martes, 31 de agosto de 2021

LA GRANDEZA DE PÍNDARO

 


Μή, φίλα ψυχά, βίον ἀθάνατον σπεῦδε,

τὰν δ’ἔμπρακτον ἄντλεῖ μαχανάν.

 

                ¡Qué hermosos versos estos que nos regala Píndaro en su Pítica III! No cabe más comentario que mi humilde traducción/traición de humilde profesor de lenguas muertas (pero muy vivas en los corazones cultos). Por cierto, con esta maravillosa cita, Paul Valery encabeza su Cementerio marino, pero eran otros tiempos. Pero vamos con la traducción:

No busques, alma mía, una vida inmortal; por el contario, apura el recurso hacedero.

        Si toda la filosofía después de Platón son notas a pie de página, puedo decir lo mismo de toda la poesía después de Píndaro. Es exagerado, pero su “miaja” de verdad tiene.

EL HABLA DE CANTABRIA

 


Vamos a tratar en esta entrada del habla de Cantabria a la que Pidal consideraba como un dialecto del leonés (téngase en cuenta que el erudito coruñés no hablaba de asturleonés) y que desde principios del siglo XX se considera como variedad del astur leonés como el mirandés, el habla de Sayago o los diferentes dialectos asturianos.

         Lo encontramos tempranamente en los Cartularios de Santo Toribio de Liébana que recogen documentos desde el siglo VIII al XIV:

         damos et otorgamos a vos don Pedriu, el çapateru de Puxayo (…)

         pero también en los cartularios de Santa María de Piasca, Santa Juliana de Santillana o Santa María del Puerto.

         No podemos entrar, como es lógico, con mucho detalle en los aspectos fonéticos, pero sí hablaremos de algunos:

 

a)      Terminaciones en –u que provienen de la pérdida de la m final latina en los acusativos singulares:

CORVUM  > CUERVU

         En esta palabra, encontramos otra característica del montañés que será la segunda característica: que

b)    al igual que en castellano la o breve tónica latina diptonga. Este resultado lo aleja del gallego (corvo) y lo acerca al aragonés y el occitano en donde también hay diptongación.

c)     Sin embargo, frente al aragonés, al occitano o al propio asturleonés esta o breve tónica no diptonga ante L+ yod. Ejemplo:

 

FOLIAM > hoja ( como en castellano), pero, ¡ojo! fueya en astur leonés. Y también nos sirve como ejemplo:

OCULUM > oju, pero no güeyu que es el resultado asturleonés.

 

d)   La aspiración de la j /j/ e incluso de la h inicial con una /gh/ muy parecida a la de la geada gallega:

 

caja  [cagha]

hacha [ghacha] o hachu [ghachu] en el Valle de Polaciones.

 

Mucho más podríamos hablar del montañés, pero tan sólo os voy a decir que existen cinco zonas en Cantabria diferenciadas:

a)    Liébana: tiene parecido con el asturleonés.

b)    Nansa, Saja y Besaya: Es el núcleo “duro” del montañés con las evoluciones más “puras”.

c)     Pas: Se habla un cántabro con características pasiegas propias.

d)   Trasmiera: Tiene sus propias características dialectales.

e)     Agüera: Tiene algunos rasgos del vecino vascuence.

f)      Campoo: Tiene rasgos del castellano antiguo mezclados con el montañés.

 

El tema da para mucho, pero hace una hermosa mañana y hay que aprovechar los últimos días de vacaciones. Os recomiendo que leáis alguna cosilla sobre el cántabro porque es amena y os hace amar un poco más a Cantabria. Os voy a poner un texto de Miguel Solís Santos, tal y como aparece en la Wikipedia, en asturiano, cántabro y castellano:

 

a) Un españíu fizo tremar el fayéu.

b) Un españíu jizo temblar el jayal

c) Un estallido hizo temblar el hayedo.

 

Y, para terminar, un fragmento de Peñas arriba, mi muy admirada novela de mi más admirado Pereda:

 

“a las primeras celleriscas que vengan, o la primera res que jocique una miaja pa lamberse estus verdinis, se esborrega el moríu por aquí”

o lo que es lo mismo en castellano:

 

“ a las primeras ventiscas que vengan o a la primera res que hociquee un poco para lamer estos verdines, se desmorona el muro por aquí”.

 

     Claro que también podemos decir como el ínclito Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria:

“El cántabro sólo es castellano mal hablado”

     Lo dijo Blas, punto redondo.

LA REVUELTA DE JONIA. LAS GUERRAS MÉDICAS (I)

 


