocían como “cintas” y que permitieron , al cabo de los años y gracias al invento del walkman,  poder escuchar música por la calle. Esto que estoy contando suena al pleistoceno superior, pero así eran las cosas por aquellos años.  Un día mi madre me la compró y yo ya no hice otra cosa que escuchar a Machado/Serrat. Conozco de memoria esos poemas de Machado por las muchas veces que se las oí cantar a Serrat o las canté yo acompañado de mi humilde guitarra de la que sólo sabía sacar cuatro acordes mal afinados. También, por esa época, sacó Serrat su disco llamado 1978, el primero que grababa en la compañía alemana  Ariola, y en ese disco aparecía Qúe bonita es Badalona,   ese pasodoble tan cañí con el que  convencí a mi padre  para que me comprara la “cinta” en la tienda de electrodomésticos de José María Pais, esa tienda en la esquina de la calle da Roda con General Mola o la calle Real en mi muy querido Marín. Después vinieron más discos y el de Poble Sec seguía ocupando mi corazón. Un día, ya en este siglo XXI, lo fui a ver a la plaza de toros de Ávila en donde cantaba acompañado de su guitarra y de ese grandísimo pianista que es Ricard Miralles. Me hechizó. Recuerdo que empezó el concierto cantando Menos tu vientre, acompañado tan sólo por su guitarra y con esa voz tan cálida que tiene  ese ligero temblor que la hace inconfundible. Unos años más tarde ( no muchos) lo vi en Valladolid acompañado de Sabina en un gran concierto cuando iban ambos con el espectáculo Dos pájaros de un tiro. Serrat forma parte de mi BSO vital y llevo sus canciones en lo más profundo de las entretelas del alma. Sin embargo, os digo que tengo predilección por algunas de sus canciones en catalán y que hay una que es para mí  de las mejores canciones de amor que nadie haya escrito nunca: De mica en mica.

         Aún me sigue gustando y emocionando como cuando lo escuché en aquella cinta morada que vendía el señor Palacios.

JOAQUÍN DÍAZ, EL PETE SEEGER ESPAÑOL Y MUCHO MÁS

 


En estos días de mayo, voy a tratar de los cantantes que han configurado mi banda sonora original. Como San Juan en su Evangelio recuerda cuándo conoció a Cristo, yo también puedo daros pelos y señales de la tarde en que conocí a Joaquín Díaz. Había un programa de Radio España de Madrid que se llamaba Leña en el que se escuchaba música llamada entonces folk. Sonó  un romance, Corrido va el abad, y me deslumbró la voz y la manera de cantar de Joaquín Díaz. Compré, a lo largo de los años muchos LP’s y a sí, en  este momento, recuerdo el de Tierra de Pinares, el de Palencia, el de Sanabria, las Canciones del Campo y, sobre todo, aquella caja con varios discos en los que Joaquín Díaz recogió, editó y grabó una buena cantidad de romances castellano. El libro de ese LP lo tengo tan desgastado que creo que hasta le falta la grapa porque fue tanto lo que oí su música que se convirtió durante algunos meses en mi único alimento musical.

         Pero es tan grande la figura de Joaquín que todo lo que se diga en esta entrada sobre él es poco. Creo, aunque no soy musicólogo, que sin Joaquín no  habrían surgido grupos como el desaparecido Nuestro Pequeño Mundo, el Nuevo Mester de Juglaría, Candeal, La Bazanca y tantos otros que a día de hoy siguen buceando en nuestras tradiciones populares. Sin los estudios rigurosísimos de Díaz, la totalidad del folklore castellano se hubiera perdido. Gracias a Joaquín  se creó esa generación que con un magnetofón en mano recorrían los pueblos recogiendo romances, cantares de trabajo o de boda y todo tipo de manifestaciones populares. Es nuestro Pete Seeger español, pero nada tiene que envidiar al americano y sí al revés. Gloria da el escucharle hablar sobre folklore porque no hay en España quién sepa tanto y con tanto gusto y rigor lo explique que “Quinito” como lo llamaban de pequeño las mujeres sanabresas.

