domingo, 10 de enero de 2016

MI CATALUÑA


Cuando pienso en Cataluña, pienso en mi admirado Josep Pla, en Gaudí, en Pau Casals, en Verdaguer, en Carles Riba, en las maravillosas traducciones de la Fundación Bernat Metge, en Berenguer Amenós, en Bassols de Climent, en mi querido profesor Sabastián Mariner Bigorra, en Miquel Dolç, en Antoni Tapies,  en Josep Pons, en Jordi Casas, en Josep María de Segarra; en mis amigos José Luis Riera, gerundense como el sinvergüenza de Puigdemont, o Miguel Arrufat Pujol, tarraconense de Tortosa; también podría pensar en  Clementina Arderiu, en Salvador Espriú o en Clara Jarnés. Es decir, en gentes en los que estos analfabetos indocumentados serían incapaces de pensar. No pienso tampoco en esta Cataluña que han creado esta gentuza que han convertido un hermoso país en un burdel. No puedo pensar en los robos de Pujol, en las bravuconadas de Mas o en la caspa de la Rahola. ¡Pobre Cataluña, en qué manos has caído! El Gobierno de España está en la obligación ineludible de rescatar a los catalanes que se sienten españoles o que, sencillamente, no son independentistas y sacarlos de las garras de esta zahúrda en la que se ha convertido el gobierno de la Generalitat. Nunca tan malos catalanes – ladrones, corruptos, irresponsables- gobernaron su país. Es el momento de actuar contra ellos con todo el peso de la ley antes de que acaben convirtiendo mi querida Cataluña en un erial en donde ni las ratas, más dignas que ellos, puedan vivir.

 

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