Aristágoras  subió lentamente para arengar al pueblo. Se había convertido en el tirano de Mileto cuando su tío Histieo se convirtió en consejero de Darío I. Le gustaba ser tirano de tan hermosa ciudad  de Asia Menor, la ciudad de Tales,  y quería hablar al pueblo de cómo la isla de Naxos se había rebelado, había expulsado a los tiranos filopersas que la gobernaban y sus habitantes habían instaurado un régimen más o menos democrático. Desde la improvisada tribuna de un templo, con los pies en el estilóbato, anunció al pueblo que las gentes de Naxos le habían solicitado ayuda y él había aceptado a cambio de convertirse también en tirano de la isla. El pueblo voluble y maleable aceptó la propuesta de Aristágoras y éste envió un mensajero a Artafernes, sátrapa de Lidia y hermano de Darío I para que se hiciera su aliado en la conquista de Naxos. Tan pronto como llegó el mensajero y le reveló su mensaje, Artafernes  envió otro mensajero a su hermano que aceptó de buen grado siempre y cuando la expedición fuera comandada por el persa Megabates. No fue del agrado del milesio esta condición, pero la acabó aceptando. Al fin y a la postre, algún precio habría que pagar por ser el líder de aquel territorio tan cargado de historias mitológicas.  La revuelta de la isla cicládica había tenido lugar en el año 502 a. C y corría el año 501 a. C cuando la expedición partió para conquistarla y ponerla bajo el mandato de Aristágoras. Sin embargo, los temores del milesio se cumplieron y Megabates lo traicionó avisando a los habitantes de la isla de que una flota se acercaba para conquistarles. Aristágoras, en la soledad de su cámara, se llenó de una rabia que no podía controlar y pensó en lo acertado que estuvo al desconfiar de aquel persa maldito. Ya no había remedio y la noche lo contemplaba con las manos en la cabeza, buscando enfebrecido una manera de vénganse de aquellos traidores.

         Todo había comenzado muchos años atrás cuando las ciudades griegas de Asia Menor pertenecían al reino de Lidia y, pagando un tributo a Creso, podían vivir en paz. Sin embargo, en el año 546 a. C este monarca fue derrotado por Ciro y aquellas ciudades cultas y prósperas pasaron a formar parte del imperio persa o aqueménida. Darío I, el sucesor de Ciro, gobernó aquellas ciudades con un gran sentido del tacto y de la tolerancia aunque, hábilmente, apoyó a los fenicios, aliados de los persas y enemigos de los griegos. Además, los jonios sufrieron tres duros reveses: la toma de Naucratis en Egipto, la conquista de Bizancio y la caída de Síbaris, ciudad conocida por su lujo y por su riqueza.

         Aristágoras, molesto por haber sido traicionado por Megabetes y herido por la toma de estas ciudades, decidió movilizar a las ciudades jonias contra los persas. Corría el año 499 a. C y el tirano milesio decidió pedir ayuda a los griegos del otro lado del mar que no dejaban de ser sus hermanos. Pero a su llamada tan sólo contestaron Atenas y Eretria; Esparta no quiso saber nada.

         Aristágoras empezó ganando y redujo a cenizas Sardes, la capital de la satrapía de Lidia,  mientras la flota tomaba Bizancio y la liberaba de las manos persas. Pero Darío no se quedó con las manos cruzadas y envió un ejército que venció a los griegos en Éfeso y una flota que hundió a la flota helena en la batalla de Lade. Los persas sofocaron la revuelta griega y fueron recuperando, una por una, todas las ciudades jonias. También arrasaron Mileto y sus habitantes fueron enviados  como esclavos a Mesopotamia. El ambicioso sueño de Aristágoras, aquel que tuvo una tarde mirando desde la playa cómo el sol se ponía en el mar, acabó mal pues Darío I inició una represión de aquellos que habían ayudado a los griegos. Pero esto os lo cuento en la próxima entrada.

jueves, 19 de agosto de 2021

EL INCENDIO DEL PALACIO DE DIOCLECIANO Y EL INCENDIO DE LA REICHSTAG

 


¿Os acordáis del incendio de la Reichstag del que hablamos hace unos días? Seguro que sí. Pues resulta que ni en eso fueron originales los nazis porque, muchos años antes, Diocleciano, emperador romano (siento el pareado,  pero no lo puedo evitar) tuvo una idea parecida con su palacio de Nicomedia: le prendo fuego,  luego le echo la culpa a los cristianos y así me los puedo cepillar con una causa. Bien es verdad que Galerio fue el que los culpó de manera formal y que Nicomedia ya había sufrido otro incendio en el siglo II después de Cristo del que habla Plinio el Joven. Como curiosidad, os diré que, según Plinio, el incendio se produjo porque no había bomberos ya que el emperador de turno, en este caso nuestro Trajano, rechazó la propuesta de la creación del cuerpo de bomberos por miedo a su influencia política. Pero me estoy marchando del tema. Volviendo al incendio y a la época de Diocleciano, fue a los cristianos a los que se culpó y el primero que cayó fue el pobre San Eleuterio     (que curiosamente en griego significa libre) que debía de pasar por allí, como el tal Marinus de la Reichstag, y lo mataron.

         Ya veis cómo la historia es vitae magistra y cómo no debemos olvidar nunca sus consejos si no queremos volver a caer en los mismos errores en los que, con todo y con eso, volvemos a caer porque ya sabéis aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

EL GALLEGO DE LAS RÍAS BAJAS y III. EL SESEO

 


Ya para terminar con el gallego de las Rías Baixas, procedo a tratar del seseo, fenómeno que consiste en pronunciar de la misma manera los fonemas /s/ y /θ/. Estos fonemas en la áreas seseantes, no los podemos distinguir y se asimilan a la consonante fricativa alveolar sorda, /s/. Esto dicho en “culto” y para que se vea que soy filólogo, pero, para que nos entendamos y volviendo a las cigalas de la anterior entrada, es pronunciar de esta guisa:

         cigala  [θigála]  pronunciada como [sigála]

         Para terminar ya y no cansar, pongo otro ejemplo también con cigalas:

-         Póñame unhas cigalas e duas gaseosas pra comer.