        

ANTÓN LOSADA DIÉGUEZ, EL ESCRITOR DE BOBORÁS

 


Antón Losada Diéguez nació en Boborás en 1884. Sus padres pertenecían a una nobleza rural gallega que había estado  muy vinculada con el carlismo. Estudiante de Letras en Deusto y de Derecho en Santiago, Losada Diéguez se doctoró en Filosofía en 1913 y ganó una cátedra de Bachillerato en Toledo. Al poco pidió el destino para Orense y en la ciudad del Miño conoció a Vicente Risco. Su siguiente destino fue Pontevedra en donde, con Risco y Noguerol, fundó la Revista Nós. Losada Diéguez formó parte de las Irmandades da Fala. Fue en el año 1985 cuando se le dedicó el Día das Letras galegas y, desde 1986, los ayuntamientos de O Carballiño y Boborás conceden anualmente un premio que lleva su nombre.

         La figura de Losada Diéguez es un referente cultural en Boborás, su lugar de origen, y en esta población orensana podemos contemplar el pazo donde nació. Merece la pena este rincón noroccidental de la provincia de Ourense, limítrofe ya con Pontevedra. Si os acercáis hasta alío, veréis ríos, montes, puentes que guardan todo el misterio das fadas, camiños de los que Cunqueiro decía que un enano todas las mañanas ponía y quitaba. Además el pulpo es excelente  y un buen cocido gallego en el invierno reaviva a un muerto.

         Creo que he argumentado bien las razones por las que merece la pena llegarse a Boborás.

domingo, 8 de mayo de 2022

PEGARSE UNA MARISCADA

 


En aquella España de los setenta, sólo los ricos comían marisco. Recuerdo haber ido de la mano de mi abuela Patro a la casa de un  médico de prestigio a llevarle una bandeja de percebes, gordos como carallo d’home,  con los que mi familia le obsequiaba al médico por haberle operado a mi padre del duodeno con singular acierto. Pero los pobres no los comíamos y tan sólo, años más tarde, los comí en el Marico de Noia, pero, os lo puedo asegurar, no eran como los que le llevábamos en mi infancia a aquel médico; aquellos eran,  repito, como carallo d’home. Cabe sacar la conclusión que quizás los carallos de home non son o que eran, pero no voy a ir por este camino. Seguimos con los pobres y el marisco. Resulta que mientras el del bigote gobernó, se fue creando una clase media y entonces, en los barrios obreros, empezaron a aparecer las marisquerías, o mejor, los cocederos de marisco porque una cosa era, en Madrid por poner un supuesto ( QUE no supositorio) , O Xeito o la Portonovo en la carretera de La Coruña y otra muy distinta un cocedero en Aluche en donde se vendían las gambas, los langostinos o los carabineros “ al peso”.  También se añadían alguna centolla, los percebes, las cigalas, las almejas y demás marisquiño. Y entonces surgía la frase que he traído hasta este blog: “Joder, macho, me pegué una mariscada el sábado con mi mujer”. Esa frase, puesta en boca de un oficinista, de un fontanero o de un albañil, resume el ascenso de la clase media con la España de Franco: ya no había que llevarse los langostinos de las bodas envueltos en una servilleta; ya nos pegábamos una mariscada.

         Los madrileños iban a Galicia a “pegarse una mariscada” porque en Galicia “se comía bien y barato” y “oye, macho, te comes unas centollas y unas cigalas que en Madrid costarían medio sueldo”. También los armadores de Vigo se llegaban hasta la Menduiña,  en Hío,  para pegarse una mariscada porque tenían que demostrar que Vigo era como Bilbao en donde al agua le llaman champagne. En “A Centoleira”, mi querido restaurante de Beluso, reconocías a los madrileños (mi amiga de Marín Sisa Santos Alfonso dixit) porque se pegaban la mariscada mientras que los que sabíamos comer “ en gallego” nos dedicábamos a cosas de pobres: unas sardiñas divinas o unos chipirones guisados con maestría. Luego esos madrileños se pasaban el resto del mes “xodiendo chinchos”, pero la mariscada era sagrada. (Y me sale un pareado)

         En los años primeros de este siglo XXI e incluso antes, vinieron los Mercadonas, los Froiz, los DYA y los mariscos se podían comer cualquier día del año. Y los que se pegaban las mariscadas empezaron a tirar por otros caminos: catas de aceite AOVE, catas de vino o comprar queso de Gamoneu del Puertu a ochenta  euros el kilo porque el paisano lo tiene en una cueva del puertu y sube con un caballo todos los días a darles una vueltecita. Pida lo que pida el paisanu, se llevan el quesu para contarlo luego en un bar de Arturo Soria y epatar a los compañeros. El marisco se quedó demodé y decir lo de la mariscada se convirtió en una ordinariez como el  sueño de un Carpanta hortera y vulgar. Además, con tanta mariscada en tiempo de veda, el marisco fue desapareciendo y se puso a un precio prohibitivo.    Quizás dejó de estar al alcance de las clases medias que, como acabo de decir, se preocupaban de otras cosas. Si los ricos lo siguen comiendo, eso es un arcano.

