domingo, 10 de diciembre de 2017

JUAN FRANCISCO QUEVEDO O LA PALABRA CONTRA EL OLVIDO


Juan Francisco Quevedo es de Cantabria como tantos grandes poetas; Juan Antonio Quevedo es farmacéutico en Bielva como farmacéuticos fueron Léon Felipe y mi buen amigo palentino, José María Fernández Nieto, el hombre que me enseñó a mirar el mar en su Epilírica del mar y a temer la nieve inoportuna que llega cuando menos se la espera ( es que nunca se la espera). Juan Francisco Quevedo era novelista hasta que ha publicado El sedal del olvido y entonces ha pasado a ser lo que siempre ha sido: poeta. Juan Francisco,  al ir soltando, poco a poco, ese sedal que nos va envolviendo a todos y que intentamos mediante nuestra escritura frenar, ha escrito un gran libro. Juan Francisco Quevedo (con ese nombre uno está predestinado a la poesía y a la escritura en general) construye un libro que es una botella arrojada al mar de lo que ya no se recuerda, la última esperanza de un náufrago de los años y del tiempo, la señal de humo para decir a los demás que aquí hay un hombre que no quiere dejar de ser hombre arrastrado por el oleaje inmisericorde de la amnesia que el tiempo nos va trayendo con exacta puntualidad. Juan Antonio escribe un libro que es un refugio, un faro, un puerto en donde abrigarnos de la tormenta del no ser que es la muerte de la memoria, de esa tormenta que amenaza con borrarnos. Somos umbra et pulvis, pero Quevedo, como su ilustre antepasado, hace con su libro que seamos polvo enamorado, polvo que busca el recuerdo frente a la muerte de lo vivido. La felicidad es un fotograma – Juan Francisco dicit- , inmóvil y suspendido en el tiempo que rescatamos de un viejo destierro para proyectarlo como un disparo contra la sombra de la desmemoria.  Gracias a Juan Francisco,  el farmacéutico de Bielva,  por no dejarnos morir en el olvido del polvo y la sombra.

 

CARLOS PARDO O EL ANIMAL QUE LLEGA A UNA EDAD




De Carlos Pardo apenas conocía nada hasta que vi que mis amigos poetas ( sí,  ya sé que es una contradictio in terminis lo de poeta y amigo) lo citaban y me decidí a leerlo. Así pues, me he leído su antología,  publicada en Méjico,  El animal ha llegado a una edad y veo en él un gran puntal de la poesía española contemporánea. Su mundo no es mi mundo, pero eso no quita para que reconozca en él a un gran creador. Prometo adentrarme más en su obra y contaros lo que lea. Palabrita de Niño Jesús.

 

NADIE PREGUNTA quién pero nosotros,
comparsas del planeta
burgués, comentaristas
del reciclaje, hombres piojo,
medimos la parábola de la próxima elipse
por si acaso quisieran lanzarnos al desagüe del tiempo
entre los pre y los pos,
porque si todo instante es irredimible-
mente gasto,
todo sujeto es un conservador.

Para empezar alguien dice nosotros
pero quién entre ruidos
sin un nombre vernáculo
por exceso de lata,
aun enfermo de abulia en blogs de periferia,
llamara nomadismo a este

deambular del trabajo al videoclub,
hacerse el muerto en la contrapartida
del crujir de las ramas,
del adiós de la savia a la página en blanco,
a la página impura

y aburre ser tan tonto en tiempos sulfatados.

EL CAFÉ DONDE SE SENTABA DON RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN


Desde que tengo uso de conciencia lectora, he leído y he visto en el teatro a Valle Inclán. A mi abuela Patro le encantaba y un día en que me quedé solo en casa y ella se fue de compras de con mi madre,  haciéndome el gran favor de dejarme en casa y ahorrarme el peñazo de las tiendas, me trajo de la Casa del libro, aquella que estaba en la Gran Vía madrileña, un ejemplar de Cara de Plata, una de las comedias bárbaras de Valle. Recuerdo lecturas de Valle en una taberna de Pontevedra, en la playa de Lapamán, en mi casa de López de Hoyos y recuerdo el poema que venía en aquel libro de texto,  único por lo magnífico que era,  de Fernando Lázaro Carreter en el que hemos aprendido Literatura gran parte de los españoles mayores de cuarenta años. Todo esto viene a cuento porque he leído esa poesí