 

En el gallego normativizado de la Xunta se pronuncia:

 

-         [Póñame unas θigálas e dúas gaseósas para comér]

 

Sin embargo, en las Rías Bajas, se pronunciaría así:

 

-         [Póñame unas sighalas e dúas ghasesosas pra comeré]

 

En esta última transcripción podéis encontrar los tres fenómenos de los que he venido hablando en estos días: la gheada, la e paragógica y el seseo que es el fenómeno lingüístico del que os quería hablar hoy.

 

 

LOS PUTOS TALIBANES

 

Hay una película maravillosa que os recomiendo vivamente: la fuente de las mujeres de Radu Mihaileanu . En ella se cuenta los avatares de unas mujeres del Marruecos profundo cuyos “machos” no quieren traer el agua a la aldea para que las mujeres sigan cumpliendo con la “tradición”. Y,  claro,  también formaba parte de esta tradición el ir veladas porque, como sabéis, la mujer es “fuente de pecado”. Una de las mujeres, que, como ocurre en los cuentos y en las fábulas, es la más vieja,  le dice a su macho: “Nosotras no somos fuente de ningún pecado: el pecado está en vuestros ojos”. Señora, no se puede decir mejor.  Viene esto a colación porque los talibanes, que significa “estudiantes”, obligan a las mujeres a ir con burka para “evitar el pecado”, pero no ven pecado en asesinar, en amputar manos o en condenar a la mujer a una condición de presidiaria. Estos estudiantes deberían estudiar algo más  y leer el Corán con mayor atención porque el dios en el que creen no les manda hacer lo que hacen. Sus prohibiciones no parten de Alá, sino de sus mentes corrompidas por el deseo de venganza, por el odio, por el deseo de sangre. Su visión la mujer es una visión de alguien que tiene el pecado dentro de su corazón y que por eso ve pecado en la belleza. Los talibanes son unos enfermos de odio, son asesinos que buscan la sangre y, sobre todo, gentes que culpan de sus taras psíquicas a su dios. También el catolicismo usó el nombre de Dios para cometer barbaridades, pero supimos, poco a poco, ir separando lo que mandaba un corazón asesino de lo que mandaba Dios. Estas pobres gentes, estos asesinos baratos no tienen más dios que la sangre, que la venganza, que el odio. Mientras en Occidente vamos abjurando de nuestros valores- valores que han configurado nuestra historia-,  y dejando un vacío cultural, ellos se afianzan en la cultura de la sangre y ven todos los pecados del mundo menos el propio. ¡Dejad a dios en paz, asesinos callejeros, y entrad en vuestro corazón podrido de odio y de pecado! ¡Tapaos vuestros rostros vergonzantes con un burka de hojalata! Y, sobre todo, ¡dejad al pueblo afgano vivir en paz! No merecéis sino el desprecio de todos los dioses del mundo.





miércoles, 18 de agosto de 2021

EL GALLEGO DE LAS RÍAS BAJAS. (II) LA E PARAGÓGICA

 


Para hablaros de la e paragógica, un servidor que no es Menéndez Pidal porque no puede, prefiere contaros unos recuerdos de la infancia en Lapamán. Bien me acuerdo de que había unas niñas, las hijas de Lola,  la del aparcamiento;  la misma Loli, hija de Fina, de la que ya se ha hablado en este blog, y hasta una prima del marido de Loli, el mejor maestro asador de la ría, cuyo nombre era Finita, una niña rubia y muy divertida. Todas hablaban de esta manera tan hermosa:

-         Imos comere ( Vamos a comer)

-         Voume bañare (Me voy a bañar)

-         Teño que bebere (Tengo que beber)

 

Yo por entonces no había leído a Menéndez Pidal y no sabía nada sobre esa e paragógica que Pidal define como un metaplasmo, pero que yo no lo haré por no ofender la memoria de estas tiernas rapazas, aparecía en el Cantar del Cid. Tampoco ellas lo sabían ni falta que nos hacía porque allí estaba el azul de la ría, el horizonte con la isla de Ons y una playa de arenas finísimas como un azúcar celeste. ¡Ya me diréis para qué queríamos nosotros un metaplasmo!

 

EL GALLEGO DE LAS RÍAS BAJAS (I) . LA GEADA

 


EL GALLEGO DE LAS RÍAS BAJAS. LA GEADA (I)

         El gallego de las Rías bajas, al igual que el gallego occidental, tiene unas peculiaridades que son, principalmente, estas tres:

a)    Geada o gheada

b)    Seseo

c)     e paragógica.

Vamos a ir despacito y por partes.

         Se denomina geada a un fenómeno fonético consistente en pronunciar la g (oclusiva velar sonora (ganado) o fricativa velar sonora (general) como una fricativa velar sorda similar a la j castellana pero con algo de aspiración. Este fenómeno se da en posición interior intervocálica o ante L o R; en posición inicial seguida de vocal o ante L o R y en posición interior posconsonántica seguida de vocal L o R. Vamos a verlo con ejemplos

1.     paga ---  [pága] – la g es fricativa pero no lo puedo marcar en el teclado] (gallego sin geada) --- [págha] (gallego con geada)

2.     gloria --- [glória] (gallego sin geada) --- [ghloria] (gallego con geada)

3.     algo --- [algo] (gallego sin geada) --- [algho] (gallego con geada)

 

Este fenómeno se da siempre en el gallego y nunca o casi nunca cuando un  galegofalante habla en castellano. Su extensión geográfica, tal y como hemos dicho antes, abarca la zona occidental de Galicia con las provincias de La Coruña, y Pontevedra al completo y la parte más occidental de Lugo y Orense.