         Todavía a alguien se le oye decir: “He estado en O Grove y me he pegado una mariscada”. Y te parece que su voz sale de lo más profundo de los años ochenta, de cuando los barrios obreros se llenaron de cocederos y los albañiles, los oficinistas y los fontaneros llenaban el suelo de caparazones de gambas que sonaban al pisarlas con un crujido mágico.

         En esta España de pandemias, mascarillas y espionajes de tres al cuarto, los obreros ya no viven como vivían en aquellos tiempos heroicos y ahora lo heroico es llegar a fin de mes.

         O tempora, o mores que decía Cicerón.


"AUNQUE LA HORMONA SE VISTA DE SEDA..."

 


Corría el año 1971 cuando Vicente Escrivá dirigió una película titulada Aunque la hormona se vista de seda jugando con el refrán castellano que dice: “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Había en aquella película grandes actores como Alfredo Landa, Ana Belén, Manuel Summers, Guadalupe Muñoz Sampedro, Luis Sánchez Polack o Mary Paz Pondal. Pese a tan formidable elenco, la película pasó con más pena que gloria y quedó metida en el saco de lo que se conoce como “españolada” aunque más tarde se reconoció la enorme valía de algunos de estos actores. Basta con ver en este reparto a Landa, a la gran actriz de teatro Guadalupe Muñoz Sampedro o a Ana Belén. Pero no vengo a hablaros de cine, sino de hormonas y , sobre todo, para deciros que esta palabra tiene un claro origen griego pues proviene del verbo ὁρμᾶω, “activar, agitar, empujar”. Así pues, las hormonas son las que nos activan, agitan e impulsan y  son sustancias que segregan las glándulas endocrinas (otra palabra griega de ἐνδο- “dentro” y el verbo κρίνειν, “juzgar, separar”) que, a su vez,  son mensajeros químicos como las feromonas y los neurotransmisores. Se les llama mensajeros químicos porque el cerebro se vale de ellos para dar las órdenes a las distintas partes del cuerpo de tal manera que,  como un buen director de orquesta, el cerebro dirige la complicada orquesta del cuerpo humano. Me viene al recuerdo Jesús López Cobos dirigiendo la OSCyL y cómo señalaba a cada uno de los instrumentistas para darles la entrada. Nosotros tenemos hormonas del crecimiento, las que ayudan a convertir las calorías en energía (tiroxina), los neurotransmisores como la adrenalina, las que nivelan la glucosa como la insulina y el glucagón y también, ¡cómo no!, las hormonas sexuales, la progesterona y los estrógenos en las mujeres y la testosterona en los hombres. El gran reto para el cuerpo – y lo cumple a la perfección salvo en caso de enfermedad-, es que cada músico toque su partitura y que no se le escuche más que a los otros si me permitís seguir con el símil de la orquesta que tan caro me es. Por ejemplo, si nos sube el nivel de testosterona, aumenta la masa muscular, segregamos el vello y la voz se nos hace más grave tres consecuencias que señalan la pubertad. También un aumento de testosterona aumenta la agresividad y así, por ejemplo, esos pollitos agresivos que van en sus coches cargados de hormonas y de más cosas que no voy a decir y que cuando vas a aparcar habiendo señalizado la maniobra con anterioridad, van  y te dicen que “o te vas o te parto la boca”, necesitarían una dosis excepcional de bromuro que,  según las leyendas urbanas de la puta mili, inhibe los niveles de testosterona. En fin, vamos a dejarlo y volvamos con la película para terminar esta entrada en plan culto, haciéndome una Ringkomposition y preguntándoos que si habéis adivinado de qué hormonas trataba Escrivá en su película. ¿Sexuales? Premio para el caballero que se lleva el perrito piloto que causa alboroto porque en aquella España reprimida hablar de sexo era llenar los cines. Don Miguel Torga, gran escritor portugués y médico en Coimbra decía en sus diarios que esta sociedad que habla tanto de sexo es porque está enferma del sexo y lo argumentaba con estas sencillas palabras: sólo hablamos de aquello que tenemos enfermo. Y es verdad, don Miguel, y es verdad.  Espero que hayáis seguido leyendo más allá del título y que os hayáis divertido. Lo he explicado como he podido y, puesto que ni soy médico ni biólogo, sino un pobre filólogo clásico, espero que lo hayáis entendido. Si no es así, os quedan dos opciones: pedir consulta y que vuestro médico os explique con pelos y señales el funcionamiento hormonal del cuerpo humano o, en su defecto, ver la película de Escrivá. Elegid, bellacos.


