miércoles, 21 de febrero de 2018

ESTEBAN SÁNCHEZ, PIANISTA





Un niño se dirige hacia la catedral de Plasencia en donde su tío-abuelo Joaquín es organista y maestro de capilla. Había nacido este niño en Orellana la Vieja un 26 de abril de 1934 y desde muy pequeño había mostrado muy buenas cualidades para la música. Esteban, que así se llama el niño, ingresará con once años en el Conservatorio de Madrid en donde estudia con Julia Parody Abad. Pero aquel niño extremeño, como los vencejos que recorrían el cielo de Plasencia cuando iba a buscar a su tío, quería llegar más alto, quería hacer del piano un territorio sagrado. Y se fue a París a estudiar con Cortot y a la Academia de Santa Cecilia de Roma en la que estudió con Carlo Zecchi. Esteban tuvo muchos premios y con tan sólo veinte años se estrenó con la ONE en Madrid. A los premios nacionales, se le iban sumando los internacionales: el Margarita Long de París en 1951; el Ferruccio Busoni en Bolzano en 1953; el Alfredo Casella de Nápoles en 1954; el premio de Virtuosismo de la Academia Romana de Santa Cecilia o la medalla Dinu Lipatti de la Fundación Hariet Cohen de Londres.
         El niño que estudiaba con su tío- abuelo en Plasencia se jugaba la música en cada interpretación, asumía unos riesgos de los que salía siempre ganador y el oyente tenía la sensación de que Esteban tocaba en el filo de una navaja.
         Cuando le preguntaron Daniel Baremboim que cuándo iba a grabar la Iberia de Albéniz, el maestro argentino dijo que, habiendo grabado Esteban Sánchez su versión, no veía sentido a que lo hiciera él.
         En el año 1978, comenzó su labor como profesor de piano en el Conservatorio de Badajoz y más tarde en el de Mérida del que llegaría a ser director al tiempo que iba abandonando, con tan sólo cuarenta y cuatro años, su actividad como concertista en las grandes salas de todo el mundo. El niño que cruzaba la plaza de Plasencia era tan humilde que se conformaba con ser un simple profesor en su tierra extremeña. Y como tal siguió hasta que un 3 de febrero de 1997, cuando iba a impartir sus clases, la muerte que, pese a lo que diga el maestro Saramago, no suele tener intermitencias, se lo llevó disfrazada de infarto de miocardio.
         Aquel niño, por fortuna, nos ha dejado muchas grabaciones en el sello Ensayo y con el podemos seguir viviendo su música que siempre suena en el filo de una espada tan aguda como las alas de los vencejos que cruzaban las mañanas de Plasencia cuando iba a aprender solfeo con su tío – abuelo Joaquín.

martes, 20 de febrero de 2018

VIKTOR KEMPLERER Y LA LTI






Hacía tiempo que no leía un libro con tanta enjundia como el LTI de Viktor Kemplerer, un libro en que este filólogo alemán analiza la lengua del Tercer Reich ( LTI significa Lingua Tertii Imperii) con una precisión alemana. Es sabido cómo la lengua es la expresión de nuestro pensamiento y cómo podemos modificar el pensamiento por medio de la manipulación lingüística. Los nazis (y todas las dictaduras, ya sean de derechas o de izquierdas), fueron maestros de la manipulación. Que consiguieran embaucar a millones de personas en una de las os regímenes más criminales de la humanidad. Pero Kemplerer no se para ahí, sino que busca en los orígenes de esta nefasta ideología y encuentra sus orígenes en el Romanticismo alemán que tenía rasgos que llevados hasta el paroxismo podían acabar en algo maravilloso o en algo espeluznante. Kemplerer lo dice muy bien tomando como referencia el libro de Historia de la Literatura Alemana de Scherer : los alemanes volamos muy alto, pero también caemos muy bajo. También nos  revela  Kemplerer los cuatro puntos en los que para él toma sus raíces el nazismo partiendo, como ya hemos dicho, del Romanticismo alemán: destronamiento de la razón, animalización del ser humano, glorificación de la idea de poder y glorificación de la fiera, de la bestia rubia. Es un libro tan espléndidamente escrito que os recomiendo su lectura sosegada (filólogo es el que lee despacio) y sobre todo os recomiendo un examen de conciencia sobre lo ocurrido con la lengua en nuestro propio país en las noticias sobre ETA, en los “argumentos nacionalistas vascos y catalanes y en el mundo de la corrupción. Viktor Kemplerer hace un examen de conciencia profundísimo: ¿nos atreveremos los españoles a hacer lo mismo con nuestra lengua en los difíciles momentos por los que ha pasado nuestro país? Quizás algún día…