La geada está documentada desde el siglo XVIII ( lo vemos en documentos del padre Sobreira) y sus orígenes son discutidos pues hay filólogos que nos dicen que la geada proviene de la presión del castellano y otros que proviene de una doble realización del fonema g que tendría varios alomorfos entre los que estaría [gh]. Sea como sea no podemos entrar mucho en ello pues excedería lo que es una entrada de un blog.

         La geada no es incorrecta según la RAG, pero denota una procedencia social baja. Es decir que no podemos ni debemos entrar en el Club Náutico de Portosín y decirle al camarero:

-         Póñame unha ghaseosa para tomar estas sighalas.

         Creo que,  al punto,  nos expulsarían.

        

 

LA MUERTE DE LA TRAGEDIA DE STEINER

La historia de la tragedia parce morir con Eurípides y con la democracia ateniense como también murió la comedia antigua, esa que podía poner a parir a los políticos que estaban presentes en las gradas. Cierto es que Séneca, mi amado Séneca, escribió tragedias, pero eran, como el teatro de Valle Inclán, un teatro para leer que nada tenía que ver con aquel espectáculo vivo e irrepetible de la tragedia en Atenas.

         George Steiner nos dice en su libro La muerte de la tragedia cómo la tragedia como tal revivió en los dramaturgos ingleses isabelinos, Marlowe, Ben Jonson y Shakespeare que podrían ser en la Inglaterra de aquellos años el equivalente de la santísima trinidad de la tragedia ateniense: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

         En Francia, encontramos a Corneillle y a Racine que también recogen el testigo de la los griegos.

         Sin embargo, Rousseau hace una proclamación que mata a la tragedia: “Las cadenas de los hombres han sido forjadas por los hombres”. Con estas palabras, el hombre se puede liberar de su pecado y puede para romper sus cadenas. No conozco nada más antitrágico porque el héroe trágico vive un destino del que no puede escapar y paga una culpa que ni siquiera, en ocasiones, es propia, sino que le viene “de familia”. A esto hay que sumar la visión cristiana en la que el mal no es congénito y el crimen no lleva al castigo, sino a la redención.  Porque hay un elemento que es fundamental en la tragedia: no puede haber remedios temporales ni esperanza. Vamos que si Edipo acude al psiquiatra, ya no hay tragedia, como no la hay si el padre de Julieta les pone un piso a los amantes.

         Sigue Steiner haciendo una revisión de autores y épocas y nos deja claro que ni el cristianismo ni el marxismo son trágicos porque ambos tienen el sentido optimista de un mundo mejor. Recuerda que Stalin pedía obras “con final feliz”.

         Steiner termina preguntándose si puede surgir otra tragedia y cree, por un coro que vio en un viaje a China que cantaba su odio contra los enemigos del país ante la tumba de un héroe local del partido, que sí que podría surgir una nueva tragedia.

         Espero que Steiner se equivoque.



MI HUMILDE VISIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 


Llevaba ya un tiempo queriéndoos contar mi visión particular de la Segunda República Española. No soy historiador y alguno me podéis decir aquello de “zapatero (con perdón) a tus zapatos”, pero es tan sólo mi humildísima opinión.

         Lo primero de lo que creo que hay que tratar son de unos antecedentes sociales y políticos.

         España traía desde la época napoleónica, el lastre de un pueblo dividido. Aquella luz ilustrada que se vio en el siglo XVIII se vio pronto apagada y no hubo, a lo largo del siglo XIX, un gobierno que supiera sacar al pueblo de su miseria. Basta con leer a mi amado Galdós para ver cómo vivía el pueblo llano de Madrid por el siglo XIX. El país no encontraba la paz: guerras de independencia en América, guerras carlistas, guerra con EEUU y pérdida del imperio español y, como remate, la sangría de la Guerra de África que ocupó también un cuarto de siglo XX. Esa Guerra de África beneficiaba a los militares y a los poderosos, pero se llevó por delante a la juventud española cuya sangre empapó la tierra africana. El descontento social era muy grande porque los ricos eran muy ricos y los pobres muy pobres. Un tópico, pero, por desgracia, una realidad en aquella España.

         Cuando llega la República, Alfonso XIII es un rey que tiene muy poco ascendente sobre los españoles que han visto, mediante el informe Picasso, cómo el rey,  metiéndose a estratega, ha metido la real pata. Pese a ello,  los resultados de aquel 14 de abril no son malos para la monarquía aunque cae derrotada en las ciudades principales de España. Alfonso XIII decide marcharse para evitar un baño de sangre y las gentes se echan a la calle, se suben en los topes de los tranvías y se van a la Puerta del Sol a celebrar no el nuevo año, sino la nueva vida que les iba a deparar el cambio de régimen.

         Pero pronto se establecen dos bandos: los obreros, que viven en muy malas condiciones, y que ven en la República el camino para una revolución al estilo soviético. Ni Largo Caballero, ni Prieto venían ni querían una República democrática, sino que la consideraban como un camino para llegar a la Revolución bolchevique al estilo ruso. Si tenéis dudas, podéis mirar las portadas de El Socialista publicadas por aquellos años. Tan sólo un socialista al que admiro mucho, don Julián Besteiro, catedrático de Lógica, ponía una nota de cordura en esa locura de odio y de revancha.

         Del otro lado estaban unas clases privilegiadas que no querían perder sus privilegios seculares y que intentarán por todos los medios acabar con la República.