martes, 3 de mayo de 2022

SAFO Y FAÓN

 


Para esta entrada de mi blog, os  he elegido el también ovidiano mito de Safo y Faón que, a mi manera de ver, no es sino la fuerza rejuvenecedora del amor y también cómo mantener vivo el amor en a la distancia de los amantes siendo como es un necesitado de la “presencia y la figura”. Para este romance  hemos tomado dos leyendas: la primera es la recogida por Paléfato en donde se habla de un personaje que atravesaba con su barca de un a orilla a la otra en un brazo de mar. (Τῷ Φάωνι βίος ἦν περὶ πλοῖον εἶναι καὶ θάλασσαν. πορθμὸς ἦν ἡ θάλασσα· nos dice el mitógrafo)

Un día, llegó una anciana, la cruzó y no le cobró nada. En pago, la anciana que no era otra que la misma Afrodita le recompensó con un bálsamo con cuya aplicación conseguía retomar su juventud y vigor. Fue en ese estado juvenil como lo conoció Safo y se enamoró de él.

         La segunda leyenda hace referencia al suicidio de Safo por amor arrojándose al mar desde el promontorio de Léucade que ha dado lugar a numerosos pinturas en donde se ve a Safo a punto de arrojarse a las aguas del mar Jónico.

         Para esta segunda leyenda no existe una fuente escrita pues los amores de Safo y Faón no aparecen en los poemas de la poeta lesbia y, siguiendo a Cecil Maurice Bowra, puede ser que fuera este Faón una variante del nombre de Adonis que se encuentra en  el fragmento 140 en el que se lee lo siguiente:

 

Κατθνάσκει, Κυθέρη᾽, ἄβρος Ἄδωνις· τί κε θεἷμεν;

καττύπτεσθε, κόραι, καὶ κατερείκεσθε χίτωνας.

 

El tierno Adonis, Citerea, está muriendo.

Dinos qué hacer nos toca.

¡Muchachas, ay, daros palmadas en el pecho

y rasgaros las ropas!”

 

Otra posibilidad es que Safo usara el nombre de Faón en algún epitalamio que no ha llegado hasta nosotros en el que se compararía la belleza  del novio (recordemos que un epitalamio es un canto de bodas) con la de Faón y que, de esta comparación, surgiera la leyenda de sus amores.

         Espero que os haya gustado tanto leerlo como a mí escribirlo.

 

HERO Y LEANDRO O DE CÓMO UNA HEROÍNA MITOLÓGICA DEVINO EN MARCA DE MERMELADAS

 


La historia mitológica que hoy os traigo a colación es muy simple pues estamos ante un caso típico de dos amantes que sufren la oposición de sus padres. Hero era una sacerdotisa que vivía en una torre en Sesto, justo en el extremos del Helesponto y Leandro vivía en Abido, a la otra orilla.  Los padres se opusieron terminantemente a que se casaran y, como los novios se seguían viendo, les prohibieron cualquier tipo de contacto y encerraron a Hero en una la torre de Sesto. Pero como amor omnia vincit, idearon una manera de verse: Hero encendía una antorcha en su ventana que le servía de faro a Leandro para cruzar el estrecho. Sin embargo, una noche de terrible tormenta, la llama se apagó y Hero no la volvió a encender porque se había quedado dormida esperando a su novio que, sin la referencia de la luz, se perdió y acabó ahogado en el mar. Cuando el mar lo arrastró hasta la playa de Sesto y Hero vio el cadáver, se arrojó desde la torre en la que estaba prisionera y murió junto al cadáver del muchacho.