a completa que ha publicado Visor y he sentido la emoción de una poesía con medida, con ritmo, con encanto. El manco de Vilanova de Arousa sabía muy bien por dónde se andaba en cuestiones poéticas y su prosa – ahí están esa maravilla que son las Sonatas- está llena de poesía. Agustín García Calvo decía que, de todos los autores del siglo XX español, tan sólo Valle le gustaba.

         Como nada puedo contaros de nuevo sobre tan excelso autor, os contaré que este verano, al pasar por la Plaza de Galicia en Santiago y cruzar el semáforo que lleva a la plaza en donde está la farmacia de Carolina Bescansa, la de Podemos, pasé, un año más, por el café Derby, el café en donde don Ramón pasó el último tramo de su vida cuando regresó de Roma para morir en su Galicia. Al pasar, les dije a mis hijos: “Mirad, hijos, aquí se sentaba Valle Inclán” y una parejita del siglo XXI me miró con sorpresa y él le dijo a ella: “Mira aquí se sentaba Valle – Inclán” como diciendo “mira, lo dice este listillo de turista y no le vamos a creer a él. ¡Qué va a saber este pringadillo de dónde reposaba Valle sus nobles posaderas!” Y lo más curioso es que vivían en el portal de al lado del Derby. ¡Qué bárbaro, vivían al lado y no se habían enterado de que en ese café el maestro de maestros consumió sus últimas tardes! ¿Para qué quieren los jóvenes tanto Internet? En  fin…

viernes, 8 de diciembre de 2017

LA ANUNCIACIÓN




A vueltas con el griego de la koiné, llegamos hoy a la festividad de la Inmaculada Concepción de María, que es la Patrona de España desde tiempos del rey Carlos III.  Pongamos como siempre el texto del Evangelio en griego:

Ἐν δὲ τῷ μηνὶ τῷ ἕκτῳ ἀπεστάλη ὁ ἄγγελος Γαβριὴλ ἀπὸ τοῦ θεοῦ εἰς πόλιν τῆς Γαλιλαίας ᾗ ὄνομα Ναζαρὲθ
27  πρὸς παρθένον ἐμνηστευμένην ἀνδρὶ ᾧ ὄνομα Ἰωσὴφ ἐξ οἴκου Δαυίδ, καὶ τὸ ὄνομα τῆς παρθένου Μαριάμ.
28  καὶ εἰσελθὼν πρὸς αὐτὴν εἶπεν, Χαῖρε, κεχαριτωμένη, ὁ κύριος μετὰ σοῦ.
29  ἡ δὲ ἐπὶ τῷ λόγῳ διεταράχθη καὶ διελογίζετο ποταπὸς εἴη ὁ ἀσπασμὸς οὗτος.
30  καὶ εἶπεν ὁ ἄγγελος αὐτῇ, Μὴ φοβοῦ, Μαριάμ, εὗρες γὰρ χάριν παρὰ τῷ θεῷ·
31  καὶ ἰδοὺ συλλήμψῃ ἐν γαστρὶ καὶ τέξῃ υἱόν, καὶ καλέσεις τὸ ὄνομα αὐτοῦ Ἰησοῦν.
32  οὗτος ἔσται μέγας καὶ υἱὸς ὑψίστου κληθήσεται, καὶ δώσει αὐτῷ κύριος ὁ θεὸς τὸν θρόνον Δαυὶδ τοῦ πατρὸς αὐτοῦ,
33  καὶ βασιλεύσει ἐπὶ τὸν οἶκον Ἰακὼβ εἰς τοὺς αἰῶνας, καὶ τῆς βασιλείας αὐτοῦ οὐκ ἔσται τέλος.
34  εἶπεν δὲ Μαριὰμ πρὸς τὸν ἄγγελον, Πῶς ἔσται τοῦτο, ἐπεὶ ἄνδρα οὐ γινώσκω;
35  καὶ ἀποκριθεὶς ὁ ἄγγελος εἶπεν αὐτῇ, Πνεῦμα ἅγιον ἐπελεύσεται ἐπὶ σέ, καὶ δύναμις ὑψίστου ἐπισκιάσει σοι· διὸ καὶ τὸ γεννώμενον ἅγιον κληθήσεται, υἱὸς θεοῦ.
36  καὶ ἰδοὺ Ἐλισάβετ ἡ συγγενίς σου καὶ αὐτὴ συνείληφεν υἱὸν ἐν γήρει αὐτῆς, καὶ οὗτος μὴν ἕκτος ἐστὶν αὐτῇ τῇ καλουμένῃ στείρᾳ·
37  ὅτι οὐκ ἀδυνατήσει παρὰ τοῦ θεοῦ πᾶν ῥῆμα.
38  εἶπεν δὲ Μαριάμ, Ἰδοὺ ἡ δούλη κυρίου· γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου. καὶ ἀπῆλθεν ἀπ᾽ αὐτῆς ὁ ἄγγελος.