         Ya sé que hay mucho más, que nada es blanco ni negro, que hay que matizar, pero se ve aquí lo que tantas veces dice Manuel Chaves Nogales, el grandísimo escritor andaluz: faltó ( y falta) una tercera España.

         Esperemos que, algún día, seamos capaces de vivir en paz.

martes, 17 de agosto de 2021

EL PRISIONERO 16670

 


En el campo de concentración de Auschwitz, del que hablamos en la entrada anterior por ser el lugar (el infierno) en donde murió Edith Stein, había un prisionero con el número 16670. La causa de su encierro es tan peregrina como la de millones de presos: ser fraile franciscano y haber ayudado a judíos; escribir desde su conciencia contra la Alemania nazi, ser rebelde, con toda razón,  con los carceleros y un largo etcétera de acciones que atacaban a aquel régimen de terror. El franciscano acabó en ese campo, pero dando gloria a Dios y ejemplo a sus verdugos Como era sacerdote, no quiso dejar de actuar como tal y eso le hizo enfrentarse, una vez más, a las autoridades. Maximiliano María Kolbe tuvo que soportar una nueva injusticia: el mandamás del campo estableció que, por cada prisionero que se fugara, morirían  de hambre diez elegidos al azar. Y así fue: el “capo” del campo eligió a diez inocentes que tendrían que morir de hambre y, entre ellos, a un padre de familia cuya mujer había muerto en ese campo. Se llalmaba Franciszek Gajowiczek y era sargento. De nada le valió suplicar por sus hijos que se iban a quedar huérfanos pues es público y notorio que los ogros (salvo Srek) no tienen entrañas, pero allí estaba Maximiliano.  Se acercó dando un paso al frente y dijo: “Soy un sacerdote católico y no tengo a nadie. Quiero cambiarme por él”. Y así fue: Maximiliano Kolbe murió de hambre y aquel padre de familia se salvó. Por cierto que Kolbe murió diciendo: “¡Ama a la Inmaculada, ama a la Inmaculada, ama a la Inmaculada!”

Tan heroico comportamiento  hizo que San Juan Pablo II lo canonizara el 10 de octubre de 1982 dándose, como culmen de toda esta historia, que el propio Franciszek pudo estar presente en la ceremonia.

Esta historia siempre me ha interesado mucho desde que Juan Cardona Pescador me regalara unas diapositivas sobre el papa Woytila que llevaban además sus dos cassettes de audio y que conservo por casa. Espero que os haya gustado.

domingo, 15 de agosto de 2021

EDITH STEIN: LA FILÓSOFA QUE SE HIZO MONJA

 


Se me hace raro que no hubiera dedicado una sola entrada a Edith Stein, la filósofa discípula de Heidegger, que subió a los altares como Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Edith era hija de una familia judía de Silesia y vio en la filosofía un camino para el encuentro con Dios. Sin renunciar a sus raíces judías pues, por serlo, era hija de Abraham y de Moisés, se hizo discípula de Jesús y fue bautizada en 1922. Once años más tarde, en 1933, entró en el Carmelo con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz, en donde se pueden escuchar las resonancias de mi San Juan de la Cruz. Los nazis, en su odio por todo lo judío y- no lo olvidemos, por favor, por todo lo cristiano pues nada está tan alejado de un Dios de Amor y Misericordia que el ideario nazi, la encerró en el campo de concentración de Auschwitz, ese sitio infernal que le hizo decir al papa Benedicto XVI, Ubi eras, Domine, ubi eras? En el infierno murió en 1942, pero en 1998 fue canonizada por Juan Pablo II, otro perseguido por la barbarie nazi y desde 1999 es copatrona de Europa. La traigo a colación porque el día 9 de agosto, que ha pasado ya hace unos días cuando escribo estas líneas, es cuando la Iglesia recuerda a esta monja filósofa. Por cierto, recalco lo de moja y filósofa porque parece que ser monjita, para algunos pijiprogres que no tienen más cultura que El Intermedio de Wyoming, es sinónimo de “tontita” o de chica con pocas luces. Ya veis que no es así ni en este caso ni en el resto y, a lo peor, los de las pocas luces son ellos.

jueves, 12 de agosto de 2021

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

 


¿No os habéis preguntado nunca que hace la festividad de la Virgen de las Nieves el día 5 de agosto? Especialmente se lo habrán preguntado los vitorianos que celebran por esas fechas a su patrona. O quizás no, vaya usted a saber. Lo cierto es que celebrar una Virgen relacionada con los blancos copos, que son sueño y delicia para los esquiadores,  en pleno de agosto parece un sinsentido. Sin embargo, sí que  tiene un sentido.

            Después del Concilio de Éfeso (431), la madre de Jesús, María, fue aclamada como Madre de Dios (Theotokos) y el papa Sixto III tenía que elegir un lugar para construir en Roma una basílica a la Santa Madre de Dios. El lugar no podía ser un lugar cualquiera, sino un lugar elegido “desde arriba”. Y sucedió el prodigio: en pleno mes de agosto, empezó a nevar en un terreno de Roma. Y el papa Sixto no lo dudó: Nuestra Señora quería que ahí le fuera construida su basílica. La nieve y su blancura iban que ni pintada para la Madre de Dios así que la nevada se tomó en su sentido simbólico y sobre ese terreno se trazó el perímetro de la nueva basílica romana.