          El tema de Hero y Leandro es un asunto muy tratado por los autores clásicos como Ovidio en sus Heroidas 18 y 19 en el que me he basado principalmente y muy en especial en la maravillosa traducción en octavas reales de Diego de Mexía.

         También Marcial en su Liber Spectaculorum nos cuenta los momentos finales de Leandro:

         Cum peteret dulces audax Leandros amores

Et fessus tumidis iam premeretur aquis,

Sic miser instantes adfatus dicitur undas:

'Parcite dum propero, mergite cum redeo.'

 

Al buscar el valiente Leandro sus dulces amores

y ya al verse agobiado por las henchidas aguas,

así les dice el desgraciado a las olas que lo agobian:

“Tened piedad de mí mientras me acerco, mas cuando regreso sumergidme”

 

También nos aparece este asunto en Museo del que hago uso para el epígrafe que acompaña a este romance en la magnífica traducción de Ruiz de Elvira.

Más cercano en el tiempo es el Hero y Leandro de Christopher Marlowe del que también hago uso para un epígrafe.

En España tenemos al muy afamado soneto de Garcilaso ( del que también hago uso para un epígrafe) y el poema de Juan Boscán en endecasílabos libres que comienza de esta manera:

 

Canta con boz süave y dolorosa,

¡o Musa!, los amores lastimeros,

 

que'n süave dolor fueron criados.

 

Canta también la triste mar en medio,

 

y a Sesto, d'una parte, y d'otra, Abido,

 

 5

y Amor acá y allá, yendo y viniendo;

 

y aquella diligente lumbrezilla,

 

testigo fiel y dulce mensagera

 

de dos fieles y dulces amadores.

 

Vemos que no faltan los dos amantes ni la “diligente lumbrezilla” que fue la causa de la desgracia de Leandro y de la que trato, sobre todo, en la octava real y en la silva que encabezan este romance supernumerario.

 

Siguiendo con autores españoles, Calderón hace una brevísima mención en su comedia La Dama duende:

Por un hora que pensara

si era bien hecho o no era,

echarse Hero de la torre,

no se echara, es cosa cierta,

con que se hubiera excusado

el doctor Mira de Mescua

de haber dado a los teatros

tan bien escrita Comedia,

y haberla representado

Amarilis tan de veras,

que volatín del carnal

(si otros son de la Cuaresma)

sacó más de alguna vez

las manos en la cabeza.

 

y nos revela de paso que Antonio Mira de Amescua, dramaturgo español del Siglo de Oro,  también escribió una comedia con ese mismo título de Hero y Leandro.

Juan de Tiomoneda recoge el mito en Aguardando estaba Hero en su Rosa de Romances y para no agotar un tema tan extenso y que excedería con mucho esta introducción recojo el fragmento de la muy conocida letrilla de Luis de Góngora en la que se hace mención, lógicamente de manera jocosa, a esta desgraciada historia:

Pase a media noche el mar

y arda en amorosa llama

Leandro por ver su Dama;

que yo más quiero pasare

del golfo de mi lagar

la blanca o roja corriente

y ríase la gente.

 

Quevedo también hace mención a Leandro en este soneto:

 

En crespa tempestad del oro undoso

nada golfos de luz ardiente y pura

mi corazón, sediento de hermosura,

si el cabello deslazas generoso.

 

Leandro, en mar de fuego proceloso,

su amor ostenta, su vivir apura;

Ícaro, en senda de oro mal segura,

arde sus alas por morir glorioso.

 

Con pretensión de Fénix encendidas

sus esperanzas, que difuntas lloro,

intenta que su muerte engendre vidas.

 

Avaro y rico y pobre, en el tesoro

el castigo y el hambre invita a Midas,

Tántalo en fugitiva fuente de oro.

 

            Vemos como aquí don Francisco, al deslazar Lisi sus cabellos, compara su corazón con un Leandro que navega por proceloso mar o con un Ícaro que se expone con sus alas a una muerte que sabemos tuvo por no escuchar el consejo de su padre Dédalo de que no volara cerca del sol.