 

 

 

         Permitidme que haga los comentarios pertinentes al texto.

Lo primero, es que el la anunciación angélica tuvo lugar en el sexto mes, pero en el sexto mes ¿de qué? La respuesta es fácil: en el sexto mes de embarazo de su prima Isabel, madre de San Juan Bautista. Así vemos algo que el evangelista quiere dejar claro desde un principio: que el nacimiento de Jesús está íntimamente ligado al de Juan el Bautista.

         En el versículo 28, leemos cómo la denomina el ángel Gabriel a María: κεχαριτωμένη, es decir, la llena de gracia. Sin embargo, es menester señalar que el tiempo usado (mejor sería hablar de un aspecto que el griego y nuestras lenguas acabaron perdiendo) por San Lucas es el perfecto y que el aspecto perfecto tenía el significado de algo hecho y terminado para siempre: es decir, que el ángel, al denominarla así, la estaba diciendo que ella era la llena de gracia antes, durante y por los siglos de los siglos.

         A continuación, vemos la respuesta de María: ἡ δὲ ἐπὶ τῷ λόγῳ διεταράχθη, con el verbo διαταράττω en aoristo pasivo y que se traduce por “fue turbada profundamente por la palabra”.  Normal la respuesta para una chica de poco más de quince años de un lugar pobre. ¿Nos imaginamos esta escena en una chica de Pan Bendito en Madrid o de los Pajarillos en Valladolid? El Mesías no iba a nacer hijo de una princesa, sino hijo de una humilde muchacha.

         Pero la chica tan humilde, en cuyas manos estaba la salvación del mundo, pese a su turbación lógica porque vio la inmensa tarea  (opus magnum) dijo esas palabras que Dios esperaba desde la creación del mundo:

· γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου

         El fiat que hizo posible la redención de Cristo. Lo demás ya lo sabemos, pero conviene recordar que, como dice San Pablo en la carta de hoy, “Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Me he permitido subrayar “el por amor” porque eso es el cristianismo: una bellísima historia de AMOR de la que tenemos la suerte de poder ser protagonistas.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

JESÚS Y EL CENTURIÓN ROMANO


Leíamos, en estos días pasados, el  famoso relato evangélico de Cristo y el centurión romano, aquél que le dice esas palabras que repetimos en la Santa Misa antes de tomar la comunión: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Veamos, como siempre, antes de comentar el pasaje,  el texto griego:

κα ποκριθες κατνταρχος φη, Κριε, οκ εμ κανς να μου π τν στγην εσλθς· λλ μνον επ λγ, κα αθσεται πας μου.