            Tras contar esto, quisiera deciros que Nieves - e incluso Blancanieves como ocurre con Blancanieves Tejedor, la propietaria de los polvorones Felipe II de los que ya he hablado en este blog y que son considerados “ los mejores del mundo-, es un nombre muy habitual en la capital alavesa que celebra sus fiestas de la Virgen Blanca.

            Espero que, a partir de ahora, entendamos qué hace la Virgen de las Nieves en pleno mes de agosto.

 

GUERRA DESPUÉS DE LA GUERRA

 


En ocasiones,  pensamos, llevados por falta de información, que, tras la paz en la Segunda Guerra Mundial, vino realmente la paz, pero, por desgracia, no fue así. Después del año 1945, la sangre siguió corriendo en Europa y bañando el mapa de muchos países que acababan de salir de ella.

         El primer paso en esta escalada de sangre fue la represión contra aquella población de alemanes que había quedado en los países liberados por los aliados y tenemos que recordar que no era poca pues no hacía ni cuarenta años que había existido el Imperio Austro-húngaro que había llevado la cultura alemana por el Danubio y hasta las fronteras – e incluso más allá de ellas-, de ese joven país que era la URSS. La represión contra la población alemana de estos países fue brutal y varios millones de alemanes fueron ejecutados. En aquello días, decir alemán era decir nazi y todo vestigio de cultura alemana, aunque nada hubiera tenido que ver con los nazis, tenía que ser borrada.

         El segundo paso fue cómo Stalin, poco a poco, se fue adueñando de los países que quedaban al este de Europa. El joven rey Miguel de Rumanía abandona el país y se instaura un régimen comunista; Tito, en Yugoslavia, hace una limpieza  entre los ustachas, colaboradores del régimen nazi, y Bulgaria, al poco,  también entraría en la órbita de Moscú.  Polonia perdía territorio por el este, pero lo ganaba por el oeste a costa de Alemania.

         Sin embargo quedaba un país que se resistía: Checoslovaquia. El presidente Benes aguantaba con su gobierno democrático, pero el Golpe de Praga acabó con la democracia y arrojó por la ventana a Jan Masaryk que apareció muerto en pijama bajo la ventana de su cuarto de baño. Stalin ya tenía otro país bajo su férula.

         También por esos años, tenemos el bloqueo de Berlín Occidental. Stalin cerró las fronteras y dos millones de berlineses dejaron de recibir suministros. Los aviones americanos, que dos años antes tiraban bombas, tiraban ahora bombones y galletas y llevan alimentos de primera necesidad a los berlineses.

         Sin embargo, faltaba el gran cambio: cuando los EEUU se dieron cuenta que la miseria europea era intolerable y que era un caldo de cultivo para las aspiraciones de los comunistas a cuya cabeza estaba Stalin, decidieron ayudar a Europa con el celebérrimo Plan Marshall. Los norteamericanos querían una Alemania fuerte y una Europa alejada de la pobreza para luchar contra los comunistas. Y así empezaron a llegar barcos con alimentos y maquinaria.

         Como bien sabemos, España quedó fuera del plan Marshall por estar considerada un estado que apoyó a Hitler, pero, ya en los años cincuenta, cuando los norteamericanos se dieron cuenta de que Franco era un firme anticomunista, tomaron a España como aliada y nos trajeron las bases y la mantequilla. Eisenhower se paseó en coche descubierto con Franco y aquí paz y después gloria. Seguramente que hasta tenían diseñada la Transición - que llegaría veinte años después-,  y que, pese a que ahora es tan denostada por los que ya conocemos, hizo de España un estado democrático.

         En fin, como veis, los seres humanos seguimos matándonos unos a otros ya bien entrado el siglo XXI por lo que está claro que no hemos aprendido ninguna lección de tanto dolor, de tanta sangre y de tanta muerte. Somos el único animal que mata a los de su propia especie por aquello del libre albedrío y de la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Esperemos que algún día – no muy lejano-,  nos acostumbremos a vivir en paz.

viernes, 6 de agosto de 2021

EL ASCENSO AL PODER DE HITLER

 


La República de Wiemar tenía su constitución de 1919 que de nada sirvió para frenar a Hitler. Veamos con detalle su ascenso.

         El 30 de enero de 1933, Hitler consigue ser canciller de Alemania por mayoría simple, pero su idea era disolver el parlamento alemán (Reichstag). Hindenburg era ya un octogenario y Hitler le insistía para que convocara elecciones. Sin embargo, la historia tomó un derrotero terrible.

         Llegamos al 27 de febrero de 1933, tan sólo veintiocho días después,  y se produce el incendio de la Reichstag cuya culpa fue atribuida a los comunistas y más en concreto a Marinus van der Lube, “un holandés errante que pasaba por allí” que acabó ejecutado. Hitler, canciller de Alemania (no lo olvidemos) no perdió el tiempo: al día siguiente aparece el Decreto del Incendio del Reichstag en el que, entre otras cosas, quedaba suspendida la libertad de expresión y de asociación y se tomó Hitler el derecho de poder detener a sus oponentes. Pero no termina aquí la cosa pues Hitler, el 24 de marzo de ese mismo año, consiguió que el Reichstag aprobara un decreto, la Ley habilitante ( Ermächtigungsgesetz vom 24. März 1933) que sacó adelante con el voto del centro alemán y con el engaño a los católicos a los que prometió que permitiría el funcionamiento de escuelas religiosas, pero, como era de esperar, no se cumplió. Hitler, con este decreto, tenía el poder de Alemania en sus manos. Göbbels lo explicó muy bien:

         La voluntad del Führer ha quedado establecida totalmente, los votos ya no importan más. Sólo el Führer decide. Esto ha sucedido más rápidamente de lo que esperábamos.