 

            No podríamos dejar de mencionar la famosa travesía a nado que realizó con fortuna Lord Byron que hizo el mismo recorrido que el desgraciado amante consiguiendo, con mejor fortuna que Leandro, llegar a Sesto y tampoco podemos olvidar que esta hazaña natatoria tienen aún más mérito si tenemos presente que George Gordon Byron era zambo del pie derecho.

 

 

EL HERMOSO MITO DE FILEMÓN Y BAUCIS

 Siempre me ha parecido que  el mito ovidiano de Filemón y Baucis actúa como un conjuro sobre el miedo a la vejez del que nadie está libre y la idea de afrontarla en ese amor que transciende la muerte es un bálsamo que serena y calma la herida incurable.

         El tema de los dioses viajeros que aparece en este relato mitológico es habitual en diferentes culturas. Así, en nuestra cultura judeocristiana encontramos en la Biblia un relato muy parecido: hablamos de la visita que recibe Abraham en Génesis, XVIII, 1-10 en la que ve llegar tres hombres , les invita a pasar, les atiende y, en recompensa, la mujer de Abraham, Sara, que ya era muy anciana, se quedó embarazada y dio a luz a Isaac.

         Iconográficamente el tema de Filemón y Baucis ha sido profusamente tratado. Rubens trató el asunto en dos momentos: el primero, cuando los dioses están a la humilde mesa de los ancianos que es el cuadro que nos sirve de ilustración para nuestro romance; el segundo, cuando se produce la inundación y podemos ver a la pareja junto a los dioses. También Rembrandt toca el tema con un cuadro muy tenebrista y otros pintores como Adam Elsheimer, Johann Carl Loth o Andrea Appiani. Merece la pena destacar los cuadros de Janus Genelli, pintor danés,  en los que aparecen ambos protagonistas y les podemos ver de guardeses del templo y en el momento de su metamorfosis.

         Por mi mucho aprecio a Joseph Haydn, no puedo dejar de citar una ópera para marionetas de este compositor austriaco que, en su título original Philemon und Baucis oder Jupiters Reise auf die Erde, es decir, Filemón y Baucis o el viaje de Júpiter sobre la tierra, hace ya alusión a esa presencia de los dioses en la tierra. Por cierto y como simple curiosidad, decir que el don a los dos ancianos por parte de los dioses viajeros no consiste en que ambos mueran juntos, sino en la resurrección de un hijo inventado por el libretista, Gottlieb Konrad Pfeffel, y que no aparecía en Ovidio y, junto a él,  la de su mujer Narcisa.

         Y por hoy ya no os cuento más de Filemón y Baucis.



LA INSULINA DE LOS ISLOTES PANCREÁTICOS

 


Es de sobra conocido el hecho de que aquellos que padecen de diabetes se inyectan insulina. Lo que quizás sea menos conocido es que insulina, como puede apreciar cualquier alumno de latín, proviene de insula, -ae que, en latín, significa “isla”. ¿Qué tiene que ver una isla con la diabetes? Pues mucho.

         En el páncreas, palabra proveniente del griego y formada por dos étimos, pan (todo) y kreas (carne),  existen unas estructuras que los biólogos conocen como islotes pancreáticos o islotes de Langerhans. En latín, estos islotes son las insulae pancreaticae y qué más lógico que unas insulae produzcan insulina, con esa terminación en el sufijo –ina que es tan productivo en el mundo de la química. Obviamente se les conoce por el apellido del médico que las descubrió, Paul Langerhans,  que era alemán de Berlín y que escribió un libro titulado Beiträge zur mikroskopichen Anatomie der Bauchspeicheldrüse, es decir, Contribuciones a la anatomía microscópica del páncreas, en el que recogía sus experimentos con conejos a los que inyectaba azul de Prusia en el conducto pancreático. Bauchspeicheldrüse significa en alemán “páncreas” que ya son ganas de complicar y multiplicar los entes de manera innecesaria y es una palabra formada a su vez de tres: Bauch (vientre), Speichel (saliva o fluido) y Drüse (glándula). Sin embargo, no fue  él el  que les puso su nombre pues, aunque las descubrió, no supo para qué servían y sería el histólogo francés G. E. Laguesse el que las nombró así, en 1893,  en homenaje a su colega alemán que había fallecido cinco años antes con tan sólo cuarenta años en Funchal. Pero aún faltaban treinta años para que se conociera y aislara la insulina pues fue en 1921 cuando Banting y Best lo consiguieron y la bautizaron.