jueves, 15 de febrero de 2018

MARIO MONREAL, FERNANDO PUCHOL Y JOSÉ MARÍA PINZOLAS, TRES PIANISTAS ESPAÑOLES




Si me lo permitís, quisiera hablaros de tres pianistas españoles, dos valencianos y un santanderino. Los dos valencianos son Puchol y Mario Monreal y el cántabro es José María Pinzolas.
         De Fernando Puchol tengo el recuerdo de verlo en algún programa televisivo y poco más.  Sé que fue catedrático del Real Conservatorio de Madrid y que interpretó integrales de Beethoven, Brahms o Liszt.
         Algo más sé de Mario Monreal, saguntino de 1938, que nos abandonó en el 2010. Lo conocí en la Fundación Juan March en una de esas mañanas en que las lilas explotaban en las tapias de las casas que circundan la Fundación, en los terrenos que un día fueron de Juan Antonio Gamazo y Abarca, I conde de Gamazo. Debía de ser  a mediados de los noventa y Monreal interpretó la integral para piano de Chopin. Lo recuerdo como un gran pianista, que había estudiado en Múnich y en Salzburgo y que me hizo disfruta sobremanera de aquellos conciertos chopinianos.
         Del tercero, supe por mi prima Chuka que vivía en Hamburgo y lo conocía. Pinzolas ha grabado, sobre todo, música española y hace mucho que le he perdido la pista. Ubi est? Recuerdo un disco que se llamaba (cito de memoria) Música en el Museo del Prado que incluía un recital suyo de piano en el citado museo madrileño.
         Pues fijaos bien: estos tres pianistas, los tres muy buenos, los tres con grandes carreras, apenas tienen grabaciones discográficas. El mundo de la música siempre me pareció muy duro y por eso preferí vivir con la música que de la música.
         Vaya este humilde  recuerdo de un melómano  para estos tres grandísimos pianistas, uno de ellos fallecido ya, que demuestran lo duro que es el llegar a ser primera figura en cualquier disciplina.




LA SEGUNDA PASIÓN DE CRISTO




Κα ρχεται ες οκον· κα συνρχεται πλιν χλος, στε μ δνασθαι ατος μηδ ρτον φαγεν.
κα
κοσαντες ο παρ ατο ξλθον κρατσαι ατν, λεγον γρ τι ξστη.
Y llega a su casa (Jesús) y de nuevo se junta tanta gente que no les dejaban ni comer. Cuando se enteró su familia, vinieron a llevárselo pues decían que no estaba en sus cabales. (traducción del autor de la entrada)
         Esto es lo que nos dice San Marcos en su evangelio y, qué queréis, pero a un servidor siempre le ha consolado cuando te chocas con la incomprensión de los demás.
         Imaginaos la escena: Jesús, acompañado de sus discípulos, llega a su casa, a su lugar natal (ες οκον) y la gente que lo iba siguiendo también se llegan hasta la casa y, poseídos por ese interés por Jesús ( no vamos a entrar si en un interés “interesado!” o en un interés “sin intereses”) no les dejaban ni comer. Y ahora viene lo más terrible: la familia, que ya habían oído de sus andanzas, van a buscarlo para llevárselo por la fuerza ( κρατσαι ατν) porque no estaba en sus cabales. ¡Otra vez el cura y el barbero detrás del caballero de la Triste Figura!  ¡Otra vez los cuerdos queriendo apartar a los locos, a los locos de ideales, a los locos de Amor!
Hace años que Juan Manuel de Prada en un brillante artículo decía que existía una segunda Pasión de Cristo. Ahora que entramos en Cuaresma y que todos nos vamos a preparar para la Pasión con mayúsculas, deberíamos pensar que existe otra pasión con minúsculas (o no en tan minúsculas) que le tuvo que ser tremendamente dolorosa a Cristo. Y no hablo de la incomprensión de los sacerdotes y escribas, vamos, de los establecidos en el poder, sino de la incomprensión de las gentes de la sinagoga de Nazaret que lo quisieron despeñar; de la incomprensión de sus propios discípulos que no lo entendieron hasta, -  en el caso de algunos ni siquiera entonces- , después de su muerte y Ascensión cuando la llegada del Espíritu Santo les “clarificó” su mente. No voy a escribir sobre ello ni a tomar el texto griego en el que se narra tan dolorosos episodios, pero sí que voy a llevar ese dolor hasta el paroxismo, cuando la familia de Jesús lo toman por loco y se lo querían llevar para encerrarlo. No es difícil el imaginar el sufrimiento del pobre Cristo rodeado de su familia y queriéndoselo llevar a algún lugar “seguro” porque era un peligro para la sociedad. Os decía al principio que me gusta releer este texto evangélico porque en ocasiones son muchos los que no nos comprenden, los que nos toman por locos, los que nos marginan porque ellos tienen la verdad al cien por cien. En estos momentos, pienso en ese Jesús perseguido, incomprendido, acosado, Él que era la Verdad, y me consuelo. Espero que a vosotros os pase lo mismo.