Lo que sigue ya lo sabemos bastante bien, pero, en otra entrada, recordaré cómo las potencias occidentales permanecieron cruzadas de brazos mientras el cabo del bigotillo seguía imparable hacia la mayor tragedia que había visto hasta entonces la humanidad. Lo dejamos para otro día.

jueves, 5 de agosto de 2021

¿ERA GAFE ALMA MAHLER?

 


Esta tarde, para pasar ese rato que todos los días le dedico a la música, me he puesto a escuchar el Concierto para violín de Alban Berg con el que llevo luchando muchos años. Nunca fue santo de mi devoción desde los años en que daba clase en Fuenlabrada (Madrid) y algunos compañeros me invitaron a escucharlo. El tema me apasionaba: un concierto dedicado a Manon Gropius, la hija de Walter Gropius y de Alma Mahler Gropius, la que había sido esposa del gran Gustav Mahler y con el que tuvo dos hijas, María, fallecida de difteria en 1907, y Anna que terminaría siendo una notable escultora; Manon, la hija que Alma tuvo con Gropius, el arquitecto de la Bauhaus,  falleció víctima de la poliomielitis con dieciocho años y había sido como una hija para Berg que le dedicó el concierto que, por desgracia, no pudo escuchar en el estreno pues Berg moría el 24 de diciembre de 1935, a causa,  según parece,  de una septicemia provocada por una picadura de abeja y el concierto se estrenaría en Barcelona, en el Palau de la Música, un 18 de abril de 1936. Parece, si os fijáis en detalle,  que sobrevuela las historias un cierto gafe: muerte de María por difteria, muerte de Manon por poliomielitis y muerte de Berg con tan sólo cincuenta años por culpa de una picadura de abeja ( no todos los historiadores musicales están de acuerdo con esta causa de su muerte). Siendo Alma Schindler el elemento común a estas muertes pues parece que hay un cierto gafe en tan ilustre dama a la que Canetti, con poca o ninguna caballerosidad, apodaba “la gorda” muy probablemente por el odio que sentía (no se sabe bien por qué) a tan singular dama. Alma ya no tuvo más hijos con Franz Werfel y por tanto, no podemos saber si lo del gafe es verdad o no. La verdad que tan tonto tema no es más que una excusa para pasar una tarde de verano ahora que ya Nessie, el monstruo del lago Ness, ha dejado de aparecer.  En fin, lo que quería deciros es que el concierto, tras casi treinta años de lucha, me ha acabado gustando. Que lo sepáis.

EL ABRAZO A SANTIAGO APÓSTOL

 


Teníamos cada año que ir a dar el “abrazo a Santiago”. Por aquellos años, Santiago era una ciudad que no era la mega capital de hoy en día, que no se había extendido como un pulpo gigante por Teo y Bertamiráns y cuyo casco urbano no llegaba ni hasta el puente de la Rocha. Hasta recuerdo que, en la plaza de Platerías, se podía aparcar el coche, justo al lado de la fuente con los caballos. Para ir a dar el abrazo a Santiago,  elegían mis padres un día que no fuera de playa, un día que la niebla cubriera nuestro paraíso o que la lluvia invitara a ese viaje a aquella ciudad en la que, que como rezaban aquellos adhesivos para los cristales, “la lluvia era arte”. El viaje de Marín a Santiago era larguísimo por aquella carretera de dos direcciones llena de camiones, pero, al llegar a Padrón, sabíamos que ya quedaba poco. Luego era llegar y aparcar, sí, aparcar, porque en aquellos años, en Santiago se podía aparcar casi donde te viniera en gana.

         Una vez en la plaza del Obradoiro, venían las fotos de rigor, el ascenso por la escalinata, poner los cinco dedos en el la columna central del Pórtico de la Gloria al tiempo que pedíamos cinco deseos ( deseos, por cierto, care Iacobe, que casi nunca se cumplieron), ir a ver al maestro Mateo (llamado “o santo dos croques” porque había que darse en la cabeza con su testa de piedra. Una vez realizados estos rituales, ya podíamos entrar a la catedral. Sin embargo, a mí me llamaba la atención la tumba de Monseñor Fernando Quiroga Palacios, porque estaba en latín y,  año tras año,  iba viendo en ella los progresos que hacía en la lengua del Lacio.

         Recorríamos la catedral y llegábamos a una puerta estrecha (muy evangélica) por donde se subía a abrazar al santo. Al principio, los primeros años, mi madre me aupaba y yo le besaba en la “chepa” como decía mi padre con una cierta irreverencia; más tarde, ya le llegaba por  la mitad de la espalda, pero seguía sin poderle abrazar y, ¡por fin!, pude darle un abrazo de colegas de toda la vida al hijo de Zebedeo. Al terminar el abrazo, un sacristán vestido de morado nos entregaba una estampita y le dejábamos una limosna en la urna que estaba allí preparada al efecto. Tras salir bajando las escaleras, entrabamos por otra puerta estrecha también que llevaba a la tumba del apóstol y allí rezábamos un Padre Nuestro. En la bajada, Arturo y yo habíamos visto unas galerías con una puerta de reja que se repetían también en el ascenso y pensábamos, sin duda, que aquellas eran las mazmorras de la catedral en donde  muchos moros habían sido encerrados en los años aquellos (o tempo dos mouros) en que los invasores agarenos iban dejando tesoros que guardaban enanos o princesas  para que los sacara a la luz don Álvaro Cunqueiro.