         Me gustaría hacer hincapié en el adjetivo κανς que la vulgata latina traduce por dignus y que como digno ha pasado al castellano. Efectivamente, la traducción es muy buena, pero deja escapar un matiz que sí que recoge de manera plena el adjetivo griego: el centurión no sólo no es digno porque considera a Jesús alguien por encima de él en el orden religioso aunque sean de diferentes religiones, sino porque – y ahí es donde el adjetivo griego es más preciso pues significa “capaz”- un pagano no podía recibir a un judío en su casa. De ahí que el centurión se considere “incapaz” de recibir a Cristo pues, hombre conocedor de la religión de los judíos, sabía que no podía albergar en su casa a un judío y, mucho menos, a un judío como Cristo del que le había llegado la fama de su vida apostólica y de “hacedor de milagros”. (El acercarse a Cristo buscando su vida,  su palabra y su Cruz vino después; lo primero, fue lo “pragmático” de sus curaciones. Y también la incomprensión hasta de sus propios discípulos, eso que algunos autores llaman “la segunda pasión de Cristo”. Pero eso ya es otra historia y a cada día bástale su afán.


jueves, 30 de noviembre de 2017

ROSKOLNÍKOV, MI VIEJO Y LOCO AMIGO




 Amigo Roskolníkov, otra vez nos encontramos en la vida después de varias relecturas. Recuerdo que, cuando nos conocimos,  yo era un estudiante de BUP y tú un personaje que arrastraba sus neurosis por esa Rusia de Dios.  Te leí en una edición de EDAF quizás no muy buena, pero tu personaje, con esa pulsión de muerte que no me has explicado nunca, me abrió la puerta de la obra de tu creador. Luego vinieron otros “locos egregios” de los que ya he hablado aquí: el Idiota, aquel místico Karamázov y tantos otros. Aún sigo sin entender por qué mataste a la usurera: ¿acaso fue por tu complejo de superioridad que te llevaba a pensar que la moral no era para ti al poner en práctica ese silogismo falso tuyo que era decir “si Napoleón era libre de matar porque era un conquistador, por qué no voy a poder matar yo a esa pobre viaje que no es sino un despojo humano?. Te equivocabas, Roskolníkov, pero ahí llegó Sonia, nuestra Sonia, y nos redimió por amor, porque sólo el amor redime de los pecados al hombre. Y estuvo contigo en Siberia y no sabemos más porque tu autor no escribió sobre tu vida con Sonia, tu redentora. Algún día, amigo Roskolníkov, tendremos que escribir tú y yo sobre nuestra Sonia, sobre nuestra redentora. Te lo aseguro.

ALFONSO QUEREJAZU, EL NIÑO QUE LEÍA A RILKE



 
El que piense que el seminario de Ávila era, en los años cuarenta,  un lugar obscurantista con seminaristas de ojos negros que enamoraban a las abulenses que cosían tras los visillos se equivoca de parte a parte porque, en aquel viejo caserón, cercano a El Grande, se hablaba de Rilke, de Valery, de Ortega, de Zubiri, de Toynbee o de Elliott y esos nombres aprendieron en sus mientes y en sus corazones muchos sacerdotes que después ejercerían su ministerio por pueblos de la serranía abulense, de la Moraña o de las Cinco Villas. ¿Quién fue el autor de este milagro? Pues un sacerdote, un niño grande como lo llamó Pedro Laín Entralgo, que llegó al seminario abulense para recuperarse de su tuberculosis con el aire seco y frío de la ciudad castellana.  Y aquel niño, que hablaba perfectamente inglés, francés y alemán, llegó a Ávila con un español con rasgos de América y de Madrid y a ese español añadió algunos modismos abulenses que le daban una gracia especial. Su gran devoción fue el Espíritu Santo y sobre él escribió un tratado teológico como escribió también sobre filosofía o sobre la poesía de Rilke. No sé si Ávila supo agradecer en su momento el regalo que fue don Alfonso, pero este gran amante del canto gregoriano, al que le gustaba cantar las viejas preces latinas al Paráclito, fue todo un regalo. Él fundaría también las Conversaciones de Gredos y dejaría un rastro de libertad que, para los que lo saben buscar, aún perdura. Como recuerdo,  nos gustaría recitar con él ese mismo himno que con tanta devoción cantaba don Alfonso Querejazu, ese cura que vivió a Ávila en Ávila en los años cuarenta porque, pese a lo que digan los descreídos, los milagros existen.


Lava quod est sordidum,
Riga quod est aridum,
Sana quod est saucium.
Flexcte quoid est rigidum,
Fove quod est frigidum,
Rege quod est devium.