         Para que luego digan que el latín y el griego no sirven para nada.

LA CALLE DEL GENERAL ORAA Y OTRAS HISTORIAS PINTORESCAS

 


Subiendo un poquito la cuesta de Hermanos Bécquer, se llega a General Oraa. Ya conté en otra entrada que en el número cinco de esta calle madrileña  vivía el modisto granadino Miguel Rueda a cuyas fiestas acudían las esposas de los próceres del régimen franquista y cuyos perros veía yo salir de paseo guiados por un criado del modisto que era, como el modisto, un mariquita andaluz de mucha gracia. Eran aquellos perros dos galgos afganos que, según contaba el mariquita con insuperable gracia, regaban con el “pis” los rincones del piso. Un día, el criado mariquita trajo de su pueblo a un sobrino que también tenía mucha pluma. Si los perros eran o no mariquitas no os lo puedo precisar. Bueno pues,  si bajamos hacia la Castellana, en el número tres de esta calle,  que en este tramo es ancha con dos carriles de subida y bajada, llegaríamos a la  casa señorial de grandes balcones y cocheras en el patio en la que habitaban, como es de ley, varios marqueses. A aquella casa se acabó marchando Esteban, un portero que había venido de Polán, pueblo toledano, para hacerse cargo de  la portería de Hermanos Bécquer 5 y que, un mal día (ahora os cuento por qué), se fue para la otra casa, la de General Oraa, 3 porque, como le decía mi padre con gracia, cada vez se iba acercando más a su pueblo. Esteban, que estaba deseando jubilarse, lo hizo al cabo de unos pocos años en la casa de los marqueses y regresó a su pueblo, pero disfrutó poco de la jubilación pues murió a los pocos años. Carpe diem.

Esteban tenía varios hijos y una hija que en el barrio la llamábamos Estrellita y que algunas tardes se venía con nosotros  la Casa de Campo a montar en bicicleta. Decía que iba a ir al médico porque le asustaban los latidos del corazón. No la volví a ver desde que su padre partió de aquella casa para encontrarse con la muerte en su pueblo, famoso por los polvorones. La mujer de Esteban se llamaba Juana y también era de Polán. Siempre que hablaba, decía que Esteban era de “buenos paños” porque sus padres eran labradores fuertes. Eran gente simpática y cariñosa ( como generalmente todos los toledanos) y, cuando a mi padre le operaron del duodeno le regaló un jamón, para que cogiera “sangre”.

En el cinco de esa misma calle, había un centro del Opus Dei que se llamaba Belaña cuyo director era un médico jovencito que trabajaba en La Paz con el marqués de Villaverde que, por cierto, vivía a veinte metros, en el ocho de Hermanos Bécquer. En esa misma casa, en la de la esquina de General Oraa, que era, tal y cmo ya se ha dicho,  la del modisto marquita y los galgos afganos, habitaban los Valenciano, una familia muy conocida en el Opus Dei, pero que eran muy déspotas con el pobre portero que habitaba en una portería cuyas ventanas daban a la calle y nos señalaban a los chicos que ya se terminaba la cuesta de Hermanos Bécquer. Recuerdo que un día el portero subió, llamó para entregarles algo y el perro lobo que tenían le mordió al conserje en sus partes. También bajaban con el perro por los árboles que daban sombra y dejaban al perro hacer sus necesidades. No practicaban la caridad cristiana.

En la esquina de General Oraa con la Castellana ( no Castellana como dicen ahora con una hipercorrección porque el nombre de la avenida matritense hace alusión a una fuente que llevaba ese nombre) estaba la casa del “grandón”, un portero alto y desgarbado, que nos daba un poco de miedo. Aquella casa, aun estando todavía de muy buen ver, la tiraron para hacer la sede de unos seguros. Recuerdo el portalón grande con cristales y una parte ancha para que los coches ora de caballos ora de ruedas, pudieran parar y los señoritos no se mojaran. Sic transit gloria mundi.

La verdad, me acabó de dar cuenta de que os hablo de los vecinos de aquella calle, pero que nada os he contado sobre el general que le daba nombre. He contado muchas cosas que no son, sino recuerdos de una infancia, de una calle perdida, de unas acacias cuyos frutos yo recogía para el burro del trapero. Si no os parece mal, lo dejamos para otra entrada.