         Aún quedaba bajar por la Rúa do Villar y tomarse una sidra en el bar Sobrino que hacía esquina y en donde, salvo la sidra, el resto de las bebidas estaban “del tiempo” que en muchas ocasiones no coincidía con el fresco verano de Santiago y más bien parecían babas. Luego venía entrar a comprar recuerdos para los conocidos mientras sonaba el último disco de Milladoiro, ver libros en la Librería González o, al volver al Obradoiro, comprarle una cinta al tuno, un pajarito de plástico al que los hacía volar o, si nos llegábamos hasta una esquina, comprar un asubío que el gran Paparolo tocaba con magistral destreza y del que anda un ejemplar por casa.

         Cuando ya la noche se iba acostando en los huertos de la ciudad compostelana, nuestro humilde coche ya había cruzado Caldas y navegaba rumbo a Marín. Un año más habíamos cumplido con la tradición de darle un abrazo a Santiago.

 

miércoles, 4 de agosto de 2021

MI PRIMER HELADO

 


Como no me habían operado de las anginas porque la doctora que me atendía decía que era una pena cortarlas porque eran defensas que permanecían con ademán impasible a ambos lados de la garganta como vigilantes incansables de virus y bacterias, no me dejaba mi madre comer helados y veía con tristeza cómo Arturo, Merce y hasta el mismo Chiqui, se tomaban dos o tres helados por tarde. Era una pena muy honda que rememoro cada vez que me tomo (de guindas a brevas) un helado que, a ser posible, elijo de tutti frutti.

         Sin embargo, un día mi vida cambió. Habíamos parado en Redondela tras haber estado en Vigo y, en un parque debajo del viaducto,  había un puesto de helados. Los hijos de Paco pidieron a sus padres uno y yo me quedé tan triste como siempre viendo cómo se comían los helados que, - no se me olvida-, eran de Frigo. Entonces se produjo el milagro: mi madre, bien porque ya hacía más de tres horas que habíamos comido y, por tanto, era imposible que el helado me cortara la digestión ( el frío de los helados también podía cortar la digestión), bien porque ese invierno no había tenido que ir a casa la señorita Pilar a ponerme las inyecciones para las amígdalas, lo cierto es que  me permitió comerme el primer helado de mi vida que aún recuerdo con enorme cariño: era un Frigo que semejaba un barquito blanco, un velero con el que surqué los mares del deseo tantos años reprimido por la censura  y las normas a las que era imposible contravenir.

         Fue tanta mi alegría al comerme mi primer helado que hasta me pareció que el Talgo de Madrid, que en ese momento pasaba por el viaducto,  tocó el toque de obispo, ese toque especial que se reservan los maquinistas para aquellas ciudades que tienen obispo, pero no tienen gobernador civil tal y como mi abuelo Luis me había enseñado de su lecturas de don Antonio Pereira. Os parecerá mentira, pero os juro que yo lo oí limpio y claro atravesando la tarde alegre e infantil de la Redondela de mi infancia.

LOS DE LOS BARCOS O A LOS RICOS NO SE LES CORTA LA DIGESTIÓN

 


Mi madre respetaba escrupulosamente las horas de la digestión hasta el punto de que, para curarse en salud, había decretado que el tiempo de la digestión eran tres horas. Ni más, ni menos; tres horas que pasaban lentas mientras la tarde de agosto se llenaba de helados y de risas. Era imposible saltarse ese tiempo marcado por mi madre y, en ocasiones, pasaba que ya no había baño por la tarde porque habíamos comido más tarde y la hora del baño coincidía, de manera terrible, con la hora de marcharnos. Había que jugar al fútbol, echar una partido con las paletas o recorrer una y mil veces la playa que, según calculó mi padre, tenía un kilómetro de acantilado a acantilado. Pero acercarse al agua ni en bromas.

         Sin embargo, había un hecho que echaba la teoría del corte de digestión por tierra: los del barco, nada más comer, se echaban al agua y nadaban, despreciando las barquitas auxiliares, hasta sus veleros. Mi mente infantil se revelaba: ¿cómo era posible que no tuvieran un corte de digestión si, con la comida  en la boca, se echaban a las frías aguas de la ría? No lo entendía hasta que mi buen amigo Arturo, que anda hoy por tierras de Valderredible en Cantabria, me dijo:

-         Es porque los ricos, la gente con  la clase,  no tienen que esperar el tiempo de la digestión porque son diferentes a nosotros. Viven diferente, duermen diferente y su digestión es diferente.

Aquel argumento me convenció y pensé entonces que efectivamente la razón por la que su digestión no se cortaba era porque eran ricos y los ricos se podían permitir acciones que los pobres no podíamos, entre ellas, la de saltarse impunemente las horas de la digestión.

Con el tiempo aprendí que los ricos se saltaban otras muchas reglas y que aquellos sólidos negocios que las habían permitido tener esos blancos veleros que cruzaban desde el náutico de Sanxenxo podían ser gigantes con pies de barro. Pero a mí eso no me importaba; lo que me importaba de verdad era que pudieran saltarse el tiempo de la digestión con total impunidad, como si estuvieran por encima del bien y del mal, como si estuvieran por encima de las leyes inviolables de mi madre que era casi como decir las leyes divinas que Moisés recibió en el Sinaí.